Año de publicación: 2016 (2026 en España)
Traducción: Sandra Caula
Valoración: Recomendable
Título original: The death of Vivek Oji
Años de publicación: 2020
Traducción: Arrate Hidalgo
Valoración: recomendable
Año de publicación: 2026
Valoración: está bastantante bien (sobre todo para interesados/as en el tema)
Ha comenzado un nuevo curso escolar y, al menos en España, muchos y muchas docentes, y no pocos progenitores (bueno, de éstos quizá no tantos) comprueban con preocupación cómo, un año más, parece aumentar la popularidad de las ideas de extrema derecha entre el alumnado, especialmente en el sector masculino del mismo, incluso a edades muy tempranas... Los querubines que en Primaria sólo se preocupaban de jugar al fútbol y cazar pokémons (no estoy seguro de que esta actividad se siga haciendo, pero ya me entendéis) al llegar a la Educación Secundaria semejan gremlins que han comido después de medianoche y se declaran franquistas, cuando no filonazis, racistas, machistas, homófobos y aporófobos (porque todos creen que se van a hacer ricos como influencers, minando criptomonedas o montando una estafa piramidal como el tal Lla...
-¡Bueno, ya está bien, que siempre estás igual! Deja de meterte con las ideas que no te gustan, que todas merecen un respeto y...
-No, no lo merecen. Sigo: La tendencia parece evidente e imparable, pero la politóloga Alicia Valdés se ha preguntado si realmente esto es así o nos estaremos dejando engañar por ideas preconcebidas y, sobre todo, por los contenidos que a los medios de comunicación les vienen bien para generar visitas. En este pequeño ensayo (de ahí que lo haya etiquetado como Zoom), la autora explora, en primer lugar, las fuentes de esa idea tan extendida, ya casi tópica, de que el auge actual de la extrema derecha se debe al apoyo de los adolescentes y hombres jóvenes. Asismismo, la idea, no menos extendida, de que esa querencia por las ideas ultras se debe a una reacción ante los "excesos" del feminismo -idea que se extendió hasta convertirse en un lugar común , por lo visto a raiz de un artículo de John Burn-Murdoch publicado en el Financial Times-; Valdés dedica buena parte de las 50 páginas que, una vez eliminados índices, notas, agradecimientos y morralla editorial, componen este pequeño ensayo a desmentir ambas ideas: ni todos los chicos jóvenes son filofascistas -descarta, además, que la Z o como se diga sea "la generación más machista de la Historia"-, ni el feminismo tiene la culpa de que algunos lo sean. La culpa, por si alguien se la pregunta, es, por supuesto del capitalismo, o, mejor dicho, de la crisis del mismo, que ha propiciado una segmentación de la sociedad en grupos identitarios para hacer más eficaz aún la explotación de los individuos. Entre estos grupos, especialmente agraviados por la pérdida -aunque sea un sentimiento basado más en su percepción que en la realidad- encontramos a los hombres jóvenes, que aspiran al ideal de ser "hombres PPP" (es decir, Proveedores, Protectores y Procreadores) como lo fueron, supuestamente, sus ancestros. Pero ahora, las malvadas feminazis, los inmigrantes y la ideología woke se lo impiden a los pobriños... Esto es lo que creen ellos, no Alicia Valdés, claro. Aunque lo que sí piensa ella, es que "los partidos políticos de izquierda también son responsables del auge de la extrema derecha"... Vaya, esto es una novedad: echar la culpa a la izquierda de lo que hace la (ultra)derecha. Nunca habia oído algo semejante... Claro, que la idea se vuelve un poco (más) bochornosa cuando pone como ejemplos declaraciones y actitudes... del PSOE. No hay más preguntas, Señoría...
Ahora bien, tampoco quiero dejar la impresión de que este librito no me ha gustado, ni mucho menos. Entre los aspectos positivos que le encuentro están:
Año de publicación: 2026
Valoración: Interesante (pero con muchos reparos)
Si viene a nuestra memoria aquello de 'los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa', recordaremos que don Antonio Machado, en aquel Juan de Mairena que tuve la temeridad de criticar negativamente, recomendaba la sencillez para conseguir un lenguaje realmente poético. Seguramente Javier Moreno conoce este episodio, y aunque no parece probable que su intención fuese conseguir precisamente un lenguaje poético, sí lo es que pretende demostrar su erudición, no sé si para impresionar a sus lectores o a su editor, quizá a ambos. El caso es que el autor, conscientemente o no, hace todo lo posible para eludir la máxima de Machado, y su forma de expresarse resulta así, en demasiadas ocasiones, pomposa, pedante y casi siempre anhelante del sinónimo más oscuro para obligar al lector a agarrar el diccionario en busca de definiciones. El Quevedo de La culta latiniparla tendría también mucho que decir en este asunto.
