martes, 27 de abril de 2010

J. M. Coetzee: La edad de hierro

Idioma original: inglés
Título original: Age of Iron
Fecha de publicación: 1990
Valoración: Muy recomendable

El panorama de la Sudáfrica de la época del apartheid que Coetzee pinta en sus novelas no hace que lamentemos, precisamente, no haberla elegido como destino turístico. Pero los más curiosos (en el mejor sentido) leerán sus novelas con avidez e, incluso, sentirán la necesidad de saber qué hay detrás de esos sombríos rasgos de paisaje humano que, con espléndida maestría, traza el autor para nosotros. Sobre todo, porque, a través de ellos, indaga en lo más profundo de las almas. Y, si bien no querríamos retroceder en el tiempo, sí nos gustaría aparecer, como por arte de magia, en los escenarios de sus novelas y, habiéndonos vuelto invisibles, poder observar a nuestro gusto. De esta forma evitaríamos sentirnos bajo la piel de esos seres desorientados (ajenos a una culpa de cuyos responsables, aunque conocidos por todos, su autor no suele darnos noticia y a cuyos ejecutores atisbamos apenas) que pululan como almas en pena por sus páginas desoladas.

A Coetzee, aunque leamos sus historias con el corazón encogido, le agradecemos que nos hable desde el fondo de sí mismo, que nos explique lo que siente ante el drama que se desarrolló a su alrededor y del que – según creo entender –se consideró un espectador involuntario que arrastraba, sin quererlo, la más culpable de las inocencias.

Esta novela es muchas cosas: un largo y lúcido grito de agonía, también una larga carta de amor, un sórdido Paseando a Miss Daisy , un somero acercamiento a alguien consciente hasta el límite de que ya no tiene nada que perder; la descripción de uno de los momentos más duros de la vida y la resignación que puede acompañarle, sin anular por ello el inevitable instinto de supervivencia que mueve al ser humano a aferrarse a cualquier clavo ardiendo disponible, aunque lo note incandescente y lleno de herrumbre. O mejor, una mirada atenta a dos clavos ardientes y sensibles sujetándose mutuamente con todas sus escasas fuerzas y sin ninguna convicción.

Podría seguir enumerando pero sólo sugiero que quien esté buscando una novela para pasar un rato agradable sin complicarse demasiado la vida elija cualquier otra.

También de J. M. Coetzee: Hombre lento, Elizabeth Costello, Esperando a los bárbaros, Diario de un mal año.

2 comentarios:

Antonio García dijo...

Realmente Coetzee es un gran narrador, desde luego el último premio en condiciones que se ha dado desde la academia Sueca.
Como todos los genios verdaderos se ha sabido manejar con igual fortuna en muy diferentes formas literarias, ya sean más clásicas, como en esta novela, o en otras incursiones posmodernas como FOE o la enigmática Hombre lento. Lástima que suela ser tan negativo en sus tramas, a veces realmente es un poco deprimente.

Jaime dijo...

Tienes toda la razón, Antonio. Un genio, y un genio algo deprimente. Pero tiene algo en ese lenguaje suyo como seco y preciso que es extrañamente reconfortante (dentro de la melancolía general). Aunque Hombre lento no estoy yo muy seguro de si es enigmática o, más bien, fallida..