jueves, 18 de julio de 2013

Elisabeth Sanxay Holding: Miasma

Idioma original: inglés
Título original: Miasma
Fecha de publicación: 1929
Valoración: Está bien

Miasma es un libro "ideal para el verano" si creemos que esta etiqueta les corresponde a aquellas obras de prosa ágil que no tienen la intención de provocar en el lector reflexiones profundas, cuyos personajes están trazados sin demasiado detalle, y que contienen tramas más o menos divertidas. Literatura de entretenimiento, en fin, y si es posible, en formato poco aparatoso para que quepa bien en la maleta modelo Ryanair.

Su autora es la estadounidense Elisabeth Sanxay Holding, una mujer de buena familia que nació a finales del siglo XIX en Nueva York y que se casó a los veintipocos con un diplomático, lo que le llevó a vivir en exóticos lugares.

Sus primeras novelas las publicó a partir de los años 20, y la temática de estas obras tenían una temática más bien romántica, pero con la famosa Gran Depresion del 29, su editor le aconsejó meterse en el género noir, tan de moda entonces como ahora, y fue con libros sobre crímenes y misterios con los que Sanxay logró cierta fama a la vez que ayudaba a su marido a pagar las facturas.

Miasma es el primer libro que leo de esta mujer casi desconocida para mí (me sonaba vagamente gracias a que una de sus obras, La pared vacía, ha sido dos veces adaptada al cine), y la verdad es que me ha gustado sin llegar a entusiasmarme. Supongo que se trata de una novela negra de manual, aunque con cierto encanto hitchcockiano que las obras de este género actuales han perdido.

La novela narra lo que le sucede a un joven médico, el doctor Dennison, cuando, desesperado por la nefasta situación económica que está viviendo el mundo (la crisis del 29, sí), decide entrar a trabajar en la clínica privada del maduro y elegante doctor Leatherby, una suerte de Christopher Lee con bata blanca (o al menos, así me lo imagino yo). Dennison sólo quiere ahorrar y casarse con su prometida, la voluble Evie, pero sus sueños de ganar dinero con un trabajo predecible y honrado sufrirá un vuelco cuando descubra que su jefe tiene mucho que ocultar. Sólo diré que al poco de entrar a trabajar con Leatherby, uno de los pacientes del veterano médico muere de un infarto, y que Hilda, la bella enfermera, le sugerirá a Dennison que se marche de ahí cuanto antes.

Sugerente, ¿no?

En fin: una lectura amena e interesante para entretenerse y terminar un libro de suspense breve y muy bien escrito sin la sensación de haber perdido el tiempo.

Como curiosidad, decir que Sanxay es considerada una de las maestras de Patricia Highsmith y que Hitchcock la incluyó entre sus escritores de suspense favoritos.

miércoles, 17 de julio de 2013

Gabriel Josipovici: Moo Pak

Idioma original: inglés
Título original: Moo Pak
Año de publicación: 1994
Valoración: interesante / muy recomendable
Traducción: Juan de Sola

Josipovici es un autor de novelas, relatos y críticas literarias bien conocido fuera de nuestras fronteras, pero en nuestro país no había sido publicado hasta que la editorial Cómplices se tomó la molestia con este libro -imposible clasificarlo como novela-. Un tanto para ellos, esta es la verdad.

Resulta difícil elaborar una reseña de esta obra como las que solemos plantear en el blog, pues quizá merecería un análisis más sosegado, por supuesto amplio, sin duda repleto de citas y, con suerte, referencias a muchos otros libros y autores que se mencionan -y no solo eso: se investigan, se piensan, se trascienden- en el texto de Josivopici. Asumido esto, diremos que Moo Pak es la crónica de una serie de paseos por distintos parques londinenses de dos personajes: el veterano escritor Jack Toledano y el más joven Damien Anderson. La excusa primordial de dichos paseos será el testimonio de los avances de Toledano en relación con su último libro, que necesariamente cerrará su trayectoria como autor y al que otorgará la categoría de "su obra maestra".

