sábado, 9 de marzo de 2013
Miguel de Unamuno: Sombras de sueño
Año de publicación: 1927
Año de estreno: 1930
Valoración: se deja leer
Siguiendo con nuestro afán por reseñar las últimas novedades editoriales, aquí vengo yo con una reseña de una obra de teatro de Unamuno escrita en 1926, publicada en 1927 y estrenada en 1930. El teatro de Unamuno es, seguramente, lo menos conocido y estudiado de su producción; incluso la poesía, que fue menos apreciada por sus contemporáneos y por los críticos posteriores, ha empezado a recibir una atención más sistemática y laudatoria; por no hablar de la narrativa o el ensayo, que son tradicionalmente los géneros privilegiados de la producción Unamuniana.
Y hasta cierto punto se comprende el por qué de esta desatención hacia el teatro de Unamuno, leyendo Sombras de sueño. Empezaré por decir que la obra plantea cuestiones interesantes -como no podía ser menos en una obra de Unamuno-: la cuestión de la identidad privada frente a la pública; el peso y el sentido de la historia (con algunas puyas al positivismo, así de pasada); o la relación del individuo con su propio pasado.
El argumento tiene cierta semejanza con La tempestad de Shakespeare, aunque con mucho menos vuelo, claro. En una pequeña isla viven Don Juan Manuel de Solórzano y su hija Elvira, que está apasionadamente enamorada de un héroe histórico al que solo conoce por un libro: Tulio Montalbán, libertador de su patria cuyo cuerpo desapareció misteriosamente después de una batalla (como ocurrió con el del rey Don Sebastián portugués). A esta isla llega un hombre joven que atrae la atención de todos: Julio Macedo, misterioso y seductor. Entre Elvira y Julio se produce el esperable encuentro y reconocimiento de las almas, pero todo se tuerce cuando él confiesa (redoble de tambores) que es el asesino de Tulio Montalbán. ¿O será el propio Tulio Montalbán disfrazado? (chanchancháaaaaan)
Y sin embargo, Unamuno no consigue construir una obra que atrape al lector/espectador. A pesar de que, efectivamente, plantea temas que podrían dar mucho juego, y que de hecho son muy actuales (por ejemplo, el "derecho al olvido", la finalidad de la historia o la relación entre narración, memoria e identidad), en conjunto en el texto ninguno de estos temas se desarrolla por caminos medianamente interesantes; los personajes, como sucede en sus nivolas, son encarnaciones de una idea o un sentimiento, unidimensionales, irreales. Además, las casualidades inverosímiles y los giros precipitados de la trama no sorprenden, sino que aturden.
Hay también otra razón por la que el talento (innegable) de Unamuno quizás encaja en el teatro peor que en cualquiera de los demás géneros: su estilo. Unamuno siempre escribe como Unamuno, y sus personajes siempre hablan como él. Incluso Elvira parece en ciertas escenas un Unamuno con faldas, que se enzarza en una discusión con su padre sobre el significado de don Quijote y Sancho, tema favorito del autor. Y no solo eso: aquí, como en cualquier texto de Unamuno, abundan las antítesis, paradojas, etimologías, paralelismos, creando un lenguaje denso y a veces confuso, repetitivo y antinatural. Si eso en una novela, ensayo o poesía puede ser interesante y hasta meritorio, en el teatro, creo, produce un efecto pesado y distanciador.
No cabe duda de que las obras teatrales de Unamuno tienen su interés en el conjunto de su producción, y que merecen ser estudiadas como nuevas reiteraciones, en un género distinto, de sus obsesiones temáticas recurrentes. Pero como espectador, la verdad, creo que no disfrutaría de ver estas Sombras de sueño.
También de Unamuno en ULAD: Niebla, San Manuel Bueno, mártir, Abel Sánchez, La tía Tula, Paz en la guerra
viernes, 7 de noviembre de 2014
Miguel de Unamuno: Paz en la guerra
Idioma original: españolAño de publicación: 1897
Valoración: decepcionante
Paz en la guerra era una lectura que tenía pendiente, porque de Unamuno me he leído ya casi toda su "nivolística", pero esta primera novela suya siempre me había dado algo de pereza. Así que ahora, aprovechando que se cumplen los 150 años del nacimiento de Unamuno, me he decidido a leerla. Y la verdad, qué decepción. Hacía tiempo que no me costaba tanto terminarme un libro, y eso que no llega a las 250 páginas.
El argumento, o mejor, el mundo de la novela es probablemente conocidos por todos: se describe en ella el sitio de Bilbao durante la Tercera Guerra Carlista (1873-1874), y la lucha entre los liberales -identificados con el comercio, la ciudad y la modernidad- y los carlistas -identificados con la agricultura y la ganadería, el campo y la tradición-. Quizás lo más destacable de la novela es la capacidad de Unamuno para presentar a ambos bandos del conflicto sin ser panfletario: sin que la novela se transforme en un alegato en favor o en contra del liberalismo o el carlismo.
