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domingo, 2 de febrero de 2020

Semana del cine #7: La gran superproducción de Jan

Idioma original: Español
Año de publicación: 1985
Valoración: Genial




Las relecturas son peligrosas y más cuando se trata de libros que se tienen mitificados y más cuando el mito se forjó nada menos que en la tierna infancia. Pero como me parecía que La gran superproducción de Superlópez era un cierre ideal para la primera Semana del Cine de ULAD, no me quedó otra que cruzar los dedos y lanzarme a la relectura. Cuántos sacrificios hay que hacer… 

El personaje de Superlópez no es más que un Superman en tono de humor y a la española: Juan López viene de las afueras (El Masnou) y trabaja en una oficina de Barcelona junto a su compañera y novia Luisa Lanas. Nadie sabe que Juan mantiene una doble vida y que es el alter ego de Superlópez. A todos aquellos que han leído algo de Superlópez y que consideran que no les va, no voy a convencerlos de nada. El resto, mucha atención porque nos encontramos frente a uno de los álbumes más singulares y desternillantes de la saga. 

Resumen resumido: La empresa en la que trabaja Juan López ha sufrido un cambio de rumbo debido a una crisis (la editorial Bruguera estaba en crisis cuando Jan escribía e ilustraba esta historieta) y ahora es una productora de cine (Llauna Films SA). Su primer proyecto acabará siendo una versión de Conan el bárbaroTronak el Kárbaro— con muchas pretensiones que el presupuesto y los numerosos imprevistos acabarán rebajando hasta cotas insospechadas. Súperlópez acabará tomando las riendas de la producción hasta sus últimas y esperpénticas consecuencias.

Esta aventura de Súperlópez se diferencia del resto porque no hay ningún villano o escuadrón maligno al que derrotar, pero lo mejor es ver cómo la excusa de hacer una película le sirve a Jan para hablar un poco de todo con toda la retranca posible: 
  • Los plazos imposibles. En esta historia el villano, si lo hubiera, sería el tiempo. 
  • El «postureo» de contratar a super estrellas de Hollywood a las que no puedes pagar. 
  • El mal hacer que te lleva a embarcarte en un guión elegido por error. 
  • La lucha obrera (por los extras de la escena de la batalla que temen que no les paguen y se acaban peleando de verdad) 
  • El niño tipo «el vaquilla» que contratan para hacer de Tronak cuando era niño y que se pasa el rodaje pidiendo cigarrillos. 
  • La protagonista que se niega a actuar vestida a menos que sea por exigencia del guión. 
  • La crítica cinematográfica: cómo algunos tras asistir al estreno del tremendo bodrio aún le encuentran sentido. 
  • Etc 
Y lo que más me sorprendió cuando lo leí con diez u once años fue descubrir la importancia del montaje a la hora de hacer una película. Jamás se me hubiera ocurrido que las escenas se filmasen en un orden distinto al del montaje final o que hubiera material que se acabara desechando. 
Más allá del guión y el estilo irónico, el dibujo de Jan me sigue pareciendo una maravilla por su dinamismo y nivel de detalle. 
Así que genial, porque esta relectura lejos de decepcionarme me ha reafirmado en mi predilección por este álbum maravilloso.

PD: De la película de Superlópez, mejor no hablamos.

martes, 16 de mayo de 2023

Colaboración: Todo modo, de Leonardo Sciascia

Idioma original: italiano

Título original: Todo modo

Traducción: Joaquín Jordá

Año de publicación: 1974

Valoración: Muy recomendable


Siempre me ha parecido un acierto y modelo a copiar por la crítica de otras ramas del saber la diferencia que se establece en enología, (disciplina a la que soy totalmente ajeno), entre lo que se le suele llamar “gusto” y “regusto”. Esto, como profano, lo entiendo como la diferencia de sensaciones que te produce algo (un “input”, se mal llamaría ahora) en el momento del consumo y en su digestión; y que conste, hablo de vinos porque de momento no me he dado a las drogas, ni tampoco quiero propugnar su uso. Por cierto, al contrario que en la comida, soy acérrimo defensor de las novelas de digestión pesada, profunda y laboriosa.

