sábado, 7 de noviembre de 2020
Joanna Walsh: Vértigo
viernes, 6 de noviembre de 2020
Guillem Sala: El càstig
Título original: El càstig
Traducción: sin traducción en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
jueves, 5 de noviembre de 2020
Arturo Úslar Pietri: Estación de máscaras
Valoración: Bastante recomendable
Si en "Un retrato en la geografía" nos encontrábamos con un relato protagonizado por los miembros de la familia Collado (sobre todo, por su hijo menor Álvaro), ambientado en los convulsos últimos años de la dictadura de Gómez y en los meses posteriores a la muerte del tirano (1935-1938 aproximadamente) y que ofrecía varias lecturas (novela de formación, crítica político-social y "ensayo" sobre la "venezolaneidad"), en "Estación de máscaras" nos encontramos con un texto más novelesco que se sitúa en el año 1948 y que es protagonizado, casi en exclusiva, por Álvaro Collado.
1948 es el año elegido por Collado para su retorno a Venezuela tras diez años de exilio que no hacen otra cosa que ahondar el abismo entre quienes quedaron y quien marchó, pese a que la situación, en el fondo, no haya cambiado tanto porque todo es un teatro con la constante repetición de un solo acto. Diez años para un regreso que es el punto de partida de una novela bastante mejor que su predecesora (o esa es mi impresión), tanto por ritmo, por historia, como por su mayor osadía técnica.
Si hablamos de la técnica de la novela, hemos de decir que "Estación de máscaras" juega, sobre todo en su primera mitad, con dos viajes (el retorno en barco y un recorrido en coche por una Caracas de Carnaval) de dos personajes (Álvaro Collado y Lázaro Agotángel) y un intervalo de diez años (1938-1948), para presentar situaciones y personajes y ubicarlos en el momento en el que transcurre la acción. Cambios de tiempo y cambios de narrador que unidos conforman un muy logrado cuadro en varios planos. Si a esto le añadimos que "Estación de máscaras" es una novela "cinematográfica", con escenas que semejan travellings muy bien resueltos, nos queda un novela más arriesgada que "Un retrato en la geografía".
En cuanto al ritmo y la historia, debemos hablar, obviamente, del contexto político. Este es fundamental, especialmente en la segunda mitad de la novela, pero no llega a centrar la narración como lo hacía en "Un retrato en la geografía". Así, "Estación de mascaras" es más un relato sobre el desarraigo, la imposibilidad o no de retornar, la erosión del tiempo, la dualidad pensamiento / acción o las más variadas pasiones humanas, enmarcado (eso sí) en un contexto sociopolítico muy concreto (el auge petrolero, las inestabilidad política, etc.). Por lo tanto, el alejamiento de lo "político-filosófico" y la mayor atención a lo estrictamente novelesco benefician de forma notable al texto, que gana en agilidad con respecto a su predecesora.
Todo lo anterior convierte a esta olvidadísima "Estación de máscaras" en una muy buena novela, emparentada de forma clara con otras obras de tiempos lejanos (es evidente el eco homérico) o no tan lejanos, como la magnífica "La ciudad y los perros".
También de Úslar Pietri en ULAD: Un retrato en la geografía, La isla de Robinsón y Las lanzas coloradas
miércoles, 4 de noviembre de 2020
Ted Chiang: Exhalación
Título original: Exhalation
Año de publicación: 2019
Traducción: Rubén Martín Giráldez
Valoración: recomendable
Agosto 2020. F, llamémosle Reseñista A, recibe correos varios de editoriales de forma diaria, algunos, llamémosle habilidad de los redactores de las newsletter de la ya deprimida pero todavía entusiasta industria editorial, particularmente eufóricos y en concreto, los de Sexto Piso, haciendo énfasis en este libro de autor de exótico apellido (orígenes familiares en Taiwna) para ser estadounidense, precedido de una enumeración de premios que le han sido otorgados al autor a lo largo de una carrera prolongada que ha tenido una producción algo rácana (19 cuentos a lo largo de tres décadas, entiendo que los 9 de Exhalación completan los 10 de otra obra) y que ha sido también responsable de alguna que otra historia llevada a la (otrora dicha) gran pantalla.