A partir de aquí, con una prosa extraordinariamente fluida pero árida en ocasiones (debido al uso continuado de una doble primera persona yuxtapuesta y una composición sin puntos y aparte; es decir, un único e interminable párrafo de principio a fin), Josipovici-Toledano diseccionará numerosos temas literarios sin otro orden que el impulso verbal a que le conducen sus paseos, atentos los oídos de Anderson, quien salpicará con opiniones personales algunos puntos pero, sobre todo, ejercerá de mapa en el que situar, primero, su relación con el viejo escritor, y segundo, la relación de éste con el mundo que lo rodea. Será la voz de Toledano, pues, la que dirija con pulso firme al lector a través de las ventanas de la literatura, estableciendo un código que queda claro desde el primer momento: los personajes pasean por parques y calles como quien pasea por ideas, por momentos literarios, por movimientos históricos.

Poco o nada deja Toledano por anotar en su discurso sobre la literatura: el proceso creativo, el lenguaje, la imaginación frente a la razón, la búsqueda en el arte, el descubrimiento, la frustración, el sueño, lo universal y lo particular, el éxito y el fracaso, la excelencia, el azar, la furia... Se nombran decenas, cientos de autores: para valorarlos, para criticarlos, para denostar o admirar su vigencia o su olvido, para clasificarlos, para entenderlos, en fin, o más bien para entender por qué hicieron lo que hicieron. Josipovici desata su vastísima cultura literaria y pone a prueba la paciencia del lector, pues enlaza reflexiones, nudos y arriesgadas tesis como una fuente que nunca deja de manar, interminable, siempre con el mismo tono sereno, como el del personaje protagonista, que camina despacio, como ausente, pero sin pausa.

Una lectura posiblemente dirigida a lectores con un amplio bagaje que se hará durísima para quien necesite un hilo argumental o una trama que lo guíe a través de las páginas, pero, sin embargo, absolutamente recomendable para quien sepa moverse en esa otra literatura que hipnotiza y ensimisma, formada a partir de líneas y líneas de necesario subrayado, que demanda silencios, soledad y calma. Un poco en la línea de Ciudad abierta, por cuanto tiene de voz que te acompaña al rumor de unos pasos, pero enfocada hacia los múltiples caminos pasados, presentes y futuros de la literatura. Quien acepte el riesgo, no puede quedar indiferente.

martes, 16 de julio de 2013

William Faulkner: Santuario

Idioma original: inglés
Título original: Sanctuary
Año de publicación: 1931
Traducción: Lino Novás Calvo
Calificación: imprescindible

Seamos sinceros: cuando uno se enfrenta a un libro tras el cual se encuentra una leyenda como la que rodea a Santuario lo hace con algunas actitudes muy definidas. Uno: la de poner en duda constantemente esa leyenda y abrazar el noesparatantismo. Dos: el total positivismo y el constante hallazgo de la genialidad, que creemos oculta hasta en la más nimia de las pausas.
Lo que sucede, cuando hablamos de obras maestras de la narrativa, de las de verdad, es que el libro arrasa con cualquiera de esas dos opciones y se apodera del lector, de su voluntad, de su escepticismo, de sus dudas, de sus prejuicios positivos o negativos, y lo neutraliza todo de golpe.

