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viernes, 8 de agosto de 2025

Patrick Radden Keefe: Cabeza de serpiente

Idioma original: inglés

Título original: The Snakehead

Año de publicación: 2009

Traducción: Eduardo Iriarte

Valoración: bastante recomendable

Otra obra de Radden Keefe que se recupera oportunamente y se traduce, vista la repercusión de algunas de ellas (especialmente No digas nada, que ha contado con el inestimable apoyo de un trasvase a la pantalla) y he de reconocer que la cronología se me hace un poco liosa en este proceso, aunque no sé si eso es un detalle crucial, dado el apego del autor a su estilo, pero este, en realidad, sería su segundo libro, anterior por tanto, a sus obras de más repercusión, pero obvio eslabón de una cadena en la que Radden Keefe, un poco al estilo del tan cacareado true crime audiovisual, parece estar definiendo un género propio, nada en contra, aunque siempre saldrá algún purista que le recrimine el no estar creando algo nuevo o, llegado cierto extremo, que sus libros puedan ser sustituibles por búsquedas exhaustivas en aplicaciones de AI que lleguen a compilar y resumir todo lo habido y por haber sobre un tema concreto y le apliquen un cierto criterio literario y una dosificación del suspense. Que sepáis, por cierto, que estamos muy cerca de todo eso.

Cabeza de serpiente es una lectura perfecta para ese determinado momento en que, por ejemplo, un lector de ficción necesita una cierta desconexión de tramas, de argumentos que hay que seguir y cuyos momentos clave hay que retener. No digo que sea la clásica lectura ligera, la de las plácidas hamacas de la playa. Pero todos los libros de Radden Keefe podrían encajar en ese perfil. Como sentarse ante una pantalla a ver reportajes bien pertrechados, no siempre de cuestiones que responden a una rabiosa actualidad o a un tema que levante pasiones, pero que al final acaban despertando tu interés, e incluso podríamos aludir a una cierta coartada social, por cuanto las víctimas de los criminales suelen ser gente normal: las víctimas pueden ser pacientes que buscan que su dolor se mitigue o pueden ser ciudadanos de Fujian a quienes se les promete un futuro mejor.

Aquí nos vamos atrás en el tiempo y el acontecimiento central es el fallecimiento de ciudadanos chinos por el hundimiento de un buque carguero, en 1993, en el que viajaban ilegalmente desde China a EEUU. Cómo ese hecho permite seguir y comprobar cómo actuaban las tramas mafiosas (ya tardaba en salir la palabra) ocultas detrás de humildes comercios, cómo,  aunque no se trate de casos de violencia extrema - apenas algunos ajustes de cuentas en operaciones calculadas, lo justo para no llamar la atención más de lo necesario -,  cómo operan las organizaciones. En este caso, la liderada por la Hermana Ping, que desde la apariencia de comercios modestos y anónimos ubicados en Chinatown, construyó, ganándose además el respeto de su comunidad que la veía como la persona de referencia cuando se necesitaba ayuda, una trama criminal (y por tanto, muy lucrativa, aquí el binomio mayor riesgo= mayor rentabilidad funciona a pleno rendimiento) que expandió sus tentáculos y se arraigó en la comunidad china del barrio neoyorquino, tejida de forma minuciosa e inteligente - testaferros, empleo de abogados de suculentas minutas para generar la maraña legal que impedía actuar de forma eficaz a los desorganizados organismos oficiales encargados de controlar tanto flujos migratorios como criminalidad. Criminales de un perfil más marcado por su discreta astucia que por su crueldad, vistos con benevolencia por su comunidad y, por lo tanto, casi impenetrables en su organigrama, en su jerarquía, en sus modus operandi. 

Más libros de Radden Keefe reseñados en ULAD, aquí

jueves, 13 de febrero de 2025

Philippe Sands: La última colonia

Idioma original: inglés
Título original: The Last Colony
Traducción: Francisco J. Ramos Mena.
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Una pequeña cuestión preliminar sobre La última colonia que cabe aclarar al lector. Philippe Sands es abogado y profesor de Derecho a la par, obviamente, que escritor y autor de este libro. Se trataría de una curiosa integración de dos desempeños profesionales que confluyen en textos como este, y que, cabe advertir al lector, pueden hasta cierto punto confundirse, al existir una especie de tensión narrativa paralela al desarrollo de una cuestión de índice legal.

Así que la trama, o el caso, se centra en un Archipiélago, Chagos, perteneciente a Mauricio, un estado insular africano situado en el Océano Índico, famoso por sus playas, por su relativa proximidad a la Seychelles, por su usualmente venerado proceso de descolonización, que lo convirtió en uno de los países africanos más prósperos. Resulta que Chagos fue elegido como ubicación idónea para una base militar estadounidense. Y que esa elección entraba en conflicto tanto con la constitución como estado de Mauricio como con la presencia de población autóctona que vivía allí. La solución fue una chapuza: para poder alojar la instalación militar, los habitantes fueron coaccionados de malas maneras para que aceptaran la ofertas para abandonar sus hogares. Se tomaron medidas como cortar las comunicaciones y los suministros para que entendieran que ejercer su derecho de continuar residiendo en sus casas no les traería nada bueno. Finalmente, se les conminó a abandonar sus hogares acarreando con unas pocas pertenencias.

