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domingo, 23 de abril de 2023

Nuestras des-recomendaciones de Sant Jordi (2023): No tocar ni con un palo

Leer libros es una pasión maravillosa. Qué vamos a decir nosotros, que llevamos catorce años publicando ya chorrocientasmil reseñas, a razón de una cada día... Pero, vaya, en general está asumido en nuestra sociedad, aunque sea de boquilla, el carácter positivo de la lectura y el libro como objeto conserva su aura de icono cultural por excelencia, desde los tiempos de Gutenberg. Se celebran el Día del Libro, la Noche de los Libros, Ferias del Libro a cascoporro... Ahora bien, ¿todos los libros merecen por igual nuestro respeto? ¿Resulta tan conveniente para la salud (mental, sobre todo) leer cualquiera de los calificados como "imprescindibles" en este nuestro ubérrimo blog que, por poner algún ejemplo, los escritos... es decir, firmados por el ínclito ex-presidente Trump o la celebrity de turno? ¿Sale alguien indemne de la lectura completa de las obras de Paulo Coelho?

Nosotros tenemos claro que hay libros que no tocaríamos ni con un palo de dos metros  y, siguiendo nuestra vocación de servicio público, os apuntamos algunos títulos a evitar este 23 de abril, Día del Libro, de Sant Jordi o Jorge y, en Alemania, Día de la cerveza (que también mola, no me digáis). Así que, atendiendo al consejo de un célebre personaje de la obra de J.R.R. Tolkien: ¡HUID, INSENSATOS! 

Juan: 

Vamos a ver, en esta vida se puede ser de derechas y hasta de ultraderecha... no pasa nada. Se puede haber sido muy de izquierdas en la juventud y evolucionar, aunque sea por causas espurias, hasta el extremo opuesto... no es el primer caso ni será el último. Incluso, rayando lo inverosímil, se podría haber pertenecido a un grupo terrorista de extrema izquierda, asesinar a martillazos a un policía y acabar ensalzando la dictadura franquista. No sería una trayectoria vital muy edificante, pero, en fin... Lo que no se puede, de ninguna manera, es pretender ser un pseudohistoriador farfallón y mascachapas, y llamar "charlatanes" a, entre otros, Raymond Carr, Joseph Pérez, Tuñón de Lara, Juan Pablo Fusi, Javier Tusell, ¡José Álvarez Junco! Hace falta ser mentecato... A Pedrojota, sí; en eso estoy de acuerdo...
 
Francesc y Beatriz:

Pregunto: ¿hay algo más desgarrador que la pérdida de un hijo por una enfermedad?
¿hay algo más legítimo que intentar cumplir con los deseos que ese hijo no ha podido satisfacer?
¿hay algo más noble que emplear el resultado de cumplir esos deseos en la investigación de su enfermedad? Así que quien no vaya corriendo a su librería a hacerse con El chico de las musarañas, es que es más malo que un dolor.

Y eso es lo que nos pasa en ULAD, que somos más malos que un dolor, porque más dolor nos da que, habiendo la oferta que hay, el superventas sea un subproducto editorial cuya única virtud es la cobertura mediática del caso y la visibilidad de la protagonista. Más dolor nos da que forme parte de una campaña de marketing cuyo objetivo oculto es blanquear cosas que no tienen justificación ni cabida porque atentan contra derechos fundamentales. Más dolor nos da que por tener letras, cubierta y explicar "cosas", a alguien le de por pensar que es literatura. Pero lo que más dolor nos da de todo, hasta el punto de hacernos sangrar los ojos, es tener que enfrentarnos a cosas como:
"Tu padre quiso entrar al quirófano para darme la mano. De poco sirvió, porque cayó al suelo desmayado de la emoción en el momento en el que empezaba a asomar tu cabecita con cinco rizos rubios"
Los más avispados se preguntarán cómo hemos obtenido esa cita si, supuestamente, no hemos tocado el libro ni con un palo. Para eso están las muestras gratuitas de las primeras páginas, que en esta sociedad capitalista, "comprar" y "tocar" van muy de la mano. Porque en ULAD seremos muy malos pero, por encima de todo, también somos muy pobres y no pagamos veinte euros por un rollo de papel higiénico.

 Santi (y algo de Francesc):

