miércoles, 26 de febrero de 2025

Junichirō Tanizaki: Cuatro casos criminales

Idioma original: Japonés
Traducción: Rumi Sato
Año de publicación: 1918-1921
Valoración: Está bien

La editorial Satori sigue publicando la obra de juventud de Junichirō Tanizaki, como ya hiciera con El demonio y otros relatos. En esta ocasión, su antología Cuatro casos criminales compila cuatro historias cortas de misterio, intriga y suspense del autor japonés.

De estas historias sorprende el pulso narrativo de Tanizaki, capaz de zarandear de forma sumamente eficaz al lector de un lado a otro, pero permitiéndole siempre extraer sus propias conclusiones. También los atinados retratos psicológicos de sus protagonistas, generalmente varones, capaces de profunda introspección y propensos a una degradación física y moral deliberada.

En "El caso del baño Yanagi" (1918), un pintor acude a un abogado para que éste le ayude a dirimir si ha matado a su amante o no. Con semejante premisa, el relato logra captar el interés del lector desde las primeras páginas. Además, tiene ideas muy sugerentes (si bien no siempre desarrolladas) y alberga pasajes geniales (como los que desnudan la atribulada mente del joven K, o aquellos, de un acabado más onírico y atmosférico, que supuestamente transcurren en un fantasmagórico baño).

En "Por el camino" (1920), un detective privado aborda en plena calle a un oficinista y admite abiertamente que le está investigando. Es un relato a mi juicio algo lineal, pero llevado con maestría. Asimismo, soprende por la agudeza y sagacidad del detective, y por la forma en que, a través del diálogo, éste va arrinconando al asalariado.

En "El ladrón" (1921), un alumno becado de un instituto de élite es sospechoso de ser el perpetrador de una serie de robos acaecidos en su residencia. Me recuerda a otros relatos de Tanizaki (como por ejemplo "El criminal", "Una confesión" y "El odio"), en el sentido de que es un intenso y contundente retrato psicológico que, si bien me hubiera gustado ver insertado en un argumento mayor, funciona satisfactoriamente por sí solo y presenta una lógica interna la mar de retorcida.

En "Diablos a la luz del día" (1918), un escritor es invitado por un amigo adinerado, ocioso y mentalmente trastornado a acompañarle a presenciar la ejecución de un asesinato. Con este relato me sucede igual que con las obras de Edogawa Rampo: pese a que me parece disfrutable y muy entretenido, obliga a suspender la incredulidad en demasía y apuesta por elementos narrativos algo chirriantes (los personajes excéntricos, las deducciones detectivescas, la visión a día de hoy un tanto ingenua del erotismo perverso o los giros de tuerca rocambolescos).

Resumiendo: Cuatro casos criminales es una antología recomendable, sobre todo para los completistas de Tanizaki y los amantes de la literatura de suspense que enfatiza la oscuridad de la naturaleza humana. Sin embargo, hay que leerla teniendo en cuenta que, pese a pertenecer a un autor extremadamente talentoso, éste todavía estaba en su fase embrionaria cuando escribió los relatos que la componen. Y es que incluso el más logrado del conjunto (a mi juicio, "El ladrón") presenta alguna aspereza.


También de Junichirō Tanizaki en ULAD: Aquí

martes, 25 de febrero de 2025

Francois Boyer: Juegos prohibidos

Idioma original: Francés 
Título original: Jeux interdits
Año de publicación: 1952
Traducción: Vanesa García Cazorla
Valoración: Recomendable 

Año 1940. Francia ocupada. Filas de hombres, mujeres y niños vagan por las carreteras huyendo de los bombardeos. Una de esas niñas es Paulette quien, a sus 9 años, asiste a la muerte de sus padres y queda sola, completamente sola.

Año 1940. Francia ocupada. Los Dollé viven a escasos kilómetros de una de esas carreteras, trabajan como mulos y viven aparentemente ajenos a la guerra. Uno de los miembros de la familia es Michel, también de 9 años y también solo en un mundo de adultos.