No es este el caso, puesto que es una novelita corta que se puede despachar en un par de horas a placer. Y hablo del gusto/regusto porque, a pesar de su brevedad, me ha recordado muy claramente a tres obras muy distintas entre sí (y, al menos dos de ellas, bastantes más largas), sensación que ha ido aumentando a medida que lo dejaba reposar: La montaña mágica, El nombre de la rosa, y, porqué no, Hotel Pánico, de Superlópez. Curiosamente, todas ellas, incluida la reseñada, del S. XX.

Les cuento parte del argumento y ya me dirán ustedes:

Un pintor, sin nombre revelado en toda la obra, llega como casi por casualidad a una especie de antigua ermita que actualmente funciona como hotel, pero regentada por curas, monjas y demás personajes religiosos.

Nuestro protagonista se entera de que en los próximas días se celebrarán unas jornadas de meditación a las que acudirán la flor y nata del país, desde el presidente y ministros, hasta peces gordos de la banca y la industria, por lo que decide quedarse a ver qué se cuece, cosa que consigue valiéndose de su influencia.

Dado que en ese primer día de estancia las únicas ocupantes parecen ser cinco llamativas jóvenes, nuestro protagonista (gustos hay de todo tipo) aprovecha para acercarse y conocer al padre Gaetano, sacerdote y jefe de hotel, que se convierte rápidamente en la figura central de la novela, y con el cual surge una complicidad que no sabemos hasta qué punto es real y hasta cuál imaginada por el pintor.

También con rapidez (todo tiene que ser rápido a la fuerza, es una novela realmente corta), en cuanto llegan los afamados huéspedes se producen una serie de actos que forman el argumento en sí de la novela. Y hasta aquí podemos leer sin destripar el argumento.

Tildada por la posterioridad como profética (publicada unos 4 años antes del asesinato y secuestro de Aldo Moro) y por la crítica como novela de fuerte carga social, la verdad son estos aspectos que no he detectado en ningún momento, quizá por mi inevitable distanciamiento con el régimen italiano de la época. De hecho, si cito La Montaña Mágica y El nombre de la Rosa es por la sensación de aislamiento y mundo propio que me han hecho sentir las tres.

Aunque he leído en bastantes sitios que Todo modo se podría catalogar como novela negra, no encaja para mí dentro de lo noir: No hay un Sherlock Holmes – ni, más importante, un Watson – si no contamos las deducciones que se le ocurren al propio pintor y que hace llevar al personal encargado de resolver el caso, que por alguna razón desconocida parecen tomarlas en consideración. Sí que hay, pululando a lo largo de todo el libro, algo de brumoso, pero con una niebla que más que ocultar de misterio acoge parece tener forma de existencialismo – mérito del padre Gaetano.

De hecho, lo mejor de la novela, para mí, son los parlamentos entre el pintor y el padre Gaetano, o más bien todos los momentos en los que aparece este último, verdadero eje central del libro. Aunque de inevitable tendencia religiosa, se nos muestra un personaje maquiavélico y manipulador con el que en ningún momento los lectores sabremos a qué atenernos. Mención aparte para su final, lo que para mí descarta definitivamente el género negro: simplemente, no cumple las reglas no escritas del género.

Sciascia se sirve de la oportuna amistad entre el personaje del juez instructor, compañero de la infancia del protagonista, y de la complicidad que surge entre este y el comisario para irnos dando migajas del – nulo – avance en el caso.

Con estos tres personajes centrales, acompañados de un cocinero acongojado por las circunstancias que personifica al personal laico del hotel, y un comisario con más ganas de retirarse que de solucionar el caso, cumpliendo este el papel de policía pasota y corrupto que presuntamente preponderaba en la época, Leonardo Sciascia construye una novela muy bien formada, excelentemente escrita, con numerosas citas (muchas de las cuales, vergüenza de mí, ignoro) que nos hablan de alta cultura pero aún así accesible y perfectamente disfrutable.

