domingo, 16 de diciembre de 2018

Antonio Soler: Sur


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Está muy bien

Las novelas que merecen la pena deben servir para “captar en un supremo esfuerzo, del torrente inexorable del tiempo, una fase transitoria de la vida para exponer el fragmento rescatado a los ojos de todos (…) mostrar su vibración, su color, su forma (,,,) revelar la sustancia de su verdad, desvelar su secreto inspirador: la tensión y la pasión que hay en el núcleo de cada instante convincente…”, explicó alguien que llegó a saber bastante del asunto, Joseph Conrad. Y ese empeño resulta más que patente en Sur, casi quinientas páginas en las que Antonio Soler (Málaga, 1956) ha querido capturar el pulso de una ciudad durante un día de principios de agosto, acosada por el terral y recorrida por un plantel de personajes para los que la convivencia resulta apenas una suerte de trituradora existencial.

Sur es una novela arriesgada, ambiciosa, exigente. Muestra una ciudad -a la que no se nombra, aunque sí sus calles, plazas, barrios y playas, lo que la hace fácilmente reconocible- a través de una decena de protagonistas, personas grises con vidas corrientes, rutinas mecánicas y estrechos anhelos. Unos de la considerada como clase media (o mediocre), la mayoría de clase baja (y vulgar), así, sin paliativo; ingresos comprimidos, trémulos subsidios, rancias pensiones, trapicheos al detall, golpes descerebrados… Quizás con la excepción de ese parado crónico y semivoluntario que es el Atleta, de quien accedemos a una dimensión digamos más elaborada y ambiciosa a través de su diario, el resto se mueve por inercias o por impulsos más ramplones, viscerales, físicos y primarios.

El retrato no es desde luego ni condescendiente ni amable, pero –como propuso Conrad- ahí está el fragmento de tiempo y espacio revelado y desvelado, tal y como el autor lo ha calibrado. Leía en una revista a uno de nuestros brillantes (y pedantes) intelectuales referirse a su último libro como a una delimitación del actual "perimetro moral", y algo de eso también aflora en las páginas de esta novela. Y quizás, a mi entender, por ahí reside también el desajuste, la objeción que se impone al llegar al final. Si lo que se busca es ofrecer el rostro de la desolación, del desamparo y del hastío, rellenar casi quinientas páginas con apenas desolación y desamparo y hastío y ira y resentimiento y resignación, provoca en definitiva que la dosis sea tan abundante que el filo, el desgarro, la herida que la narración busca producir en el lector quede disminuida, en parte neutralizada.

Pese a este reparo, Sur es una lectura con recompensas. El autor juega, toma riesgos y sabe salir con acierto de los variados guiños con los que rinde homenaje al Ulises de James Joyce. Hay envites nada sencillos, como adjetivar de veinticinco maneras a la noche, o redactar un párrafo de veinticinco páginas, quince de ellas sin un punto y seguido. Otros, como la aparición de tres achispados literatos que acaban por salir de escena en carro, llevan incorporada la estampa cómplice. Sur es, en definitiva, una mirada a la desolación o una acerada y acerba visión a ese solar a la intemperie que siempre nos queda un poco más al meridión: “me da vergüenza escribirlo. Me siento, soy, un traidor. Infinitamente peor que ella. Un miserable. Porque soy más inteligente que ella, porque ella se ha esforzado para que yo sea mejor que ella y que todos y solo consigo ser mucho peor”.

También de Antonio Soler en Un libro al dia:  Apóstoles y asesinos, El sueño del caimán,


4 comentarios:

Sandra dijo...

Pues a pesar de los pequeños contras que comentas, Carlos, me ha llamado la atención, a la lista de pendientes que va.

carlos ciprés dijo...

Que bien, Sandra, esas benditas pilas de libros pendientes que nunca menguan. Si cae, ya nos dirás.

Antonio Gornú dijo...

Arriesgado y contemporáneo, me lo habéis vendido muy bien con esta estupenda reseña. Va para mi lista de pendientes.

carlos ciprés dijo...

Pues Antonio, objetivo logrado. Ya nos dirás si la expectativa se cumplió.