Tan lejos y tan cerca. Dos realidades separadas que entran en contacto gracias a Paulette y Michel, dos seres en un mundo de códigos, gestos, rituales y símbolos incomprensibles para ellos, dos personas que tratan de apre(he)nderlos como buenamente pueden.

Este vendría a ser, de una forma muy aproximada, el argumento de la novela. Pero como toda aproximación, uno siempre deja cosas fuera y es conveniente no obviarlas porque son parte fundamental del texto. Así, es necesario indicar que la novela se construye, además de lo ya indicado sobre niños y adultos, en base a varios planos opuestos que se contraponen y acrecentan la sensación de ajeneidad: el campo y la ciudad, lo "público" y lo doméstico, los hombres y las mujeres, lo terrenal y lo celestial, etc. Sin estas contraposiciones será imposible entender la novela.

Centrándome ya en aspectos valorativos de Juegos prohibidos, varios son los puntos a destacar:
  • las voces infantiles. Mira que es difícil poner voz literaria a los niños y que no suene impostado. Boyer hace que los niños hablen y actúen como niños, aunque sea en un contexto muy especial.
  • la utilización de recursos cercanos al cuento, que complementan esas voces infantiles. Sirven de ejemplo las constantes enumeraciones, los juegos más o menos inocentes, etc.
  • su evidente simbolismo. 
  • su humor, que va de lo inocente a lo macabro, con algunos toques muy muy franceses (¿por qué siempre hablamos de humor inglés y no de humor francés, por ejemplo?)
  • su carácter crítico hacia un mundo completamente embrutecido y deshumanizado.
Como aspecto menos favorable, me queda una cierta sensación de desaprovechamiento de algunos de los materiales de la novela. Por ejemplo, una mayor profundización en las relaciones entre los miembros de la familia Dollé o entre estos y sus vecinos, los Ganard. Aunque eso quizá sería otra novela y alejara el foco de Michel y Paulette, de sus traumas, de sus pobres vidas.

lunes, 24 de febrero de 2025

Herbert Clyde Lewis: Ofensiva de primavera

Idioma original: inglés
Título original: Spring Offensive
Traducción: Ángeles de los Santos
Año de publicación: 1940
Valoración: recomandable


Escritor estadounidense poco conocido en estos lares por su corta lista de obras publicadas, Herbert Clyde Lewis se formó a través de sus trabajos como corresponsal en Shanghái, pero fue tras su vuelta a los Estados Unidos cuando empezó con una carrera literaria que combinó con su trabajo como periodista y guionista de cine incluyendo una nominación al mejor guion para la película «Sucedió en la 5ª Avenida».

