Título original: A Head Full of Ghosts
Año de publicación: 2015
Traducción: Manuel de los Reyes
Valoración: muy recomendable
Título original: A Head Full of Ghosts
Año de publicación: 2015
Traducción: Manuel de los Reyes
Valoración: muy recomendable
Año de publicación: 2025
Valoración: Está muy bien
Un avión despegando en un atardecer es la imagen de la cubierta diseñada por Paul Viejo para este Venecos del ya casi malagueño Rodrigo Blanco Calderón. Una clara metáfora a un exilio o a una emigración que, si bien está presente en la práctica totalidad de los trece relatos incluidos en este volumen, no tiene un lugar tan central como pudiera parecer. Es decir, la experiencia de la emigración está presente en los relatos pero no es fundamental para los personajes de los mismos; más bien se trata de seres que tratan de rehacerse de diversos fracasos, ya sean estos matrimoniales, laborales o artísticos, lo que otorga a los textos una universalidad que de otro modo quizá no tendrían.
No me quiero enrollar mucho porque lo que nos cuenta el autor en la entrevista que enlazamos en esta misma reseña es mucho más interesante que lo que yo pueda decir, pero sí quiero destacar algunos aspectos de los relatos de Rodrigo. Serían:
Título original: Damascus Station
Año de publicación: 2021
Traducción: Jofre Homedes
Valoración: indigesto
Si hubiera una lista standard de ticks para marcar que encajaran con la definición de best seller, subgénero "novela de espías", Estación Damasco las cumpliría a rajatabla. Desde su extensión y formato, tan adecuado para despacharlo en un corto período de vacaciones en algún sitio con un moderado bullicio, hasta su estructura, con capítulos cortos que parecen escenas y que siempre podrían saciar el ego del autor traduciéndose en jugosos contratos si algún directivo de cadena de streaming poco exigente decidiera sacarle algún provecho audiovisual. Por supuesto, referencias como John Le Carré o Graham Greene o una larga lista de autores de esos que basan sus libros en sus experiencias previas - militares, policiales, en cuerpos de élite, etc - son rápidamente identificables.
En este punto, por eso, habría que empezar a poner en duda que esto sea suficiente para que uno se convierta en escritor, más allá de la apelación constante al morbo y a una narración estereotipada hasta la saciedad, consistente en un amontonamiento de clichés tan obvio como algunos de los aderezos promocionales (el elogio de un ex-director de la CIA, en la portada, su definición en la contratapa como "novela atmosférica y trepidante"). Y aquí ya hay que ponerse serios: quinientas treinta páginas de idas y venidas constantes por los consabidos escenarios globales - Siria, Italia, Francia, Estados Unidos - en torno a la figura de Samuel Joseph, un miembro de la CIA que, sediento de venganza por la muerte de otra agente a manos de un sanguinario torturador sirio del gobierno de Al Asad, intenta captar a Mariam, agente siria que tantea y presiona a disidentes, para convertirla en colaboradora, lo que vendría a ser el agente doble de toda la vida, pero, ay, a pesar de que ambos son profesionales de alto rango capaces de manejarse en armas, pelea cuerpo a cuerpo, resistencia mental y física a las torturas más crueles, surge la pasión entre ellos, algo bastante curioso y desaconsejable en un entorno tan agitado como Damasco en medio del inacabable revuelo posterior a la Primavera Árabe.
Surge, uno tras otro, cada uno de los enemigos favoritos clásicos, desde la Yihad en sus múltiples formas, hasta Rusia o incluso la propia burocracia que impide a los especialistas resolver las cosas a su manera. Todo precipitado, turbulento y lleno de estampas que enlazaríamos visualmente con cosas como Homeland o The Americans. La narración, dejadme recordaros que son más de 500 páginas, se enrevesa para tantear al lector con posibles traiciones, lealtades ambiguas, truculencia, diálogos confusos entremezclados con casualidades casi risibles (¿se puede hablar de un ataque con armas tóxicas a gritos en un lavabo? oh yes), todo en un contexto que se pretende apuntalar con siglas, nombres en clave, terminología para que el autor saque pecho de su profundo conocimiento de la "Agencia", lo cual convierte el libro en una aventurilla de superhéroes algo trasnochada y ya muy vista. Con escenarios, tecnología y enemigos actualizados, por supuesto, pero sin la mínima intención de profundidad o sutileza.
De ahí a considerarlo literatura o algo que pretenda más allá de un algo farragoso entretenimiento insustancial...