Pues sí: este es el caso de Santuario. Nada sencillo llegar a ese estado, lo aviso. Más de uno perderá la paciencia ante la errática narración inicial, con elipsis que son cráteres y silencios que son largas noches a la intemperie. Adivinamos una casa al final de un camino, vemos gente entrar y salir, errar por ella. Vemos hombres y mujeres,a Popeye, a Temple Drake,  senderos en medio de la nada; y mucha oscuridad, física y psicológica. El prostíbulo de Memphis. Un coche volcado junto a un árbol, alcohol, una joven de buena familia, gentuza de la que justifica el término. Vaya si Faulkner (que dicen, renegaba de esta novela pues la había escrito por dinero) se esmera en esbozarlo todo a base de brochazos de prosa densa y de escasa concesión hacia el lector.  
Y no solo es que haya que estar atento: es que Faulkner ha dispersado cualquier cosa parecida a una estructura lineal en varias millas a la redonda. Sobre todo al principio más de uno puede sentirse huérfano ante la sucesión de situaciones aparentemente inconexas y poco coherentes. Pero es que lentamente sale el sol: un sol resplandeciente que empieza a otorgarle sentido a tanto preliminar. Los arañazos pasan a ser heridas y el dolor deja de ser una punzada para ser la duradera sensación de un golpe bien propinado. O varios: hígado, riñones, sí, las partes nobles. Faulkner enfila la segunda mitad del libro con mucha mayor claridad, no diáfana, no, pero sí progresiva, con la convicción solo posible en los grandes de verdad. Esta historia es dura, cruel, con muy poco resquicio para sonrisa o confort de ningún tipo. Nada de corriente empática subterránea con los personajes más deleznables, como Capote. Ni un segundo de descanso. El mundo, sobre todo el de Faulkner, es un lugar con algunos rincones muy poco aconsejables y Santuario es la crónica de un garbeo por unos cuantos de ellos. 

Otras obras de William Faulkner en ULAD: Aquí

lunes, 15 de julio de 2013

Roberto Bolaño: 2666

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: imprescindible

Hoy se cumplen 10 años de la muerte del autor de esta novela. Una década en la que el mito no ha hecho más que crecer, aunque, salvo gran sorpresa, no haya más obras que puedan salir a la luz. Sus archivos inacabados fueron exhaustivamente estudiados y su obra puede darse por completa.
Me dijeron, cuando empecé en ULAD: reseñas de cuatro o cinco párrafos. Ja. A ver quien lidia con un libro como 2666 en ese espacio. Cuando son más de 1100 páginas pero en realidad son cinco novelas con una relación común que les permite (ese era el plan, trastocado por la repentina muerte de Bolaño) tener cada una su entidad como obras separadas. Cualquiera les dice a los de ULAD que lo idóneo sería hacer cinco reseñas. Estás loco con Bolaño, Francesc.
Aun así, lo intentaré.
Este es el libro conscientemente inacabado de Bolaño, o casi. No esos que han salido de la puesta en orden de sus notas o el escarbado a fondo en el disco duro de su PC y en las carpetas de su escritorio. Bolaño era conocedor de ello, cuando esperaba el trasplante de hígado que no llegó, y se percibe en su escritura, que es intensa. Este es su libro más parecido a lo que sería un testamento o un legado y muchas de sus páginas lo dejan entrever. 
También es verdad que, para quien lee el libro conociendo la historia y el mito erigido, los hechos pesan. Fallecido en circunstancias normales para el desarrollo de su enfermedad, pero al que la leyenda aderezó de manera sensacionalista (atribuyendo al autor un abanico de hábitos tóxicos, cuando lo único comprobado es que se fotografiaba siempre con un sempiterno cigarrillo colgando de los labios), de manera que, tendamos al morbo como lectores o no, queramos encontrar tras esas líneas al escritor de pura raza vaciando exhausto su talento, y cayendo extenuado sobre el teclado para no desperdiciar ni una sola línea de texto. No: Bolaño sería algo excéntrico, pero era un tipo normal, de esos que escuchan las conversaciones ajenas en los bares a la búsqueda de inspiración. 
Lo cierto es que Bolaño simplemente no podía dejar ni de escribir ni de leer porque esas eran sus pasiones desde joven. 2666 es solamente la unión (con sus problemas de ajuste) de cinco novelas en una obra más ambiciosa, y ello no debe hacernos pensar que es inabarcable, ni que él pensara en cambiar el rumbo de la historia con ella. Hecha esa salvedad, vistas sus cinco partes como entes individuales, es justo lo que nos encontramos. Cinco obras relacionadas por nexos comunes.
Claro que hay irregularidad, y claro que hay algunos pasajes discutibles. Pero tantas páginas del Bolaño más maduro y más bregado (porque su obra anterior no carece de altibajos) contienen muchos cientos de páginas de espléndida literatura. Que la necesidad de etiquetarla y lo seductor de su temática central - los crímenes de Santa Teresa, que son los crímenes no resueltos de Ciudad Juárez y las maquiladoras - le atribuyan pertenencia al misterio o a lo policíaco, no nos deben hacer incurrir en el error.
2666 es extraordinario porque todo lo bueno de Bolaño está ahí, desde la broma de inventarse carreras literarias hasta el intercalado de historias que a otros escritores les darían para facturar trilogías. Está ahí presente con su inigualable estilo, contemporáneo pero erudito, poético pero desprovisto de excentricidades absurdas. Todo está justificado, desde el tono metaliterario de La parte de los críticos hasta el relato forense de La parte de los crímenes. Es un escritor chileno escribiendo una novela mexicana y una novela norteamericana, pero a la vez está bien incrustado el clasicismo de la narrativa europea. Es una persecución, la de Archimboldi a la vez que una huida, la de Amalfitano.
Puede que dé igual 4, 5 o 100 párrafos. Pretender describir la grandeza de este libro sería, en cualquier caso, inútil. Es un libro que hay que leer hasta acabar con él: cerrarlo, acariciar el lomo, y darse cuenta de lo difícil que será, después, encontrar algo de su nivel. Esa es la conclusión exacta, hoy o hace diez años: quién narices iguala eso.

