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miércoles, 14 de junio de 2017

William T. Vollmann: Historias del Arcoíris


Idioma original: inglés
Título original: The Rainbow Stories
Año de publicación: 1992
Traducción: José Luis Amores
Valoración: recomendable

Retumban en mi cabeza (una vez y otra, y creo que no es la primera vez que las rememoro aquí) las palabras de cierto comentario en Facebook de Javier Calvo. Algo así como que la industria editorial norteamericana (con sus sedes en rascacielos, sus premios literarios, su colosal aparato publicitario) se las apaña para vendernos lo mismo una y otra vez.
Y claro, añado yo, que nosotros lo compramos. Si hago esta reflexión, es por la profusión, agudizada en los últimos tiempos, de nombres que se relacionan con un cierto concepto identificable pero difícil de explicar (pureza, dificultad, libertad creativa), que ha permitido concretar un panorama literario "alternativo" pero no "minoritario" encabezado por Pynchon, Gaddis, Barth, Barthelme y Foster Wallace, con un pelotón algo más asequible que integrarían DeLillo, Franzen, Lethem, Roth o incluso McCarthy. Sé que me dejo algunos.

Pues bien: a ese primer grupo podéis ir añadiendo este nombre: William T. Vollmann. Un escritor con un aspecto físico extraño, a medio camino entre un veterano de guerra y un granjero que acaba de cerrar un trato por un centenar de gorrinos. Muy alejado del estereotipo que se retrata en salas llenas de libros de sedes en pisos por encima del 75. Un tipo al que un desorientado y descabellado estudio del FBI atribuía relación con aquel terrorista llamado Unabomber y, desde luego, un escritor muy capacitado técnicamente hablando. Las comparaciones (hasta una cierta competencia) con  DFW surgieron en su momento, y aunque puede que haya ciertas similaridades (a Vollmann también le gustan las notas al pie, la duración desmesurada y no le tiene miedo a ser muy duro en las descripciones), creo que hay profundas diferencias.
Historias del Arcoíris es una extensa (casi 600 páginas) colección de relatos, casi crónicas en algún caso, cuyo trazo común es la alusión a colores en todos sus títulos. Son relatos extensos, con algún leve punto de relación entre sus personajes, más homogéneos en sus ubicaciones físicas (zonas como el Tenderloin, una barriada particularmente conflictiva de San Francisco) y desde luego casi siempre protagonizados por personajes en la pura marginalidad. Si  Luz ultravioleta despliega el abanico de la desesperación (1992, la enfermedad era una garantía de muerte casi fulminante) de los enfermos de SIDA acudiendo al hospital, ya no nos alejaremos mucho de ahí, y de los toxicómanos seropositivos pasaremos a las tribus de skinheads, los batallones de prostitutas callejeras y los indigentes que pernoctan bajo los puentes de la autopista. El panorama es desalentador y Vollmann no lo dulcifica con humor negro. Vollmann narra lo que ve en su vida y lo que proyecta en su cerebro y lo transcribe con las palabras que dan fe de un modo más preciso. Simplemente levanta testimonio, de forma fría. En Damas y luces rojas va desgranando el dinero que le ha ido costando cada información que ha ido obteniendo de las prostitutas que va presentando. Rosa amarilla, sorprendentemente comedido, es un obvio homenaje a Carver, como si una tensión perversa pugnase por aflorar bajo su tono clásico. Aunque Vollmann también se encarga de instalar escollos. Un par de relatos de los incluidos aquí son realmente de digestión bastante pesada, y alguno de ellos no es precisamente corto. Pero me da que prescindir de ellos no tendría demasiado sentido, que hay que respetar esa unidad incluso ante el volumen de páginas y la tentación de pasar al siguiente relato. Si es que uno aprende de forjarse como lector a base de tochoweeks. Aquello del ritmo y aquello del avance aunque sea a base de un par de páginas.
Estas Historias del Arcoíris parecen el catálogo de un escritor con un pasado personal bastante complicado pero determinado a mostrar todo su potencial. Y eso da para todo: desde capítulos que parecen extractos de la Biblia hasta descripción cruda y casi científica del proceso de una autopsia. Vollmann parece no querer dejar nada en el tintero, nada de lo disfrutable y  nada de lo recriminable, todo está en esa docena larga de historias. Ésa es una voz que pide ser oída y, por lo que a mi concierne, voy a hacerle caso.

También de William T. Vollmann en ULAD: AQUÍ

martes, 1 de abril de 2025

William T. Vollmann: La camisa de hielo

Idioma original:
Inglés
Título original: The ice-shirt
Año de publicación: 1990
Traducción: José Luis Amores
Valoración: Bastante recomendable

A estas alturas, ya deberíamos saber que William T. Vollmann es un autor "peculiar". Por lo tanto, a nadie debería sorprender que una novela (más o menos) histórica escrita por el californiano se parezca poco a nada a la inmensa mayoría de novelas históricas.