Philippe Sands relata aquí el proceso iniciado por los habitantes, centrando la narración el caso de Liseby Elysé, víctima junto a su familia de esa deportación encubierta y testimonio en el juicio, a través de varias sesiones en que explicó su experiencia. Sands extrapola el caso no solo a la comunidad residente en Chagos, si no a todo el proceso de descolonización que ha acabado (pero esto será objeto de otra lectura y otra reseña) con un enorme continente y una enorme masa de población desplazada del epicentro de decisiones global, con las repercusiones de las economías de corte extractivo y del propio diseño de fronteras y naciones que los descolonizadores se cuidaron muy bien de dejar bien orquestado para minimizar futuros ajustes. Sands conduce la narración con algún altibajo: disfrutamos más de las experiencias personales (como ese regreso a lo que fueron sus hogares, esa visita a los parajes evocando sus recuerdos) que de la inevitable letanía de obstáculos legales (decretos, comisiones, trámites burocráticos diseñados, sobre todo, para evitar tanto la reversibilidad de la operación como un elevado impacto económico de las indemnizaciones) que dejan en muy mal lugar al gobierno británico en su empeño por complacer la voraz hambre del imperialismo estadounidense. Que vaya momento para comentarlo, por cierto.

domingo, 12 de enero de 2025

Witold Szablowski: Los osos que bailan

Idioma original: inglés

Título original: Dancing Bears: True Stories of People Nostalgic for Life Under Tyranny

Traducción: Katarzyna Molonievich, Abel Murcia

Año de publicación: 2019

Valoración: muy recomendable

Perdonad que me ponga un poco reivindicativo antes de reseñar Los osos que bailan. Ya que es obvio que, igual que cuando se mencionan las palabras novelista chileno es imposible no evocar a Bolaño, la simple mención de periodista (o cronista) polaco debería, por unas cuantas décadas, recordarnos a Kapuscinski. De hecho, un premio con su nombre le fue otorgado al autor de este libro, por parte de una Asociación de Prensa y, seguiré poniéndome pesado (y un poco nostálgico) hay que recordar a menudo al genio, no solo por su incuestionable valor literario, también por su enorme influencia en una profesión (el periodista, el cronista, el corresponsal) que no solo es la injusta víctima en los conflictos que proliferan, sino también la indirecta procuradora de mucho placer literario y mucha inducción a la reflexión. Kapuscinski definía a los desfavorecidos como primeros dañados por los conflictos. Su influencia en libros como el que nos ocupa es incuestionable.

 

Witold Szablowski presenta este libro en dos partes, cada una ocupando la mitad. Primera parte, un estudio compuesto por testimonios sobre una consecuencia a fuego lento de la caída del muro. Cómo esto afectó a una serie de ciudadanos búlgaros, la mayoría de etnia gitana, que empezaron perdiendo sus trabajos cuando las fábricas para las que trabajaban pasaron a ser evaluadas en dinámicas del capitalismo (rentabilidad, productividad) en vez de justificar su existencia por fines sociales y comunitarios. Pero el segundo golpe fue peor: muchos de ellos buscaron un grotesco reciclaje profesional como amaestradores de osos, prácticamente una salida desesperada pero que les procuraba un medio precario de subsistencia. Ese segundo golpe: a principios del siglo XXI,  la presión de las organizaciones de defensa de los animales ilegaliza la tenencia de los animales y su uso, previas fases de entreno que solo pueden calificarse como tortura, en circos y ferias como atracción. Los propietarios de los osos fueron contactados por Cuatro Patas, organización promotora de un parque donde los animales recuperados podían ser reinsertados. Szablowski contacta con los antiguos propietarios, hablan sobre su presente, profundiza en los curiosos procesos de negociación (se les ofrecía una cantidad a modo de indemnización para que entregaran al animal que, en otro contexto, podría serles confiscado), en sus reacciones, en su difícil segunda adaptación que suele achacarse a cuestiones culturales (la clásica dialéctica de que ciertas culturas no están preparadas para la democracia), en su día a día tras separarse de los osos que suponían su precario sustento.

En la segunda, usando fragmentos de la primera como citas iniciales, Szablowski emprende un ejercicio menos localizado, los escenarios son más variados y nos damos un paseo por el mundo tras la caída del Muro. Representa una especie de proyección global de ese panorama local de cambio, de adaptación que ha sido imposible ejecutar sin cobrarse víctimas.Szablowski consigue situarse en la difícil posición del narrador omniesciente y los testimonios desfilan, desde Cuba, Albania, desde algunas de las antiguas republicas soviéticas o territorios de la antigua Yugoslavia, testimonios más heterogéneos sobre el mundo tras la caída del Muro. Una narración que toma un tono extraño, mezcla de nostalgia, dignidad  resignación y esperanza.