lunes, 12 de agosto de 2019

Rosario Villajos: Ramona


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

En estos tiempos en que la autoficción exhibe altanero dominio en las mesas de las novedades de narrativa, con su inevitable aroma de narcisismo, banalidad y tedio, uno acaba por aplaudir con entusiasta gratitud lectora cuando llega a la última página de novelas como Ramona. Porque, al margen de cuánto de la vida de la propia autora se haya colado o no en estas páginas o cuánto se deba exclusivamente a la imaginación, Ramona funciona muy bien como artefacto que relata la infancia, adolescencia y primera juventud de su protagonista en un barrio de la periferia de una ciudad del sur de España en la década de los ochenta y noventa del siglo XX. No se trata de una novela con una argumento definido que empuje y dirija el relato si no de un estructura articulada por recuerdos en primera persona, sin ápice de autoindulgencia ni de sentimentalismo, que acaba componiendo el retrato de un tiempo y un lugar con eficacia, desparpajo e interés.

Rosario Villajos (Córdoba, 1978) posee la rara habilidad de sacar petróleo creativo de donde la realidad apenas significa aridez para quienes carecemos de tal talento. Lo descubrí por vez primera en la revista digital Msur, que dejaba constancia de que cuando uno sabe sacarle partido a lo que los demás consideramos despojo, acaba explotándolo hasta en la ducha.

 


















Una capacidad creativa patente también en el cómic Face, que publicó en 2017, protagonizado por una chica sin rostro en busca de un lugar, unos parámetros vitales, una posición desde la que afrontar y gestionar los vaivenes de la existencia, dibujado y elaborado con una delicada y enjundiosa sencillez.


Ramona es, por tanto, el segundo libro publicado de Rosario Villajos. Para calibrar el material con el que está escrita, bien vale reproducir la cita con que se abre: Los platos me suben y la mierda me come. La Carmen, 7ª 3. Ramona es Ramona Ucelay, hija de Raúl y Ramona, hermana de Raúl y Raimundo, en esos años en que los humanos adolescentes andamos “en mi burbuja egocéntrica de depresión, ansiedad y pena…”, en esos barrios periféricos de gentes humildes amontonadas en bloques de viviendas repetidos, apretados y ramplones, salpicados de solares baldíos donde se acumulan escombros, fastidio y frustración. Es decir, un barrio absolutamente normal, con un vecindario por completo normal para una familia decididamente normal. Puro petróleo para narradores con mirada acerada y verbo afilado.

En Ramona se suceden las habitaciones y baños compartidos, las aulas del colegio de monjas y las del instituto de secundaria, el piso de estudiantes y la Universidad, el acoso, las novatadas, los complejos, los bulos, el pasotismo, la vergüenza y las mentiras, los suspensos y repetir curso, la primera comunión y los primeros intercambios de saliva y los primeros besos, polvos y pajas, un padre altanero e ignorante y una madre sumisa e ignorante… Y Ramona, la borde del instituto, el producto de una píldora mal tomada, contándolo con un desparpajo y una lucidez afilada y demoledora: “Francisco Cabras era un tipo de aspecto peculiar, como si la década de los setenta le hubiera dado un guantazo con la mano abierta”.

Rosario Villajos trata y retrata su entorno con mordacidad y beligerancia, con un lenguaje directo y afilado y acierta al aplicar el tratamiento, por supuesto, a su propia voz, su personaje, su protagonista. Esa furibunda y tremenda edad que es la adolescencia, “odiaba estar aquí, en el mundo y por la fuerza, solo porque mis padres me engendraron sin pedirlo.”, capturada en toda su entrañable desesperación, en su turbulenta impericia, con una mirada cargada de humor y sagacidad. Además, Ramona viene de serie con ilustraciones de la autora.


































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