En «Ofensiva de primavera», el autor nos habla del joven Peter Winston, estadounidense de veintitrés años y voluntario del Segundo Batallón de la Tercera Brigada de la Séptima División de la Fuerza Expedicionaria Británica en Francia que se encuentra acuartelado en el pueblo de Latouche (Francia) en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, en un momento histórico de cierta inactividad hasta el punto en el que ese periodo se denominó «Guerra de la Broma». Así, el protagonista, por la poca actividad bélica y por encontrarse en una localidad pequeña con dificultades en las comunicaciones piensa que su situación se asemeja más a una cárcel al aire libre que a un momento histórico trepidante. Por ese motivo, Peter Winston, único estadounidense en Latouche, encuentra que sus días pasan sin distracción alguna de manera que para poner fin a su hastío y en búsqueda de un entretenimiento que le ayude a hacer más soportable la espera decide aventurarse a plantar flores en las empalizadas defensivas de la línea Maginot. Pero su labor queda alterada súbitamente cuando, una vez realizada la tarea y de vuelta al cuartel, se tuerce el tobillo y queda en esa tierra de nadie sin apenas poder andar justo en el momento en que estalla el bombardeo entre las fuerzas aliadas y las alemanas. En un constante flujo de consciencia causado por ese estado de inmovilidad debido a su condición física, el protagonista reflexiona sobre su vida y su situación, percatándose de la absurdidad de la guerra y los conflictos, de las intenciones que mueven los países a enfrentarse con otros en un gran desperdicio de vidas humanas y, en su mentalidad algo ingenua e idealista, piensa que en esa tierra de nadie nadie debería morir, y si tuviera que morir alguien debería ser al lado de sus compañeros, sus compatriotas. Por ello, en esa suerte de estado semi ilusorio causado por el hambre, la sed y la soledad, reflexiona sobre la guerra y su absurdidad, una absurdidad que plasma de manera ejemplar con la paradoja de que «cada vez que los alemanes enviaban un obús para matarlo hacían un agujero para protegerlo», pues el cráter que dejaba tras su impacto le servía a su vez de trinchera. Así que en medio de ese estado de espera se cuestiona porqué durante la noche no dejan de disparar ambos bandos, «¿no veían que estaban desperdiciando munición?… que dejaran de disparar de una vez, eso era lo único que les pedía. No les estaba diciendo que se rindieran ni que probaran el sabor amargo de la derrota (…) que pararan, aunque solo fuera por una noche; que se fueran a casa, que cenaran tranquilamente y leyeran un libro, o fueran al cine, cualquier cosa. Mañana por la mañana, después de un buen descanso nocturno, podían retomar los disparos, si no había más remedio.»

Por todo ello, la novela esgrime una clara defensa del pacifismo, criticando la absurdidad de la guerra pues atenta contra la vida de los hombres, en una contienda que les enfrenta unos con otros por deseo de quien manda con unos soldados son únicamente peones al servicio de un ser superior que les empuja a una lucha que, en ocasiones, es ajena a ellos mismos. Así, esta novela, escrita en 1940 tiene un importante trasfondo social pues se publica en un momento en el que gran parte de la población estadounidense dudaba de si tenía sentido o no participar en una guerra en Europa; con ello, el mensaje que rezuma el libro es que aquellos que van a la guerra no son siempre grandes patriotas, sino que en ocasiones son todo lo contrario: jóvenes que sienten que su país les ha traicionado, que no les ha dado lo que esperan de él, que su país estandarte de la tierra prometida no ha cumplido con tal propósito. No hay promesa cumplida, hay desconcierto y sentimiento de abandono, un abandono que les empuja a encontrar cobijo lejos de casa en un hogar ideológico en el que luchan por defender unos ideales que no encuentran en su propia tierra, en su propia ciudad, entre los suyos quienes les niegan el trabajo, el amor y una vida plena. Por todo ello, se trata de un libro en el que se ejemplifica que la participación de la guerra, por parte de muchos jóvenes, no está basada en la lucha por conseguir un futuro mejor o ni tan siquiera por la defensa de unos ideales, sino por resarcirse de un presente vacío y desalentador porque, tal y como afirma el protagonista, «cuando alguien moría, tenía que dejar tras de sí una razón por la que haber vivido. La vida debía tener algún sentido, por pequeño que fuera. De otro modo, ¿cómo podría morir en paz?».

Por todo ello, se trata de un libro recomendable que, más allá de ofrecer un cierto ritmo pausado, aporta un trasfondo importante sobre la guerra, sus causas y sus motivaciones, y en el que se nos recuerda que «cada soldado muerto es un argumento contra la guerra» y eso es algo que no deberíamos olvidar especialmente en estos días en los que tantos territorios se encuentran en guerra por las ansias de grandeza de unos líderes que, desde su cómodo sillón presidencial, envían personas a un trágico destino para enfrentarse unos con otros a sabiendas que probablemente acaben muriendo por luchar por unas causas que no tienen por qué coincidir con las suyas.

