lunes, 17 de junio de 2019

Robert Aickman: Las casas de los rusos

Idioma original de los relatos: Inglés
Título original de los relatos: The Unsettled Dust (1968) / The Houses of the Russians (1968) / No stronger than a flower (1968) / Growing Boys (1977) / Ravissante (1968) / The Stains (1985)
Traductores: Arturo Peral Santamaría
                             Irene Maseda Martín
Año de publicación de la antología: 2016
Valoración: Recomendable

Las casas de los rusos es una antología compuesta por seis historias extrañas colindantes con el horror y el misterio. En ellas hay un elemento sobrenatural desdibujado, atmósferas angustiosas, tensión que se acumula, pero que no estalla catárticamente, temas y mensajes sugeridos, nunca explicitados, y finales abiertos. Están escritas con oficio y, sobre todo, son originales. No en balde, Aickman incorpora en los relatos de este libro su inequívoco sello, incluso en aquellos con un regusto más clásico.

"La tolvanera" es un cuento de aparecidos regado con interesantes reflexiones sobre la propiedad. Gira en torno a Clamber Court, casa que pertenecía a dos hermanas aristócratas venidas a menos y que ha sido adquirida recientemente por la Fundación. Un empleado de este organismo convivirá una temporada con las dos hermanas y descubrirá en el proceso los terribles secretos que el polvo y los años no han conseguido borrar.

También hay fantasmas en "Las casas de los rusos". Un agente inmobiliario se encuentra de viaje de negocios en Finlandia. Durante uno de sus paseos, se topa con las residencias de unos cristianos ortodoxos rusos, que en su momento albergaron escenas terribles. Relato bastante convencional, aunque su atmósfera está muy conseguida y es curioso leerlo como una fábula anticomunista, como se nos propone en esta reseña.

En "No más resistente que una flor", una mujer casada se somete a un tratamiento de belleza. El cambio que experimenta es tal que incluso su marido, en parte incitador del mismo, la empieza a percibir con extrañeza. La idea que sustenta este cuento es muy buena, aunque su ejecución flaquee en algunos puntos. Veinte páginas que se podrían haber reducido a dieciocho, porque algunas situaciones se repiten excesivamente, pero que en ningún momento pierden intensidad. Encuentro particularmente enriquecedor el subtexto de liberación femenina de que hace gala esta historia.

"En edad de crecimiento" es una parodia sobre la paternidad que difícilmente puedo asociar con la pluma de Aickman. Cuesta imaginar a un escritor tan refinado pariendo una ficción como esta, a todas luces pretendidamente ridícula. Pero bueno, como no se toma en serio a sí misma en ningún momento, es altamente disfrutable. Personajes, escenarios y descripciones caricaturescas, un tono entre absurdo y onírico. Dentro de su planteamiento y sus intenciones cumple con lo que promete, pero insisto en que se me hizo raro ver este desparpajo en una pieza de Aickman.

"Ravissante" es, para mí, el mejor cuento de todo el volumen. Dividido en dos partes, podríamos decir que la primera, aunque complementaria a su manera, tampoco aporta mucho. Sin embargo, la segunda es excelente. La ambigüedad de Aickman brilla en su máximo esplendor en esas páginas. Un joven visita a la viuda de un pintor belga. Allí sucede de todo, pero, al mismo tiempo, es complicado dilucidar qué ha ocurrido. ¿Una posesión fantasmal, un aquelarre, un mero despliegue de fetichismos varios? Otros autores habrían resuelto este argumento con fórmulas más efectistas, pero Aickman no necesita echar mano a esa clase de artimañas para estremecer al lector.  

"Las manchas" fue premiado en 1981 con el British Fantasy Award. Narra la historia de Stephen, un funcionario de mediana edad que ha enviudado recientemente. Durante su estancia en la campiña inglesa conoce a Nell, una enigmática joven de la que cae perdidamente enamorado. Relato que, a mi gusto, ha sido alargado más de la cuenta, pero que alberga momentos brillantes.

Se nos dice en "Las manchas" que «En estos tiempos, la gente siempre espera respuestas claras, ya sean correctas o incorrectas.» Aviso: a aquellos lectores que le exijan respuestas claras a un texto, Las casas de los rusos les va a decepcionar. Los que sean capaces de disfrutar de la literatura hermética, en cambio, van a gozar mucho con el trabajo de Aickman.

Por último, querría detenerme en la edición de esta antología. La labor de traducción es impecable (recuerdo que puntualmente había un exceso de locuciones conjuntivas, pero poco más) y la selección de relatos, aunque carece de unidad, se va sucediendo con cierta armonía escalonada. Además, no es complicado entrever ciertas temáticas comunes a lo largo y ancho de Las casas de los rusos: el conflicto entre la modernidad y la tradición, lo urbano y lo rural, el materialismo y lo espiritual... En fin: no me queda otra, pues, que dar las gracias a Atalanta por estar recuperando a un autor casi virgen en nuestro idioma.


También de Robert Aickman en Unlibroaldía: Cuentos de lo extraño 

7 comentarios:

Preste Juan dijo...