Lo abierto del final, que no sé si se deberá a que fue escrita para una época y un lugar muy concretos o es así por decisión artística, y las referencias críticas que no he conseguido advetir en la novela, la alejan, a mi juicio, la calificación de Imprescindible, pero con los suficientes méritos propios como para alzarse con un Muy Recomendable.

Pero ojo, me da la sensación – tan manida pero a la vez tan cierta - que es de esos libros que el no poder disfrutarlo al máximo es más culpa de (la ignorancia) del lector que del oscurantismo del autor.

PD: Y sí, no es tan divertida como Hotel Pánico, pero es que hablar de la época buena de Superlópez ya son palabras mayores...

Otras (bastantes) obras de Leonardo Sciascia en ULADaquí

Firmado: EPS

sábado, 29 de enero de 2022

José Domingo: Aventuras de un oficinista japonés

Idioma: ninguno

Año de publicación: 2012 (2017 con "Guía de lectura")

Valoración: Bastante recomendable

¿Quién ha dicho que la vida de un gris oficinista, de un simple chupatintas, ha de ser monótona y aburrida? Que se lo digan al protagonista de este cómic, un buen señor que sale de trabajar y en el trayecto hasta su casa le ocurre de todo. Pero cuando digo de todo, quiero decir DE TODO... ¿Qué se os ocurre, a ver? ¿Que le persiga un rollito de sushi gigante? Pues le pasa. ¿Que se cuele en la morada de unos gaijin caníbales? Pues pasa también. ¿En una secta satánica que maneja el servicio de Correos? Ídem. ¿Ser deglutido y... ejem, defecado en forma de bola gigante de chicle por un alienígena? Pues igual. ¿Que se enamore en medio de tanto ajetreo? En fin, no os voy a contar todas las vicisitudes del buen hombre, pero insisto: le pasa de todo, cualquier cosa que os podáis imaginar...

Y toda esta delirante historia (no cabe sino calificarla así) narrada sin una sola palabra, aparte de los carteles en japonés o inglés que se ven en los edificios, y a través de unas viñetas con un encuadre fijo picado y con perspectiva diédrica, a razón de cuatro por página (excepto alguna en la que se unen parara permitir una panorámica más amplia de la escena-; estos elementos formales , así como el aire naïf de los dibujos, hacen recordar la estética de los videojuegos, hoy en día ya vintage: en efecto, nuestro oficinista parece un personaje de Mario Bros. o Donkey Kong que tiene que ir pasando pantallas, a cada cual más extravagante... otra circunstancia que remite a la "cultura visual y narrativa" (esto me está quedando un poco cooltureta... sorry) que recibimos los niños de hace... ejem, taitantos años es la prolijidad de detalles y personajes secundarios, de pequeñas historias que abundan en todas las viñetas, como ocurría (y sigue ocurriendo) en aquellos míticos tebeos de Mortadelo o Superlópez. De hecho, y aunque para su disfrute ayuda no poco el gran formato que tiene este libro, en la edición del cómic que yo he leído, al menos, adjunta una guía, página por página, para no perderse todos estos detalles que, en una primera lectura, es fácil que nos pasen desapercibidos. Se impone, pues, una segunda lectura -y no descartéis una tercera, cuarta...- no menos regocijante que la primera, aunque ya no se pueda igualar el nivel de sorpresa inicial.

Por supuesto, señalar que el artífice de esta genial "ida de olla" es el aragallego (o gallegonés), al que imagino levantándose cada mañana dispuesto a plasmar en el papel las flipadas oníricas que había soñado infligirle, quizás a modo de terapia, al pobre oficinista japonés de su historia. O tal vez no lo soñara, sino todo sea el resultado de una imaginación desbocada, lo cual, huelga decirlo, está requetebién, más aún viendo el resultado... (tanto que este cómic recibió, en su momento, el premio nacional del Salón de Cómic de Barcelona y llegó a estar nominado para el Eisner). Como sea, es una obra especialmente disfrutable. Y, además, aquellos a los que se nos va de vez en cuando la pinza, se lo agradecemos a su autor: sabemos que no estamos solos...