Este libro va sobre la libertad. La libertad de amar a quien tú quieras y como tú quieras. En definitiva, la libertad de ser tú... No, ahora en serio. Este libro va de que soy famoso y salgo en la tele y soy un snob y un borde y aunque escriba como el ojete voy a vender tropocientos millones de copias. Va de que soy un señoro engreído que cree que convierte la mierda en oro. Va de que cojo a un personaje histórico famoso (Johann Sebastian Bach por ejemplo) y me invento una especie de biografía sobre él porque yo lo valgo. Va de que utilizo expresiones como "la Superbowl de las artes" o "lo que vendría a ser un meet and greet de ahora" en un texto sobre el siglo XVIII porque soy guay y escribo como la chavalada (how do you do, fellow kids?). Y eso solo en las primeras páginas que la editorial ofrece de gratis. Va de que aunque esta novela sea un truño como pocos, la editorial ha conseguido que pongan un PUTO BANCO con la portada enfrente de la entrada del metro de Ópera en Madrid. (Ópera, ¿lo pilláis? Porque mi novela va sobre Johann Sebastian Bach). En fin, esto no va de literatura, sino de ventas, de marketing, de celebrities con el ego inflado, de promiscuidades público-privadas. De eso va.
¡Noooo! El otro día escuché como lo entrevistaban en RAC 1. Un hombre sincero e íntegro que reconoce que la tele es su hobby pero que por encima de todo es lector y, uf, escritor. Que eso es lo que (creo que dice modestamente pero no lo aseguraría al 100%) cree que hace mejor e interpreto que es por lo que le gustaría ser recordado. Spoiler: a tenor de lo leído bajo tu firma, un sencillo consejo: sigue en la tele, noi, que lo de juntar letras no es lo tuyo.

Oriol:

No he leído De joven fui de izquierdas pero luego maduré; ni siquiera, sus primeras páginas, aquí disponibles para los masoquistas más curtidos. Sin embargo, la impresión que me da este libro es la siguiente: parte de una premisa falaz y, antes que probar nada a nivel teórico, busca dignificar la imagen del autor. Independientemente de si nos cae mejor o peor, Toni Cantó, perpetrador de este subproducto, ha demostrado cuatro cosas a lo largo de su carrera: 1) Que apenas sabe escribir correctamente (y eso que estuvo de jefazo en la prestigiosa Oficina del Español, chiringuito creado ex profeso para darle un techo –y sueldazo- al pobrecico tras su deserción de Ciudadanos). 2) Que no es el más indicado para hablar de política. Su constante –y oportunista- fluctuación ideológica demuestra que antepone la billetera a los principios. 3) Que su discurso carece de altura intelectual. Siempre ha sido reduccionista, cuando no abiertamente tramposo. 4) Que comunica dicho discurso regulín, exceptuando alguna que otra perogrullada. Sabiendo todo lo anterior, ¿quién, en su sano juicio, leería un libro titulado De joven fui de izquierdas pero luego maduré salido de la pluma y cabeza de este tipo? Yo, al menos, no; hay cientos de amagos literarios similares de cuya ínfulas, estulticia y caspa podría reírme, pero mi sentido arácnido me dice que el de Cantó sólo lograría cabrearme. Ni me interesa la biografía de un mediocre cuyo única proeza es haber sabido medrar en este mundopayaso, ni me interesa su visión maniquea e incongruente de la política. 

domingo, 15 de agosto de 2021

Patti Smith: Devoción

 Idioma original: inglés

Título original: Devotion

Año de publicación: 2017

Valoración: Infumable



Confieso que, a priori, no me esperaba una obra maestra pero nunca me niego a cambiar de opinión para bien. Es más –a pesar de haber leído algunas críticas muy tibias, de percibir cierta renuencia al elogio– esperaba superar mis prejuicios por la irrupción de una advenediza (una más, y van…) en el mundo literario, apoyándome tanto en las críticas positivas recibidas por otras publicaciones de Smith como por haber reincidido repetidamente en este campo tanto ella como sus editores, e incluso (¡qué ingenuidad la mía!, siempre creo que estoy de vuelta de todo pero resulta que me la siguen colando) por ese lavado de cara (y de manos) que encontramos en la sinopsis promocional de esta… ¿novela corta? ¿autoficción híbrida? ¿crónica de un viaje? ¿NADA?. Apuesto por esto último y me explico. Devoción está compuesta por tres unidades de muy poca extensión, sin entidad en sí mismas, con nulo interés literario y ninguna relación entre sí. He tenido en mis manos docenas de recopilatorios más que dignos: volúmenes de relatos, colecciones de artículos publicados en prensa a lo largo de los años, misceláneas, artefactos que mezclan exitosamente diversos géneros o que empiezan siendo una cosa y acaban siendo otra muy diferente etc. En este caso, en cambio, da la impresión –o la evidente y cristalina certeza – de que se han unido tres borradores tan heterogéneos que nunca deberían publicarse en un solo volumen (es decir, no pegan ni con cola, que diría un castizo) y que se ha hecho así porque quien fuera quería publicar algo de la cantante y ella no tenía disponible más que esto. O, peor aún, ha compuesto tres piezas a toda prisa y el cacumen no le ha dado para más. Y por si fuera poco, para rellenar, han colocado unas cuantas fotitos.

