Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable
En las últimas semanas, por motivos distintos he leído varias obras de Rosa Montero y de Almudena Grandes; y no es cosa de ponerlas a competir solo porque sean dos de las escritoras españolas de más éxito (si no las dos escritoras españolas de más éxito), pero si tuviera que compararlas, diría que Almudena Grandes es más "novelista profesional" que Rosa Montero; es decir, que domina mejor los trucos, técnicas o recursos (llamadlo como queráis) del oficio del novelista. Rosa Montero es una escritora eficaz: crea una historia y la cuenta de forma casi periodística (¿deformación profesional?). Almudena Grandes tiene otra cosa: tiene preocupación por la estructura, por el ritmo, y otra cosa que yo valoro mucho y que escasea en la narrativa española actual: tiene voluntad de estilo, o sea, intenta escribir no solo de la forma más eficaz posible, sino también con personalidad y con belleza, cuidando las palabras.
Que conste que para todas estas consideraciones me baso sobre todo en la lectura de esta, su última novela, El lector de Julio Verne, que tiene a la escritora de gira por España y parte del extranjero, y que me ha parecido una novela notable en su género. Presenta, a través de los ojos del pequeño Nino, los enfrentamientos entre los maquis y la Guardia Civil a finales de los años 40 en un pequeño pueblo de la Sierra Sur, en Jaén, y la agobiante atmósfera de control y represión que afectaba hasta los detalles más ínfimos de la vida cotidiana (hasta absurdos como prohibir que se cantase "Tengo una vaca lechera", que se recogiera esparto de los montes o que se vendieran huevos libremente). Es verdad que a veces la narración se adentra en episodios algo prescindibles, como si necesitásemos saberlo todo sobre cada personaje que aparece en la trama (lo que, por otra parte, es inverosímil teniendo en cuenta que el narrador es a su vez un personaje); pero en conjunto la novela engancha, crea tensión y construye un universo compacto, coherente y atractivo.
Es de agradecer que Almudena Grandes haya huido del maniqueísmo fácil que contamina anacrónicamente demasiadas novelas y películas sobre la Guerra Civil: todos los rojos son ángeles; todos los fascistas son demonios. Grandes evita este peligro hasta cierto punto (los lectores, yo el primero, tampoco aceptaríamos que idealizase a los franquistas), aunque lo sustituye por otro axioma que puede resultar igualmente cuestionable: a "ras de pueblo" (por decir así), todos fueron víctimas, incluso los Guardias Civiles que se vieron obligados a cumplir las órdenes que les daban y a hacer cosas despreciables; a medida que se sube en la escala, la culpa se multiplica y se ramifica.
Algo que me ha dejado un regusto agridulce ha sido el esfuerzo que se percibe para conseguir que la novela "termine bien", dentro de lo posible y hasta donde lo permite la Historia, "ganen los buenos". Tanto el desenlace final de la trama, como esa especie de "epílogo", que nos lleva hasta la Democracia, parece querer decirnos: "sufrimos mucho, pero al final ganamos los buenos". Es una forma de verlo, desde luego, que muchos lectores agradecerán; pero es mi impresión que, construyendo precisamente ese puente hasta una supuesta "Democracia feliz", tanto desde el punto de vista narrativo como desde el punto de vista político se minimiza, creo yo, la especificidad y la significación de esos años oscuros, que no fueron tan cortos ni pasaron tan rápido.
También de Almudena Grandes: Aquí
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martes, 27 de marzo de 2012
miércoles, 29 de abril de 2015
Almudena Grandes: Las tres bodas de Manolita
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable
Otros libros de Almudena Grandes en Un libro al día: Inés y la alegría, El lector de Julio Verne, Las edades de Lulú y Atlas de geografía humana.
Valoración: Recomendable
Almudena Grandes ha acometido un proyecto francamente interesante con sus "Episodios de una guerra interminable" que, hasta el momento, comprende tres volúmenes: Inés y la alegría, El lector de Julio Verne y Las tres bodas de Manolita, la que hoy nos concierne. Interesante por dos razones: porque novela el episodio de nuestra historia reciente (y sus consecuencias) más novelado en los últimos años y porque, aunque hayan pasado más de 70 años desde el final de la Guerra Civil, sigue siendo un conflicto muy vivo en la memoria colectiva, con posiciones todavía muy enconadas. En definitiva, un episodio muy interminable.
Por eso el punto de partida de Grandes me parece sugerente. Se lanza a narrar la posguerra asumiendo que todos los conflictos nacen de esa guerra fratricida y, en cierto modo, que la mirada con la que sus lectores se acerquen a su obra continúa, hoy en día, infectada por su forma de entender (y "recordar") aquel hecho histórico.
Pero entrando de lleno en esta novela, ¿qué nos cuenta en este tercer volumen la autora? Si en Inés y la alegría nos habló sobre la invasión del Valle de Arán y en El lector de Julio Verne, sobre el maquis, ahora es el turno de los presos políticos y sus familias y, en particular, el Patronato de Redención de Penas y la forma en que el régimen franquista se aprovechó de su situación para abastecerse de mano de obra gratuita, tanto de adultos como de niños.
Manolita es una chica conocida por su falta de implicación en cualquier asunto que tenga que ver con la política pero el estallido de la Guerra Civil y la llegada de la inmediata posguerra le hacen imposible mantenerse al margen. De ser la Señorita Conmigo No Contéis, se convierte en una pieza clave para algunas operaciones del Partido Comunista. La mueven el amor por su familia y, según avanza la historia, la extraña relación que entabla con un preso, una relación que la marcará de por vida.
Me reconozco un fiel seguidor de esta serie de novelas de Almudena Grandes desde que descubrí y devoré Inés y la alegría. Lo mismo me ocurrió con El lector de Julio Verne. Sin embargo, en lugar de devorar a Manolita y sus bodas debo reconocer que se me han atragantado. Sin duda, me parece un libro recomendable, en especial si te ha gustado la saga y quieres continuar descubriendo hacia dónde avanza. Almudena Grandes es una gran escritora y una magnífica contadora de historias. Sus personajes aparecen y desaparecen, alternando con soltura distintas voces, para ir componiendo un puzle que nos ayuda a comprender el conjunto de la historia. Sin embargo, esta vez el puzle se enrevesa en exceso, no tanto por el argumento, sino por las continuas y constantes reflexiones de algunos personajes. Reflexiones que se muerden la cola y llegan a parecer interminables y repetitivas en muchos momentos de la novela, además de exagerar ese maniqueísmo del que se le suele acusar típicamente a Grandes.
En definitiva, Las tres bodas de Manolita es un libro recomendable, especialmente para los seguidores de la autora y su serie, con pasajes que te atrapan sobre todo por su interés histórico y con otros soporíferos que ralentizan hasta el extremo el avance de la historia. Una tercera novela de la serie a la que le sobran páginas, no tanto de acción como de reflexión.
Otros libros de Almudena Grandes en Un libro al día: Inés y la alegría, El lector de Julio Verne, Las edades de Lulú y Atlas de geografía humana.
sábado, 24 de marzo de 2012
Almudena Grandes: Atlas de geografía humana
Idioma original: españolFecha de publicación: 1998
Valoración: Se deja leer
Hoy traemos Atlas de geografía humana, una novela de Almudena Grandes, una de esas autoras españolas que despiertan fobias y filias a partes iguales. Sus detractores la acusan de cosas tan dispares como que cocina sus obras con demasiada glucosa, que hace un uso excesivo y burdo de escenas y palabrejas explícitamente sexuales, que se pasa con los adverbios, que sus argumentos son aburridos y sus personajes poco creíbles, que es un rollo leer sus párrafos interminables describiendo cosas poco trascendentales para la trama, etc.
Sus seguidores, en cambio, la ven como a una mujer que escribe muy bien y que indaga como nadie en los vericuetos del alma humana, especialmente del alma femenina, entregada sin remedio al amor, al drama, a las dudas y a las inseguridades.
¿Y que yo qué pienso? La verdad es que creo que Almudena Grandes escribe muy bien y que tiene una gran sensibilidad (al carajo con femenina o masculina: tiene una gran sensibilidad) para bucear en la fibra sensible del ser humano y llenar páginas gracias a ella, me gustan sus artículos y muchas de sus ideas, pero encuentro su literatura poco excitante.
Y Atlas de geografía humana no es la excepción. Lo cierto es que aunque me la regalaron en una edición muy agradable y su lectura, en principio, me pareció rápida y sencilla, se me hizo, en varias ocasiones, un poco anodina y poco atractiva en conjunto. Y eso que sus personajes estaban cincelados y matizados de forma loable.