Pero, por lo demás, muy poco de lo que cuenta esta novela ha conseguido interesarme: ni los personajes, que no hacen más que correr de un lado a otro llevados por los acontecimientos; ni la propia contienda, que Unamuno despoja de cualquier heroísmo (el propio pretendiente a rey carlista sale bastante mal parado en la novela), ni el supuesto sufrimiento de la población civil, que aparece a veces representado con caracteres algo melodramáticos pero en general con un aire más bien periodístico... Es evidente el esfuerzo de Unamuno por ser fiel a los hechos y a los recuerdos (de hecho hay quien usa esta novela como fuente de información histórica o biográfica, como si fuera un testimonio y no una ficción); pero un documento más o menos fiable no constituye por sí solo una novela entretenida.
A lo mejor ha contribuido a esta desilusión mía el estar leyendo la novela de Unamuno en una de esas ediciones viejas de Austral (de 1967 concretamente) compuestas en letra minúscula, líneas pegadísimas y un papel grueso que con el tiempo se ha amarilleado completamente... En cualquier caso, después de esta lectura, solo cabe alegrarse de que Unamuno tuviera una epifanía, abandonase la novela histórica-realista y se pasase a la "nivola" en sus siguientes obras.
Otras obra de Miguel de Unamuno en ULAD: La tía Tula, Niebla, Abel Sánchez, San Manuel Bueno, mártir, Sombras de sueño
martes, 23 de junio de 2009
Miguel de Unamuno: Niebla.
Idioma original: españolAño de publicación: 1914
Valoración: Muy recomendable.
Me gusta Unamuno.
Me gusta su forma de plantear ideas y profundizar en ellas, tomando como punto de partida a sus personajes... siempre complejos y a veces atormentados por dudas existenciales o conflictos psicológicos.
Niebla es una de las obras más importantes del autor bilbaíno; quizá la más conocida.
Él la define con el nombre de "nivola" para diferenciarla de la habitual "novela" y su supuesta forma fija.
Los absurdos amores de Augusto, un joven idealista y romántico (en un sentido amplio de la palabra) se nos presentan a veces cómicos y en ocasiones dramáticos y, gracias a la vena filosófica que Unamuno imprime siempre a sus obras, nos hacen reflexionar sobre cuestiones muy complejas de la personalidad humana.
Quizá la parte más curiosa de esta novela es la última, en la que el protagonista de la historia se enfrenta a su creador, al autor de la "nivola" de su vida, a su dios particular.
En ese encuentro le cuestiona no sólo su autoridad, su capacidad de decisión sobre la vida de sus entes de ficción... sino, incluso, su propia realidad metafísica.
Augusto llega a decirle a Unamuno que quizá no es él quien es un ser ficticio sino a la inversa; que quizá sus personajes son, en realidad, la excusa necesaria para que la existencia de un autor tenga sentido.
De algún modo, así, duda de la propia existencia de Unamuno e insiste en que, de todas formas, quizá el ser humano no sea sino el "sueño" de algún dios, sólo una creación de la imaginación de algún ser superior.
Un libro interesante y de lectura ágil, a pesar de la densidad de las cuestiones que plantea.
Quizá porque, en realidad, se limita a eso, a plantear ideas sin pretender "resolver" nada; dejando que el lector extraiga sus propias conclusiones.
Como en algún momento dice el Unamuno que debate con su creación, él necesita de la dialéctica, la duda, la contradicción... para que su pensamiento fluya y se enriquezca.
Ese nudo de reflexiones en que nos envuelve la "nivola" no se desanuda; es un reto para lectores inteligentes dispuestos a cuestionarse a sí mismos con valentía.
Otros libros de Miguel de Unamuno en ULAD: La tía Tula, Paz en la guerra, Abel Sánchez, San Manuel Bueno, mártir, Sombras de sueño
lunes, 3 de octubre de 2016
Miguel de Unamuno: La tía Tula
Otros libros de Miguel de Unamuno en ULAD: Niebla, Paz en la guerra, Abel Sánchez, San Manuel Bueno, mártir, Sombras de sueño
domingo, 6 de junio de 2010
Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, mártir
Idioma original: españolAño de publicación: 1931
Valoración: Imprescindible (SH5A) / Recomendable (SA)
La siguiente conversación tuvo lugar (dentro de mi cabeza, claro) entre el Santi de hace 5 años (en adelante, SH5A) y el Santi de ahora, con respecto a San Manuel Bueno, mártir, después de releerla la semana pasada.
SA: Pues vaya decepción, ¿no?
SH5A: ¿Decepción? ¿Por?
SA: Pues porque, ya sabes, yo tenía a San Manuel Bueno, mártir como una de las mejores novelas jamás escritas en español, y ahora que la releo... no era para tanto.
SH5A: ¡Cómo que no! ¡Pero si es una novela magnífica! Es cortita, vale, pero es narrativamente perfecta: la ficción del "manuscrito encontrado" (las memorias de Ángela, la narradora) está ya muy visto, pero bien planteado en este caso; los personajes tienen profundidad; la narración avanza de manera controlada y sutil, dejando caer pistas sobre el "secreto" de don Manuel, el cura bueno; se apoya en una construcción simbólica que permite imaginar múltiples lecturas (los nombres de los personajes principales: Manuel, Lázaro, Ángela; el lago, el monte, las campanas...); y por si eso fuera poco, transmite un mensaje de compasión y tolerancia cristiana que no nos viene mal en estos tiempos...