domingo, 14 de julio de 2013

Jonathan Swift: Los viajes de Gulliver

Idioma original: inglés
Título original: Gulliver's Travels (Travels into Several Remote Nations of the World. In Four Parts. By Lemuel Gulliver, First a Surgeon, and then a Captain of Several Ships)
Año de publicación: 1726
Valoración: interesante

Hace ya años que vengo diciendo que tenía ganas de leerme esta obra, para ver qué había realmente en un texto que ha pasado al imaginario colectivo como un relato fantástico adaptado, la mayoría de las veces, a un público infantil. Efectivamente, uno piensa en Gulliver y le viene a la cabeza la imagen de un hombre atado al suelo por cuerdas y rodeado de hombrecitos minúsculos (los famosos lilliputienses). Y desde luego, esa imagen está en la novela, pero hay mucho, mucho más. Y desde luego no es una novela para niños, ni mucho menos.

Los viajes de Gulliver es, sobre todo, un ejercicio de imaginación e ironía puesto al servicio del pensamiento filosófico y político (como sucedía, con otros parámetros, en su Una modesta proposición). Para hablar sobre los hombres (los ingleses sobre todo) y sobre los modos en los que los hombres se organizan socialmente, Swift inventa un protagonista al que el azar lleva a conocer sucesivamente cuatro civilizaciones diversas, y a cuál más extraña: los dimininutos liliputienses, los gigantes brobdingnagianos, los habitantes de la ciudad volante de Laputa (sic) y los sabios Houyhnhnms, unos caballos con un elevado sentido de la verdad, la razón y la justicia.

En realidad Los viajes de Gulliver es en muchos aspectos una sátira política, como dice la crítica. En este sentido, el golpe de gracia llega en la última parte del libro, cuando Swift comienza a describir, con mucha mala leche, el sistema político, judicial y social inglés. Después de trescientas páginas en que presenta civilizaciones ridículas que nos hacen sonreír con superioridad, el narrador empieza a describir su país natal... y no es menos ridículo ni absurdo que los demás. Aquí, algunos ejemplos, hablando de las razones "justificadas" para iniciar una guerra:
Difference in opinions has cost many millions of lives: for instance, whether flesh be bread, or bread be flesh; whether the juice of a certain berry be blood or wine; [...] It is a very justifiable cause of a war, to invade a country after the people have been wasted by famine, destroyed by pestilence, or embroiled by factions among themselves. [...] If a prince sends forces into a nation, where the people are poor and ignorant, he may lawfully put half of them to death, and make slaves of the rest, in order to civilize and reduce them from their barbarous way of living.