domingo, 23 de febrero de 2025

Edmund De Waal: La liebre con ojos de ámbar

Idioma original: inglés

Título original: The Hare with Amber Eyes

Traducción: Marcelo Cohen

Año de publicación: 2010

Valoración: Recomendable 


Los netsuke son miniaturas japonesas con origen en el siglo XVII, quizá aún más antiguo, que representan personas, objetos o animales en materiales nobles, maderas, mármol, jade, marfil, cosas así. Aunque ahora podamos ver en cualquier sitio porquerías de plástico fabricadas en serie, originariamente eran manufacturas, piezas de artesanía que fascinaron a los europeos que empezaron a llegar a Japón, en especial desde mediados del siglo XIX. En círculos artísticos se puso de moda el japonismo, una corriente que mostraba su admiración por lo ‘nuevo’ que se descubría en aquel lejano país. La pintura asumió con más entusiasmo la novedad, pero fue también objeto de deseo de coleccionistas con posibles. Una gran vitrina con 264 netsuke es la excusa que utiliza Edmund de Waal para contarnos una larga crónica familiar.

Los Ephrussi son una familia judía originaria de Odessa que, con buen olfato para los negocios, amasa una gran fortuna en poco tiempo, expandiéndose por París, Viena, Berlín o Londres. Entre ellos Charles, quizá por vivir en París, es el más interesado en el arte, adquiriendo buen número de obras y manteniendo intensa relación con buena parte de los impresionistas: Degas, Pisarro, Manet o Renoir. Atraído él también por el japonismo, adquiere la importante colección de miniaturas y las incorpora a su lujosa vivienda parisina. En esta primera parte del libro se detiene el autor en largas descripciones de las estancias familiares, los objetos adquiridos, los cuadros comprados a sus amigos, la decoración, el mobiliario. Encontramos entonces algunas interesantes reflexiones sobre las manufacturas, su tacto, su peso, los rasgos que los individualizan:

‘También recuerdo si un objeto me invitó a tocarlo con toda la mano o solo con los dedos, o si pedía que uno se apartara. Ciertas cosas están en el mundo para ser mirada a distancia, no manejadas con torpeza’.

Toda una filosofía del objeto, su especificidad y su forma de estar en el espacio, cosas que casan bien con la dedicación del autor a la cerámica. Reflexiones desde luego singulares y disfrutables, como para detenerse a valorarlas, aunque a veces da la sensación de que De Waal pierde un tanto la perspectiva de que está escribiendo una crónica familiar, porque escribe sin medida y se demora en todo lo que le apetece. Es lo que hace que esta parte inicial resulte a veces algo pesada.

Pero los netsuke emprenden un primer viaje hacia Viena, y en el relato se van introduciendo nuevos elementos, algo más alejados de la estética y más próximos a la vida real. En Europa el antisemitismo siempre latente brota poco a poco pero de forma bien visible, y los judíos ricos, hasta entonces bien integrados en la alta sociedad, empiezan a ser vistos con recelo. La Primera Guerra mundial, con las penurias del momento y la posterior de derrota y disolución del Imperio austro-húngaro se abate también sobre los privilegiados Ephrussi y, terminada la contienda, ser judío empieza a ser realmente un problema. Se suceden los pogromos, y el auge del nazismo, el Anschluss y el inicio de la nueva guerra terminan definitivamente con su bienestar. 

El libro adquiere un ritmo y una intensidad que antes no habíamos disfrutado, y se convierte en una crónica de crudeza cada vez mayor, en paralelo a los acontecimientos. El palacio saqueado y convertido en centro de mando nazi, la familia desmembrada por media Europa, la atmósfera espesa del miedo en las calles, son imágenes que no dejan de impresionar a pesar de ser tantas veces vistas. Los judíos Ephrussi, especialmente en Viena, tienen que lidiar con el horror y agarrarse a lo que puedan para simplemente sobrevivir. Eso los que pueden, porque algunos de los que no consiguen escapar terminan sus días en campos de exterminio.