SA: Bueno, a ver... por partes. Lo de que está bien escrita, sí, es cierto, Unamuno estaba ya en la cumbre de su experimentación narrativa, aunque esta es de las menos nivolescas de sus nivolas. Pero sí, es verdad que la novela, como narrativa, funciona muy bien.
SH5A: Correcto.
SA: Ahora, lo demás... ya no lo veo. Los símbolos, qué quieres que te diga, me resultan un poco infantiles. Lázaro el resucitado, Manuel-Emmanuel... sí, sí, vale, don Miguel, no somos tontos, no hace falta que nos dé las cosas tan masticadas.
SH5A: Pues Galdós hacía lo mismo y bien que te gusta.
SA: Puede ser. Pero vamos, mi decepción fundamental ha sido el contenido. Será que a estas alturas ya no me identifico con esa angustia existencial ante la muerte y la existencia de Dios de la que habla la obra... Pero sobre todo, lo que más me ha sacado de quicio es esa idea, que es casi la tesis de la novela, de que es preferible creer en cualquier cosa, aunque sean supersticiones (sí, sí, así lo dice el propio "San Manuel"), antes que dudar y pensar por uno mismo. Ese elogio de la fe irracional y acrítica... hace cinco años se ve que no me importaba; ahora, me resulta intragable.
SH5A: Bueno, teniendo en cuenta quién lo escribía, yo diría que hay que tomarlo cum mica salis.
SA: Qué pedante eres.
SH5A: Pues anda que tú... Lo que quiero decir es que precisamente Unamuno, que nunca se casaba con nadie, es el menos sospechoso de defender el gregarismo vital...
SA: Pues aquí lo hace. Y además, esa parte donde dice que "los pobres tienen que perdonar a los ricos y los ricos a los pobres"... está muy bien en un pueblecito idílico e idealizado de Sanabria, que parece sacado de Momo más que de la España inmediatamente anterior a la Guerra Civil. Pero en este mundo real, donde hay injusticias que exigen respuesta, ¿es suficiente con sumirse en un estado de beatitud individual y prestarle sal al vecino? ¿No hace falta una actitud más comprometida, y una visión más global, para "salvarse"?
SH5A: Sí, bueno, pero eso ya es una crítica ideológica. Y tú siempre has dicho que las obras literarias deben juzgarse solo por sus valores estéticos, y no por sus ideas.
SA: ¡Qué va! ¡Todo lo contrario! Yo siempre he dicho que las forma de la obra literaria no puede evaluarse separadamente de su contenido, que las dos forman un todo inseparable...
SH5A: ...
SA: ...
SH5A y SA (al mismo tiempo): ¿De verdad he dicho yo eso?
Otros libros de Unamuno en ULAD: Niebla. La tía Tula, Paz en la guerra, Abel Sánchez, Sombras de sueño
jueves, 18 de octubre de 2012
Miguel de Unamuno: Abel Sánchez
Idioma original: español
Título completo: Abel Sánchez. Una historia de pasión.
Año de publicación: 1917
Valoración: recomendable
Abel Sánchez no es la novela más conocida, ni probablemente tampoco la mejor de su autor: Niebla es técnicamente mucho más original y sorprendente; San Manuel Bueno, mártir es más profunda desde el punto de vista conceptual; pero Abel Sánchez sigue siendo una novela con un atractivo oscuro; es, de hecho, una de las pocas obras de Unamuno en que el protagonista es un personaje negativo.
Abel Sánchez, como ya avanza su título, es una reelaboración del tema de Caín y Abel (que también trató, entre otros, Lord Byron, mencionado como intertexto en la novela unamunaian). Dos amigos -no hermanos en este caso, sino amigos-, Joaquín y Abel, comparten vida y andanzas desde pequeños; y sin embargo, sus destinos son muy distintos: mientras que Abel casi sin esforzarse se gana la simpatía de todos sus semejantes, Joaquín cae antipático también sin merecerlo. Nace así en Joaquín una envidia visceral y enfermiza que se agrava cuando Abel enamora (también casi sin querer) a Helena, la mujer amada por Joaquín. El resto de la novela muestra la tensión interna del personaje, que se debate entre el deseo de superar la pasión destructiva que lo habita, y el deseo de darle rienda suelta, destruyendo a Abel.
Es innegable que se trata de una novela muy unamuniana, muy nivolesca en su composición: como La Tía Tula, escrita cuatro años más tarde: como aquella, esta es una novela compuesta en torno a una única cuestión, un único dilema psicológico o humano; y todo lo que no se refiera a ese dilema sobra. Todos los personajes están por lo tanto supeditados a ese conflicto inicial, más de Joaquín consigo mismo que de Joaquín con Abel. Se crea así una cierta ambigüedad moral y psicológica: ni Abel es malo (porque no ha hecho nada para perjudicar a Joaquín, al menos no voluntariamente) ni lo es Joaquín, que lucha por evitar los sentimientos negativos que lo envenenan.