He de reconocer que he visto casos peores, algunos de los cuales hemos reseñado aquí no hace demasiado tiempo. Cultismos innecesarios, latinajos y rebuscados recursos a la etimología griega, y múltiples citas que se manejan como argumentos de autoridad, son elementos omnipresentes en muchas páginas, que solo contribuyen a emborronar las tesis que se exponen. Si hablamos de citas, Moreno haría bien en seguir el ejemplo de ese peculiar filósofo serbio cuyos fragmentos se multiplican sin freno (a veces hasta dos o tres páginas completas) durante buena parte del libro hasta desaparecer de forma completa y abrupta: los textos de Radonic muestran el camino adecuado para expresar las ideas con claridad y sin ornamentos.
Habiendo dejado constancia de lo que me parece un lastre fundamental, también debo decir con sinceridad que el libro contiene reflexiones interesantes. Moreno ejerce un tanto de polímata, tocando casi todos los vértices del conocimiento (filosofía, psicología, matemáticas, arte, tecnología, física, mitología…), y de toda esa proliferación, seguramente excesiva, se pueden extraer algunas ideas de cierta importancia. La más significativa, y que como tal luce en el sugerente título, es la puesta en valor del azar, lo contingente que necesariamente acompaña al ser humano y que, queramos o no, define muchas veces nuestras vidas. El mundo actual, que quiere ser gobernado por la tecnología, intenta eliminar lo erróneo y lo fortuito, y esa obsesión por el control se lleva también por delante espacios de creatividad y los necesarios márgenes para que la duda y la incertidumbre actúen como palanca de nuevas ideas, en definitiva el progreso.
Este planteamiento se desborda, y a veces se difumina, en múltiples perspectivas, que con frecuencia tienen que ver, entre otras cosas, con la fe ciega en el progreso tecnológico (otra vez la IA, ya lo siento), e incluso con una reacción que desde ciertos sectores se dirige a la recuperación de las esencias, una especie de nuevo romanticismo que, en lo político, se traduciría en el crecimiento de los integrismos y el retorno a las tradiciones (ultraderecha).
Cuestiones de fondo bien trabadas y que escapan de los análisis simplistas que ofrecen buen número de ensayos que encontramos aquí y allá. Se agradece en definitiva un nivel intelectual apreciable y la capacidad para elaborar y manejar conceptos abstractos sin despegarse del mundo real, lo que hace que el libro presente un interés apreciable. Lástima entonces que el autor no haya sido capaz de evitar los reiterados raptos de erudición y tentaciones de creatividad que habrían tenido mejor acomodo en textos de otra índole: hacen oscuro lo que de interesante tiene el libro y hasta puede provocar la huida del lector. En mi caso faltó poco para conseguirlo.
Título original: The Yellow Birds
Año de publicación: 2012
Traducción: Jesús Gómez
Valoración: recomendable
Quizás estemos llegando a cierto momento en que el género bélico resurja de alguna manera, aunque sea para mostrar cierta permeabilidad en sociedades, en momentos en que las actitudes que implican cierta violencia han dejado de ser patentemente reprobables y empezamos a otorgarles cierta justificación, algo que quizás no sea un abierto beneplácito, ya se verá, pero que ya no es un rechazo abierto. No puedo evitar referirme al obvio auge de las escuelas de boxeo, a la omnipresencia de la UFC, a una serie de detalles que nos revelan cierta inflexión en una tendencia de décadas. Lo cierto es que la sangre en un ring es algo a lo que empezamos a acostumbrarnos, de nuevo.
¿Es que esto debería asustarnos? Bueno, es una reflexión necesaria, pero lo que está claro es que, por una serie de factores, la plasmación gráfica de la violencia o su descripción, como la que contienen las páginas de Los pájaros amarillos, ya no escandaliza, ya ni siquiera parece que pueda parecernos ofensiva, por cuanto ese es un entorno que empieza a ser habitual. Ésta es una novela bélica, la historia del soldado Bartle, veintiún años y en acción en Irak en 2004, precipitadamente alistado y enviado a misiones acompañado de Murph, este de dieciocho, que queda a su cargo de cierto simbólico modo, pues ambos proceden de Virginia. La novela se situa en tres escenarios en que los capítulos van saltando: los poblados que se convierten en zonas de combate, Virginia, una vez Bartle regresa tras el incidente que marca la narración, y la fugaz presencia de una zona de tránsito en Alemania que sirve de escala para su regreso.
