sábado, 9 de enero de 2010

Bram Stoker: Drácula

Idioma original: inglés
Título original: Dracula
Fecha de publicación: 1897
Valoración: recomendable

He aquí un clasicazo del terror de todos los tiempos. Bueno, no, más bien del XIX, y bien que se nota. Sobre todo porque más o menos la mitad del libro (y es gordo) consiste en exclamaciones del tipo: "Oh, Dios mío, dame fuerza para soportar tantas penurias" o "vea en este brazo tendido, mi amada señora, un apoyo sempiterno en el dolor" etc. Digamos que las manos implorantes, las voces temblorosas y los rostros lívidos sobreabundan. Pero eso precisamente le da un aura que hace que nosotros, modernos y cínicos lectores del XXI, descubramos en esta novela algunos placeres que no pudo proporcionar en su tiempo.

Por Wikipedia me entero de que Drácula no fue ningún best-seller instantáneo; fueron más bien las adaptaciones al cine las que fueron dándole su tardía popularidad. Para el público victoriano aquello no pasó de una buena historia de aventuras. Y eso es justo lo que más me ha gustado a mí: encontrarme los recursos que puede usar hoy día el mismísimo Dan Brown, pero rodeados de un aura inconfundiblemente decimonónica. Me explico. Un truco típico para mantener el ritmo en las novelas de acción y, de paso, lograr verosimilitud es el de dar la hora exacta en que suceden los acontecimientos. Bueno, pues Bram Stoker ya lo sabía, así que podemos leer cosas como ésta: "En este mismo momento, mientras le escribo, me acaba de llegar un telegrama de Jonathan diciendo que sale esta tarde de Launceston a las 6.25 y que estará aquí a las 10.18." No sé a vosotros, pero a mí me produce mucha ternura ese evidente deseo de expresar modernidad en un mundo de fonógrafos, trenes a vapor y telegramas...

De hecho, creo que esa exhibición de modernidades no es nada anecdótica en el propósito general de la obra. Tal y como queda retratado aquí, Drácula es la perfecta encarnación del monstruo anti-moderno. En un mundo que ya estaba sumido en un constante flujo de informaciones y mercancías, Drácula es un ser vinculado por necesidad a un lugar (un perverso genius loci). Toda la novela gira en torno a su traslado a Londres desde Transilvania, es cierto, pero sólo puede hacerlo llevando consigo la tierra de sus antepasados, en la cual descansa. Para hacerle frente, Jonathan Harker y sus amigos, comandados por el sabio Van Helsing, deben olvidar su mentalidad escéptica y científica, y abrazar supersticiones que creían superadas. Lo que se narra es la lucha de la modernidad por imponerse, pero, curiosamente, ésta sólo puede vencer traicionándose a sí misma. Al fin y al cabo no hay mejor imagen para "el retorno de lo reprimido" que un difunto que vuelve de su tumba, ¿no?

En fin, psicoanálisis aparte, Drácula es una novela que sigue enganchando, y a la que los años le añaden cierta graciosa inocencia. Eso sí, que nadie se engañe, porque Stoker no inventó el género, ni mucho menos, como bien explicaba Santi en aquella entrada rumana de su blog. Ni siquiera es segura la habitual filiación histórica entre Drácula y Vlad Tepes: ya nos comentó Ian aquí que la condesa Báthory también le pilló el punto a los donantes de sangre. Si uno lo piensa bien, resulta que lo único que hizo Stoker fue dar con el nombre definitivo, que no es poco. Una cosa más y termino. Drácula es un tipo con encanto aristocrático y que parece dejar embobadas a sus bellas víctimas, pero eso sí: su casa apesta y le encanta convocar ejércitos de ratas. Que los de Crepúsculo se han tomado unas cuantas licencias, vaya.

Si estáis vampíricos, os recuerdo esta otra entrada de Ian, quien, por cierto, seguro que puede contarnos cosas interesantes sobre las muchas adaptaciones al cine.

6 comentarios:

izas dijo...

Me encanta este libro. Puede que Stoker no inventara el género, pero es indudable que escribió una novela estupenda. Tiene mérito que siga entretetiendo más de un siglo después de haber sido escrita (a ver cuántos libros publicados hoy en día aguantan más de diez años –cachis. Empiezo a hablar como mi abuelo) y no puedo sino imaginar lo perturbadora que tuvo que ser en su momento.