En un breve fragmento de la novela, cerca de su desenlace, y en un prólogo que Unamuno añadió para la edición de 1928 (durante su destierro en Hendaya), se apunta una dimensión social o política de la novela: la envidia que carcome a Joaquín no sería otra cosa que el "pecado nacional" de los españoles, "el fermento de la vida social española". Sin embargo, este es un añadido que cuadra mal con el resto del texto, en el que la envidia es presentada como sentimiento individual, como enfermedad del alma.
También de Unamuno en ULAD: Niebla, San Manuel Bueno, mártir, La tía Tula, Paz en la guerra, Sombras de sueño
lunes, 3 de noviembre de 2014
Luigi Pirandello: Uno, ninguno y cien mil
Título original: Uno, nessuno e centomila
Año de publicación: 1926
Valoración: recomendable
Una tarde, al volver a casa, a Vitangelo Moscarda su mujer le dice que su nariz se le curva hacia uno de los lados. Vintagelo lo niega, pero cuando se mira al espejo descubre que su mujer tiene razón. Y no solo eso: que hay toda una serie de defectos evidentes para los demás, pero que él no conocía hasta entonces. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo puede una persona desconocerse a sí mismo hasta el extremo? ¿Es posible que los otros nos conozcan mejor que nosotros mismos?
A partir de esta anécdota trivial y humorística parte Uno, ninguno y cien mil, que es una reflexión sobre la identidad y los límites hasta los cuales es posible conocerla. Así, Vintangelo descubre que es una persona cuando está solo, y otra muy diferente cuando está en presencia de su mujer, que lo llama Gengè y que proyecta en él comportamientos, pensamientos y actitudes en los que Vintangelo no se reconoce. Y lo mismo ocurre con sus amigos y compañeros de trabajo: todos ellos han creado una imagen de él que le resulta ajena. ¿Cuántos Vintangelo Moscarda existen, entonces? ¿Uno, ninguno o cien mil?
La novela se convierte así en un proceso de búsqueda, a veces metafísica y otras veces ridícula, de la verdadera esencia del yo: en lo físico, en lo espiritual, en lo mental; en la soledad y en el contacto con otros seres humanos. Todos los personajes que pasan por la novela tienen cierto carácter paródico, como era de esperar de la pluma de Pirandello, pero eso no hace que la reflexión sobre la imposibilidad de conocernos a nosotros mismos resulte menos sugerente, ni menos desasosegante.
Estamos, sin duda, ante una obra muy de su época: Unamuno habría estado sin duda orgulloso de ponerle su nombre, tanto por el tema como por la forma, casi "nivolesca" (Niebla podría estar protagonizada por Vintagelo Moscada, si no estuviera protagonizada por Augusto Pérez). Y aunque es evidente que el tema del "yo" y sus refracciones sigue siendo muy actual, con todo me da la impresión de haberse quedado algo antigua, como también se han quedado antiguas algunas de las obras de Unamuno. A mí, personalmente, me divirtió al principio, luego me interesó, y al final se me hizo un poco larga.
También de Luigi Pirandello en ULAD: La pena de vivir así, Seis personajes en busca de autor
martes, 8 de noviembre de 2016
Sergio del Molino: La España vacía. Viaje por un país que nunca fue
Idioma original: EspañolAño de publicación: 2016
Valoración: Entre está bien y recomendable
Otros libros de Sergio del Molino en ULAD: La hora violeta, Lo que a nadie le importa
martes, 3 de marzo de 2020
Biografías lectoras II: La Vuelta al Libro en 7 etapas (y un prólogo) y dos metas volantes
Prólogo (1977- 198X): No vamos a empezar diciendo que nací con un libro en las manos. Ni mucho menos. De hecho, el único “material” que había en casa era un puñado de ediciones del Círculo de Lectores y una enciclopedia que adornaba con dudoso gusto el salón. Para más inri, lo más parecido a una librería que teníamos (y tenemos aún) en el pueblo era la papelería donde comprábamos el material escolar o mi madre y mis abuelas comparaban el Hola y demás artefactos.jueves, 3 de julio de 2025
Bekim Sejranović:De ningún lugar a ninguna parte
Traducción: Patricia Pizarroso y Marc Casals
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable
Un funeral según el rito islámico, un montón de hombres acuclillados y un solo hombre que permanece en pie, sobresaliendo por encima de los demás y sin saber dónde poner los brazos. La viva imagen de la desubicación, de estar fuera de lugar o de no saber cómo hacer para "pertenecer" a ese sitio.
Esa es la imagen con la que se abre De ningún lugar a ninguna parte, novela en la que se (re)construye un pasado en forma de mosaico, en la que se entrelazan biografía personal y álbum familiar y en la que el desarraigo y voluntad de pertenencia protagonizan un texto con un aparentemente alto contenido autobiográfico, si bien esto haya que cogerlo con pinzas ya que según confiesa el narrador "no confío en el recuerdo y la verdad no la puedo soportar"
(Re)construir un pasado en forma de mosaico. That is the question! Y de ahí se derivan las infinitas idas y venidas espaciotemporales (desde la época de la Segunda Guerra Mundial hasta el siglo XXI, desde el pueblo bosnio de la infancia hasta la isla de Svalbard) Siempre en fuga, siempre huyendo a cualquier rincón del mundo que nos de una nueva oportunidad.