Se me hace difícil considerar esta novela como un abierto alegato antibelicista, no lo es al uso de alguna otra novela aunque tampoco es exactamente una novela de acción. El componente psicológico es importante, por cuanto Bartle (que parece un alter ego de su autor, que también combatió) carga con la narración y su tono es más apático y resignado que inflamado y emocional. Quizás un adecuado reflejo de lo que representa afrontar esas situaciones a esa edad. Cierto es que el conflicto ha sido abordado ya desde ciertas perspectivas más o menos críticas - la excelente serie Generation Kill - o incluso con tonos más periodísticos como en cierta brillante novela de Álvaro Colomer, pero sorprende el tono casi monocorde de la narración de Bartle, supongo tomado de forma consciente, y que no deberíamos interpretar como una banalización, más bien como una abnegada asunción de que ciertas decisiones no tienen camino de vuelta.
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable
Todo en esta novela de Isaac Rosa está al revés. Desde el título que introduce un giro al que no estamos acostumbrados, hasta la propia ordenación de la novela que comienza por un epílogo y finaliza con un prólogo. Desde luego, no es una decisión improvisada, puesto que el escritor sevillano decide romper el orden cronológico y nos presenta a una pareja en el momento de demolición absoluta de su relación sentimental y avanza hacia atrás finalizando con un prólogo en que nos descubre cómo se conocieron y enamoraron.
Comienza la novela con una primera frase que constituye una declaración de intenciones de la pareja protagonista: "Nosotros íbamos a envejecer juntos". Con esta frase inicial en pasado, ya sabemos que ese objetivo común no se va a cumplir. Lo que sigue es una radiografía desoladora de los entresijos de una relación que se ha derrumbado por la situación de incertidumbre personal y laboral con la que tienen que lidiar nuestros protagonistas y a la que no son capaces de sobrevivir.
Nuestros protagonistas son dos urbanitas (periodista y profesora de mediana edad), cuya relación se ha desmoronado. Isaac Rosa va dando alternativamente la voz a uno y otro y nos van descubriendo los motivos que les llevaron a romper ese proyecto común.
Los primeros capítulos son durísimos. Desde el rencor y el resentimiento que conlleva el final de una convivencia, ambos protagonistas van disparando dardos que apuntan a la línea de flotación de su relación y reconocen que, muy probablemente, todo se empezó a romper por la dificultad de lidiar con el día a día, por una obsesión por la gestión: "En casa debíamos gestionar horarios, tareas domésticas, menús diarios, ingresos y gastos. ¿ Por qué no escribes un libro de autoayuda? Aprende a gestionar tu vida en diez pasos. Gestiona tus sentimientos para alcanzar tus objetivos. Estoy harta de gestionar. Llevamos años gestionando y mira donde hemos acabado".
Hacia la mitad del libro, descubrimos que las dudas, las inseguridades y las pequeñas traiciones alentadas por la aparición de terceras personas fueron minando la vida en común de nuestros protagonistas. En este punto, Rosa realiza un análisis demoledor de los mil y un vericuetos por los que se desliza la convivencia diaria de una pareja y comprendemos la cantidad ingente de elementos externos que van minando la relación amorosa: la rutina diaria, la precariedad laboral, la responsabilidad de los hijos les lleva a "un desarmarse lánguido, hecho de silencios, aburrimiento existencial y miradas graves. Años de discutir nos habían provisto de un arsenal de agravios, frases hechas, réplicas redondas, maniobras retóricas, emboscadas, zancadillas burdas, estocadas de admirable fineza, vías de escape y sofisterías varias".
La última parte recoge la fase de enamoramiento de Ángela y Antonio, nuestros protagonistas, pero sabiendo como sabemos cúal va a ser el desenlace de la historia la sensación de tristeza es absoluta: "Queríamos saberlo todo, queríamos contarlo todo...Esa pulsión comunicadora de los enamorados que no pueden dejar de hablar, que necesitan enlazarse para contarse con más fuerza. Repasábamos nuestras vidas previas, todo ese tiempo anterior en el que estábamos en el mundo sin sabernos y ya todo nos empujaba a encontrarnos".
Hemos llegado al prólogo, que en el caso de esta novela es su final. Llegamos exhaustos, con una tensión emocional altísima, sobrecogidos por la ruina de una relación amorosa que sus protagonistas creyeron eterna y que nos desarma porque entendemos las causas de ese fracaso.
Con un lenguaje minucioso y pausado, Isaac Rosa realiza un análisis de una gran complejidad psicológica, disecciona con gran habilidad las emociones humanas y realiza un retrato generacional que enmarca dentro de una crisis más amplia, que es la de la demolición de las convenciones sobre las relaciones amorosas.
Es un libro muy recomendable, pero es una lectura que nos lleva al límite.
Otros libros de Isaac Rosa en Ulad: Las buenas noches, La mano invisible.