La novela narra la historia de cuatro mujeres que rondan los cuarenta. Todas trabajan para una editorial que les encarga que preparen un Atlas de geografía mundial en fascículos. Le añaden lo de “humana” tras varias discusiones para distinguirlo de otra obra parecida. Y ésa es la “disculpa” que Grandes utiliza para tejer esta novela que le llevó cuatro años y que relata el Atlas existencial de cuatro vidas femeninas dispares y parecidas a la vez: Rosa, atractiva, casada y con hijos, y en mitad de una crisis de mediana edad; Marisa, la menos agraciada de las cuatro, desgraciada en el amor y el que me pareció el personaje más interesante; la fuerte y decidida Fran, jefa del grupo y más vulnerable y femenina de lo que parece, y Ana, similar a Rosa (guapa y con éxito entre los hombres), pero también en mitad de un momento crucial de su vida. No en vano, tanto Ana como sus compañeras se encuentran en esa edad en la que es inevitable hacerse a uno mismo una durísima evaluación y calibrar si uno tiene lo que hay que tener para darse una última oportunidad de moverse en pos de sus anhelos más íntimos.
En fin. Otra de las novelas largas de Almudena Grandes. Sensible, bien escrita pero para quien firma este post, poco emocionante. Como la vida misma casi siempre.
Todas las reseñas sobre Almudena Grandes en ULAD: Aquí
domingo, 2 de enero de 2011
Almudena Grandes: Inés y la alegría

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable
He oído decir de todo sobre el último libro de Almudena Grandes y, en general, todos los comentarios eran negativos. La mayoría criticaban su proyecto novelístico porque no era más que una copia de lo que hace más de un siglo llevó a cabo Galdós. Sin embargo, no puedo estar más en desacuerdo con esas voces críticas. En primer lugar, porque no acabo de entender a qué vienen esas críticas por basarse en la idea de un autor clásico a la hora de idear una saga moderna. ¿Acaso la literatura moderna no es más que una reconstrucción de lo ya contado? Ideas originales, temas novedosos hay muy pocos. Y en segundo lugar, porque el libro de Almudena Grandes me ha gustado, me ha tenido enganchado desde el principio y lo he cerrado esperando a la siguiente entrega de la serie.
El libro surge -en palabras de la propia autora- de una imagen: una mujer que cocina 5 kilos de rosquillas, roba un caballo, una pistola y se une al ejército guerrillero. Este es precisamente el desencadenante de la historia si bien, hasta que en la novela llega ese momento, han ocurrido muchas cosas. Esa mujer es Inés, la hermana de uno de los mandamases de Falange, quien tras quedarse sola en su casa madrileña en plena Guerra Civil, decide montar en la casa familiar un hospital para atender a los heridos del bando republicano. Acabada la guerra, es detenida y encarcelada por el bando nacional, acusada de traición. Sólo la influencia de su hermano logra sacarla de la cárcel, para encerrarla en una pequeña casita del Pirineo, junto a su cuñada. Sin embargo, en cuanto Inés escucha la noticia de la reconquista de España por el ejército de la UNE, en Radio España Independiente (La Pirenaica), cocina sus 5 kilos de rosquillas para los guerrilleros y se lanza al monte en su búsqueda.
El libro narra las aventuras y desventuras de estos guerrilleros que ven cómo sus sueños de volver a España triunfadores se desvanecen poco a poco. Almudena Grandes consigue transmitir toda la ilusión y la desesperanza de este grupo de hombres y mujeres que vive uno de los acontecimientos más desconocidos de la historia de España, un hecho silenciado tanto por la prensa franquista como por la cúpula del Partido Comunista.
Quizás lo mejor del libro sea su capacidad de mezclar las historias de los personajes de ficción con las recreaciones de los momentos decisivos en las vidas de personajes históricos (como La Pasionaria, Carrillo o Jesús Monzón), sin que la novela pierda un ápice de interés. En definitiva, una novela muy recomendable y un regalo ideal para estas navidades.
Todas las reseñas sobre Almudena Grandes en ULAD: Aquí
El libro surge -en palabras de la propia autora- de una imagen: una mujer que cocina 5 kilos de rosquillas, roba un caballo, una pistola y se une al ejército guerrillero. Este es precisamente el desencadenante de la historia si bien, hasta que en la novela llega ese momento, han ocurrido muchas cosas. Esa mujer es Inés, la hermana de uno de los mandamases de Falange, quien tras quedarse sola en su casa madrileña en plena Guerra Civil, decide montar en la casa familiar un hospital para atender a los heridos del bando republicano. Acabada la guerra, es detenida y encarcelada por el bando nacional, acusada de traición. Sólo la influencia de su hermano logra sacarla de la cárcel, para encerrarla en una pequeña casita del Pirineo, junto a su cuñada. Sin embargo, en cuanto Inés escucha la noticia de la reconquista de España por el ejército de la UNE, en Radio España Independiente (La Pirenaica), cocina sus 5 kilos de rosquillas para los guerrilleros y se lanza al monte en su búsqueda.
El libro narra las aventuras y desventuras de estos guerrilleros que ven cómo sus sueños de volver a España triunfadores se desvanecen poco a poco. Almudena Grandes consigue transmitir toda la ilusión y la desesperanza de este grupo de hombres y mujeres que vive uno de los acontecimientos más desconocidos de la historia de España, un hecho silenciado tanto por la prensa franquista como por la cúpula del Partido Comunista.
Quizás lo mejor del libro sea su capacidad de mezclar las historias de los personajes de ficción con las recreaciones de los momentos decisivos en las vidas de personajes históricos (como La Pasionaria, Carrillo o Jesús Monzón), sin que la novela pierda un ápice de interés. En definitiva, una novela muy recomendable y un regalo ideal para estas navidades.
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martes, 31 de julio de 2012
Almudena Grandes: Las edades de Lulú
Fecha de publicación: 1989
Valoración: Está bien
Hoy, en ULAD, un libro que hasta ahora no había reseñado por no saber muy bien cómo enfrentarme a su análisis. Y ello porque aunque considero que está escrito de forma impecable, la historia, lo que es la historia, a mí, lo que es a mí, me pareció poco agradable de leer. Supongo que nuestras fobias y filias personales nos persiguen irremediablemente cuando degustamos obras y creaciones de todo tipo, pero no por ello tenemos que ser injustos y negar la calidad a algo que la tiene. Así que, aquí estamos, por fin, con Las edades de Lulú, y bueno, voy a intentar expresar mi opinión sobre el mismo lo mejor que pueda.
Con este su primer libro, una joven Almudena Grandes (Madrid, 1960) ganó la undécima edición del célebre concurso de novela erótica La Sonrisa Vertical. Y aunque no he leído nada más premiado en este certamen, he escuchado por ahí que con Las edades de Lulú Grandes elevó bastantes grados la hasta entonces tibia calidad literaria del mismo. Y no me parece algo difícil de creer ya que como apunté en mi segunda parte de la crítica a Cincuenta sombras de Grey, el libro que hoy reseño, pese a ser de un género que no aprecio demasiado, está impecablemente bien escrito.
Allora, el argumento: una muchacha madrileña de 15 años llamada Lulú (diminutivo de María Luisa, ni más ni menos) se inicia en el sexo de la mano de Pablo, un chico de 27 años amigo de su hermano y prototipo del joven progre ochentero: deslenguado, atrevido y amante de los conciertos protesta y las charletas anti-sistema. Esta primera y poco usual (quien lea el libro sabrá a qué me refiero) experiencia de Lulú con Pablo, dará lugar a una apasionada relación entre ambos que se mantendrá a lo largo de los años y durante la cual la mujer coqueteará con toda clase de prácticas sexuales (extendamos nuestra calenturienta imaginación sin reparos). No la "sosegará" ni la aridez que imponen un trabajo y una rutina usuales, ni el matrimonio, ni la maternidad...
Y no es plan de destripar la trama, pero adelantaré que tras episodios de todo tipo, Lulú, una chica guapa y buena estudiante que fue criada en una casa llena de hermanos, con pocos mimos y ningún capricho, acabará metiéndose por su propio pie, sin que Pablo ni nadie la conduzca, en un oscuro grupo aficionado a actividades sexuales que harían palidecer al engendro de Christian Grey… Y hasta aquí puedo leer.
Así pues, a lo largo de las páginas de esta novela uno puede encontrar lesbianismo, juguetes sexuales, sexo con transexuales, sadomasoquismo, vagas menciones a la zoofilia y a la pedofilia e, incluso, incesto, pero también la gestación y el desarrollo de una atípica historia de ¿amor?, unos personajes muy bien construidos (yo logré “ver” a Lulú y a Pablo, que me cayó fatal, eso sí), y una descripción humilde pero efectiva de una época y de un tipo de jóvenes, excitados y algo desorientados ante el panorama de libertad que se abría ante ellos tras una etapa de gris, hipócrita y cercenadora represión en todos los sentidos.
Por cierto, al año siguiente, Bigas Lunas realizó una adaptación para el cine de la novela.
sábado, 24 de diciembre de 2016
Reseña + entrevista. Xavi Ayén: La vuelta al mundo en 80 autores

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: lascivo
El perfil de Twitter. Algo más de una centena de caracteres donde muchos se afanan en colocar una especie de versión express de un CV vital, que les defina y les muestre de la manera más comprimida y exacta posible. El perfil de Twitter es la respuesta de cada uno a la pregunta tan ansiada. Háblame de ti mismo.
Pues bien. El perfil de Twitter de Xavi Ayén queda zanjado de forma escueta con una palabra. Periodista.