Año de publicación: 1984
Valoración: Está bien
Esta su primera novela la escribió Alejandro Gándara con solo veintisiete años y es claramente una obra de juventud, en la que el autor habla seguramente de su propia experiencia, la que vivió en esa etapa en la que uno despega de la pastosa adolescencia y empieza a cruzar puertas que no conocía. Es un proceso por lo general corto, aunque claro está depende de cada uno, a veces se alarga de forma inaudita cuando se deja enredar en esa maraña de sensaciones desconocidas y, por miedo o por comodidad, no se decide a pasar pantalla. En otras ocasiones, pregúntese por ejemplo a nuestros abuelos, la evolución dura menos que el ocaso en los trópicos, y el jovencito se ve de golpe abocado a la madurez sin haber podido saborear un poquito el final de la infancia, que también tiene su encanto.
Parece ser que Gándara practicaba el atletismo, y quiere dejar constancia de esa experiencia deportiva, que es un vehículo yo creo que muy válido para afirmar ese tránsito. Describe así los entrenamientos, la relación con sus compañeros-competidores y con su entrenador, pero sobre todo las carreras, las sensaciones, los temores y lo que sería el tópico de la soledad del corredor de fondo. No hay sueños de grandeza ni al parecer temor al fracaso: el joven corre porque es lo que ha decidido hacer y es lo que hace realmente bien, hasta ahí llega su ambición. El relato parece certero, definiendo momentos y sensaciones más físicas que mentales, aunque da la sensación de espesarse en exceso y adquirir una profundidad quizá algo impostada.
Pero la actividad deportiva, siendo el hilo conductor, tampoco ocupa todo el espacio. Esto no es Carros de fuego, aunque tampoco aquel libro de Murakami en el que los maratones se fundían con la profesión de escritor. Gándara explora también la experiencia del joven que, empujado por el deporte, va asomándose a situaciones nuevas: la vida fuera del pueblo, el contacto con desconocidos, amagos de amores, la enfermedad.
Sin llegar a serlo del todo, tiene algo de novela de formación, y muestra el claro sello de obra primeriza en que el joven habla de lo que conoce muy directamente. Lo cierto es que Gándara escribe bien, y esto le permite sostener hasta cierto punto una narración que a veces resulta algo inconsistente. Por eso quizá brilla más cuando se centra en un solo episodio, como la experiencia en sí de las carreras o, sobre todo, en la larga descripción de unas fiebres sufridas en la lejanía de una pensión. Es en mi opinión un pasaje soberbio, fácil de imaginar pero muy difícil de resolver ante el papel en blanco, con ese nivel de detalle, intensidad e inmediatez, como si lo hubiera estado escribiendo en tiempo real.
El resto de la narración me parece bastante irregular, con cierto abuso de la introspección, y algo irritante cuando, con demasiada frecuencia, los personajes (a fin de cuentas casi todos muy jóvenes) parecen hablar siempre con metáforas o filosofando todo el tiempo. La prosa poética algo recargada y ese deseo de exhibir el ingenio y la agudeza son quizá muestras de inmadurez, esas cosas que el tiempo y también el trabajo van puliendo, pero que en este caso es inevitable que acaben provocando algunas desconexiones con el lector. Al menos es lo que a mí me ha ocurrido. Habría que ver cómo ha evolucionado el autor, pero por mi parte dudo que le vaya a dar más oportunidades.
Título original: Hashire Meros (走れメロス)
Traducción: Isami Romero
Año de publicación: 1940
Valoración: Recomendable
Es sorprendente que el autor de "Indigno de ser humano" haya escrito un cuento tan conmovedor sobre el poder del amor, la lealtad y la determinación. Probablemente Dazai lo concibió en un momento de lucidez dentro de su perenne estado depresivo: la lectura de los poemas de Friedrich Schiller (uno de los cuales inspira directamente este relato) puede aportar claridad incluso al ánimo más sombrío.
Más que una simple inspiración, la versión de Dazai es una adaptación a prosa del poema de Schiller "Die Bürgschaft" (“La promesa”), que a su vez retoma la leyenda de Damón y Pitias. En las tres versiones, la trama básica se mantiene casi idéntica.
En la versión de Dazai, cuando Melos es condenado a muerte por un tirano, se le conceden tres días de gracia para poner en orden sus asuntos. Para ello debe dejar a su amigo como garantía, prometiendo regresar al cabo de esos tres días para cumplir con la sentencia. Su amigo, sin titubear, ocupa su lugar y es apresado. Mientras tanto, Melos regresa a su pueblo para casar a su hermana y asegurar su porvenir. Ahora tiene que regresar a tiempo para salvar a su amigo de la crucifixión. Pero no la va a tener tan fácil, el destino le pondrá obstáculos en su camino. ¡Corre, Melos!
La adaptación de Dazai está muy bien lograda: mantiene la sensación de urgencia y el suspenso sobre el destino de ambos protagonistas. Aunque el cuento tiene un carácter claramente didáctico y moralizante, se acepta más como una estimulante palmada en la espalda que como un sermón. Aunque tengo que decir que de las versiones existentes, me sigo inclinando por el poema de Schiller.