Sorprendentemente no ha sido el fin de los netsuke que, salvados de forma inverosímil, parecen querer constituir el último reducto físico del antiguo esplendor familiar, y pasan a la siguiente generación en una ubicación totalmente diferente, diríamos en un mundo nuevo y lejano. Las miniaturas son el último testimonio de una forma de vida barrida por la Historia, el hilo que une pasado y presente. Porque el libro, además del relato de la saga familiar y crónica de más de un siglo de Europa, es también una reflexión sobre la memoria, qué queda cuando las personas van desapareciendo y todo cambia, o qué quedaría si, por casualidad, cierto joven no se hubiera dedicado, unas cuantas décadas más tarde, a indagar, descubrir y reconstruir, y dejarlo todo escrito en un libro.

También de Edmund De Waal en ULADEl oro blanco

sábado, 22 de febrero de 2025

Serge Lehman & Frederik Peeters: El hombre garabateado

Idioma original: francés

Título original: L'homme gribouillé

Año de publicación: 2018

Traducción: Lucía Bermúdez Carballo

Valoración: está bastante bien

Cómic en el que el guionista francés Serge Lehman y el dibujante suizo -más conocido, creo- Frederik Peeters nos proponen una aventura detectivesca con tintes históricos y, sobre todo, sobrenaturales, protagonizada por la editora francesa Betty Couvreur, su hija adolescente Clara y, en un segundo plano, aunque jugando un rol fundamental, su madre Maud, afamada escritora de libros infantiles. En un París oscuro y lluvioso -hay que decir que la escenografía resulta, si no lo más importante de esta BD, sí lo más interesante, creo yo-, las tres mujeres se ven amenazadas por un personaje esquivo y aterrador, conocido como Max Cuervo. Gracias a las pistas que proporcionadas por el inefable y pegajoso escritor Pierre Inféri y por su propio jefe, el editor Sébastien Daule, Betty, junto a su hija, entra en conocimiento de oscuros secretos de la época de la Ocupación de Francia y la Resistencia, e incluso de otros aún  más remotos y telúricos. Esto supone una interesante aproximación al género fantástico y a un imaginario diferente del que suele ser habitual, en el caso europeo; un refrescante cambio frente a los monstruos propios de la narrativa decimonónica o de la tradición (más o menos) nórdica.

El cómic está dibujado, además, con un estilo asaz dinámico y efectivo, al tiempo que cuenta como contrapunto una ambientación sombría o directamente tenebrosa, propia de una narración de terror -lo que es esta historieta, al fin ya al cabo-, tanto en la ciudad como en el agro; lo que, a mí entender, resulta lo más interesante de libro, junto a una galería de personajes bien trazados y lo suficientemente creíbles,  pese a su peculiaridad, incluso aquéllos de carácter sobrenatural (o criptonatural, podríamos decir). Ignoro, porque tampoco estoy tan puesto en cómic francés, si la línea o líneas que propone esta BD se ha seguido en otras, pero sí que recuerdo algún antecedente de bastantes años atrás como era La Belette de Didier Comès, con un mundo rural invernal que oculta secretos terribles.

En suma, un cómic/novela gráfica/Bande Desinée de lo más entretenida y sugerente. Con un villano memorable, una protagonistas con las que empatizar -bueno, Betty es un poco gruñona, pero vale-  y una mitología propia en la que vale la pena ahondar. Con menos que eso se han construido buenas historias y ésta, sin duda, lo es.


También de Frederik Peeters en Un Libro Al Día: Dándole vueltasPíldoras azules

viernes, 21 de febrero de 2025

Patricia Highsmith: El cuchillo

Idioma original: Inglés
Título original: The Blunderer
Traducción: Manuel G. Palacio
Año de publicación: 1954
Valoración: Entre recomendable y está bien

Patricia Highsmith es una de escritora cuya obra he leído y releído obsesivamente. Como tenía un grato recuerdo de su novela El cuchillo, he decidido abordarla por segunda vez varios años después. ¡Y qué bien que lo haya hecho, porque menudo librazo está hecha!

En efecto, El cuchillo es un librazo. Y aunque en algunos apartados da la impresión de no ser una obra tan pulida como otras de Highsmith, sigue rezumando identidad autoral, eficacia estilística, nitidez temática y buen pulso narrativo.