Reseñista A hace caso de tan convincente argumento y se hace con el libro: no es para nada un entusiasta del género del libro, ciencia-ficción (aunque la entrada sobre el autor en Wikipedia dice que escribe ficción especulativa), pero la verdad es que las referencias e incluso los personajes públicos (Obama, ese añorado presidente que lee ficción y escucha a Kendrick Lamar o Frank Ocean) se expresan de tal manera que, aunque sean argumentos propios de las temidas fajas, Reseñista A se deja atrapar en la tentación y también se deja atrapar por esas historias que no tienen nada que ver con los temas al uso. No hay naves especiales, personajes alienígenas, distopías de sometimiento de especies o de países, sino argumentos bien trenzados en los que el autor encaja con habilidad y bastante mérito literario ciertos aspectos propios de la mareante carrera tecnológica, incluso se permite el lujo de situar esos relatos fuera de sus escenarios habituales. El primer relato, el del espejo del tiempo, tiene unas atractivas tonalidades orientales que nos hacen prever un libro realmente original, y, aunque conforme se avanza en la lectura, en posteriores relatos, este escenario cambia y nos encontramos con contextos más cercanos y familiares, en futuros cercanos que, bravo Wikipedia, son especulaciones de situaciones que podríamos ver en un par de décadas, a poco que los mareantes avances de la tecnología tengan un poco de suerte y cierto aspecto sobrenatural dé un empujoncito. Los relatos tratan de forma recurrente de temas clásicos del género como los eventuales saltos en el tiempo, ya presente en el primero y en el del aparatito que enciende una luz antes de que pulses un botón o el que da título al libro. También surge a menudo la cuestión de que los avances tecnológicos empiecen a configurar una humanidad con una forma de relaciones adaptada a ellos, como el de los digientes, la cuestión de la convivencia posible de universos paralelos generados por nuestras decisiones alternativas en el cuento de los para-yos, con lo que, en general, Reseñista A se lleva una agradable sorpresa al comprobar que algunos de esos relatos se sostienen en puntos de partida que inducen a la reflexión por encima del puro divertimento. Decide que, dentro de los parámetros de un género a veces sobreexplotado y, teniendo en cuenta que Reseñista A solo fue un lector de clásicos como Clarke, Asimov o K. Dick, la experiencia ha resultado gratificante, incluso estimulante desde una perspectiva intelectual.
Noviembre 2020. B, llamémosle Reseñista B ha engullido el libro con cierta premura. Desde que empezó a oír hablar con insistencia sobre el libro, no solo en eso que se llama "foros literarios" sino en canales mucho más profanos, como las RRSS. Lo cual es muy propio. Ha habido algún comentario en que ya se ha dado por sentado que no solo leer los cuentos de Exhalación era lo más sino que ya había líneas de debate basadas en algunos de los dilemas que se plantean en el libro, que no deja de ser un muy bien escrito ejercicio de constante distopía, pero cuyo espectacular éxito editorial ya empieza a revelarse con ediciones posteriores (a Reseñista B le ha costado unas semanas obtener su copia de la editorial, que ha manifestado haberse visto superada por el elevado interés del público, cosa a lo que ayuda, supongo, el buen ojo de dicha editorial a la hora de diseñar su catálogo). De repente, todo el mundo lo lee y ha gozado con lo osado e incluso adelantado en el tiempo de sus planteamientos: no solamente se habla de realidades que se nos han acercado en apenas unos años, sino que han surgido a la palestra cuestiones con las que igual haya que dirimir en el futuro, como la que surge en el de los digientes, extenso relato o novela corta que parece erigirse en núcleo del libro, muy logrado al establecer las fronteras de la relación de los humanos con una hipotética y muy evolucionada especie de mascotas virtuales o robots guiados por la inteligencia artificial y llevarlos hasta extremos incómodos, si bien quizás, las fechas podrían o no cuadrar, algunas de esas cuestiones ( como la que se plasma en el relato de las existencias que quedan grabadas) ya han surgido en otros formatos como episodios de la serie Black Mirror, con lo que Chiang puede que simplemente esté trasladando a la ficción literaria algunos dilemas que pueden estarse planteando, a nivel filosófico o sociológico, conforme la tecnología y todas sus posibilidades, algunas inexploradas, penetra en nuestras existencias.
Reseñista B, por eso, lamenta que todo ese fenómeno haya distorsionado un poco su apreciación del libro hasta el punto, por ejemplo, de condicionar la contundencia de ciertas afirmaciones que no debería ahorrarse. Los relatos de Exhalación recorren unos quince años de producción de su autor, período que, en términos actuales es una barbaridad. En 2007 (fecha de publicación del primer relato) no había TV por streaming por todas partes, Smartphones o Apps que controlaban incluso detalles absurdos de tu existencia. Las dudas existenciales sobre algunas de estas cuestiones han quedado resueltas, de un plumazo, por las dinámicas de los mercados, por el puro empujón de la demanda insaciable de gente que ha pasado de disfrutar de gadgets tecnológicos a que la tecnología esté integrada de tal manera en la vida que ahora ni nos planteamos que todas esas empresas de software no puedan estar metidas hasta el tuétano en cada detalle de nuestra existencia. Y es imposible no detectar que, en algún momento y aunque con una primorosamente envuelta sutileza, Chiang desliza algún mensaje o algún nudo argumental de aromas moralizantes, con cierto incómodo vapor new age, defecto, creo, al que el género es algo proclive casi por definición: imaginar otros mundos siempre acaba entrañando mostrarse crítico, por acción u omisión, con el que tenemos. A Reseñista B esos detalles le han hecho arquear la ceja en algún momento y algún cuento (el de la arqueóloga que dialoga con Dios) se ha convertido en una ligera pared difícil de escalar.