Pero también de ahí los diferentes estilos y tonos que encontramos en el texto. Porque Sejranović puede ser una especie de Delibes deslenguado cuando habla del Brcko de su infancia o un Unamuno del vacío y la soledad balcánica o un Knausgard o un Saeterbakken pasado de rosca en esa parte final del libro en la que destroza la idílica imagen de los países escandinavos. Porque, ¿qué opción es la menos mala: emborracharse o dejar que los recuerdos te devoren como termitas?
En cualquier caso, una buena y amarga crónica del desarraigo a través del tiempo y el espacio (Alija, Lars, Marko, el propio narrador), a la que acuden a dar oxígeno ciertas dosis de humor negro, una historia de perdedores, de búsquedas y huidas, muchas veces grotescas y absurdas, de intentos de felicidad que se van diluyendo con el transcurso de las páginas; un texto que crece a medida que avanzamos en él y se aleja de aparentes arquetipos y/o estereotipos, un texto jodido pero altamente recomendable.
viernes, 13 de enero de 2023
Juan Pablo Fusi: Pensar España
Año de publicación: 2021
Valoración: Interesante (o Está bien, dentro de lo que cabe)
Nos mira desde la cubierta Ortega (creo que es Ortega) con esa mirada profunda, severa, como de desaprobación, como echando en cara al pobre lector que no hace las cosas bien, que es también responsable de esa España equivocada, sin alma, que él intenta comprender y también transformar desde el despacho silencioso y austero en el que imagino que rumia por qué el país es como es, y donde escribe sobre eso que cree que le falta (educación, valores, conciencia nacional) o le sobra (pintoresquismo, localismo, frivolidad). Algo más afable, quizá por la redondez de su imagen, hubiera resultado una foto de Azaña, también intelectual pero con la apariencia más humana de quien ha descendido al barro de la política real para intentar hacer realidad sus ideas. A lo mejor Ortega nos parece más inquisitivo porque rebusca en nuestro interior, pobres ciudadanos, el sentimiento nacional que no encuentra por ninguna parte, y Azaña, por su parte, en vez de taladrarnos con la mirada, la dirige a algún lugar impreciso buscando ese Estado justo y moderno que tampoco termina de saber cómo se puede construir.
Estos dos personajes con los que se inicia el libro de Juan Pablo Fusi representan algunas de las múltiples reflexiones (iba a decir respuestas, pero de esto hay más bien poco, al menos en el ámbito de lo concreto) alrededor de esa expresión algo grandilocuente que tantas veces, y sospecho que con tan poco interés, leíamos por obligación en los textos escolares de la adolescencia: España como problema. Una preocupación intelectual que se manifiesta de forma muy especial desde finales del siglo XIX, cuando se pierden los últimos reductos del viejo imperio y el 98 sirve para nombrar a toda una generación de escritores que se preguntan por qué en este extremo de Europa sigue habiendo un país atrasado, derrotado, ensimismado en su pobreza y que envuelto en sus harapos desprecia lo que ignora si se me permite citar deprisa y mal a Machado.
Esa obsesión por identificar y describir correctamente lo español se prolonga durante las primeras tres décadas del siglo XX, mientras se vive uno de los periodos de mayor creatividad e intensidad intelectual, cuando el protagonismo de los grandes nombres de la generación encabezada por Unamuno convive con la pujanza de los más jóvenes, identificados sobre todo con el grupo del 27. El corto periodo de la República es una etapa de esplendor en la literatura y las artes en general, que queda de pronto sepultada por la guerra y los años oscuros que le seguirían.
Fusi comienza, como decía, mostrando el paralelismo entre las dos visiones que de España tienen Azaña y Ortega, sin detenerse a un análisis muy profundo pero ofreciendo imágenes sugerentes, como la diferente perspectiva con la que ambos contemplaban El Escorial, una interesante reflexión que no solo sirve para contrastar sus ideas, sino también sus personalidades. Sin embargo, lo que parecía un buen comienzo para esa exposición en torno al pensamiento español en el siglo XX (subtítulo) parece transformarse rápidamente en otra cosa. Los años de la República se despachan con una síntesis histórica apresurada y más bien escuálida más una muy larga y pormenorizada bibliografía de títulos publicados en esos años. Aunque en mi opinión claramente excesiva, bien está esa enumeración como indicativa de la exuberante producción intelectual y artística del momento. Pero es que estas dos características (apretada sinopsis histórica de cosas de sobra conocidas, y amplísima relación de obras de la época correspondiente) van a ser definitorias de todo el libro. Así, vamos saltando de una velocísima descripción de la guerra (¿con alguna vocación de equidistancia?) a la bibliografía del despertar intelectual de los años 60; una nueva crónica, tan acelerada como detalladísima, de la Transición y la incorporación a Europa; y otra enumeración interminable (y a veces repetitiva) de la producción artística y literaria de los primeros tiempos de la democracia. A todo ello se adosa un capítulo, que me atrevería a calificar como atropellado y superficial, pero también el más sorprendente, donde se nos calza (sea Fusi o su editor) una breve historia de ETA que encaja en este libro como podría hacerlo un recetario de cocina. Fusi ha escrito multitud de artículos sobre el asunto, casi siempre muy atinados pero, oiga, no es necesario hablar de lo mismo en cualquier lugar o circunstancia.