Y a eso lleva dedicándose unos cuantos años. Pero permitidme ampliar la información. Periodista dedicado a la cultura. Periodista entregado a la divulgación de la literatura. Periodista que se ha desplazado por el mundo para entrevistar a escritores. Muchos de ellos. Muchos muy importantes, y bastantes premios Nobel, como ya nos demostraba en un libro anterior: Rebeldía de Nobel. Vamos a reconocerlo: la mera imaginación de que a alguien le paguen por hacer una cosa así nos llena de envidia muy poco sana. Visitar a grandes escritores en las ciudades donde viven, incluso en sus propias casas. Más que entrevistar, como apunta el subtítulo, conversar.
Y para este libro se han escogido 80 de esas conversaciones, con un cierto criterio geográfico para que haya una representación de todos los continentes. La selección de 80 autores, ya que estamos en época de listas, contará con la presencia de nombres que a uno le gusten más o menos y siempre se echará en falta a alguien, pero dudo que nadie mínimamente interesado en la literatura encuentre menos de 40 o 50 autores que le gusten. Pero lo realmente fascinante es cómo Ayén hace que incluso lo que dicen autores por los que uno siente indiferencia nos resulte estimulante. Con lo cual, más de 500 páginas parecen pocas, y se leen con tal placer que se hacen cortas.
Y para este libro se han escogido 80 de esas conversaciones, con un cierto criterio geográfico para que haya una representación de todos los continentes. La selección de 80 autores, ya que estamos en época de listas, contará con la presencia de nombres que a uno le gusten más o menos y siempre se echará en falta a alguien, pero dudo que nadie mínimamente interesado en la literatura encuentre menos de 40 o 50 autores que le gusten. Pero lo realmente fascinante es cómo Ayén hace que incluso lo que dicen autores por los que uno siente indiferencia nos resulte estimulante. Con lo cual, más de 500 páginas parecen pocas, y se leen con tal placer que se hacen cortas.
Resulta también revelador cómo ciertos escritores se muestran tan fieles en sus opiniones al contenido de sus obras. Así que Houellebecq (Pregunta: ¿cree realmente, como su personaje, que los perros son más felices que nosotros? Respuesta: Indudablemente. Mucho más felices. Me sorprende que lo dude.) se muestra ácido y corrosivo, Vargas Llosa, medido, calculador y seductor. Almudena Grandes nos deleita con una convicción y una seguridad fascinantes, Ken Follett, con una chulería no exenta de flema, James Ellroy, con una descacharrante fanfarronería, y a Peter Handke no hay quien lo entienda en sus elucubraciones... Como podéis ver el abanico es amplio y una mera consulta sobre los autores incluidos (para no agobiar, añadid García Márquez, Knausgaard, Philip Roth, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, etc.), es demostrativa de por sí del enorme poder de seducción de un texto así. Conversaciones relajadas donde surgen temas relacionados con su obra, pero también con su entorno y con la sociedad en que nace su obra. Siempre (alguna contada excepción resulta curiosa) con un tono tranquilo y colaborador, que pone de manifiesto que el prestigio de Ayén (capaz de entrevistar a García Márquez tras veinte años de silencio y de que este, en su última entrevista, le confesara que había dejado de escribir) va por delante a la hora de afrontar sus conversaciones. Y cada escritor, acompañado de un pequeño perfil enumerando algunas de sus obras más destacadas.
Una de esas obras que no queda en el estante una vez leída. Hay que consultarla y hay que referirse a ella, cosa que la convierte en única. De esos artefactos que no solamente se disfrutan por sí solos, sino que empujan a la búsqueda y a la indagación. De ahí lo de lascivo, aclaro. Por si acaso.
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| Con García Márquez. Foto: Kim Manresa |
Además, su autor no ha encontrado impertinentes nuestras preguntas. A ver qué le va a preguntar uno a quien ha hecho preguntas a tal nómina de figuras. Lo hemos intentado, y el hombre ha sido todo amabilidad. Encima.
-¿Es Vd consciente de que, para un modesto blog literario como el nuestro, lo primero que suscita un libro como el suyo es una envidia colosal?
-No, hombre. Las entrevistas son lo mismo en cualquier sitio. Uno de los autores que aparecen, el asturiano Xuan Bello, ha creado un mundo colosal a partir de una aldea de unos cuarenta habitantes, donde él se crió. A veces leemos en los blogs entrevistas mejores que alguna del ‘New York Times’. En periodismo, es básica la mirada del autor. Dicho esto, sé que soy un privilegiado por haber contado con los medios de un gran medio de comunicación para poder trabajar, pero sin pasión no hay medios que valgan.
-No voy a comprometerle pidiendo detalles, pero ¿ha cambiado su opinión respecto a la obra de algún escritor - en el sentido que sea - por el hecho de conocerle?
-¡Sí, de muchos! Comprendí la importancia de la ciencia-ficción en el universo de la británica Doris Lessing, que veía antes como muy desligado de sus otras obras. Me impresionó la experiencia de cárcel prolongada y tortura que sufrió el indonesio Pramoedya Ananta Toer, a quien confinaron a una isla-prisión y le prohibieron escribir, pero él sobrevivió como escritor narrando historias oralmente a otros presos, lo que explica el tono de sus libros, que pueden leerse en voz alta. Y al revés también, no entiendo, por ejemplo, por qué se dio tanto bombo a muchos autores de novela negra mediocres, buena parte de ellos nórdicos.
-Me sorprende que dos "potencias" literarias como Argentina y la antigua URSS no estén representadas por escritores "puros". ¿Algún motivo especial?
-Está bien visto. Tenía que limitarme a 80 autores y, si ponía más nombres de un lugar, debía quitar otros. No es un canon realizado previamente, sino que es una selección espontánea y dinámica, que surge de la gente con que me he encontrado. He entrevistado a César Aira, Fogwill, Samanta Schweblin… pero eran textos muy centrados en los libros que venían a presentar, y he primado aquellas piezas que recorrían la trayectoria completa de un autor. Rusos no he entrevistado a tantos, lo confieso, aunque en una segunda edición podría ya incluir a Svetlana Aleksiévich, con quien estuve en su casa de Minsk.
-Deduzco del prólogo que hay abundante material que no ha encontrado ubicación en este libro. ¿Algún proyecto complementario en el futuro del que pueda hablarnos?
-Es frustrante eliminar a autores que admiras, pero un libro de 1.000 páginas tampoco hubiera sido buena idea (ya hice uno así sobre el boom latinoamericano). Este no debía pasar de 600. Claro que me gustaría publicar un día libros específicos: autores argentinos, catalanes, menores de 40 años, latinoamericanos, pero no estoy seguro de poder contagiar a ningún editor mi entusiasmo.
-Uno de los leit-motiv recurrentes en las entrevistas es la incompatibilidad entre escritor feliz y creador brillante. Pero muy pocos escritores de los entrevistados parecen lamentarse de la situación en que viven, al menos no se nos muestran, la gran mayoría de ellos, como seres atormentados ¿Puede que esa afirmación forme parte de ese ADN vanidoso atribuido a los creadores?
-Eso es lo que me dice Vargas Llosa: ningún gran escritor es feliz, y creo que en su caso es cierto. Cortázar, en el período más exultante de su vida, produjo sus peores obras. Y Gao Xingjian escribía mientras era prisionero de la Revolución Cultural. García Márquez se sentía un fracasado cuando emprendió ‘Cien años de soledad’… Pero es verdad, yo no generalizaría.
-Me gustan esas introducciones con leve aire de crónica, sobre todo en las descripciones de cómo se llega al sitio de la entrevista. ¿Veremos a un Xavi Ayén cronista o incluso a un autobiógrafo en el futuro?
-Ojalá lo vean. A ver si voy perdiendo la vergüenza…
-¿Puede recomendarnos algunos libros?
-Los mejores que he leído últimamente son ‘Por último, el corazón’ de Margaret Atwood, ‘Mumbo Jumbo’ de Ishmael Reed, ‘La música del hambre’ de J.M.G. Le Clézio y ‘El camino estrecho al norte profundo’ de Richard Flanagan.
-Nombres, queremos nombres. Un escritor que haya fallecido mientras Vd. planeaba entrevistar. Uno que se le esté resistiendo pero vaya a acabar cayendo, y alguno joven al que se vea entrevistando pasado un tiempo.
-Naguib Mahfuz y García Márquez me dieron la última entrevista de sus vidas. Me quedé sin entrevistar a Hilary Mantel, ya aterrizado en Londres, porque le dio un ataque paralizante de tiroides, algo que le sucede a menudo. Se me murió Harper Lee, la de ‘Matar un ruiseñor’, sin que la viera. Se me resiste Alice Munro… y a los jóvenes les entrevisto ya, por ejemplo a Miqui Otero, Laura Fernández, Antonio Ungar, Pablo Martín Sánchez… Ellos son el futuro.
-Y ya como periodista cultural, ¿cómo nos ve a los blogs: competencia, complemento, un ámbito diferente, o un entrañable grupúsculo de eternos discrepantes?
