jueves, 13 de junio de 2019

Rafael García Maldonado: Benet. La ambición y el estilo

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Fiasco

Cuando vi en una librería que alguien había escrito un libro sobre Juan Benet, me faltó tiempo para ir a comprarlo. Entiéndase bien, me interesa Benet, he leído algunas de sus obras (no todas) y siempre me ha parecido fascinante, un autor que se atrevió a romper moldes, a aportar cosas nuevas a la literatura en castellano, alguien que tuvo el valor de exigir mucho del lector y quizá de proponer un cambio de paradigma en la novela. Y además, un nombre que parece olvidado, o mejor dicho, recluido a perpetuidad en un muy pequeño círculo de estudiosos, entusiastas y algún que otro humilde lector como yo mismo. Vamos, que se ajusta como un guante al concepto de autor de culto. Bueno, pues si alguien venía a rescatar a Benet de las tinieblas, ya tenía mi apoyo (casi) incondicional. 

En realidad, este no es un libro sobre Juan Benet, sino en torno a Juan Benet. Tampoco es exactamente una biografía, sino una mezcla entre biografía, autobiografía y digamos crítica literaria. Está muy bien salirse de la pauta y explorar estos terrenos mixtos, y esto, aplicado sobre un autor y su obra, permitiría por ejemplo entrar en el campo de la experiencia lectora, relacionar la vida del escritor con su producción literaria y situar esta última en el panorama de la época, quizá reflexionar sobre todo ello de forma transversal. Pero todo esto habría que hacerlo muy bien, dominando la vertiente biográfica y la artística, y limitando la perspectiva personal a lo que realmente fuese pertinente. Nada o casi nada de ello se consigue en este caso, así que podría terminar tirando de epifonema (¡Mi gozo en un pozo!, por ejemplo), pero en un blog serio como este conviene argumentar un poco más.

Como biografía, el libro hace aguas por todas partes. Datos inconsistentes, en su mayor parte irrelevantes y muchos repetidos hasta la saciedad (ya, ya sabemos que Benet era ingeniero y solo escribía en sus ratos libres, no hace falta insistir en ello una y otra vez). O don Rafael no ha investigado mucho (esa sensación da), o hay poco que contar sobre el escritor madrileño (que también puede ser). Pero aun admitiendo que se puedan tomar ciertas licencias para completar una biografía, no puede ser que el biógrafo utilice continuamente expresiones del tipo imagino, seguramente, es fácil pensar que o cosas similares. Es decir, que la falta de datos ciertos se rellene con suposiciones. Por otra parte, aunque no creo que haya que mostrar adulación hacia el biografiado, tampoco se debe caer en excesiva familiaridad o rozar la falta de respeto, como hace el autor (también reiteradamente) al aludir a la afición del Benet al whisky, o al referirse a él (casi todas las veces) como JB, en lo que me cuesta creer que no haya alguna intención de broma fácil y de escaso gusto. Pero bueno, como la verdad es que la vida privada de nuestro personaje tampoco me interesa nada, no me afecta demasiado todo este cúmulo de desatinos. Pero es que hay más.

Como decía antes, los apuntes biográficos de Benet se entrecruzan con los propios del autor, a quien ya podríamos llamar RGM. Aunque no deja de ser algo infrecuente, bien está hasta cierto punto apoyar la exposición con una perspectiva personal. Pero, oiga, hasta cierto punto. Porque lo que hace RGM es colarnos unos cuantos datos autobiográficos que no vienen a cuento, abundantes referencias a los libros que parece que ha escrito y, en definitiva, construir un insólito paralelismo entre Benet y él, sus vidas y sus respectivas trayectorias literarias. Es decir, una especie de autobiografía especular que se podría calificar de temeraria de no ser objetivamente tan cursi.

No contento con lo anterior, RGM se prodiga –una y otra vez, porque aquí todo se repite sin cesar- en una crítica al panorama narrativo general. Viene a decir que casi todo lo que se escribió antes y después de Benet es muy malo. Lo anterior, al menos en España, por haberse sometido al realismo social y al costumbrismo, así, sin matizar nada e ignorando a casi todos los autores que sí se salieron claramente de esas corrientes. Y lo posterior, por la pobreza y la vacuidad de tantos otros que se limitan a contar historias vulgares y escriben de cualquier manera, con el único objetivo de la fama y el éxito. Hasta puedo estar de acuerdo con parte de esta opinión, pero siempre que se argumente de forma un poquito seria, y no mediante continuas apelaciones a conceptos tan vacíos y pueriles como estilo elevado o noble, o alta literatura. Que sí, que don RGM admira mucho a Benet pero, la verdad, creo que le hace un flaco favor ponderándole de esta forma ridícula.