Y así.

Pero al margen de este deseo de mostrar lo absurdo de muchas de nuestras costumbres y sistemas supuestamente civilizados, el medio empleado para hacerlo es una novela fantástica llena de imaginación y humor, por momentos bastante irreverente y alocada (por poner un ejemplo: Gulliver termina siendo expulsado de Lilliput por apagar un incendio en el palacio Real meando encima de él). Algunas de sus invenciones, como la ciudad flotante de Laputa o la civilización caballuna de los Houyhnhnms, son ciertamente llamativas, y cada pocas páginas se encuentran ideas o pasajes que merecen la pena (aunque otras páginas o pasajes, también hay que reconocerlo, dan ganas de saltárselos olímpicamente).

Tampoco hay que olvidar lo que Gulliver tiene de quijotesco: del mismo modo que Cervantes en el Quijote parodiaba los libros de caballería (aunque el resultado vaya mucho más allá de eso, naturalmente), ridiculiza los libros de viajes "verídicos" en los que los autores intentan pasar por ciertas todo tipo de aventuras y criaturas extraordinarias -de hecho, cuando se publicó sin nombre de autor muchos tomaron a Gulliver por una persona real-; como don Quijote, Gulliver (¿algo que ver quizás con el adjetivo gullible, "crédulo"?) sale una y otra vez a la aventura -así se llama, de hecho, uno de los barcos en los que se enrola- y una y otra vez vuelve a Londres derrotado y cada vez más misántropo.

Solo una nota final (porque esta reseña ya me está quedando bastante larga) para decir que Los viajes de Gulliver es una de esas obras que han creado palabras nuevas para la lengua inglesa y universal: por supuesto, liliputian (liliputiense), pero también brogdingnagian (referido a algo muy grande, gigantesco) o yahoo, un término que no solo sirve para nombrar un conocido portal de internet, sino que designa, en inglés, a personas brutas o maleducadas.

También de Jonathan Swift en ULAD: Una modesta proposición

sábado, 13 de julio de 2013

Stephen King: El ciclo del hombre lobo

Idioma original: inglés
Título original: Cycle of the Werewolf
Año de publicación: 1984
Valoración: Decepcionante

Este es un libro que nunca habría leído, probablemente, si no llega a ser por dos cosas: el nombre del autor, y el precio que tiene en versión eBook (7€, si no recuerdo mal). Pero la verdad es que, después de leído, ni siquiera vale ese precio reducido... El ciclo del hombre lobo no es una novela "normal" de Stephen King, aunque sí tiene sus inevitables sustos, su inconfundible ambiente rural yanqui, sus casos de malos tratos y su policía bueno pero tonto. Pero el tono de la novela, a pesar de todo, es sorpendentemente juvenil e incluso naif. Con decir que incluso aparecen entre exclamaciones frases como "¡Era el hombre lobo!"...

Porque, sí, en eso el título no engaña: esta novela cuenta, mes a mes, las doce transformaciones de un hombre lobo en las fases de luna llena (el propio Stephen King reconoce que las cuentas no cuadran, porque el mes lunar no es el mismo que el mes del calendario) en un pequeño pueblo de Maine, cómo no. Los primeros capítulos del libro tienen una cierta independencia, y se pueden leer casi como cuentos independientes, mientras que los últimos responden más a una estructura novelística, con el desarrollo y conclusión de la trama.

A lo mejor para entender que este libro tenga esta forma, y sea tan diferente en el tono a la mayoría de los de su autor, hay que saber que originalmente este texto iba a publicarse en forma de calendario ilustrado: cada mes incluiría una ilustración de Bernie Wrightson y un texto breve de Stephen King; pero King se cansó de este formato tan reducido y tan limitador, y el proyecto se transformó en una novelita ilustrada, que es lo que ahora tenemos entre manos.