Dicho esto, paso a describir lo que va a encontrar quien cometa la temeridad de leerlo, que no dudo serán y habrán sido bastantes porque el fenómeno fan es muy potente, incluso habrá quien lo disfrute, no digo que no, los gustos son libres, yo solo doy mi opinión. La primera parte, y la más digerible, me parece, se titula Cómo funciona la mente y consiste en divagaciones intimistas, en primera persona y cuatro capítulos, donde la autora nos conduce por los recovecos de su cerebro, pasiones vitales, fetichismos culturales y algunos retazos de su vida cotidiana de forma graciosamente desorganizada y arbitraria en apariencia (o no). Aquí destacaría algunas metáforas afortunadas, párrafos con cierto interés, una melancolía bastante atractiva y una prosa agradable (aunque mencionar el estilo tratándose de una traducción puede resultar muy injusto y pocas veces a favor de quien escribe). ¿Se puede mejorar notablemente el estilo de un escritor? Pregunten a los traductores. Pero a mí no me ha disgustado leer algo así. Vean:

“De pronto refresca. Me fijo en unas migas de pan, varias palomas incansables, los besos lánguidos de una pareja joven y un tipo sin techo con barba larga y un abrigo que espera recibir unas monedas. Nuestras miradas se cruzan, así que me levanto y camino hacia él. Tiene los ojos grises y me recuerda a mi padre. Una luz plateada parece extenderse sobre París. Noto un arrebato de nostalgia inducida por la perfección del presente. Empieza a lloviznar. Pedacitos granulados de película dan vueltas.”

Si hubiese continuado en esa línea estaríamos hablando de otra cosa. Nada excepcional, de acuerdo, pero bastante más aceptable. El problema es que esta sección no ocupa ni cuatro decenas de páginas contando los espacios y las fotos y que, como digo, tampoco tiene gran interés. Ya llegando al final, leemos: “Empecé a escribir el relato titulado “Devoción” en el tren de París a Sète. Al principio se me ocurrió componer un discurso destacado entre voces dispares: un hombre sofisticado y racional y una chica precoz e intuitiva…” Siguen reflexiones sobre su escritura intentando introducir esa segunda parte que acabará dando al traste con todo lo leído hasta el momento. Este es el único elemento de ficción pura y nos presenta a una chica que aún no ha cumplido los dieciséis, sola en el mundo, marcada por la tragedia, ajena a todo lo que le rodea -incluso a sus estudios, que abandona a pesar de su brillantez- excepto a su pasión por el patinaje que practica en un estanque cercano. Sabemos cómo ha llegado a esa situación pero no de qué vive, solo, como ya suponíamos, que no le sobra el dinero. Detecta a un individuo que la observa mientras patina oculto entre los árboles, y así comienza una versión demencial de la fantasía navokobiana, en la que un hombre atento, riquísimo y de conducta irreprochable seduce a una adolescente precoz. No obstante, y por encima de idealizaciones inmundas, los factores que definen el secuestro abusivo y las violaciones reiteradas están muy presentes, solo hay que saber verlos. En primer lugar, la edad de ella, su carácter taciturno, falta de recursos y de un adulto que la oriente, la promesa –nunca cumplida– de que él la va a convertir en una estrella, el alejamiento de su entrenadora, única persona que se interesa de verdad por su futuro, y –lo fundamental– la reacción desesperada de la niña, que acaba deshaciéndose del fulano. “El hambre es su propia carcelera” llega a decir de ella misma. Tal como lo cuento esperarían un relato realista ¿no? Pues, a pesar de tantas evidencias, nos encontramos ante una especie de cuento de hadas en el que todo está idealizado, un romanticismo de telenovela barata, una sarta de incoherencias que no firmaría nadie que haya leído algo en su vida, ante lo inverosímil elevado al infinito. Hasta el hombre casado que tiempo atrás las mantenía a su tía y a ella, y que por tanto llevaba vidas paralelas, aparece como un tipo genial, un dechado de virtudes porque ¡oh maravilla! un día compró una pulsera con colgantes. Impresiona que quien fue todo un icono de la contracultura tenga un cacao mental de ese calibre; con esa forma de analizar los hechos, ¡cómo nos vamos a extrañar de que haya quien no perciba la violencia contra las mujeres!

Un escritor tiene que conocer bien el mundo en que vive y saber hacia dónde se dirigen los personajes que ha creado. A falta de esto, el argumento va a la deriva, enlazando incongruencias y acaba de cualquier forma, sin desenlace. No es que este quede abierto sino que todo flota, el personaje, la historia, la propia Smith y hasta sus lectores, que volvemos la página esperando encontrar algo mejor en la última parte: afortunadamente, la más corta. Porque tampoco esta vez tenemos suerte. Les ahorraré detalles, basta con decir que recrea, o más bien presume de un viaje de París a Aix-en-Provence, invitada por la hija de Albert Camus y que todo se reduce a una sucesión de banalidades y a la clamorosa ausencia de la figura del escritor. Con repetir su nombre una y otra vez parece que ya ha cumplido.

Aunque tampoco es para tanto, lo cierto es que era de esperar algo así. Se trata, recordemos, de alguien que solo ha demostrado tener buena voz y entonar correctamente. Sin más. No puedo entender esa manía de dar crédito y aplauso a todo lo que hagan determinadas personas solo porque son populares. Aparecer en papeles y pantallas no otorga inteligencia, cultura ni aptitudes artísticas diferentes a las que han dado fama al individuo (que en otros muchos casos no ha destacado por ningún mérito propio, hago notar). Me doy cuenta de que casi he escrito yo más que la propia Patti Smith, pero no era para menos. Ahora que cada uno saque la conclusión que le parezca.

Traducción: Ana Mata Buil


Otras obras de Patti Smith: M Train