Me habría encantado leerla con la mentalidad del siglo XIX, seguro que habría sido todo un viaje.

Jaime dijo...

Jajaj, pues sí, mi abuela siempre dice que ya no hacen películas como las de antes, que eran tan bonitas y tan claras. Camino vas, izas;). No, en serio, yo creo que a mí lo que más me ha gustado ha sido justo lo antiguas que suenan algunas cosas. Pero tienes razón, leído entonces tenía que ser terrorífico. Y supongo que es fácil considerarlo ingenuo hoy, cuando nos han metido a Drácula hasta en Barrio Sésamo. ¿Pasará lo mismo con las cosas que nos aterrorizan hoy? ¿Acabará la niña de The ring anunciando pastillas para dormir?

Ian Grecco dijo...

Drácula, vampiros...¡mi debilidad!

Necesitaría todo un ensayo para tratar largo y tendido el tema (gracias, Jaime, por aludir a mis dos incursiones en este blog sobre chupópteros).

Pero así, a bote pronto, he de decir que en mi opinión, la mejor película (y más fiel al libro, ojo) que se ha rodado sobre el monstruito más atractivo de la historia ha sido la de Coppola (1992), con mi admirada Winona Ryder (¡que alguien la rescate, por Dios! ¡Cleptomanía forever!) y el camaleón de Gary Oldman como protagonistas.

Pero también hay que hablar de Nosferatu (1922), joya del expresionismo alemán, la cual nos presenta a un Drácula feo como pegar a un padre, orejudo, narigudo, y poco aficionado a la manicura.
Precisamente este tipo de Drácula aparecería en la nueva versión de Nosferatu de los 70 dirigida por el terrible Herzog, con su amado/odiado Klaus Kinski como prota y la bellísima Isabelle Adjani dando voz y cuerpo a Mina.

Y no olvidemos al pobre Bela Lugosi y sus múltiples filmes encarnando al conde transilvano, y lo mal que quedó el pobre: el mito venció al hombre arrastrándole a la locura, y Lugosi terminó sus días durmiendo en ataúdes y adicto perdido a la morfina (¡vean Ed Wood, de Tim Burton, y permítanse llorar ante el amargo declive de un mito!).

Bueno, ¡si hasta Leslie Nielsen parodió a Drácula, y Chiquito también! (Confieso: vi ambas monstruosidades en el cine...). Y en estos días, en La 2 a mediodía, dan una serie pavorosa sobre un Drácula divorciado y sus hijos adolescentes, glup...

Y por cierto: aún tengo pendiente a la Meyer, y a su Amanecer, la cuarta parte de la saga Crepúsculo, una extraña porquería que, como si de magia negra se tratara, me ha "obligado" a leerme hasta su letra pequeña...Qué cosas...

Jaime dijo...

Ed Wood es genial: decadencia hollywoodiense en estado puro. La que no he visto es la de Coppola, a ver si la pillo un día de estos. Sobre Nosferatu he leído que el director se enfrentó a un pleito por infracción de derechos de autor con los herederos de Stoker. Para que se vea que esas cosas tienen ya sus añitos..

escalerasytoboganes@gmail.com dijo...

No entiendo cómo puede haber gente enganchada a los vampiros y que no haya leído Drácula. Conozco algún caso y el interés no viene de la mano de ‘crepúsculo’, sino que es anterior, viene de Anne Rice.
Otra cosa que me llama la atención es cómo el personaje de Drácula ha podido dar tanto de sí teniendo en cuenta el final de la novela. No digo más.

Despistao dijo...

Para mí supuso una decepción. Esperaba tonos góticos, profusión de sangre, terror intenso a la vuelta de cada párrafo...y no hay nada de eso. Es una sucesión de cartas y apuntes de diario a la que le falta intensidad, ganas...SANGRE!!

No debería incluirse en el género de terror, sino más bien en el de aventuras. Lo único salvable es la parte (al principio) en la que Harker (si no recuerdo mal se llama así) se hospeda en el castillo del vampiro, y todo lo que allí acontece. Lo demás...absolutamente prescindible, aburrido incluso.

Por cierto que hace poco ví una versión de Nosferatu con música ambiental de fondo que era pa cagarse de miedo.