Su argumento es brillante en su sencillez solamente aparente, y abunda en los ingeniosos giros de tuerca, enredos, equívocos y claroscuros que tanto engrandecen la obra de Highsmith. Asimismo, funciona como excusa para entregar varios estudios de personaje muy detallados, y para reflexionar, entre muchos otros temas, en torno a las relaciones matrimoniales, el deseo insatisfecho y la culpa.

Todo empieza cuando un librero llamado Melchior J. Kimmel, tras asegurarse de que un testigo le ve asistir al cine, abandona el local, sigue en su coche el autobús en el que va su mujer y la mata durante una parada de descanso. Walter Stakhouse, un abogado, lee sobre el incidente en el periódico y enseguida sospecha que el marido de la víctima puede ser el asesino, e intuye qué método ha empleado para salirse con la suya. Más tarde empieza a fantasear con imitarlo para deshacerse de Clara, su mujer, una neurótica que lo martiriza constantemente y lo aísla cada vez más de sus amigos y conocidos. Clara muere poco después, aparentemente tras suicidarse; sin embargo, un detective implacable y ambicioso no sólo comienza a investigar a Stakhouse, sino que decide reabrir el caso de Kimmel.

El cuchillo contiene un primer capítulo que enseguida engancha al lector, una premisa extraordinariamente ingeniosa, un elenco de personajes muy bien perfilados, algunos de los elementos narrativos propios de la autora y reflexiones de gran calibre.

Como viene siendo habitual en las obras de Highsmith, el elenco principal está muy bien trabajado. Tanto Stakhouse (el protagonista indiscutible) como Clara, Kimmel e incluso personajes que tienen menos foco (por ejemplo Tony, Ellie o Jon) son creíbles.

Sólo le pondría dos pegas a El cuchillo. En primer lugar, que presenta tanta profusión de detalles que algunos de ellos aportan más bien poco; pienso, por ejemplo, en la relación que Stakhouse mantiene con su hermano y su padre, en cierta información acerca de los proveedores y clientes de Kimmel o en la desaprovechada afición artesanal de éste último. Afortunadamente, estos pasajes rellenados con paja no realentizan al conjunto, que por otro lado se desarrolla con asombrosa fluidez. 

La segunda pega que le ponría a la novela es que el detective Corby se siente por momentos poco verosímil, y funciona más como detonante de acontecimientos que como un personaje en sí mismo. En cualquier caso, hay que admitir que protagoniza algunas de las mejores escenas.

Poco más que añadir: El cuchillo es, insisto, un librazo. Todos amante del género negro y de la obra de Highsmith debería leerlo, como mínimo, una vez en su vida.  


También de Patricia Highsmith en Un Libro Al Día: Aquí

jueves, 20 de febrero de 2025

Slavenka Drakulic: No matarian ni una mosca. Retratos de los criminales de las guerras balcánicas

Idioma original: Croata 
Título original: Oni ne bi ni mrava sgazili
Traducción: Isabel Núñez
Año de publicación: 2005 
Valoración: Terrible y (precisamente por eso) necesario

A medio camino entre Svetlana Alexievich, Hannah Arendt o el más reciente V13 de Emmanuel Carrère, No mataría ni una mosca es el acercamiento de la croata Slavenka Drakulic a esas preguntas que nos surgen cada vez que asistimos a un crimen atroz, a una masacre o a una guerra.

¿Cómo un país que durante cuarenta y cinco años convivió en armonía estalla en mil pedazos y se desangra en una serie de guerras fratricidas? ¿Qué lleva a un aparentemente apacible contable, taxista o enfermero a convertirse en un criminal de guerra? ¿Hablamos de sádicos, de oportunistas, de cobardes, de convencidos de la causa? ¿Circunstancias y decisiones puntuales pueden hacer que un tipo normal sea capaz de asesinar y/u ordenar asesinatos? ¿Cómo es posible que una sociedad pierda sus valores y un individuo pierda su alma y admita el mal? Y lo que es aún más inquietante, ¿qué hubieras hecho tú de haber vivido en Vukovar, Bijeljina o Mostar entre 1991 y 1995?

