
Idioma original: inglés
Título original: Fifty shades of Grey
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Repugnante
Bien, aquí estamos de nuevo con Cincuenta sombras de Grey, y esta vez, en vez de dejarme llevar por las emociones y lapidar el libro de turno sin dar demasiadas explicaciones (o explicaciones poco ortodoxas), trataré de exponer como mejor pueda los motivos que me llevan a calificar este libro con la peor nota que tenemos en ULAD.
Digamos que la calidad literaria de Cincuenta sombras de Grey es muy escasa; famélica. Está tejido a base de frases simplonas, como de adolescente escribiendo sus fantasías y anhelos en un diario con pastas de charol y protegido por un candadito ridículo. Además,adolece de un abuso descarado de palabras y verbos tan manidos como “bonito/a”, “bonitos/as”, “asfixiar”, “desear”, “guapo/a”, etc… Y las expresiones de Anastasia describiendo a Christian, y de Christian alabándole a Anastasia esos atributos físicos que ella es incapaz de verse, pasan de adolescente: caen directamente en la más calenturienta pubertad. Vamos, que no hace falta que me cuenten que se trata de un fanfic crepusculón…
Y sobre el contenido. A ver…
Cuando a algunas personas les comento que me parece un historia de vergüenza ajena, no me quejo de las escenas eróticas narradas con detalle que contiene (uno ya sabe de antemano lo que se va a encontrar en un libro de este género), ni de que los protagonistas practiquen sadomasoquismo light (al fin y al cabo, Anastasia, mayor de edad y en pleno uso de sus facultades mentales, transige libremente). Vamos, que la protagonista del libro dice sí a convertirse en la sumisa de un tipo rico, guapo y atormentado.
Vale. Nada que objetar.
El problema es que esta historia propia de cualquier librillo kioskero made in Harlequin se vende (y muy bien, además) como la obra más provocadora, fenomenal y adictiva del momento. Sus valedores dicen de ella que es una suerte de oráculo para dar vidilla a parejas sexualmente hastiadas; y que es una controvertida expedición a lo más recóndito de las fantasías sexuales; y que es una apasionante historia de amor y redención en forma de una Bella y Bestia posmodernos y desinhibidos. Etc, etc, etc…
Pero lo único que yo he encontrado en “esto” es una interminable lluvia de bofetadas de género ejecutadas sin complejos por la garra del machismo más repulsivo y atrabiliario inimaginable.
Christian Grey, que está forrado a base de trabajar mucho (pero no sé cuándo, porque el fulano se pasa el día copulando con su sumisa y mandándole mails), le compra portátiles y coches a su Anastasia para halagarla y retenerla. Además, insiste en vestirla y darle de comer a su antojo. Y lo peor: quiere saber dónde está a todas horas, y amenaza con azotarla en cuanto ésta le lleva la contraria o hace cosas que le desagradan. Por eso no puedo entender que este especimen imaginario se haya convertido en la fantasía sexual de muchas mujeres. A mí me ha parecido un personaje literario grimoso y abofeteable. Pero no he podido llegar a odiarle porque, sencillamente, no me lo he creído.
Y Anastasia..., buff, tres cuartas partes de lo mismo. Por Dios, ¡si Bella Swan es Simone de Beauvoir a su lado! Porque Anastasia, universitaria amante de la literatura y de la ropa de sport y que se cree un orco de Mordor pese a ser una beldad, es capaz de dejarse tratar como una muñeca hinchable y recibir latigazos y azotes a mansalva con tal de volver bueno al chico malo. ¡Pero diablos! ¿No nos suena esto de algo?
En este país que cada año asiste con horror a un número creciente mes a mes de víctimas de la violencia contra la mujer, deberían retorcernos las entrañas los mensajes soterrados pero muy peligrosos que contiene este libro, del tipo “en el fondo será buena persona”, “ los chicos malos son los más atractivos”, "si tiene celos es porque le gustas", "deja que te invite y te haga regalos, que es lo normal", etc...
A mí, personalmente, me parece espeluznante que un best–seller se levante sobre cimientos que en Pretty Woman los tolerábamos gracias a lo majos que nos parecían Richard Gere y Julia Roberts, pero no, que no: que la realidad es demasiado cruel como para que nos tome así el pelo E. L. James. Y me da igual que sea una mujer, y que la admiren las mujeres, y que haya packs-regalos de su trilogía con preciosos antifaces de pedrería y esposas de terciopelo.
Y en fin, termino ya, porque si no, mucho me temo que tendríamos una tercera parte de este post, y prefiero reseñar libros que merezcan más la pena.
Sólo añadiré que por ahí hay libros sobre la exploración sexual de una mujer, como
Las edades de Lulú de Almudena Grandes, que puede gustar más o menos pero que está muy bien escrito, o
El amante de lady Chatterley, de D. H. Lawrence, erótico y revolucionario para su época y, para mí, una maravilla.
Primera parte del libro: Aquí