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martes, 15 de julio de 2025

Wilkie Collins: El fantasma de John Jago

Idioma original:
Inglés
Título original: John Jago's Ghost
Traducción: Miguel Ángel Herranz
Año de publicación: 1874
Valoración: Prescindible

Un abogado londinense se toma un tiempo de descanso en la granja de Estados Unidos de un pariente de su madre. Aunque nuestro protagonista anhela paz y tranquilidad lejos de su exigente profesión, no las halla en absoluto. Al contrario: descubre que sus anfitriones no se llevan nada bien y es testigo de una desaparición que la opinión pública no tarda en tildar de asesinato.

Esta es la premisa de El fantasma de John Jago, novela corta de unas cien páginas. Su autor, Wilkie Collins, era sumamente habilidoso, por lo que está correctamente escrita. Sin embargo, da la sensación de que fue elaborada de una manera algo rutinaria y carece de la chispa de otras obras de Collins (quizá esté demasiado apegada a los hechos reales en los que se basa). Por lo tanto, no sólo es inferior a clásicos como La dama de blanco o La piedra lunar, sino que también se queda corta al compararla con propuestas menores tan entretenidas y solventes como El hotel encantado.

Ya digo que El fantasma de John Jago está correctamente escrita. Desgraciadamente, es una novela insulsa por culpa de su argumento lineal, sus personajes acartonados, su ambientación desaprovechada y su prosa meramente funcional. Algunos de sus apartados relucirían un poco si se hubiera puesto mayor esmero en ellos. Por ejemplo, el elenco principal de la obra podría enriquecerse con matices si no se situara en un marco puramente dicotómico, en el que sólo hay personas buenas o mezquinas. Asimismo, la trama despertaría más interés si no fuera tan sencilla y obvia, y si las pocas revelaciones que la salpican, como la que le hace John a Naomi, suvbirtieran las expectativas del lector, en vez de reafirmarlas.

Yo comparaba inevitablemente El fantasma de John Jago con La bestia en las sombras, de Edogawa Rampo. Ambas son novelas cortas con toques de misterio y romance en las que un protagonista varón trata de ayudar a una mujer de quien se ha enamorado. Sin embargo, en la obra del japonés la intriga y tensión están mucho más conseguidas, la atmósfera está mejor plasmada, las revelaciones son inesperadas y gratificantes en vez de previsibles, el argumento es harto complejo, el protagonista tiene una verdadera participación en la historia y todos los personajes ofrecen claroscuros.


También de Wilkie Collins en ULAD: Aquí

sábado, 9 de mayo de 2020

Wilkie Collins: El hotel encantado

Idioma original: Inglés
Título original: The haunted hotel
Traducción: Miguel Ángel Herranz
Año de publicación: 1878, por entregas
Valoración: Entretenido


El hotel encantado es una novela de misterio decimonónica en la que se entremezclan la coreografía amorosa, la acción detectivesca y lo sobrenatural. Publicada originalmente por fascículos, muchos de sus capítulos acaban en "cliffhangers" llenos de suspense. Tiene problemas de ritmo durante su tramo central, pero es innegable que nos encontramos ante un adictivo "thriller" victoriano.

A la naturaleza folletinesca de esta historia debemos atribuirle la desaparición de algunos personajes y los cierres abruptos de determinadas subtramas. De todos modos, El hotel encantado tiene más empaque del que viene siendo habitual en la narrativa por entregas.

Eso sí: nuestro bagaje nos arruinará varias de sus sorpresas, aquéllas que debieron impresionar a los lectores de la época. A cambio, la ambientación con la que la mayoría de ellos debían estar familiarizados (desde Inglaterra hasta Venecia, escenarios principales de la novela) nos envolverá gratamente.

Llegados a este punto, recapitulemos. A mi juicio, las virtudes de El hotel encantado son:

  • Su brevedad.
  • Su prosa, directa y elegante. 
  • Su adictivo argumento. 
  • El suspense que imprimen sus capítulos, la mayoría de ellos rematados con un  angustioso "cliffhanger" o una nueva pieza para encajar en el rompecabezas global. 
  • Su ambientación, que para muchos lectores del siglo XIX debía ser un decorado conocido pero para nosotros resulta un paisaje exótico y fascinante.  
  • Las interacciones entre personajes son menos lineales de lo que puedan parecer a priori. 
  • Hay un amago de grisalla que aleja sus conflictos del maniqueísmo barato.
  • Su enternecedor clímax. 
  • La escena del sueño de Agnes. No me esperaba un momento tan terrorífico y "gore" en esta ficción victoriana. 

Por otro lado, creo que los defectos de El hotel encantado son los siguientes:

  • Su ritmo languidece hacia la mitad del relato y tarda lo suyo en recuperar fuelle.   
  • El rol de Agnes. Uno cree, al inicio de la narración, que esta virtuosa mujer será la protagonista indiscutible de la historia, que ejercerá un papel proactivo en su resolución. Pues no. Tras un debut prometedor, en el que se la ve haciendo indagaciones, es relegada a un papel pasivo y son los varones a su alrededor los que toman el relevo, incluso aquéllos cuya presencia se limita solamente a algunos capítulos. 
  • Ciertos personajes desaparecen sin más. Lo mismo que varias subtramas, que se cierran sin llegar a solventarse. Esto es, sin duda, fruto del origen folletinesco de la historia y la falta de planificación de la misma. Insisto, empero, en que El hotel encantado tiene bastante empaque, dentro de lo que cabe.   
  • Claramente, la mano aleccionadora del autor está detrás del destino de varios de los personajes moralmente reprobables. Si éstos hubieran tenido, al menos, un arco de redención más orgánico, podría perdonarle a la novela su intención didáctica. Desgraciadamente, no es el caso.   
  • En determinados pasajes, Collins muestra condescendencia para con las mujeres y clasismo para con las personas de baja cuna. Lo cual, huelga decirlo, puede irritar la sensibilidad contemporánea. Por no hablar del abuso que el escritor hace de diversos tópicos nacionales.

En definitiva, recomiendo El hotel encantado a todos aquellos amantes de la literatura de misterio que quieran evadirse unas horas con un "page-turner" de los de antaño. Tengo entendido que Collins ha escrito obras mejores, pero creedme cuando os digo que esta novela os hará pasar un rato endiabladamente bueno, siempre y cuando la abordéis conscientes de sus limitaciones narrativas y de los rasgos inerciales que presenta debido a la época en que fue concebida.

Por cierto, me parece hermosa esta edición de Belvedere. La traducción de Miguel Ángel Herranzes es agradablemente fluida y la imagen escogida para la cubierta, una pintura de Bernardo Bellotto, le va como anillo al dedo a este dramón repleto de enigmas, intrigas, sucesos preternaturales y amor.


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