Quizá todo se reduzca, como dijo Biljana Plavsic con algo de cinismo, a que en nuestra obsesión por no convertirnos nunca más en víctimas, nos permitimos convertirnos en victimarios. O quizá no sea todo tan sencillo.

Conceptos como memoria y reparación, justicia y verdad, culpa y responsabilidad, la normalización del odio o la deshumanización del otro recorren un texto tan terrible como necesario en tiempos en los que la memoria histórica está en entredicho. 

Pero no esperéis encontrar respuestas en el libro. Hay más preguntas que soluciones, más conjeturas que certezas en los 13 retratos (+ la introducción, la paradójica coda final y el epílogo de Marc Casals) que componen un libro que nace de la asistencia de la autora a los juicios de Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Creo que uno de los principales aciertos de la autora es el de reunir a criminales anónimos con criminales famosos, como Slobodan Milosevic, Ratko Mladic o Frandjo Tudjman (que no tiene retrato pero podría haberlo tenido), porque con ello se cubren varios frentes que no son "compartimentos estancos": no solo el paso de la normalidad a la violencia ciega sino también el paso del anonimato a las posiciones de poder y, sobre todo, cómo se consigue desde el poder crear un clima que acabe dando lugar a hechos tan terribles.

Otro punto a favor, y que contribuye a esa permanente sensación de irrealidad de acompaña a los textos, son los paralelismos entre algunas de las personas retratadas y personas del entorno cercano de Drakulic. Por ejemplo, un carnicero de cara inocente e ingenua (¡¡¡del que hasta sus vecinos musulmanes hablaban bien!!!) como Goran Jelisic comparte generación con la hija de la autora; Radoslav Krstic trae a la mente al propio padre de la autora, militar en el ejército yugoslavo; Biljana Plavisc, número 2 del gobierno de la República Srpska, le recuerda a su propia madre...

Y claro, si gente con la que compartimos generación, formación, trabajo o cultura, si tu vecino del 4º B o tu compañero de pupitre en 3º de EGB termina convirtiéndose en un monstruo, quizá tú hayas estado muy cerca de serlo y solo una casualidad lo ha evitado (o lo has ido viendo, pero lo has dejado correr (o te ha importado una mierda)...)

Más. Drakulic no entra en detalles escabrosos. No es eso lo que importa, el horror no se muestra a través de la sangre ni de las vísceras. Lo terrorífico no viene de vampiros ni de seres deformes y perversos, sino de lo ya conocido.

Por último, el libro admite posibles lecturas que van algo más allá de lo "meramente filosófico y/o psicológico". Las historias individuales de los diferentes personajes son tan potentes que admiten una lectura como simples "relatos", ya sean como relatos de terror, absurdos o (aunque no lo parezca) surrealistas. Además, los paralelismos que decía establece la autora entre los protagonistas de los textos y personas cercanas a ella hacen que el libro se remonte en el tiempo y ofrezca una lectura que podríamos llamar "crónicas yugoslavas". Quizá por esta vía se podría acceder, aunque solo sea en parte, a una posible explicación de lo que vino después.

En resumen, un libro duro e incómodo pero absolutamente necesario, no ya para aprender del pasado y no incurrir en los mismos errores (llevamos ya siglos tropezando en las mismas piedras) sino, al menos, para que memoria, verdad, justicia y reparación ocupen el primer plano. 

P.S. 1: Se cumple este año el 30 aniversario de la matanza de Srbrenica (también de los acuerdos de Dayton). Por si no la habéis visto, hay una película muy interesante sobre el tema: ¿Quo vadis, Aida?

P.S. 2: El libro se publicó en castellano en el año 2008. En este 2025, Libros del KO lo recupera e incluye el ya citado epílogo de Marc Casals y notas al pie actualizando la situación de algunos de los tipos que aparecen en el texto.