Lo más salvable del libro lo encontramos cuando, de tanto en tanto, parece volver a circunscribirse a lo que se suponía que era su objeto: la evolución del pensamiento en torno a España, qué es o qué debería ser. Describe el autor el ‘campo de ruinas’ que dejan, también en el terreno intelectual, la guerra y la posguerra dominada por la represión y el aislamiento, dando lugar a lo que muy plásticamente denomina ‘la España inmóvil’, donde introduce la figura de algunos de los más representativos hispanistas, como Gerald Brenan o Raymond Carr. El inicio de un cierto renacimiento en el ámbito del pensamiento, coincidiendo con el desarrollismo de los 60, se personifica en las figuras de Jorge Semprún y Julián Marías que, aunque con perspectivas vitales e ideológicas bastante alejadas, plantean la idea de una España muy diferente, liberada de los lastres del atraso, la incultura y el folklorismo, muchas veces dramático, de décadas anteriores.
Como a veces ocurre, las sensaciones que deja el libro una vez terminado son algo mejores que las que se experimentan durante la lectura. Queda un poso, el reflujo de haber repasado aspectos interesantes del último siglo de vida intelectual y de reflexiones sobre la identidad del país, su historia y su futuro. Pero aun así, nada puede evitar una cierta frustración por un texto con un propósito ambicioso que se diluye en fragmentos, a veces inconexos, perdidos entre interminables enumeraciones, resúmenes abigarrados de cosas ya sabidas y semblanzas no siempre justificadas, excesivas en contenido e insuficientes en el contexto general. No sé si esto es enteramente voluntad del autor o el producto de una mera recopilación de artículos sueltos, cosidos sin mucha coherencia, pero sea como sea, objetivamente supone una cierta decepción.
martes, 20 de junio de 2023
Chuck Palahniuk: Plantéate esto
viernes, 2 de octubre de 2015
Andrea Camilleri: La banda de los Sacco
Idioma: italianoTítulo original: La banda Sacco
Año de publicación: 2013
Traducción: Juan Carlos Gentile Vitale
Valoración: entre recomendable y está bien
lunes, 26 de mayo de 2014
Raul Brandão: Humus
Título original: Húmus
Año de publicación: 1917
Valoración: Muy recomendable
Humus (publicada originalmente en 1917, aunque revisada posteriormente por el autor hasta en dos ocasiones) es una obra fundamental de la literatura portuguesa del siglo XX: un clásico que forma parte indudable del canon y que ha influido directa o indirectamente en Helberto Helder, Agustina Bessa-Luis o Vergílio Ferreira. Es, sin embargo, una obra difícilmente clasificable, y que en su momento no tuvo una acogida excesivamente entusiasta. Denominada habitualmente "novela", comparte sin embargo rasgos con la poesía en prosa, con el diario, incluso con el ensayo.
No se puede, propiamente, decir que Humus tenga un argumento: más bien tiene un universo. La villa: un lugar casi abstracto, dominado por la descomposición, la rutina y la inmovilidad, donde el tiempo parece no transcurrir y donde no hay esperanza ni futuro ni vida. Un lugar lleno de ruinas, materiales y humanas; poblado de personajes vacíos, ridículos, mezquinos, crueles: las viejas, Gabiru, el Santo... En este marco de soledad, decadencia e inacción, una voz que es muchas voces reflexiona sobre la muerte, sobre la (in)existencia de Dios, sobre la inutilidad de la vida o sobre la propia insuficiencia del lenguaje.
Humus ha sido relacionado con el movimiento existencialista, y también con el Simbolismo y el Expresionismo. (Recordemos que Del sentimiento trágico de la vida de Unamuno, que comparte algunos temas pero no una estética con Humus, también se considera una obra existencialista). Yo añadiría a la lista el Modernismo, tanto en el sentido que se le da en el mundo hispánico como en el europeo: esteticismo, experimentación, fragmentarismo y lirismo son algunas de sus características esenciales.
Pero al margen de etiquetas, Humus es un libro poderoso, dominado por una voz poética única (aunque provenga de personajes variados) que giran constantemente en círculos en torno a los mismos temas, configurando un texto memorable, cautivador, obsesivo. Es un libro lleno de frases susceptibles de convertirse en citas, en himnos, en leit-motivs: "Mi cuerpo me pide tierra"; "Si Dios existe, soy un hombre; si no existe, soy un hombre completamente distinto"; "Solo la insignificancia me permite vivir"... Y contiene capítulos enteros brutales, geniales, como el de la mujer de la limpieza, o la carta con los últimos consejos de una madre a su hijo...