En todo caso, a Reseñista B ya le parece formidable, y por eso sigue recomendando el libro (a lo mejor ineludible sería una valoración más exacta), que ciertas lecturas empujen a ciertas reflexiones y, aunque siempre recuerde la contundente afirmación de Javier Calvo sobre la industria editorial USA y su habilidad para vendernos lo que sea, desde luego, y ya acabo que en un rato uno va a oír la radio en su smartphone para enterarse quién va a tener las claves de los misiles en los próximos años, desde luego, más vale ese planteamiento como resultado de una lectura que quedarse igual y pasar a otra cosa, que es lo que hoy sucede con demasiados libros.
También de Ted Chiang en ULAD: La historia de tu vida
martes, 3 de noviembre de 2020
Daphne du Maurier: Monte Verità
lunes, 2 de noviembre de 2020
David Muñoz y Rayco Pulido: Sordo
Año de publicación: 2008 (edición ampliada en 2018)
Valoración: recomendable
Existe una tendencia bastante asentada en los últimos tiempos en el mundo de la novela gráfica/cómic que, no diré que llegue a irritarme, pero sí que me hace levantar una ceja en las venturosas ocasiones en que puedo visitar una librería o las más habituales en que examino las páginas web de editoriales y bibliotecas: la publicación, en este formato de cómic/novela gráfica, de títulos que han aparecido antes como novelas "convencionales", o sea, todo letra, sin dibujicos... No me refiero a versiones de clásicos de la literatura, como la que hizo este mismo dibujante del que trata la reseña de hoy, Rayco Pulido, de Nela, de Pérez Galdós, o la estupenda versión de Beowulf de David Rubín y Santiago García; es decir, nuevas interpretaciones que aportan una visión fresca y, a veces, insólita de obras ya conocidas (y por ende, menos apreciadas de lo que merecen). No, me refiero a versiones de novelas que están viviendo su ciclo comercial en estos mismos momentos y de las que, supongo, se quiere ofrecer un nuevo producto a sus más acérrimos lectores o, sospecho que también, una forma más accesible de leerlas a quien no quiere gastar su tiempo en un tocho de x páginas... Es decir, que juntas podemos encontrar la novela en tapa dura (a veces con algún extra), su edición de bolsillo, su versión como novela gráfica y, en más de un caso, la película o serie de televisión, si es que se ha hecho (e incluso el videojuego y el juego de mesa si hablamos, por ejemplo, de Harry Potter).
De ahí que resulte casi refrescante, al menos para mí, encontrar algún caso "clásico": una novela gráfica, en este caso, que tras su publicación en 2008 suscitó el interés de algún cineasta como para escribir un guión a partir de ella, que se convirtió en película en 2018. Y, a raíz de la aparición del largometraje, la casa editorial publica una nueva edición del cómic con otra cubiereta, alguna página añadida, etc., pero todo de una forma sencilla, clara, sin piruetas mercadotécnicas ni joint ventures de la industria del ocio para adultos... (perdón, voy a borrar lo de ocio para adultos, que suena fatal).
La mayor parte del cómic transcurre, por tanto, sin palabras, con un Anselmo solitario que tiene que lidiar con su imprevista sordera, sobrevivir y, al tiempo, evitar los peligros que le depara el bosque y su vida de fugitivo. Se trata de una historia que se pregunta por la posibilidad para un hombre de volver a la Naturaleza, de vivir, por el motivo que sea, apartado del resto de la sociedad, de la que no tiene ya claro si forma parte o no (en literatura se me ocurre algún otro título que explora esta vía, como Robinson Crusoe, claro, o Walden y en cine, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Naúfrago, El renacido...). Cierto que Anselmo se ve obligado a apartarse, mientras que él, de alguna forma, trata de mantener el contacto humano -incluso imaginando una historia de amor-, pero, al fin y al cabo,debe tratar de reconstruir una vida en medio de ese aislamiento, del que su sordera no es sino un agravante, al tiempo que una metáfora. No obstante, tampoco penséis que la novela se va por cerros filosóficos o de un lirismo innecesario; en realidad, resulta de una concreción práctica que se deja de divagaciones, más allá de las necesarias para ponernos en situación. El estricto blanco y negro de las ilustraciones contribuye a esta sensación de sobriedad narrativa, que, lejos de resultar escasa, le da una satisfactoria redondez a la historia.
¿Se puede vivir al margen de la sociedad, de nuestros congéneres, y ya no sobrevivir sino no volverse loco? Esa es la pregunta que plantea y tal vez resuelva Sordo. Para quien quiera averiguarlo...
Más títulos de Rayco Pulido reseñados en Un Libro Al Día: Lamia, Nela
domingo, 1 de noviembre de 2020
Javier Sáez de Ibarra: Vida económica de Tomi Sánchez
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable







