
Fecha de publicación: desde 1984
Valoración: repugnante
Bueno, empecemos diciendo que esto es un auto-exorcismo en toda regla. O, si lo preferís, una de esas sesiones de "autocrítica" en las que un coro de ardientes estudiantes maoístas alentaba a algún enemigo de la revolución a reconocer públicamente sus culpas. Sólo que yo cuento esto por mi propia voluntad y vosotros no agitáis pequeños libros rojos en mi cara. (Aunque, quién sabe, puede que sí aparezca algún libraco azul...) Procedamos.
Lo confieso: me leí toda la serie de Caballo de Troya. Para quien no lo sepa, esta saga consta de ocho novelas, cada una de ellas de 400 páginas, cien arriba cien abajo, y es la obra magna de J. J. Benítez, periodista navarro que se hizo famoso en los años 70 y 80 por popularizar el fenómeno OVNI en España. Ya desde la primera entrega se utiliza el recurso del "manuscrito hallado". Así, J. J. Benítez cuenta cómo encuentra el diario inédito de un mayor estadounidense tras seguir un complicado juego de pistas (que, todo sea dicho, en sofisticación y esoterismo deja a Dan Brown a la altura del betún). El diario revela los pormenores de una misión de alto secreto denominada "Caballo de Troya", que consistió en saltar hacia atrás en el tiempo hasta la Palestina del año 30 de nuestra era. El objetivo del mayor y su compañero (Jasón y Eliseo son sus nombres en clave) era asistir a los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, y levantar un testimonio científico y contrastado.
Esa primera novela, que termina después de la Resurrección, fue un gran éxito de ventas, así que le siguieron otras siete, y Benítez amenaza con una más. En la segunda se narran las apariciones de Jesús resucitado, en la tercera su infancia, en la cuarta su juventud, en la quinta otra vez apariciones, y en las restantes los prolegómenos a la vida pública y su inicio. Yo descubrí la saga cuando ya estaba escrita hasta la mitad, en 1996. Devoré los cuatro primeros tomos en edición de bolsillo y fui comprando los demás según iban saliendo. Incluso el sexto, ay, lo tengo firmado por J. J. Benítez y con una dedicatoria que dice "a Jaime, semilla de un mundo maravilloso". Bueno, y ahora viene la pregunta: ¿qué hay de malo en esto? ¿Por qué tengo que confesarlo como si se tratara de un oscuro pecado de adolescencia? Dicho brevemente, porque la saga de Caballo de Troya es de los productos literarios más deshonestos que me haya echado nunca a la cara.
Nada hay de malo en recrear una determinada época histórica como escenario de una ficción. Novelas históricas hay a raudales, y alguna muy buena. Tampoco hay nada malo en la coartada fantástica de los viajes en el tiempo. El problema es que no es eso lo que atrae al lector de Caballo de Troya. No es, desde luego, lo que me atrajo a mí. Si aguanté durante más de 3000 páginas el estilo de J. J. Benítez, que oscila entre la monotonía periodística, la chapa científica y el entusiasmo sentimental; si soporté las interminables descripciones de tecnología fantástica o de la flora y fauna palestinas, fue sólo por una razón: la figura central de los supuestos informes del mayor. Creo que no hay ningún otro motivo para leer estos libros que una cierta vinculación emocional hacia Jesús de Nazaret. Lo malo, por tanto, es que J. J. Benítez explota este vínculo a sabiendas, aprovechándolo para disimular su narración mediocre y para atribuir a Jesucristo los hechos y las palabras que a él le parece.
El mensaje de Jesús en la versión de J. J. Benítez, desde luego, tiene bien poco que ver con la ortodoxia cristiana. Se pone el hincapié en el Jesús más hippie y menos exigente. Se atenúan todos los elementos que escandalizan a nuestra conciencia posmoderna, se impregna todo de un difuso mensaje new age sobre la evolución espiritual del individuo y se dejan sentadas las bases para la ufología. ¿Os suena de algo? Sí, claro: J. J. Benítez ha sido acusado de plagiar al Libro de Urantia. (Juro que no es mi intención generar aquí ninguna controversia nueva, pero seguro que nuestro amigo David Carrera podría aclararnos si estas acusaciones son ciertas... Al fin y al cabo, sé que leerás esto: he dicho la palabra mágica.)
No contento con atribuirle a Jesús todas las sensiblerías esotéricas que le dio la gana, J. J. Benítez, además, ha jugado constantemente a ser ambiguo con estos libros, hablando siempre de "investigación". Esto ha sembrado no pocas dudas en espíritus receptivos, y yo mismo fui testigo, en aquella firma de libros, de cómo un lector le preguntaba si la historia era cierta. J. J. Benítez se limitó a mirarle a los ojos, sonreírle y decir: "Y a ti, ¿qué te dice tu corazón?" Por si alguien piensa que exagero, valga de muestra el artículo de Wikipedia sobre Caballo de Troya, que, en busca del consenso entre editores creyentes e incrédulos, sólo menciona la palabra "novela" en el título, abandonando el resto del texto a la ambigüedad.
Como os lo estaréis preguntando, respondo que no, yo no llegué a ese extremo: en todo momento fui consciente de que leía una obra de ficción. Lo que significa que acepto que el autor se tome todas las licencias que le corresponden. Sin embargo, no puedo evitar sentirme interpelado por la figura de Jesús, y me repugna que gente como J. J. Benítez manipule suciamente esa carga emocional. El problema no está en escribir una novela sobre Jesús, ni en erigirse en último intérprete de su mensaje (¡por uno más!), sino en mezclar ambas cosas, en hacer las dos sin admitir ninguna. El problema está en enriquecerse vendiendo enseñanzas pseudo-profundas a precio de saldo y no tener siquiera el coraje de decirlo abiertamente. Todo novelista es un farsante, diréis. Sí, pero uno que admite que lo es.
201 comentarios:
«El más antiguo ‹Más antiguo 201 – 201 de 201Todas las historias leídas o vistas en peliculas tienen un carácter objetivo. He leído siete tomos. Soy catolica y para mí lo mas importante es Dios. En el Nuevo Testamento, el apóstol S. Juan nos dice en el capitulo l, "Al principio el Verbo era Dios y el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros". Esto lo digo porque he leído en un comentario anterior, que Jesús primero fue hombre y después Dios. A este muchacho que pide consejo le diría que puede leerlo y juzgar por sí sólo, si conoce la Biblia, después que busque otros autores que escriben sobre su propia experiencia con la religion protestante y su conversión al catolicismo.
Publicar un comentario