Humus es una obra de su época, que mirado con ojos posmodernos algo cínicos podría parecer demasiado gesticulante o histriónica; pero hay que dejarse atrapar por su lenguaje, por su desesperación existencial, por su ambientación decadentista, y disfrutar. Porque estamos ante un gran libro.
Nota para quien quiera leer este libro: existen varias traducciones al español, una realizada por Ribera i Rovira en los años 20 y otra reciente, realizada por Verónica Palomares Maíllo y publicada por la editorial Luis Revenga en 2007. Quien consiga leer medianamente bien en portugués, se la puede descargar gratuita y legalmente (ya está en el dominio público) en esta página.
viernes, 10 de febrero de 2023
Azorín: Capricho
Año de publicación: 1943
Valoración: Bastante recomendable
Si hablamos de la generación del 98, Azorín se cita siempre entre los nombres indiscutibles, no por nada fue precisamente quien le puso el nombre. Entre ese colectivo de composición controvertida, mucha gente ha leído a Baroja, bastantes a Unamuno, y algunos otros conocen, aunque solo sea por canciones de Serrat o Paco Ibáñez, a Machado, por ejemplo. Pero nadie que yo conozca ha leído nunca a Azorín, yo diría que en general casi nadie ha leído a Azorín. Y me incluyo, hasta hace unos pocos días. Es una situación algo extraña, y tal vez un poco injusta, y me propongo corregirla, al menos en el modesto ámbito de nuestro blog, a través de este libro, elegido completamente al azar.
Aparte del desconocimiento, podemos también tener el prejuicio de etiquetar a este autor como clásico, convencional, poco amigo de moderneces y atado quizá a la reciedumbre del paisaje castellano, cosas así. Puede que algo de eso haya en otras de sus obras, pero entonces Capricho sería, y no sé si realmente es, una rara avis, porque se trata de una pieza cercana a la experimentación, una especie de juego literario que hace honor al título en su concepto tradicional, como obra que ‘se ejecuta por la fuerza del ingenio, más que por la observancia de las reglas del arte’, como en el mismo inicio del libro se indica.
El texto consiste en un pequeño relato inacabado que el autor propone, dejando abierto el desenlace para que cada uno de los distintos redactores de un periódico lo complete a su manera. Se acompañan semblanzas totalmente subjetivas de cada uno de los candidatos, muy bien modeladas por cierto, y hasta el autorretrato de varias mujeres que pudieran ser posibles personajes a utilizar. Finalmente, se diría que el relato lo completan, aunque solo parcialmente, una serie de personajes literarios (don Quijote, Juan Tenorio, el buscón Pablos, etc.) en un ejercicio que más que de estilo es de inmersión en su personalidad y su modo de ver el mundo. Esta perspectiva un poco insólita es quizá lo más interesante del libro: no nos centremos tanto en cómo idearía un desenlace o qué forma le daría este o aquel personaje, ni el redactor jefe o el reportero de tribunales, sino cómo la subjetividad de cada uno determina el modo de enfocar la situación que se plantea. Y un paso más allá, asistimos a la confusión entre autor y personaje, de manera que unos y otros, trabajadores del periódico y protagonistas de clásicos, adoptan una u otra posición según se les observe.
En los tiempos actuales el formato no resulta especialmente novedoso, ni quizá lo era siquiera en 1943 cuando se escribió el libro, pero sí que transmite la imagen de un autor con mucha menos aversión al riesgo de lo que cabía esperar.
Seguramente se trata de una diversión, un pasatiempo de escritor que se siente libre para crear una cosa de apariencia ligera pero que, ya puestos, aprovecha para enredar con distintos aspectos de la creación literaria: la recuperación de términos arcaicos, el reflejo de la personalidad (o las circunstancias) del autor en la obra, cómo el personaje puede cobrar vida propia o quedar abandonado sin el aliento del autor, o lo artificial (o meramente convencional) de la distinción entre géneros literarios. El mismo Capricho es un híbrido entre varios de ellos, con trazas de novela o relato corto, pero también de ensayo, biografía e incluso poesía, si atendemos al tono lírico que se deja ver de tanto en tanto. Pero ante todo me parece, como decía al principio, que la mayor parte de su esencia es de juego y experimento.
Es cierto, el libro carga con el lastre de una prosa que hoy resulta algo anticuada, de páginas que a veces se hacen un poco largas, sumergidas entre reflexiones de personajes clásicos que tal vez solo el erudito capte como es debido. No creo que sea una obra demasiado representativa de este Azorín al que he querido rescatar del olvido, ni probablemente sea una de las mejores. Pero me ha gustado su atrevimiento, la libertad que demuestra al crear y la forma de dejar pistas sobre los entresijos de la literatura. Quizá no muy entretenido de leer, pero de esos libros que dejan un cierto poso a nada que les dediques una pequeña reflexión.
domingo, 11 de abril de 2010
José Saramago: Caín
Título original: Caín
Año de publicación: 2009
Valoración: se deja leer
Últimamente, casi todo lo que leo de Saramago me resulta decepcionante. Incluso libros que en su día me gustaron mucho, como Ensayo sobre la ceguera, me han parecido maniqueístas y tramposas, como dije en otro blog. Pero este libro me tentó, primero porque estoy haciendo mis pinitos leyendo literatura portuguesa en portugués, y segundo porque el mito de Caín me parece muy interesante y muy rico en matices y lecturas posibles (lecturas que han realizado escritores como Byron, Steinbeck o incluso Unamuno).
