miércoles, 15 de febrero de 2023

Emily Ruskovich: Idaho


Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción (al catalán, ejemplar leído): Àfrica Rubiés

Valoración: bastante recomendable


Muy elevada, la expectativa. Me repito evocando lo traicionero de dicha condición. Y es una primera novela que se define como magistral, y es una temática de las que puede levantar ampollas, y que se nos desvela pronto. Jenny, encarcelada tras haber asesinado a su hija, May, de nueve años. Un tema duro no puede ser tratado de otra manera, y las cuatrocientas páginas de esta novela no dejan resquicio ni a un ápice de humor negro. No porque estemos ante una tragedia con amagos redneck, sino porque desde el inicio el color de esta novela es un verde oscuro, de bosques, de sombras, de noches reales y de noches mentales.

Ann se ha unido a Wade, marido de Jenny, que ha obtenido el divorcio de forma inmediata a su encarcelamiento. Jenny pasará treinta años en prisión por su crimen que ha confesado sin ningún problema. Y Ruskovich teje una narración densa, prolongada a veces en exceso, con párrafos descriptivos que a veces parecen configurar un atrezzo más que una aportación narrativa relevante. No me toméis por frívolo. Cada capítulo, iniciado con fechas que oscilan hasta medio siglo, parece aportar a la historia. Desde la trágica cadena de muertes prematuras en la familia de Wade, casi siempre debidas a enfermedades que afectan a la memoria. A eso parece apelar en muchos momentos la novela: al olvido como único remedio para hechos tan trascendentes en la existencia humana. También a cierta relevancia del destino en ciertos entornos. No percibimos la miseria pero mucho menos el más mínimo desahogo, tampoco hay demasiado énfasis en cierto recurso (presente en ciertos narradores como Offutt o Pollock) de las comunidades pequeñas y encerradas en sí mismas. Decir que estamos ante una novela emblemática de la América profunda tampoco sería exacto. Ese ambiente sórdido y arisco es fácilmente extrapolable a otros entornos. Y esos flashback relativamente evocadores de Faulkner, esa intención de rellenar huecos a veces traiciona la dinámica narrativa. Hay obvios aportes brillantes: esas descripciones de ese entorno físico: montañas, bosques, animales salvajes, parajes poco agradables para una existencia confortable, pero en su conjunto la novela, siendo brillante, dejando la clásica trama ligeramente inconclusa para distanciarse del género negro, resulta interesante, profunda y muy decentemente escrita, aunque siempre podríamos discutir si ese tono distante es válido para tantas situaciones diferentes: Ann, la mujer que se ha unido a Wade y que siente una especie de arrepentimiento que la atormenta, Elizabeth, la convicta que convive en la celda con Jenny, Wade, el padre cuya familia ha quedado destrozada en apenas unos segundos. 

Idaho es, desde luego, recomendable en su conjunto. Difícil, dura y excesiva, desde luego su temática puede representar un duro trago para según qué lector. Pero uno de esos libros, agradable sorpresa, que hay que leer.

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