-Los blogs permiten un nivel de especialización que la prensa escrita no puede tener, y también pueden ofrecer mucha más cantidad de información sobre temas que los medios de gran tirada se ven obligados a tratar en poco espacio. No me imagino este trabajo sin documentarme en algunos buenos blogs. Formamos parte del mismo bosque y nos necesitamos mutuamente.
-¿Después de tantos años en esto, está de acuerdo con ese funesto panorama para la novela que describe, por ejemplo, Philip Roth?
-No, para nada. Yo creo que los adolescentes son grandes lectores, los de hoy más que mi generación. La gente, con la edad, tiende a idealizar el momento histórico en que fueron jóvenes. También le pasará a usted.
-¿Por qué esa mayoría abrumadora en la ficción? No hay apenas ensayistas.
-He primado la novela, sí. Soy un romántico que cree que es el género superior, lo siento por las excepciones, por Borges, Munro, Ferlinghetti, Fo… Pero, en general, si me pusieran una pistola en la cabeza y me dijeran que solamente iba a poder leer libros de un género el resto de mi vida, diría que novelas. ¿Usted no?
-¿Cuál es el criterio por el que uno se dirige a un escritor, aparte de los premios y las consabidas campañas promocionales?
-Por la lectura de su obra, ese es el mejor medio. No entiendo que autores maravillosos no consigan tener éxito, y que otros peores sí lo tengan. El mundo está loco pero, bueno, gracias a eso se siguen vendiendo periódicos.
-Apenas nos lee nadie. Puede ser sincero. En algún momento habrá sentido una irrefrenable pereza por conversar con alguien...
-¡Sí! No tanto de conversar sino de leerme su libro, pero somos profesionales ¿verdad? Gracias a eso, también suceden sorpresas agradables. Lo peor es cuando esa persona te pregunta: “¿Pero te ha gustado mi libro?”. Antes sufría mucho, ahora respondo: “La mejor parte es…” porque todo libro tiene siempre una mejor parte.
-Cierto: su libro tiene muchas mejores partes.
-¿Es Vd consciente de que, para un modesto blog literario como el nuestro, lo primero que suscita un libro como el suyo es una envidia colosal?
-No, hombre. Las entrevistas son lo mismo en cualquier sitio. Uno de los autores que aparecen, el asturiano Xuan Bello, ha creado un mundo colosal a partir de una aldea de unos cuarenta habitantes, donde él se crió. A veces leemos en los blogs entrevistas mejores que alguna del ‘New York Times’. En periodismo, es básica la mirada del autor. Dicho esto, sé que soy un privilegiado por haber contado con los medios de un gran medio de comunicación para poder trabajar, pero sin pasión no hay medios que valgan.
-No voy a comprometerle pidiendo detalles, pero ¿ha cambiado su opinión respecto a la obra de algún escritor - en el sentido que sea - por el hecho de conocerle?
-¡Sí, de muchos! Comprendí la importancia de la ciencia-ficción en el universo de la británica Doris Lessing, que veía antes como muy desligado de sus otras obras. Me impresionó la experiencia de cárcel prolongada y tortura que sufrió el indonesio Pramoedya Ananta Toer, a quien confinaron a una isla-prisión y le prohibieron escribir, pero él sobrevivió como escritor narrando historias oralmente a otros presos, lo que explica el tono de sus libros, que pueden leerse en voz alta. Y al revés también, no entiendo, por ejemplo, por qué se dio tanto bombo a muchos autores de novela negra mediocres, buena parte de ellos nórdicos.
-Me sorprende que dos "potencias" literarias como Argentina y la antigua URSS no estén representadas por escritores "puros". ¿Algún motivo especial?
-Está bien visto. Tenía que limitarme a 80 autores y, si ponía más nombres de un lugar, debía quitar otros. No es un canon realizado previamente, sino que es una selección espontánea y dinámica, que surge de la gente con que me he encontrado. He entrevistado a César Aira, Fogwill, Samanta Schweblin… pero eran textos muy centrados en los libros que venían a presentar, y he primado aquellas piezas que recorrían la trayectoria completa de un autor. Rusos no he entrevistado a tantos, lo confieso, aunque en una segunda edición podría ya incluir a Svetlana Aleksiévich, con quien estuve en su casa de Minsk.
-Deduzco del prólogo que hay abundante material que no ha encontrado ubicación en este libro. ¿Algún proyecto complementario en el futuro del que pueda hablarnos?
-Es frustrante eliminar a autores que admiras, pero un libro de 1.000 páginas tampoco hubiera sido buena idea (ya hice uno así sobre el boom latinoamericano). Este no debía pasar de 600. Claro que me gustaría publicar un día libros específicos: autores argentinos, catalanes, menores de 40 años, latinoamericanos, pero no estoy seguro de poder contagiar a ningún editor mi entusiasmo.
-Uno de los leit-motiv recurrentes en las entrevistas es la incompatibilidad entre escritor feliz y creador brillante. Pero muy pocos escritores de los entrevistados parecen lamentarse de la situación en que viven, al menos no se nos muestran, la gran mayoría de ellos, como seres atormentados ¿Puede que esa afirmación forme parte de ese ADN vanidoso atribuido a los creadores?
-Eso es lo que me dice Vargas Llosa: ningún gran escritor es feliz, y creo que en su caso es cierto. Cortázar, en el período más exultante de su vida, produjo sus peores obras. Y Gao Xingjian escribía mientras era prisionero de la Revolución Cultural. García Márquez se sentía un fracasado cuando emprendió ‘Cien años de soledad’… Pero es verdad, yo no generalizaría.
-Me gustan esas introducciones con leve aire de crónica, sobre todo en las descripciones de cómo se llega al sitio de la entrevista. ¿Veremos a un Xavi Ayén cronista o incluso a un autobiógrafo en el futuro?
-Ojalá lo vean. A ver si voy perdiendo la vergüenza…
-¿Puede recomendarnos algunos libros?
-Los mejores que he leído últimamente son ‘Por último, el corazón’ de Margaret Atwood, ‘Mumbo Jumbo’ de Ishmael Reed, ‘La música del hambre’ de J.M.G. Le Clézio y ‘El camino estrecho al norte profundo’ de Richard Flanagan.
-Nombres, queremos nombres. Un escritor que haya fallecido mientras Vd. planeaba entrevistar. Uno que se le esté resistiendo pero vaya a acabar cayendo, y alguno joven al que se vea entrevistando pasado un tiempo.
-Naguib Mahfuz y García Márquez me dieron la última entrevista de sus vidas. Me quedé sin entrevistar a Hilary Mantel, ya aterrizado en Londres, porque le dio un ataque paralizante de tiroides, algo que le sucede a menudo. Se me murió Harper Lee, la de ‘Matar un ruiseñor’, sin que la viera. Se me resiste Alice Munro… y a los jóvenes les entrevisto ya, por ejemplo a Miqui Otero, Laura Fernández, Antonio Ungar, Pablo Martín Sánchez… Ellos son el futuro.
-Y ya como periodista cultural, ¿cómo nos ve a los blogs: competencia, complemento, un ámbito diferente, o un entrañable grupúsculo de eternos discrepantes?
-Los blogs permiten un nivel de especialización que la prensa escrita no puede tener, y también pueden ofrecer mucha más cantidad de información sobre temas que los medios de gran tirada se ven obligados a tratar en poco espacio. No me imagino este trabajo sin documentarme en algunos buenos blogs. Formamos parte del mismo bosque y nos necesitamos mutuamente.
-¿Después de tantos años en esto, está de acuerdo con ese funesto panorama para la novela que describe, por ejemplo, Philip Roth?
-No, para nada. Yo creo que los adolescentes son grandes lectores, los de hoy más que mi generación. La gente, con la edad, tiende a idealizar el momento histórico en que fueron jóvenes. También le pasará a usted.
-¿Por qué esa mayoría abrumadora en la ficción? No hay apenas ensayistas.
-He primado la novela, sí. Soy un romántico que cree que es el género superior, lo siento por las excepciones, por Borges, Munro, Ferlinghetti, Fo… Pero, en general, si me pusieran una pistola en la cabeza y me dijeran que solamente iba a poder leer libros de un género el resto de mi vida, diría que novelas. ¿Usted no?
-¿Cuál es el criterio por el que uno se dirige a un escritor, aparte de los premios y las consabidas campañas promocionales?
-Por la lectura de su obra, ese es el mejor medio. No entiendo que autores maravillosos no consigan tener éxito, y que otros peores sí lo tengan. El mundo está loco pero, bueno, gracias a eso se siguen vendiendo periódicos.
-Apenas nos lee nadie. Puede ser sincero. En algún momento habrá sentido una irrefrenable pereza por conversar con alguien...
-¡Sí! No tanto de conversar sino de leerme su libro, pero somos profesionales ¿verdad? Gracias a eso, también suceden sorpresas agradables. Lo peor es cuando esa persona te pregunta: “¿Pero te ha gustado mi libro?”. Antes sufría mucho, ahora respondo: “La mejor parte es…” porque todo libro tiene siempre una mejor parte.