En fin, para alguien que ha leído un buen puñado de novelas de Stephen King, y que ha pasado auténtico miedo, por ejemplo leyendo El misterio de Salem's Lot a las tres de la madrugada, resulta bastante decepcionante encontrarse con una novela que no solo no asusta, sino que tampoco añade prácticamente nada nuevo a la figura del hombre lobo. Y no hay duda de que las ilustraciones de Bernie Wrightson son buenas, pero eso, para mí, no compensa la falta de interés del texto.

Mi consejo, incluso para fans de Stephen King y de la novela de terror: no compréis este libro.


Todas las reseñas sobre Stephen King en ULAD: Aquí

viernes, 12 de julio de 2013

Jeanette Winterson: La mujer de púrpura

Idioma original: inglés
Título original: The Daylight Gate
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Esta es una de esas novelas que no sé muy bien cómo clasificar, porque me ha dejado algo descolocado. Lo cual, en sí mismo, puede que sea bueno... Lo que quiero decir es que es una de esas (raras) novelas que juega con los límites de la "literatura de género" (en este caso, la novela fantástica y la novela histórica) y los utiliza para hablar de temas actuales como el fanatismo religioso, la (homo)sexualidad o el papel de la mujer en una sociedad patriarcal -temas que, según he leído después, son una constante en la obra de la autora-.

La novela parte de un hecho histórico en el que basar su fabulación: un juicio contra trece brujas (las conocidas como "brujas de Pendle") que tuvo lugar en el condado de Lancaster, en Inglaterra, en 1612. De entre el conjunto de brujas se destaca una, Alice Nutter (también un personaje histórico), comparativamente más rica que el resto y contra la cual las acusaciones eran especialmente débiles, pese a lo cual fue ajusticiada con las demás.

Ese es el misterio principal sobre el que gira la novela: por qué una mujer rica, inteligente, fuerte e independiente terminó en el cadalso junto con un puñado de desarrapadas. Y la respuesta de Jeanette Winterson parece ser, al menos en parte: "pues precisamente por ser una mujer rica, inteligente, fuerte e independiente". El problema con esta tesis, como otros lectores ya han dicho, es que a medida que leemos el texto descubrimos (spoiler alert) que efectivamente Alice Nutter es bruja. ¿No justifica eso, de alguna forma, la persecución de sus enemigos? ¿No habría sido más efectivo, ideológicamente hablando, mostrar que Alice Nutter era, en realidad, inocente? (Como lo eran, en efecto, las decenas de miles de mujeres que fueron ahogadas, quemadas o torturadas durante la "caza de brujas").

Sea cual sea la intención ideológica de la obra (aunque la denuncia del patriarcado heterosexista es bastante evidente), desde un punto de vista textual o genérico el resultado es una obra híbrida y compleja: novela histórica por una parte, con la reconstrucción de la época de Jacobo I y sus obsesiones religiosas, y con la introducción de personajes históricos como Shakespeare o el mago John Dee; por otra, novela fantástica con elementos sobrenaturales; y por otra, novela sentimental con una (o mejor, dos) historias amorosas que involucran a la protagonista.

La sensación que me ha producido todo este conjunto, como decía al principio, ha sido confusa: está claro, por una parte, que esta novela sobrepasa los subgéneros mencionados en el párrafo anterior (por su voluntad de estilo, su mezcla sorprendente de temas y estilos, sus juegos históricos), pero también, a veces, parece que esa pertenencia a subgéneros lastran un tanto el resultado: no hay desarrollo de personajes (salvo quizás la protagonista), lo sobrenatural parece tratado de una forma casi ingenua y la aparición de Shakespeare parece bastante gratuita.

Sea como sea, precisamente la libertad y capacidad provocadora con la que Jeanette Winterson trata los materiales me dan ganas de seguir leyendo cosas suyas. Creo que lo siguiente a lo que intentaré echarle el guante será El planeta azul, una (también peculiar) novela post-apocalíptica...