Algo mejor se defiende Rafael al tratar sobre las distintas obras de Benet. Los comentarios se circunscriben más bien a lo que podríamos llamar argumento, y muy poco a cuestiones técnicas o a su ubicación en la trayectoria literaria de Benet, pero en general están bastante bien desarrollados (bueno, salvo cuando nos casca ¡dos páginas enteras de texto original! para ilustrar lo bien que describe Benet su mítica comarca de Región). Se apoya Maldonado sobre todo en análisis de Sobejano y Guelbenzu, así como en algún otro comentarista, y no me voy a arriesgar a suponer hasta dónde llega ese 'apoyo'. Pero en fin, que el resultado es bastante bueno, diríamos llamativamente bueno.

Con todo, este híbrido no funciona en absoluto. No funciona porque cada una de sus perspectivas resultan individualmente fallidas (exceptuemos con generosidad  la última a la que me refería), y porque además la aleación resulta desequilibrada e insustancial. Si la biografía de Benet no da para mucho, que me parece lo normal, debiera haberse profundizado mucho más en su obra y, por ejemplo en su entorno literario, al que apenas se hacen unas alusiones anecdóticas. Si tanto interesa el estilo de nuestro escritor, en vez de quedarse en superficialidades, lo procedente sería haberlo analizado con seriedad (y no hubiera ido mal echar un vistazo a los artículos de Ricardo Gullón, a quien RGM parece desconocer en absoluto). Y, tratándose de un autor difícil como Benet, la experiencia lectora a la que me refería al principio, expuesta con sinceridad y sentido crítico, hubiera podido resultar mucho más interesante que ese pretencioso paralelismo que nos quiere vender Rafael.

Lo mejor de todo es sin duda la elegante presentación del volumen de Ediciones del Viento, aunque –ya puestos a destruir- también hay que decir que debiera afinar un poco más con algunas erratas e incongruencias sintácticas no corregidas. Y al final de la lectura termino por preguntarme si, pese a todas las calamidades, el simple hecho de que en una librería se vea un tomo bien presentado sobre Juan Benet no servirá al menos para que los lectores sepan que existió un escritor llamado así, que todavía suscita la admiración de algunos, y a lo mejor para que ese lector se decida a intentar conocerlo un poco. Con eso habremos dado por bueno lo pagado por el libro y el esfuerzo de terminarlo. 

Pese a todo, benetianos del mundo, no desesperéis, encontraremos algo mejor.

10 comentarios:

Montuenga dijo...

Lo has dejado clarísimo. Una pena, la verdad, por una vez que alguien lo recuerda...
Otro autor al que urge rescatar del olvido. Por mi parte, prometo leer algo suyo pronto, y ojalá editores y especialistas en su obra se pongan manos a la ídem.

Koldo CF dijo...

Gran reseña, compañero. Me has recordado que tengo una colección de cuentos de Benet cogiendo polvo por casa. Igual ha llegado el momento de rescatarlo de la pila de pendientes!

Un abrazo!!!

Anónimo dijo...

Una pena, como decís, que el recuerdo de Benet haya caído en manos de semejante cantamañanas. No me resisto a compartir un extracto del libro, que destaca Anna Caballé en su crítica para Babelia: “Estamos ya en el año 56, un año en el que ocurrieron muchas cosas en el globo, pero tal vez la más importante fue el nacimiento de mi madre” ¡Con un par de bemoles!

Carlos Andia dijo...

Sí, Anónimo, yo también recuerdo haber leído esa frase destacada en la reseña de Babelia. Pero casi puedo asegurar que hay cosas peores. En fin, que tampoco me quiero cebar.

Lo que me alucina es haber visto ya ¡tres comentarios! elogiosos hacia Benet... aunque dos de ellos vengan de mis compinches, pero bueno, también valen, o no? Me alegro que os animéis también a rescatar a este autor, y será genial leer vuestras reseñas. Yo tengo pendiente -y espero que a no tardar mucho- 'Nunca llegarás a nada' y quizá 'Un viaje de invierno'.

Gracias a los tres.

Juan G. B. dijo...

Pues por equilibrar un poco la cosa: yo no pude con Benet y tampoco tengo muchos ánimos de intentarlo de nuevo...; )

Anónimo dijo...