En palabras del propio Vollmann, mi objetivo en "Siete sueños" ha sido crear una historia simbólica, o séase, un relato de orígenes y metamorfosis a menudo falso, comparado con los hechos reales tal como los conocemos, pero cuyas inexactitudes no hacen sino ahondar en la verdad. ¡¡¡¡TOMA YA!!!!

Primera parte de la septología Seven dreams sobre el choque entre los colonizadores europeos y los nativos americanos, La camisa de hielo sería la "prehistoria" de esa colonización bajo la forma de reescritura de las sagas nórdicas (¿sabéis a quién le encantaban las sagas nórdicas? Sí, a Jorge Luis Borges, sí). De hecho, prácticamente la mitad del libro es una larga introducción, salpicada de algún que otro inciso que nos lleva a los años 80 del siglo XX, acerca de leyendas, violencias y tensiones entre distintos reyes y personajes del más variado pelaje hasta llegar a Erik el Rojo y sus descendientes.

Esta primera mitad del texto semeja más una colección de microrrelatos en los que, si bien se establecen conexiones, queda la impresión de cierta falta de profundidad. Eso sí, hay historias verdaderamente magníficas (me encanta la del rey Harald, que conquistó todo Noruega como prueba de amor), realismo mágico a cascoporro y una poética de lo más sugerente.
(...)aquel viento temible que, aunque no veían que fuera blanco, barría tal cantidad de nieve contra ellos que casi les asfixiaba; tampoco era negro, aunque había tal negrura en su interior que veían lo mismo con los ojos abiertos que cerrados; arrancó las puntas de los icebergs, desprendiendo hielo de hielo y haciendo que de las hendiduras manara nieve que corría por las laderas de los acantilados como sangre blanca y espumeante; y el cielo chilló por cada fisura que encontraba o abría hasta que el océano, pese a estar congelado, crujió y restalló, rompiendo contra el oleaje de aquel otro mar de viento

Más interesante me resulta la segunda parte de la novela, la que pone el foco en Freydis, descendiente de Erik el Rojo que parte hacia Vinlandia (actual Terranova, Labrador, etc), en la rivalidad que se desata con otros colonos y en el choque con los nativos. Sin dejar de lado ese elemento mítico que recorre todo el texto (profecías, sueños premonitorios, hechiceros...), creo que los personajes se muestran en toda su complejidad, que es mayor la profundización en las relaciones entre ellos, que se ahonda en los motivos que los mueven, etc. 

Todo esto sin olvidar los que creo que son los principales puntos fuerte del texto: descripción de paisajes, metáforas y símbolos, en los que se combinan ficción y no ficción, mito y realidad, Historia e "historias".

En resumen, una novela complicadita (sí, tetes, es Vollmann) que nos habla del presente, ahora que cierto tipejo de color naranja pretende apropiarse de Groenlandia, a través de la revisión de leyendas y mitos de un pasado no tan lejano como pudiera parecernos.

P.S.: Preciosa edición la de Pálido Fuego. Tipografía, ilustraciones, cubierta, papel... Un lujo, vaya.

También de Vollmann en ULAD: Historias del Arco Iris, La familia real y El atlas

jueves, 2 de diciembre de 2021

Tochoweek V #4 William T. Vollmann: La familia real

Idioma original: Inglés
Título original: The Royal Family
Traducción: José Luis Amores
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable (pero no para todos los públicos)

"...Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0..." narraba un enloquecido Víctor Hugo Morales en aquel lejano 1986 en el Estadio Azteca.

Algo así me viene a la cabeza tras la lectura de las 1052 páginas de "La familia real": ¿de qué planeta viniste, señor Vollmann, para escribir una novela tan brutal, tan enorme, tan excesiva en lo bueno y en lo malo, para descender a los infiernos y mostrarnos esa doble cara del sueño americano, para juntar en una sola novela lo que otro hubiera separado en 6 o 7 libros y que el conjunto no descarrile?

Porque "La familia real" y sus 1052 páginas es un texto que puede ser leído como novela negra, novela existencialista, crónica social, ensayo (sí, ensayo)..., una historia más o menos circular protagonizada por seres marcados por soledades en busca de alguna forma de redención, ya sea a través del amor, de la degradación o del martirio, una novela plagada de referencias bíblicas y dantescas (Caín y Abel, cielo, purgatorio e infierno, etc), una obra que remite, y no solo en su monumentalidad, a los clásicos rusos del XIX, al Solenoide o al Cegador de Cartarescu o a ciertas partes del 2666 de Bolaño.

Todo lo anterior para hablar de temas tan diversos como la soledad, la autoridad, el poder, la justicia, la violencia, el éxito y el fracaso, las relaciones familiares, etc. a través de personajes brutales y memorables (especialmente, los hermanos Brady) que malviven / sobreviven en el Tenderloin (los bajos fondos) de San Francisco o en su área de influencia. 

En cuanto al estilo de Vollmann, 1052 páginas dan para mucho y el autor opta por combinar también una narración más directa y cruda con una narración más elusiva y poética. Puestos a elegir, prefiero esa narración directa, sórdida y casi visceral tan próxima al realismo sucio que esa otra parte poética que se ve lastrada por el abuso por parte del autor de ciertas metáforas no demasiado logradas.