Conociendo la postura ideológica de Saramago y varias de sus obras anteriores, y teniendo en cuenta los debates (o más bien trifulcas) actuales sobre religión y laicismo, yo esperaba una reivindicación humanizadora de Caín: un alegato de su dignidad injustamente despreciada por un dios absurdo; un alegato de la razón frente a la revelación, de la tolerancia frente al fanatismo, algo así. Y no: lo que hay es una lectura desmitificadora (pero no remitificadora), infantilizante, pretendidamente humorística (algunos pasajes hacen gracia, pero el conjunto no) de diversos pasajes bíblicos conocidos por todos: el Paraíso, Abraham, Noé, etc.
La novela no me ha revelado nada, no ha añadido nada sobre los mitos bíblicos que no supiéramos ya. Saramago parece haber pensado que los mitos judeocristianos, por el hecho de tener orígenes religiosos, son inservibles para hacer literatura seria; cuando es evidente lo contrario: estos mitos, por el hecho de ser mitos, y por estar imbuidos en nuestra cultura, son poderosísimos como fuente de imágenes, de narrativas, de símbolos (respetando o subvirtiendo sus significados originales, claro).
Después de la publicación de la novela hubo una importante polémica en Portugal y (algo menos), en España -algo que, estoy seguro, Saramago esperaba e incluso deseaba-. Pero después de leerla, la polémica no se comprende. Caín es un libro tan tontorrón, tan inofensivo, hace tan poca sangre contra los verdaderos puntos negros de las religiones actuales, que protestar contra ella es tan infantil como taparse los oídos cuando alguien dice "culo". A no ser, claro, que quienes se sientan ofendidos sean los que como yo esperaban una reflexión narrativa de mayor enjundia en la pluma de todo un premio Nobel como Saramago...
También de Saramago: El hombre duplicado, Alabardas, El evangelio según Jesucristo, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres
martes, 24 de noviembre de 2015
Jorge Oteiza: Quousque tandem...!
sábado, 4 de noviembre de 2017
Colaboración. Shūsaku Endō: Silencio
Año de publicación: 1966
Valoración: Recomendable
lunes, 11 de julio de 2016
Jon Juaristi: El linaje de Aitor
Idioma: españolAño de publicación: 1987
Valoración: recomendable (sobre todo para interesados en el tema)
Juaristi, con la persistencia y minuciosidad de un entomólogo, repasa no sólo la obra y cirscunstancias de estos autores, entre otros, sino también las de la génesis de esa "materia de Vasconia" de la que se nutren sus obras -como ya he mencionado, circunstancias tanto literarias como políticas y sociales-, sus antecedentes -tubalismo, vascocantabrismo, vasco-iberismo- y aun sus consecuencias. En lo que a esto respecta, buen trabajo... Claro que erudición, exhaustividad y minuciosidad no son garantía de amenidad y, pese a que el autor pone lo que puede de su parte, tampoco parece que procurar ésta sea su principal objetivo. de hecho, ya he comentado que éste es un libro que resulta recomendable sobre todo para lectores interesados en el tema, aunque para los demás tampoco sería una pérdida de tiempo echarle un vistazo. Ignoro si ocurre lo mismo con otros libros que Juaristi ha dedicado a temas similares: las genealogías míticas de los pueblos de Europa, la formación de los mitos inherentes al nacionalismo español o la "invención de la tradición bilbaína" (sic), pero quizás tampoco sea mala idea leer alguno de ellos.
Una única pega al libro y a su autor: no sé si por algún tipo de rigor bibliográfico (mal entendido, en mi opinión) o por simple pedantería, las bastantes citas de obras ajenas que están escritas en otras lenguas que no son el castellano (sobre todo, inglés y francés) no se han traducido al idioma en el que está escrito este libro. Curiosamente, muchas de las que están en lengua vasca sí que han sido traducidos, aunque habría que comprobar si esto es porque también estaban traducidas al castellano en la obra original citada. En todo caso, el profesor Juaristi parece suponer que todos los lectores del libro deben de dominar también estos otros idiomas y si no, que se busquen la vida... No pasa nada, claro, que no somos niños y cada palo que aguante su vela... excepto que siempre me llamó la atención que alguien que demostró tal desprecio por sus lectores en castellano fuera luego nombrado Director de la Biblioteca Nacional (de España, se entiende) y Director del Instituto Cervantes, nada menos. Pero, en fin, ya se sabe que doctores tiene la Iglesia y a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. O, dicho de otro modo, cosas veredes...