Un libro fallido sobre un escritor rigurosamente insoportable: doble fracaso. Es posible que la secta de los benetianos se mantenga todavía viva durante un cierto tiempo, pero está llamada a extinguirse, como los neandertales, al igual que se va apagando el inexplicable prestigio del ingeniero-escritor madrileño. Yo lo he intentado con Benet en bastantes ocasiones. Quizá por masoquismo. No he podido. Quizá se trate de un fallo mío y en absoluto de Benet, por supuesto. Pero me levanta el ánimo saber que la gran mayoría de las personas que conozco y a quienes les gusta leer tampoco pueden con Benet. Uno me decía: para quitar las ganas de leer, nadie mejor que el escritor Juan Benet. Una generación de escritores como Benet y se abandonará en masa y voluntariamente el nefando vicio de la lectura. En este caso, no faltarían escritores: faltarían lectores. A veces se dice: a este escritor cuesta leerle, pero merece la pena. Y es verdad. Cuesta leer, a veces mucho, a Joyce, a Proust, a Borges, a Virginia Woolf, a Lorca, a Celine o a Nabokov. Pero su extraordinario nivel artístico compensa de la ardua lectura. Su dificultad no empece su excelencia. En Benet, la extrema dificultad estilística está puesta al servicio del vacío, de la nada. Nada cuenta porque Benet no sabía contar, no sabía narrar. El novelista que no sabe narrar es como el nadador tetrapléjico o el pintor que no sabe dibujar: un imposible. Benet es un novelista imposible porque su arte (?) se reduce a una prosa oscura, de frases laberínticas, intrincadas, sumamente pedantes, y en donde lógicamente sobra cualquier excusa narrativa porque sencillamente no existe narración. Así ya se me dirá cómo se puede escribir una novela buena, mala o regular. Desde luego, Benet
escribía oscuramente sobre algo tan profundo y hermético que llega a nosotros como envuelto en una neblina onírica. Muy bien: pero para esto ya estaba Kafka y sobra Benet. Además, no basta con imitar torpemente a Faulkner para innovar nada. Solamente en un país de paletos con pretensiones "experimentales" pudo pasar por seria y de calidad la apuesta narrativa de Benet. Para algunos, cada vez menos, por suerte, Benet sería el no va más de la innovación narrativa española. Para mí, es la no narrativa, porque no hay nada que contar. Por parafrasear un conocido ensayo teórico del propio Benet: ni inspiración (inexistente), ni estilo (pésimo). Se compara a veces a Benet con lo autores inmediatamente anteriores del realismo social. No merecen esa comparación, porque son en general superiores a Benet. Compárese al gran Ignacio Aldecoa, el mejor de los escritores del realismo social, con Benet. Hoy, Aldecoa es un clásico; Benet, está olvidado porque era y es ilegible. El tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio. Para ser justos, de Benet se salvan sus ensayos, sumamente inteligentes y bien escritos. De hecho, no parecen de él de buenos que son. Quizá era este el verdadero camino de Benet: la crítica brillante y no la novela. La inteligencia, la ironía y la cultura que ponía don Juan Benet Goitia en sus artículos, ensayos o memorias (el espléndido "Otoño en Madrid hacia 1950") no aparecen ni por asomo en sus plomizas e insoportables novelas, que son toda una afrenta al lector con un mínimo de (buen) gusto.

Carlos Andia dijo...

Amigo Anónimo: no sé si es este el momento para debatir las excelencias o carencias de Benet, me parece que no. En todo caso, al margen de las dudosas comparaciones que estableces con Kafka o Aldecoa, nadie pone en duda que Benet es un autor difícil, cuya lectura es propensa a atragantarse (hasta Juan lo reconoce, ya ves). Por supuesto, tienes todo el derecho a aburrirte con él o a repudiar su propuesta. Otros admiramos su valentía y su profundidad, e intentamos disfrutar de la inmersión en ese mundo oscuro y retorcido que presenta.

De todas formas, gracias por tu aportación, tan bien argumentada, y estaremos encantados de que despliegues tu artillería cuando reseñemos algún otro libro de este autor.

Un saludo.

Montuenga dijo...

El último ya está pedido, Carlos :) Lo he buscado en casa nada más leerte y es la reseña que anuncio más arriba.
Esperaré un poco para que no sean tan seguidas.

Carlos Andia dijo...

Ups, otro despiste. Gracias por el aviso.

Anónimo dijo...

un fiasco es este blog,que solo comenta basura