-Cierto: su libro tiene muchas mejores partes.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Lucía Etxebarria: La vida por delante. Voces desde y hacia Palestina
Idioma original: varios idiomas traducidos al castellanoFecha de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable
El libro que hoy reseño es un compendio de relatos de autores tanto palestinos como españoles cuya edición ha corrido a cargo de la escritora española Lucía Etxebarria.
Desde el célebre Sami Naïr hasta el nobelizado José Saramago (que fue un gran defensor de la causa palestina), pasando por Juan Goytisolo, Rosa Regás, Lola Beccaria o Almudena Grandes, hasta llegar a la misma Etxebarria, los escritores de este libro han querido poner su granito de arena a la hora de reivindicar para todo aquel que quiera/pueda leerles, la voz silenciada, oprimida y eclipsada de las víctimas de un sangriento, inmoral y canalla conflicto actual que lleva siendo actual desde 1948.
Lamentablemente, no son demasiadas las obras artísticas que versen/informen sobre la tragedia palestina, algo que le vendría muy bien a esa clase de lector/espectador que por si solo es incapaz de documentarse, contrastar y sacar sus propias conclusiones sobre mil y una cuestiones. Me refiero a esa clase de destinatario fácilmente manipulable que necesita que lo bombardeen con mensajes y Verdades Absolutas desde las tribunas de las astutas industrias del ocio, la comunicación y la cultura para formarse sus propias ideas.
Una vez más, dejaré al lector de ULAD que descubra por sí mismo las sinopsis de estos relatos, pero sí aludiré al que más me ha gustado, que ha sido el de Maruja Torres. En él, esta escritora amante de la cultura árabe, habitante de Beirut durante mucho tiempo y gran conocedora de las entrañas de Oriente Medio, narra impecablemente cómo una mujer judía, escapando de una dictadura latinoamericana, acaba viviendo en un país que ejerce tres cuartos de lo mismo contra otros ciudadanos. Esta mujer llamada Norah ocupa una casa palestina, y pese a sentir ingentes cantidades de recelo y de miedo (rozando la paranoia y la neurosis), deja que sus habitantes legítimos sigan visitando su jardín. Se trata de un impresionante cuento que, en mi opinión, logra sin estridencias ni filosofías ni reflexiones elaboradas mostrar la esencia del conflicto.
Interesante es también la "estrategia del vampiro" que presenta Lucía Etxebarria, aunque no sé si la comparto: ¿hay que comprender (que no justificar) la actitud de un maltratador que fue a su vez un maltratado? Trasladar esta metáfora chupóptera al Estado de Israel estarán conmigo en que no es complicado. Saquen sus propias conclusiones...
PD: El dinero obtenido por los derechos de autor y las traducciones se destinarán a ONGs.
miércoles, 4 de julio de 2012
Fernando Aramburu: Años lentos
Idioma original: españolAño de publicación: 2012
Valoración: recomendable
Con tanta novela sobre la Guerra Civil y la posguerra (ya reseñamos aquí El lector de Julio Verne de Almudena Grandes, por ejemplo), se agradece que algunos autores nos hablen de hechos más recientes, y cuyas consecuencias se notan todavía en nuestra sociedad. El tardo-franquismo y el nacimiento de ETA, dos temas menos transitados por la narrativa española, coexisten, casi sobreentendidos, en Años lentos de Fernando Aramburu.
La novela alterna los recuerdos de un chiquillo de ocho años, que se ve obligado a trasladarse a la casa de su tía Maripuy en un barrio humilde de San Sebastián, con los "Apuntes" del propio Fernando Aramburu, quien con mucha autoironía se plantea distintas opciones para la construcción de la novela. A lo largo de las páginas veremos al protagonista enfrentarse a un mundo nuevo y moderadamente hostil (si el olor a pies de su primo puede considerarse hostilidad), comprender cada vez más cosas y tomar sus primeras decisiones vitales importantes, en un entorno de nacionalismo antifranquista cada vez más próximo a la violencia.
Después de haber leído ya varios libros de Fernando Aramburu (Los peces de la amargura, El vigilante del fiordo, Los ojos vacíos) uno va aprendiendo a reconocer sus tics, sus manías y sus trucos como escritor. Esta novela es de hecho una mezcla entre Los ojos vacíos y Los peces de la amargura o El vigilante del fiordo: las técnicas deformantes a lo Valle Inclán (la pequeña Julia, retrasada, quejica y cubierta de babas recuerda mucho al enano de Divinas palabras; pero no es el único caso de deformación esperpéntica ni mucho menos) y el marco narrativo de la "novela de aprendizaje" que ya aplicó en la primera novela, se aplican ahora a un espacio y un tiempo realistas, en una especie de síntesis de las anteriores líneas creativas de Aramburu.
En esta novela hay mucho de Fernando Aramburu, por lo tanto, pero también hay mucho, tengo la impresión, de literatura "clásica" española; he hablado ya de Valle Inclán, pero también el Lazarillo es un modelo genérico visible desde las primeras páginas ("Yo, señor Aramburu, por las razones que usted conoce, siendo niño pasé nueves años...", equivalente al "Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso" del Lazarillo); también asoma en la novela una autoconsciencia narrativa que podríamos llamar cervantina si no fuera porque forma parte ya del corazón mismo de la novela moderna.
Lo que le reprocho a Fernando Aramburu en esta novela, y es algo que resalta también en Los peces de la amargura, es una cierta unidimensionalidad de los personajes y de la historia: además de su tendencia a la caricatura, de la que ya he hablado, da la impresión de que Aramburu intenta explicar la aparición de ETA recurriendo a dos o tres factores (ambiente represivo + nacionalismo social + influencia de la Iglesia vasca), dando una imagen excesivamente simplista de algunos de los fenómenos más complejos de la historia reciente.
Mi resumen respecto a Los años lentos, por lo tanto, sería el siguiente: como artefacto literario funciona, entretiene, crea un mundo narrativo e incluso lingüístico propio; como intento de explicación de la realidad, en cambio, no funciona tanto.
También de Fernando Aramburu: El vigilante del fiordo, Los ojos vacíos
miércoles, 16 de marzo de 2011
Cristina Fernández Cubas: Cosas que ya no existen
Idioma original: españolAño de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable
Me resulta difícil de comprender que Cristina Fernández Cubas no sea tan conocida como otras escritoras españolas actuales (por ejemplo, Maruja Torres o Almudena Grandes); por calidad literaria no puede ser, porque todo lo que esta autora ha escrito -todo lo que yo le he leído, por lo menos- es excelente. A lo mejor es porque no se ha movido en los círculos literarios de la Corte, o porque ha decidido tener una trayectoria creativa propia (con más relatos que novelas, y al margen de modas y tendencias), o porque no se ha prodigado en los medios... Sea por lo que sea, creo que se trata de una escritora que merece un reconocimiento mayor del que ha recibido por ahora, por mucho que en los círculos críticos especializados esté muy bien considerada.
Cosas que ya no existen es un libro peculiar en su bibliografía, pero como casi todos los demás, es un gran libro. Es un conjunto de relatos "basados en hechos reales": algunos son autobiográficos (¿autoficcionales?); otros son historias que alguien le contó a la escritora. Van desde la infancia de la escritora, hasta el final del siglo XX; transitan por medio mundo (España, Argentina, Brasil, Egipto); pasan de lo minúsculo (un salón lleno de libros) a lo planetario (la muerte de Evita Perón); siempre muestran aristas nuevas de la realidad, que se convierte en relato. La anécdota titulada "La guerra", que la propia autora no sabe si es real o ficción, podría ser un cuento independiente en cualquier volumen de cuentos sin pretensión de realidad.
Porque la lección más importante que puede aprenderse de este libro es, precisamente, que nuestros recuerdos también son una historia, una narración; que nunca, por muy fieles que intentemos ser a la realidad, pueden ser la realidad misma. Siempre hay selección, alteración, narrativización, textualización, ficcionalización. La escritora es plenamente consciente de ello, y por eso acepta alegremente que sus recuerdos se transformen en cuentos (y, como dice en el prólogo, que sean premiados como tales); no quiere decir que esté engañando al lector, sino que está asumiendo como inevitable algo que demasiadas veces pasa desapercibido: que nuestro pasado ya no existe, solo existen las narraciones que construimos sobre nuestro pasado.
También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: La puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs), Parientes pobres del diablo, La habitación de Nona, El año de Gracia
sábado, 15 de marzo de 2025
Javier Marías: Mañana en la batalla piensa en mi
Idioma original: Español
Año de publicación: 1994
Valoración: Muy recomendable
“Mañana en la batalla piensa en mí, caiga tu espada sin filo, desespera y muere” Shakespeare en Ricardo III.
Tengo que confesar que llegué a este libro hace años, en busca de nuevos autores que leer; sin embargo, me enganché desde las primeras páginas debido a un episodio familiar tan inverosímil que me sorprende cómo Marías logró convertir algo así en el punto de partida de esta novela.