Grandísimo Aickman, muy recomendable también la otra colección que sacó Atalanta. Relatos siempre ambiguos, oníricos, irrepetibles. Creo que no hay nadie en el fantástico (fantástico sútil, ambiguo, como digo) que escriba como Aickman. Una pena que no haya más traducido pero para quien se defienda con la lengua inglesa, Faber & Faber ha sacado muy baratos buena parte de sus relatos, muchos no traducidos al español y magistrales (Como The Hospice o Same Dog)

Por cierto, no sé si aparece así en la reseña por contaminación del inglés, pero ¡en español "armonía" es sin "h"!

Anónimo dijo...

Muchas gracias por esta estupenda reseña y la anterior de Aickman, tan poco conocido en España. Lo de apuntar y no dar, la sugerencia, las atmósferas irreales o fantasmagóricas pero dentro un plácido ambiente british, son clásicas en este escritor. No hay hachazos en la cabeza sino la espeluznante intuición de que "algo" horrible o preternatural ha sucedido o está sucediendo; o quizá todo sea producto de la imaginación aterrorizada de los protagonistas del relato, o de su desconcierto. Este sesgo ambiguo añade a los cuentos de Aickman muchos quilates. A mí Aickman me recuerda bastante al magnífico Walter de la Mare, otro maestro del horror sugerido al borde del sueño.

Oriol dijo...

Preste Juan, mi inglés no es muy bueno, pero intentaré hacerme con alguno de esos libros de Faber & Faber de los que hablas. La tentación de leer a Aickman es más fuerte que mi miedo a no entender casi nada. Total, la barrera lingüística no puede ser peor que el hermetismo intrínseco de este escritor, ¿verdad? Por cierto, gracias por avisarme de la falta de ortografía, ya la he corregido.

Anónimo, no conocía a Walter de la Mare, me apunto su nombre. Hay algunos relatos de Algernon Blackwood bastante buenos que también se mueven por estos territorios ambiguos y desdibujados. Ya sabes, fenómenos inexplicables y finales abiertos. Te recomiendo encarecidamente la magistral novela breve "Los sauces", o dos cuentos suyos poco conocidos, "Transferencia" y "El encubridor".

Preste Juan dijo...

Gracias a ti Oriol. En español también tienes una colección que sacó Edhasa hará 7 u 8 años pero por razones editoriales desconocidas solo salió en Argentina. Se llama “La Aparición” y yo la encontré por internet a un precio decente. Si no recuerdo mal, no repite casi ninguno de los relatos incluidos en las ediciones de Atalanta y tiene alguno antológico como “Wood” (uno de los más perturbadores de Aickman, no confundir con el también notable “Into The Wood”, presente en la recopilación de Atalanta)

Efectivamente las semejanzas con Walter de la Mare, que también produjo relatos bastante crípticos, son notables. Este último autor permanece aún más olvidado en lengua española. Alfagura sacó algo en los ochenta que debe ser complicado de localizar hoy en día. Otro autor anglosajón con quien se puede emparentar, de forma más tangencial, es con E.F. Benson, aunque este último se mantenía en un terreno mucho más cercano a lo que se entiende por la típica ghost-story victoriana.

En cuanto a autores en lengua española, la única semejanza que se me ocurre, en algunos relatos donde prima lo surreal y onírico, podría ser Felisberto Hernández.

Anónimo dijo...

Oriol, tienes razón, el cuento de Blackwood "Los sauces" es magistral, una obra maestra de la narrativa fantástica del siglo xx. Creo que en este blog hay una buena reseña de este relato. Blackwood y Machen son el haz y el envés de la narrativa fantasmagórica inglesa: el terror neopagano, modernista, con las fuerzas malignas de la naturaleza desatadas y simbolizadas en las deidades de la mitología clásica ("El gran Dios Pan", de Machen) o en razas supervivientes prehistóricas de tipos achaparrados que viven bajo tierra (la obsesión por la degeneración fin de siglo). Hay que leer (y releer) a los dos. De Walter de la Mare están traducidas al castellano las "Memorias de una enana" y dos colecciones de cuentos: "La orgía: un idilio" y "La tía de Seaton." Muy dignos de leer.

El Puma dijo...

Oriol, si eres tan amable, puedes responderme una pregunta: es posible para un devoto lector de Edgar Allan Poe o H.P.Lovecraft no saber quien es Robert Aickman? Jamàs lo he oìdo nombrar!

Sí a de la Mare o Machen, mencionados por otros comentaristas. Pero Aickman no.

Deberé remediar esta situación.

Oriol dijo...

Preste Juan, me anoto al tal Felisberto Hernández. En cuanto a norteamericanos que trabajen el horror a lo Aickman me viene a la cabeza el Thomas Ligotti de "Teatro Grottesco". Pero no tiene, por supuesto, ese toque british mencionado en los comentarios.

Anónimo, de Blackwood tengo pendiente reseñar "Los sauces" algún día. Por ahora, pero, en el blog sólo hemos analizado "El Wendigo" y "El bienamado de los árboles".

El Puma, es normal tener sesgos y lagunas. Yo soy un incondicional del género de terror, y aún y así, no conocí a Aickman hasta que lo editó Atalanta. Creo que te gustará, sí (y ya de paso, también Blackwood, mencionado por aquí). Ya nos dirás.