sábado, 18 de marzo de 2017

Antonio Soler: El sueño del caimán



Idioma original: español

Año de publicación: 2006
Valoración: recomendable

Un tipo, no sabremos su nombre en todo el libro, cerca de la edad de jubilación, atiende la recepción de un hotel en Toronto. Es español y una vida difícil le ha llevado allí. Pasó nueve años en la cárcel, nueve años en una cárcel de las primeras décadas de tiranía franquista que no son moco de pavo, por participar en la planificación de un asalto a un polvorín. Un frustrado acto terrorista con el sello de la resistencia de izquierdas, una aventura que no pasa de ser una especulación que acaba en desastre absoluto.
Luis Bielsa aparece en ese hotel. El tipo le conoce. Formaba parte de ese grupo, pero en el momento de la verdad se desvaneció. Bielsa, un burgués de izquierdas, debió asustarse entonces, aunque quizás era un infiltrado desde el minuto uno, esperando el instante propicio para asestar el golpe. Y todo parece indicar que Vera, mujer del recepcionista tuvo algún tipo de affaire con Bielsa. Así que el deseo de venganza hierve: Bielsa no lo reconoce y se instala en el hotel. Y nuestro recepcionista, hombre esquivo al que todo ha girado la espalda, se debate en la duda. Si avisa a Sebastián, otro de los miembros de la banda, sabe que esa venganza se ejecutará. Los recuerdos le empujan a ello. Los de la estancia en la cárcel, los de las circunstancias de su detención, con la muerte de uno de los miembros, el recuerdo de su mujer fallecida. Soler emplea las 200 páginas en generar ese suspense, en poner en tela de juicio la veracidad del compromiso con la lucha de clases por parte de aquellos más favorecidos, en dilucidar si esa pulsación de revancha se materializa. La novela es entretenida, está bien escrita y los personajes, dentro de la homogeneidad propia del militante clandestino, están bien definidos.
Pero.
Juro que hasta llegué a consultar la extensión en páginas. Porque cierto aire de similaridad con otra novela empieza a flotar. Una infiltración, una venganza, una diáspora y un deseo que un día pudo ser visceral y que ahora cuesta materializar. El hombre maduro traidor ha dejado lugar  a un anciano frágil y olvidadizo. Como si hubiera sufrido un accidente que ha acabado con los aspectos más sórdidos de su personalidad. Todos hemos sido niños adorables e inocentes, todos seremos ancianos tiernos y venerables. Ah, la otra novela es Estrella distante de Bolaño. No es una copia, no es un plagio de trama, pero esos trazos tan notables se manifiestan, sobre todo en los esbozos que estructuran la novela, de una forma demasiado rotunda para resultar cómodo. Bien escrita, reflexiva y con el grado justo de suspense, El sueño del caimán es una novela correcta, hasta brillante por momentos. Pero el peso de la comparación es suficiente para, llegado el caso, preferir con mucho la obra, esa sí, original, tensa y magnífica, que parece estar en su génesis.

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