domingo, 19 de octubre de 2014

Sergio del Molino: Lo que a nadie le importa

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Decepcionante

No me resulta fácil escribir esta reseña, no creáis. No soy (en general, en este blog no somos) de esos críticos que disfrutan afilando el bolígrafo -o el teclado del ordenador- y poniendo a parir libros y escritores, y si son jóvenes y están blanditos mejor. Pero al mismo tiempo tampoco creo que sea bueno que nos abstengamos de criticar los libros que no nos han gustado, para no molestar.

O sea, que como se puede adivinar por este principio, y por la valoración que le he dado, Lo que a nadie le importa no me ha gustado. Lo cogí con muchas ganas, porque me había impresionado La hora violeta, por motivos que comprenderán muy bien los que hayan leído esa novela; de hecho, Lo que a nadie le importa es el primer libro que he pre-comprado en mi vida, cuando lo vi en pre-venta en eBook. Y de hecho las primeras, digamos, setenta páginas del libro hasta me estaban interesando. Pero luego no, y me da pena, pero no.

Lo que a nadie le importa se compone de una especie de mezcla de Soldados de Salamina de Cercas con Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe, aunque le falte algo que en estas obras era evidente: una intención, una idea central que articule la trama narrativa. Es al mismo tiempo una novela histórica, que reconstruye la evolución del país en los últimos setenta años, una memoria familiar, centrada sobre todo en el abuelo materno del escritor, y una obra de autoficción, en la que el escritor se retrata a sí mismo en el momento de escribir, pero sobre todo como el nieto de su abuelo, por parecidos y contrastes.

El problema es que, sin querer hacer un chiste, el título del libro está bastante bien elegido: lo que cuenta Sergio del Molino interesa al principio, con una anécdota inicial poderosa (el momento de la muerte del abuelo y su contundente última frase a su mujer), y la reconstrucción de la que podría ser la fecha central de su vida: la batalla del Ebro en la Guerra Civil. Pero luego la historia, como el abuelo, se trasladan a Madrid, y el texto se vuelve repetitivo, anodino y, la verdad, poco interesante. Hay anécdotas curiosas, relaciones interesantes, personajes atractivos, pero se pierden en medio del texto; quizás una obra más breve, de capítulos más cortos y más centrados habría ayudado a la lectura, no lo sé.

El otro problema que tengo con la novela es el estilo, y esto es paradójico porque no cabe duda de que Sergio del Molino escribe bien. Mi problema es que, me da la impresión, hay en esta novela un esfuerzo demasiado claro por embellecer el texto: demasiados adjetivos sorprendentes, paralelismos, reflexiones altisonantes del narrador. A veces, en esta búsqueda de la frase perfecta, el autor acierta con una presa y entonces dan ganas de subrayar el libro y añadir una frase a un cuadernito de citas; pero una novela no es un cuadernito de citas.

No cabe duda de que hay un grupo más que interesante de escritores jóvenes (así de repente se me ocurren Jon Bilbao, Jenn Díaz o "nuestro" Iván Repila) que sin estridencias de nocillos se dedican simplemente a hacer su trabajo: escribir, y escribir bien. A este grupo pertenece Sergio del Molino por derecho propio, así que, aunque esta vez no haya acertado con su propuesta, habrá que estar atento a sus siguientes proyectos.

Otros libros de Sergio del Molino en ULAD: La España vacíaLa hora violeta

4 comentarios:

Paulo Kortazar B. dijo...

No jodas. La acabo de pillar en Libreria Cámara, en Bilbo. Y tanto la faja con el comentario de Peio Riaño (el confidencial) como el dependiente de la librería me la han puesto muy bien.

Santi dijo...

Bueno, oye, pues léetelo y luego me cuentas. Acabo de ver que han publicado ya la segunda edición, o sea que se ve que se está vendiendo muy bien...

Anónimo dijo...

Estaba interesado en leerlo porque La hora violeta también me impactó, pero ya he recibido varios comentarios sobre esta novela que coinciden con el tuyo, incluso algunos son contundentes en cuanto a una prepotencia de estilo hacia el lector, como queriéndose poner por encima de él. Esta sensación la he tenido en algunos de los artículos del autor en el dominical del Heraldo de Aragón y en su blog. Creo que tiene madera de gran escritor, pero debería bajar de ese escalón. Tengo dudas si ponerme a leer Lo que a nadie le importa. Ah, ¿no te parece que ya está bien de que se vuelva y se vuelva a la guerra del 36?

Rita Piedra dijo...

Es soberbia. Una prosa maestra.