Las respectivas parejas del hermano y de la hermana de mi madre sostenían relaciones extramaritales mientras mi tío se encontraba en su trabajo. Un día, mi tío recibió una llamada del hospital, notificándole que su esposa estaba en estado crítico (en ese entonces ya había fallecido, pero supongo que el protocolo impide dar semejante noticia de golpe). Al mismo tiempo, mi tía recibió otra llamada, esta vez de su marido, quien desde el ministerio público le decía que estaba detenido en calidad de sospechoso de feminicidio (el Estado de México es uno de los lugares con mayor índice de feminicidios en el país, por lo que cualquier muerte violenta o en circunstancias extraordinarias de una mujer se investiga como tal). Según él, por azares del destino, se había encontrado a mi tía en la parada del autobús y, mientras platicaban y se ponían al día, ella colapsó. Después se supo que todo era una farsa: mi tía sufrió un infarto mientras tenía relaciones sexuales con mi tío. Se armó un drama familiar del que los involucrados aún no se han recuperado del todo, a pesar de que esto ocurrió hace más de 15 años.
Como señalé antes, un episodio así parece poco creíble para la ficción, pero Marías consigue restarle ese elemento de inverosimilitud y usarlo como pretexto para explorar cómo afrontamos los seres humanos ciertas crisis vitales: la muerte, el amor, la infidelidad, la traición, la cobardía, la culpa, etc. El epígrafe que encabeza el texto funciona como leitmotiv a lo largo de la novela, recordándonos que dichos trances son atávicos e ineludibles.
En esta historia, una mujer muere mientras tiene sexo con el protagonista, quien, al encontrarse en una situación absurda (el esposo de ella está de viaje y el bebé duerme en la habitación contigua), decide no llamar a la policía ni a la ambulancia; sabiendo que la niñera llegaría a primera hora de la mañana, se marcha del lugar tras dejarle agua y comida al bebé, casi como si fuera un perro. Este hecho desencadena un caos de dudas, culpas, perplejidad y cuestionamientos. Está de más decir que Javier Marías era diestro en su oficio. He leído que para algunos puede resultar reiterativo en ciertas ideas, pero considero que esa insistencia ayuda a enfocar lo que realmente le importa al autor. Asimismo, el uso del leitmotiv me parece perfecto, sin resultar cansino, funcionando como una especie de coro de tragedia griega o de teatro Nō (en comparación, el uso similar del leitmotiv por parte de Almudena Grandes en El corazón helado me parece menos logrado).
Este libro es mi favorito de Marías (quizá porque fue el primero que leí). Lo he releído varias veces y, en cada ocasión, logra conmoverme.
Otras obras de Javier Marías en ULAD: Los enamoramientos, Los dominios del lobo, Berta Isla, Mientras ellas duermen, Corazón tan blanco, Así empieza lo malo, Vidas escritas, Todas las almas,
viernes, 30 de enero de 2015
Ramiro Pinilla: Los cuentos
Idioma original: español
Año de publicación: 2011 (1975 y 1977)
Valoración: recomendable
Al hablar de Verdes valles, colinas rojas decía que pocos autores (vascos o españoles) han conseguido crear un universo narrativo tan complejo, extenso y coherente como Ramiro Pinilla con su Getxo semificcional: un universo que tiene una mitología propia (con un mito de orígenes propio que se vincula con el presente), y un conjunto de personajes y anécdotas que constituyen una red de interreferencias entre las obras de Pinilla. Verdes valles es, en este sentido, la pieza central, el tronco en el que se insertan casi todas las demás ramas; en comparación, estos relatos son, si se me permite la comparación, com el Silmarilion de Pinilla: relatos más o menos extensos en los que se amplían algunos aspectos de este universo cerrado.
Conviene hacer una aclaración respecto a la fecha: aunque Los cuentos haya sido publicado por Tusquets, en volumen conjunto, en 2011, en realidad es la conjunción de dos libros de cuentos publicados por Pinilla en los años 70 (bastante antes de Verdes valles, por lo tanto): Recuerda, oh, recuerda (1975) y Primeras historias de la guerra interminable (1977). El primero consta de un conjunto de relatos que construyen la historia de Getxo, desde sus orígenes míticos (en la mitología propia del autor, claro) hasta la posguerra, con varios capítulos dedicados a la Edad Media. El segundo incluye cuentos referentes a la posguerra y el franquismo; llama la atención poderosamente la similitud del título con la de los "Episodios de una guerra interminable" de Almudena Grandes...
Lo que ambos libros tienen en común es que en ellos volvemos a encontrar a algunos de los personajes que aparecen en Verdes valles, y en otras novelas de Ramiro Pinilla: el maestro Manuel, los Altube, los Bascardo, los Baskardo de Sugarkea.... O incluso episodios enteros que después se repiten en otras novelas, como el ataque de las llamas traídas de América por un "indiano". Así, aunque estos relatos tienen entidad propia, serán sin duda mejor aprovechados y disfrutados por quien ya conozca a estos personajes y su mundo, ya que le ayudarán a completar algunos huecos dejados por las novelas del autor.
Hay un relato, sin embargo, que destaca en relación con el conjunto porque parece casi escrito por otra mano. Me refiero a "Euskera ez", un cuento en el que se representa la represión del euskera durante el franquismo a través de un ejemplo extremo. Breve, esquemático y trágico, no encontramos en él a los personajes propios del universo de Pinilla ni su espacio habitual; incluso el tono es más oscuro y más seco de lo habitual, sin asomo de ironía. Es, por ello, una excepción en el conjunto de la obra de Pinilla, lo que no sé si en sí mismo es bueno o malo...
La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULAD: Seno, La higuera, Verdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3, Aquella edad inolvidable, Solo un muerto más, Huesos, Cadáveres en la playa, El cementerio vacío, Las ciegas hormigas
Año de publicación: 2011 (1975 y 1977)
Valoración: recomendable
Al hablar de Verdes valles, colinas rojas decía que pocos autores (vascos o españoles) han conseguido crear un universo narrativo tan complejo, extenso y coherente como Ramiro Pinilla con su Getxo semificcional: un universo que tiene una mitología propia (con un mito de orígenes propio que se vincula con el presente), y un conjunto de personajes y anécdotas que constituyen una red de interreferencias entre las obras de Pinilla. Verdes valles es, en este sentido, la pieza central, el tronco en el que se insertan casi todas las demás ramas; en comparación, estos relatos son, si se me permite la comparación, com el Silmarilion de Pinilla: relatos más o menos extensos en los que se amplían algunos aspectos de este universo cerrado.
Conviene hacer una aclaración respecto a la fecha: aunque Los cuentos haya sido publicado por Tusquets, en volumen conjunto, en 2011, en realidad es la conjunción de dos libros de cuentos publicados por Pinilla en los años 70 (bastante antes de Verdes valles, por lo tanto): Recuerda, oh, recuerda (1975) y Primeras historias de la guerra interminable (1977). El primero consta de un conjunto de relatos que construyen la historia de Getxo, desde sus orígenes míticos (en la mitología propia del autor, claro) hasta la posguerra, con varios capítulos dedicados a la Edad Media. El segundo incluye cuentos referentes a la posguerra y el franquismo; llama la atención poderosamente la similitud del título con la de los "Episodios de una guerra interminable" de Almudena Grandes...
Lo que ambos libros tienen en común es que en ellos volvemos a encontrar a algunos de los personajes que aparecen en Verdes valles, y en otras novelas de Ramiro Pinilla: el maestro Manuel, los Altube, los Bascardo, los Baskardo de Sugarkea.... O incluso episodios enteros que después se repiten en otras novelas, como el ataque de las llamas traídas de América por un "indiano". Así, aunque estos relatos tienen entidad propia, serán sin duda mejor aprovechados y disfrutados por quien ya conozca a estos personajes y su mundo, ya que le ayudarán a completar algunos huecos dejados por las novelas del autor.
Hay un relato, sin embargo, que destaca en relación con el conjunto porque parece casi escrito por otra mano. Me refiero a "Euskera ez", un cuento en el que se representa la represión del euskera durante el franquismo a través de un ejemplo extremo. Breve, esquemático y trágico, no encontramos en él a los personajes propios del universo de Pinilla ni su espacio habitual; incluso el tono es más oscuro y más seco de lo habitual, sin asomo de ironía. Es, por ello, una excepción en el conjunto de la obra de Pinilla, lo que no sé si en sí mismo es bueno o malo...
La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULAD: Seno, La higuera, Verdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3, Aquella edad inolvidable, Solo un muerto más, Huesos, Cadáveres en la playa, El cementerio vacío, Las ciegas hormigas
sábado, 14 de julio de 2012
E. L. James: Cincuenta sombras de Grey (II)
Título original: Fifty shades of Grey
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Repugnante
Bien, aquí estamos de nuevo con Cincuenta sombras de Grey, y esta vez, en vez de dejarme llevar por las emociones y lapidar el libro de turno sin dar demasiadas explicaciones (o explicaciones poco ortodoxas), trataré de exponer como mejor pueda los motivos que me llevan a calificar este libro con la peor nota que tenemos en ULAD.