También merece la pena llamar la atención sobre la acertada conjunción de narrador omnisciente y narrador autoconsciente, lo que sirve para "cambiar un poco el paso" y aligerar una narración por momentos algo repetitiva.

Llegados a este punto os preguntaréis de qué carajo va "La familia real". Bueno, sería demasiado largo de contar y creo que las reseñas no deben prestar especial atención al argumento en sí. Lo contado debería ser suficiente para dar una idea general de las virtudes y defectos de la novela. Que os animéis o no a leerla debería depender más de esto. ¿O no? 

También de William T. Vollmann en ULAD: Historias del Arco Iris, La camisa de hielo, El Atlas 

lunes, 26 de agosto de 2019

William T. Vollmann: El Atlas


Idioma original: inglés
Título original: The Atlas
Año de publicación:1996
Traducción: José Luis Amores
Valoración: recomendable

Con todos los respetos al eventual lector de esta reseña: si tu plan de vida es desayunar ligerito que hace calor, darte un chapuzón en la piscina y aplicarte productos de cuidado de la piel y el pelo antes de tomar un libro y leer un ratito, para después acabar tomando un aperitivo en alguna terraza chill o comiendo en algún sitio donde la comida es poco más grande que el centro de la enorme diana que es el plato (suponiendo que este sea redondo), si una mañana del agradable verano occidental consiste en esto, mejor coge otro libro. Cómo que mejor: no leas este libro.

Porque este libro, y no es lo único poco agradable que nos recuerda entreverado entre sus páginas, viene a decirte: para que tú tengas una vida tan plácida (sí, ganada con honradez o incluso después de haber hecho muchos sacrificios que te hacen merecerla), para eso, mucha parte de la humanidad anda muy jodida. Y el libro es de 1996, era pre-internet y pre-google y pre vuelos low-cost y desde luego una era en que la globalización existía pero no parecía estar presente en cada puta página de cada puto análisis de medio pelo de la economía terráquea..
Perdonad las expresiones.

Vollmann escribe contando con que el estómago de su lector va a ser resistente. No parece importarle mucho. No es una cuestión de falta de consideración o de elusión de aspectos estéticos literarios. Es que hay cosas que solo pueden decirse de una manera y Vollmann no parece tener tiempo que perder con circunloquios ni eufemismos. Retrata mundos sórdidos y poco agradables. Los traslada al papel con inmediatez y rigor, a veces puede que aporte alguna valoración personal a través de sus personajes, pero no es desde luego lo que caracteriza estos textos. El Atlas es un paseo por distintos lugares del globo, una crónica alejada de centros comerciales, spas y avenidas iluminadas. Itinerarios escrupulosamente evitados por los buses turísticos, donde reina el caos, la miseria, la sordidez, la extrema necesidad o la desesperación. Vais a quejaros del menú. Los capítulos ubicados en los Balcanes muestran con toda su crudeza el conflicto del desmembramiento de Yugoslavia: los francotiradores, la guerra entre iguales, cómo el ensañamiento es el mismo si crees que tu contrincante es igual o diferente. Los situados en Asia (Birmania, Tailandia, Camboya) están desde luego bien centrados en uno de los temas fetiche de Vollmann, plagados de prostitución, de adicciones, de enfermedades, de insectos, aspectos que surgen casi de forma constante, en una narración repleta de detalles bastante desasosegantes sobre el futuro de ciertas generaciones de allí, si tu único recurso es explotar tu cuerpo a costa de los bolsillos de los degenerados que acuden por el reclamo del turismo sexual. También hay ubicaciones en Estados Unidos y Canadá, estos parecen pasajes más cercanos, como si procedieran más de una experiencia como habitador que como visitador. Algunos de estos relatos tienen un aire de realismo romántico desesperado. La prosa de Vollmann es capaz (cosa que creo ha afectado a una traducción que ha quedado algo rígida, demasiado fiel a la palabra y algo desconectada del espíritu) de saltar de la fría descripción del acto carnal como evento transaccional (o como demostración de crueldad) a evocaciones místicas o poéticas sobre paisajes, a metáforas no siempre asimilables. Esa tensión constante, ese intuyo que voluntario cambio de ubicación súbito (en escenarios, en condición del narrador, en tonalidad de lo narrado), característica de Vollmann y consecuencia casi ineludible de la intención del libro hace que este no sea un libro apto para lectores ocasionales.
El Atlas no tiene mucho de paseo por el mundo para hacerse selfies ante monumentos. De hecho, las imágenes que se incluyen, captadas por el propio Vollmann, son eso, oscuras, mal definidas, de grano grueso y con poca intención estética. Es un libro difícil, dice el autor que un palíndromo, donde el relato central, del que toma título, es un ejemplo caleidoscópico del caos en que estamos inmersos, ese que 23 años más tarde no es que haya mejorado precisamente.

También de Vollmann en ULAD:  Historias del Arco Iris, La familia real y La camisa de hielo