El cuento se ha publicado en diversas antologías de cuentos de Dazai. Además, ha sido adaptado al manga, series de televisión y películas animadas, de las cuales, recomiendo ver la versión de 1992 (link abajo). En español, se puede leer en la antología de cuentos japoneses "Un gran descubrimiento", de editorial Quaterni.
Aprovecho la oportunidad para también instarlos a leer el poema de Schiller.
Friedrich Schiller, Die Bürgschaft (1798)
Sol lanza fieras brasas sin clemencia,
frente a la interminable adversidad
sus piernas flaquean de debilidad
«Del ruin criminal me libró tu anuencia,
fuiste ante atroz caudal mi providencia
¿y es ahora aquí donde me he de pudrir
dejando a mi probo amigo morir?»
«Eh, por la escalera interior». La primera vez que se lo oyó a un portero de librea dividió mentalmente a la sociedad en dos mitades: los que utilizan el ascensor o la escalera principal, y «los otros», los de la escalera de servicio; y se sintió incluida entre la segunda mitad.
«¡Qué asco!» Eso puedes decirlo tú, niña de la clase media, a quien no habrá faltado nunca el juguete o la golosina tradicional, aunque tus vestidos y tus sombreros hayan sido siempre «caseros». Pero hay unos niños que sólo han visto estas golosinas rituales en los grandes escaparates, inasequibles; niños que, ganándose ya su pan, no conocen el tacto ni el sabor de estas golosinas exquisitas.
El propósito feminista de la obra es igualmente explícito y también se entreteje con la propia trama de la novela: las mujeres en la obra sufren acoso, violencia, son despedidas, realizan abortos clandestinos, viven en un mundo en el que "no había más que dos caminos para la mujer: el del matrimonio o el de la prostitución" (unos años antes, en la Tristana de Galdós, se añadía una tercera opción, el convento, pero la idea viene siendo la misma). Con todo, el mensaje que transmite el texto no es desencorazonador, sino todo lo contrario: es una llamada a la acción, a la liberación, de la mujer nueva:
La mujer nueva, «sin tipo», ha hablado y le ha respondido la pequeña Matilde.
Mas la mujer nueva ha hablado también para todas las innumerables Matildes del universo
¿Cuándo será oída su voz?
No hay por lo tanto aquí conflicto ni contradicción entre la lucha obrera y la lucha feminista; ambas se complementan y se necesitan, tal como demuestra la novela. En un momento histórico en el que no cabía la equidistancia (e, infelizmente, estamos ahora viviendo momentos parecidos), Luisa Carnés construye una novela que es un artefacto explosivo ideológico.
Con todo, sería una pena que alguien leyese esta reseña e imaginase que Tea Rooms es una novela de un realismo social "seco" o "adusto". (Infelizmente, estamos habituados a identificar la literatura política con el realismo en su sentido más severo). Porque Carnés escribe como los ángeles y, sobre todo en la primera mitad de la obra, experimenta con técnicas y estilos vanguardistas, poéticos, mezclando voces y visiones, mostrando el mundo con una técnica cubista que lo deconstruye en mil facetas y lo transmite a través de las impresiones que causa en los sentidos. Así, por ejemplo, en el maravilloso capítulo 3:
Todo suave, todo tibio, sencillo.
Las palomas y los gorriones picotean las migajas perdidas en los paseos, y los cisnes deslizan trozos de pan a lo largo de su pescuezo. Blanco. Blanco.
La nodriza, con sus collares de plata y sus anchas monedas en los lóbulos alargados.
Los niños, blanco y rosa: «Yo era el banquero». «Yo era Al Capone». (Anaranjado hacia el rojo).
El cañoncito de lata gris dispara un proyectil de piedra contra la paloma blanca, de pico sonrosado.
Clat, clat, clat.
Vuelo blanco.
(La sangre de Oriente y Occidente...).
Blanco, rosa y azul.
(¿Qué haces en ese banco, en el centro de esa molicie suave, joven lector de libros revolucionarios?).
O en este maravilloso final del capítulo 5:
La noche.
Diez horas, cansancio, tres pesetas.
Fuera hace calor.
A la puerta, un viejo pregona los diarios nocturnos.
El público que sale de los cines y teatros emite comentarios en voz alta.
Diez horas, cansancio, tres pesetas.
Qué bueno que esta novela, y otros textos de Luisa Carnés, y en general muchos otros textos de muchas otras escritoras invisibilizadas u olvidadas, estén siendo recuperadas en los últimos años. Hace falta reescribir, y reordenar, lo que creíamos saber sobre la historia literaria.