Digamos que la calidad literaria de Cincuenta sombras de Grey es muy escasa; famélica. Está tejido a base de frases simplonas, como de adolescente escribiendo sus fantasías y anhelos en un diario con pastas de charol y protegido por un candadito ridículo. Además,adolece de un abuso descarado de palabras y verbos tan manidos como “bonito/a”, “bonitos/as”, “asfixiar”, “desear”, “guapo/a”, etc… Y las expresiones de Anastasia describiendo a Christian, y de Christian alabándole a Anastasia esos atributos físicos que ella es incapaz de verse, pasan de adolescente: caen directamente en la más calenturienta pubertad. Vamos, que no hace falta que me cuenten que se trata de un fanfic crepusculón…
Y sobre el contenido. A ver…
Cuando a algunas personas les comento que me parece un historia de vergüenza ajena, no me quejo de las escenas eróticas narradas con detalle que contiene (uno ya sabe de antemano lo que se va a encontrar en un libro de este género), ni de que los protagonistas practiquen sadomasoquismo light (al fin y al cabo, Anastasia, mayor de edad y en pleno uso de sus facultades mentales, transige libremente). Vamos, que la protagonista del libro dice sí a convertirse en la sumisa de un tipo rico, guapo y atormentado.
Vale. Nada que objetar.
El problema es que esta historia propia de cualquier librillo kioskero made in Harlequin se vende (y muy bien, además) como la obra más provocadora, fenomenal y adictiva del momento. Sus valedores dicen de ella que es una suerte de oráculo para dar vidilla a parejas sexualmente hastiadas; y que es una controvertida expedición a lo más recóndito de las fantasías sexuales; y que es una apasionante historia de amor y redención en forma de una Bella y Bestia posmodernos y desinhibidos. Etc, etc, etc…
Pero lo único que yo he encontrado en “esto” es una interminable lluvia de bofetadas de género ejecutadas sin complejos por la garra del machismo más repulsivo y atrabiliario inimaginable.
Christian Grey, que está forrado a base de trabajar mucho (pero no sé cuándo, porque el fulano se pasa el día copulando con su sumisa y mandándole mails), le compra portátiles y coches a su Anastasia para halagarla y retenerla. Además, insiste en vestirla y darle de comer a su antojo. Y lo peor: quiere saber dónde está a todas horas, y amenaza con azotarla en cuanto ésta le lleva la contraria o hace cosas que le desagradan. Por eso no puedo entender que este especimen imaginario se haya convertido en la fantasía sexual de muchas mujeres. A mí me ha parecido un personaje literario grimoso y abofeteable. Pero no he podido llegar a odiarle porque, sencillamente, no me lo he creído.
Y Anastasia..., buff, tres cuartas partes de lo mismo. Por Dios, ¡si Bella Swan es Simone de Beauvoir a su lado! Porque Anastasia, universitaria amante de la literatura y de la ropa de sport y que se cree un orco de Mordor pese a ser una beldad, es capaz de dejarse tratar como una muñeca hinchable y recibir latigazos y azotes a mansalva con tal de volver bueno al chico malo. ¡Pero diablos! ¿No nos suena esto de algo?
En este país que cada año asiste con horror a un número creciente mes a mes de víctimas de la violencia contra la mujer, deberían retorcernos las entrañas los mensajes soterrados pero muy peligrosos que contiene este libro, del tipo “en el fondo será buena persona”, “ los chicos malos son los más atractivos”, "si tiene celos es porque le gustas", "deja que te invite y te haga regalos, que es lo normal", etc...
A mí, personalmente, me parece espeluznante que un best–seller se levante sobre cimientos que en Pretty Woman los tolerábamos gracias a lo majos que nos parecían Richard Gere y Julia Roberts, pero no, que no: que la realidad es demasiado cruel como para que nos tome así el pelo E. L. James. Y me da igual que sea una mujer, y que la admiren las mujeres, y que haya packs-regalos de su trilogía con preciosos antifaces de pedrería y esposas de terciopelo.
Y en fin, termino ya, porque si no, mucho me temo que tendríamos una tercera parte de este post, y prefiero reseñar libros que merezcan más la pena.
Sólo añadiré que por ahí hay libros sobre la exploración sexual de una mujer, como Las edades de Lulú de Almudena Grandes, que puede gustar más o menos pero que está muy bien escrito, o El amante de lady Chatterley, de D. H. Lawrence, erótico y revolucionario para su época y, para mí, una maravilla.
Primera parte del libro: Aquí
Primera parte del libro: Aquí
martes, 16 de septiembre de 2025
Reseña interruptus: La península de las casas vacías de David Uclés
Año de publicación: 2024
Valoración: N/A
A estas alturas, creo que no cabe duda de que, en lo que se refiere a la narrativa española, La península de las casas vacías es uno de los libros del año, si no el libro del año (aunque se publicase al final del anterior). Ha ganado ya unos cuantos premios, y apostaría algo a que también va a ganar el Premio Nacional de Narrativa de 2025, por aclamación popular, como pasó con Patria de Fernando Aramburu. Por lo que se lee en internet (quizás, al menos en parte, como estrategia de promoción editorial), también el público está encantado con el libro, y su autor no para de dar entrevistas y ser protagonista y autor de artículos y reportajes.
Bueno, pues a mí no me ha gustado. Ya está. Ya lo he dicho. De hecho, según lo que me dice el eReader, leí el 33% de la novela (aunque hojeé hasta la mitad, porque quería llegar al "Interludio") antes de abandonarla. Para ser justo, porque no he leído la novela entera, no le voy a dar valoración, pero intento explicar a continuación los aspectos que me han llevado a abandonarla, entre aburrido e indignado.
Como soy un chico muy limpio y ordenado, organizaré estas ideas en cinco apartados:
- Realismo mágico
- Novela histórica
- Técnicas narrativas
- Iberismo
- Ideología
1.- Realismo mágico
Casi lo primero que se dijo sobre esta novela (y que el autor ha repetido luego hasta la extenuación) fue que contaba la Guerra Civil desde el prisma del realismo mágico. Y esto se decía con admiración, casi con alivio. "¡Por fin alguien cuenta la Guerra Civil desde el prisma del realismo mágico!", parecían decir, como si fuera algo que necesitásemos más que el comer. Personalmente, no veo muy bien la necesidad de aplicar una técnica desarrollada hace unos sesenta años en otro contexto literario y cultural, para contar el trauma histórico de la Guerra Civil. Ojo, a tope con la polinización cultural, no estoy hablando de que no se puedan recibir y asumir influencias, pero presentarlas como lo más nuevo de lo nuevo, como la salvación de la narrativa española, no me convence.
Por otra parte, esto del realismo mágico es la primera de las varias cosas de la novela que me parecen mal cocinadas o mal digeridas. De hecho, las primeras treinta páginas de novela son tan García Márquez que García Márquez podría cobrar derechos si todavía estuviera vivo. Tenemos ahí el complicadísimo árbol genealógico de los Buendía... perdón, de los Ardolento, seguido de varios capítulos en los que el nacimiento de un niño se relaciona con diferentes eventos sobrenaturales. Imaginación no le falta al autor, no lo niego, pero en conjunto todo este aspecto de la novela es tremendamente "derivativo", como dicen en inglés.
Porque es que, además, el realismo mágico nace precisamente (o así lo defiende al menos Gabo, y la crítica especializada) de una particular visión del mundo, en la cual este tipo de fenómenos sobrenaturales son asumidos como parte de la propia realidad, que no se rige por las fronteras y definiciones racionalistas europeas (como explica el concepto de lo "real maravilloso" de Alejo Carpentier). En cambio, la sensación que da aquí es que tenemos técnica sin esencia, fuegos artificiales literarios que no transmiten una particular visión del mundo. Es verdad que la novela también incluye elementos que cabría describir como "costumbristas", en que se describen con un tono casi etnográfico diferentes costumbres y creencias de la comunidad de Jándula, pero estas son claramente diferentes y diferenciadas de los elementos inverosímiles o irreales, que carecen de esta contextualización cultural. Además, estos elementos son identificados como claramente sorprendentes o increíbles, al contrario de la naturalidad con la que se cuenta cómo Remedios la Bella asciende a los cielos mientras cuelga la colada en Cien años de soledad.
2.- Novela histórica
La segunda capa que compone el entramado de La península... es la del género de la novela histórica. Este género se caracteriza por reconstruir momentos de un pasado más o menos lejano, normalmente de la historia nacional, centrándose en un conjunto de personajes reales o ficticios, comunes o heroicos, y entrelazando los planos individual y colectivo.
Bueno, pues este es otro molde genérico que me parece mal digerido en esta novela.
Como también dicen todas las reseñas y entrevistas, esta novela narra la historia de la descomposición y aniquilación de la familia Ardolento durante la Guerra Civil. Lo individual (la familia) y lo colectivo (la Guerra Civil), por lo tanto; se diría que vamos bien. El problema es que ambos planos parecen fluir casi en paralelo, escasamente integrados, y de hecho hay varios capítulos (que en ocasiones se disfrazan como "augurios" de la tía Eva) en la que se nos va narrando, de forma un poco escolar, los acontecimientos históricos en que se sitúa la acción. También hay capítulos en los que se nos habla de Franco y su estrategia militar o política, de diferentes batallas o acontecimientos de la Guerra Civil (volveré a esto más tarde), pero estos capítulos no se relacionan directamente con la acción ni con la historia de los protagonistas.
Quizás como consecuencia de esto, debo decir (y que me perdonen todos los lectores a los que esta novela les ha emocionado) que las aventuras y desventuras de los Ardolento no han conseguido atraparme en absoluto. Quizás sea por la multitud de personajes, por la narración fragmentaria y distanciada (también vuelvo a esto a continuación) o porque simplemente no me han parecido particularmente apasionantes, pero no he conectado con el destino de los personajes ni me ha importado demasiado lo que les iba sucediendo. En resumen, que ni la parte colectiva ni la individual me han parecido particularmente logradas, y la ligazón entre ambas simplemente no existe o no es suficientemente fuerte.
3.- Técnicas narrativas
Como decía en el párrafo anterior, a los dos modelos literarios mencionados en los apartados anteriores (realismo mágico y novela histórica), el autor superpone aún un conjunto de técnicas que cabría calificar como posmodernas, tales como el fragmentarismo, la autoconsciencia narrativa explícita o la autoficción, que en mi opinión tienen un efecto de distanciamiento que quizás no fuera exactamente el pretendido por su autor. El fragmentarismo es evidente también desde las primeras páginas: la novela se compone de capítulos relativamente breves (algunos, de una única página) intercalados por epígrafes; estos capítulos nos ofrecen las historias y los puntos de vista de infinidad de personajes, y también, como decía antes, nos van explicando el contexto histórico en que se sitúa la acción en cada momento.
El segundo aspecto se manifiesta, sobre todo, en la presencia constante, omnisciente y omnipotente del narrador, con el que los personajes dialogan o debaten, que manipula la narración, y controla las acciones y palabras de los personajes; incluso llega a introducirse en el mundo ficcional para, en uno de los capítulos, dialogar con el mismísimo Francisco Franco, un fragmento que me ha hecho pensar en la película Madregilda. Me suelen gustar bastante este tipo de juegos, pero también aquí han tenido el efecto contrario, me han parecido algo forzados y han contribuido a sacarme de la novela.
En cuanto a la autoficción (¡Guerra Civil y autoficción, tremendo combo!), este es un aspecto más presente en lo que rodea a la novela (las entrevistas, la promoción del libro, etc.) que en la propia novela, aunque también esté sugerido aquí. David Uclés ha repetido varias veces que ha querido reconstruir la historia de su familia, y también ha explicado que ha recorrido España recogiendo historias ajenas, pretendiendo así darle a su novela un cierto espíritu documental que, la verdad, en mi opinión no casa demasiado bien con el impulso imaginativo del realismo mágico. O estamos a setas, o estamos a rólex, pero las dos cosas al mismo tiempo...
4.- Iberismo
Aunque la novela narre la Guerra Civil española, no se sitúa en España, sino en Iberia, un país que reúne los territorios de España y Portugal, ahora rebautizado como "Lusitania". Sé que a la mayoría de los lectores este aspecto no les debe de haber incomodado tanto como a mí, e incluso igual les ha parecido una ocurrencia simpática, pero yo lo veo como un capricho del autor que no está justificado por el propio mundo narrativo, sino que es una imposición autoral que provoca más problemas de los que resuelve. Lo divertio de las ucronías es imaginar una rama diferente de la historia, y perseguir todas sus consecuencias o bifurcaciones lógicas; aquí, la unificación de Iberia parece ser una boutade sin consecuencias y sin demasiadas explicaciones.
Es verdad que, como he mencionado antes, la novela tiene un "Interludio" en el que se explica la historia de Iberia, los motivos y tiempos de su unificación, así como de su relativa autonomía política, y en el que el autor (que no el narrador) lanza un manifiesto iberista. Pero esto no evita la sensación de extrañeza, y hasta de cierta incomodidad, que provoca leer frases como que Alfonso XIII fue "el último rey de Iberia" o que en 1931 "Iberia latía ilusionada ante una nueva república". Al final, lo que tenemos es la obra de un autor español, que extrapola la historia de España y la impone también a Portugal (perdón, Lusitania), que ocupa por lo demás un papel absolutamente marginal en el texto. Por muy buena intención que pueda tener el autor, más que iberismo esto parece un expansionismo español, que no sé si sería muy bien recibido en Lusitania (perdón, Portugal).
5.- Ideología
Dejo para el final el aspecto sobre el que más había oído hablar, al menos entre los detractores de la novela (que también los hay): su equidistancia entre los dos bandos de la Guerra Civil, nacionales y republicanos. Aunque no es fácil formarse una opinión propia, porque las expectativas previas sin duda condicionan la lectura, con lo que he leído de la novela y, también, con las declaraciones que le he leído al autor antes y después de leerla, diría que esta opinión es generalmente cierta, aunque con algunos matices.
Empiezo aclarando que el autor no comparte ningún tipo de negacionismo con respecto a la Guerra Civil: en la novela queda claro que fueron los militares los que se sublevaron contra la República y la traicionaron, o que Franco fue un dictador que se las arregló para librarse de cualquier aliado u opositor que pudiera hacerle sombra. También se narran en la novela las masacres de la plaza de toros de Badajoz o de la "Desbandá"; claro que, como si esto le provocase alguna mala conciencia, inmediatamente se equilibran con la matanza de Paracuellos o con alguna atrocidad republicana contra la Iglesia. Todos mataron mucho y muy mal, vamos. En definitiva, digamos que la novela intenta mostrar una especie de "sentido común" de consenso en relación con la Guerra Civil, insistiendo mucho (sobre todo a través de los epígrafes) en la idea de las dos Españas, el conflicto fratricida, la "pelea a garrotazos" de Goya.
Y por supuesto que, para muchos de los implicados en el conflicto, esto fue así: familias separadas, hermanos contra hermanos, personas alistadas para un ejército u otro en función de dónde les cogiese el levantamiento. Lo que pasa es que, a otro nivel diferente, a un nivel político, ideológico, histórico, 90 años después ya todos sabemos que ambos lados no eran iguales: uno era un ejército fascista, liderado por el futuro dictador y apoyado por la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler; el otro era un ejército ideológicamente diverso y no siempre bien avenido, representante de una democracia legítima, con escaso apoyo internacional. La península de las casas vacías, en otras palabras, aunque no ignora el contexto histórico y político, parece insistir en trasladar el conflicto al ámbito de lo individual o de lo privado, en el que, efectivamente, aquello fue una masacre y una inhumanidad absoluta.
Hay aún otro aspecto que se añade a esta discusión, que ya no pertenece solo a la novela: me refiero a la insistencia del autor en declararse apolítico (lo hace en la propia obra, en ese capítulo que mencionaba antes en el que el narrador habla con Franco), como si intentase no ofender a nadie o, no quiero pensar mal, no perder ningún lector para su novela. En una entrevista reciente, el autor dice, por ejemplo: "En mi país se mueven por lo que no quieren que tenga el otro. La falta de ideales se refleja en el voto negativo. El racismo. El nacionalismo, la idea de que lo propio es mejor". Cabría preguntarle a David Uclés cuál es el sujeto de esa frase; si se aplica por igual a todos los partidos políticos, a todas las ideologías por igual. En estos tiempos que estamos viviendo, y más aún cuando el autor ha afirmado pública y abiertamente su homosexualidad, no adoptar una posición firme contra quienes quieren retroceder a tiempos más oscuros y con menos derechos, me parece un error político evidente - que tiene también, claro, consecuencias literarias en La península de las casas vacías.
Conclusión
Voy terminando, que la reseña ya va larga y los propios lectores de ULAD van a abandonarla, como hice yo con la novela.
No se le puede negar a La península de las casas vacías su valentía, y no solo por su extensión: por intentar dar una visión amplia, polifónica, imaginativa y personal de un momento histórico tan revisitado como la Guerra Civil. Con ese objetivo, el autor ha tomado una serie de decisiones técnicas y estéticas, como la adopción del realismo mágico o de un narrador explícito e intromisivo, que aunque a otros lectores y críticos les han parecido encomiables, a mí me han resultado forzadas y algo artificiales. En conjunto, y ciñéndome a lo puramente literario, me ha parecido una novela construida con muchos ingredientes potencialmente interesantes, pero mal cocinados.
A esto se une la cuestión ideológica, que forma parte, inevitablemente, de la lectura de cualquier obra sobre la Guerra Civil. Está claro que David Uclés ha intentado ir en su obra contra lo que él llama "la moralina de los buenos y los malos", y no hay duda de que hay alguna literatura (ciertas obras de Almudena Grandes, por ejemplo, aunque sea algo incómodo decirlo) que adolecen de un maniqueísmo exagerado. Pero pasar de ese maniqueísmo a una equidistancia que no se da solo a nivel de personajes individuales, sino a nivel de político, como si todas las violencias hubieran sido igual de estructurales, igual de brutales, igual de prolongadas en el tiempo, resulta también muy problemático.
Muy, muy problemático.
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