Idioma original: alemán
Título original: Der Gehülfe
Año de publicación: 1908
Valoración: psché, está bien
Amigos lectores de ULAD, como ya sois como de la familia, o poco menos, os voy a hacer una confesión: me da una pereza terrible escribir esta reseña. De hecho, este es uno de los pocos libros que he leído últimamente que no he corrido a reseñar inmediatamente, me haya gustado o no.
Es que tengo la sensación de que no tengo gran cosa que decir sobre este libro. Y también es que tengo la sensación de que este libro me debería haber gustado más de lo que me ha gustado.
Dice Izas, por ejemplo, al empezar su reseña de Vida de poeta: "Robert Walser fue uno de los escritores en lengua alemana más importantes del siglo XX". Y la Wikipedia en inglés, en la sección titulada "Writings and reception" del artículo sobre Walser nos dice que escritores como Franz Kafka, Walter Benjamin o Herman Hesse (nada menos) eran grandes admiradores de él.
Y yo leo El ayudante y... psché. Está bien. Los personajes están bien construidos, hay escenas divertidas, escenas conmovedoras, una trama bien estructurada. ¿Y? ¿Eso es todo? ¿Es esto suficiente para convertirte en un maestro?
La novela cuenta la historia de Joseph Marti, quien se instala como ayudante en la casa del excéntrico ingeniero Tobler, inventor de máquinas inservibles y caracterizado por un genio despótico y variable. Todo el universo de la novela gira en realidad alrededor de este personaje, que oscila entre la caricatura y el antihéroe trágico.
Al parecer, la novela es esencialmente autobiográfica, lo que en realidad no le añade ni quita valor. Pero como otros lo dicen, yo lo repito, para que no digáis que os oculto información. Tampoco le añade valor (aunque sí morbo, al menos para algunos lectores) el hecho de que su autor sufriera de trastornos mentales que terminaron llevando a su reclusión en una institución.
Creo que la clave es que esta es una novela que no me ha producido ninguna impresión. Si me hubiera parecido muy buena, habría tenido ganas de reseñarla. Si me hubiera parecido muy mala, también habría querido reseñarla, para destrozarla, como Yemila con 50 sombras de Grey. Pero ni una cosa ni otra. Me ha parecido "psché". Y creedme, amigos lectores: reseñar un libro "psché" es mucho más difícil que reseñar un "Repugnante".
También de Robert Walser: Vida de poeta, Jakob von Gunten
lunes, 9 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
Flix: Días heroicos
Idioma original: alemánTítulo original: Heldentage
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable
Flix es un escritor y dibujante de cómics alemán que, a pesar de de su juventud (nació en 1976), ha conseguido hacerse un hueco en el mundo del cómic europeo. Y no es para menos. Escribe unas historias interesantes y verosímiles, y su ya característico dibujo, aunque a algunos (y es que a gustos se hicieron los colores) les pueda parecer infantil, es fresco y muy expresivo.
En Días heroicos, Flix nos ofrece un año de su vida, el que vivió mientras trabajaba en su libro Mädchen. Cada página de este libro corresponde a un día o, mejor dicho, a algo que el autor ha querido resaltar de cada día. Puede ser una anécdota que le ha ocurrido en el metro, en la calle, una conversación que ha tenido con algún amigo, con sus padres o su pareja, una reflexión lanzada al aire o una muestra de su ritmo de trabajo.
Así, página a página vamos conociendo a este autor alemán. Somos testigos de sus vivencias con sus amigos, de lo que le estresa, le gusta, le cabrea o le da igual, de las pequeñas cosas en las que se fija, de cómo realiza su trabajo y, sobre todo, de su relación con Leo, su novia. Para ello, no bombardea al lector con historias sentimentales o reflexiones sobre el amor eterno. Muy al contrario, Flix nos muestra el día a día de su vida en común, haciendo hincapié en los pequeños detalles que viven juntos y que, al final, son los que hacen que su relación evolucione.
Más que una autobiografía, este cómic es la compilación de pequeños momentos que, salvando las distancias, todos vivimos y que, bien arrancándonos una sonrisa o bien haciendo todo lo contrario, hacen que nos sintamos identificados con el autor. Una obra sin pretensiones que, quizá por eso, da en el clavo y acaba siendo un buen libro al que volver de vez en cuando.
sábado, 7 de julio de 2012
Antonio Tabucchi: El tiempo envejece deprisa
Idioma original: italiano
Título original: Il tempo invecchia in fretta
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable
Me habría encantado ponerle a este libro un "Imprescindible", como homenaje al autor de Sostiene Pereira, uno de mis libros favoritos, que murió hace algunos meses en Lisboa. Me habría gustado, pero creo que no llega a tanto, ni mucho menos. Me pasa con El tiempo envejece deprisa como me pasó en su momento con El ángel negro: que sí... pero no. O sea, que es un buen libro de relatos, un libro de relatos que ya me gustaría a mí ser capaz de escribirlo, pero que no sorprende ni encandila ni emociona. Bueno, solo a ratos.
Priman en este volumen (como indica el título) los relatos sobre el paso del tiempo, la nostalgia del pasado y la inevitabilidad de la muerte. Podría decirse que es uno de tantos libros nacidos de los traumas (lamentablemente numerosos, y algunos lamentablemente recientes) que ha provocado la historia europea del último siglo: en los cuentos de Tabucchi hay supervivientes (víctimas y verdugos) de la Segunda Guerra Mundial, del fascismo, del comunismo, de la Guerra de Kosovo... Europa, como espacio y como tema, ocupa sin duda un lugar central en la configuración de El tiempo envejece deprisa.
Pero no parece construirse, a través del conjunto de relatos, ninguna visión coherente, ningún mensaje profundo que dé sentido a nada: no digo ya a la vida o a la guerra, pero siquiera al conjunto de relatos en cuestión. En una reseña especialmente dura y (diría yo) algo injusta, Rafael Narbona de El Mundo acusa a Tabucchi de pontificar y moralizar, algo que, en su opinión, imposibilita cualquier valor estético. Aunque concuerdo con el primcipio general (cuando un autor es demasiado obvio al imponer su ideología a su obra, la literatura sale perdiendo), creo que no se aplica tanto a este texto de Tabucchi, en el que la moraleja no se explicita, aunque se le deje al lector en bandeja.
Ha dicho Tabucchi que este libro, y el número de cuentos que lo componen, es un homenaje a las Nine Stories de Salinger. Evidentemente, el libro de Tabucchi sale muy mal parado en la comparación. En ningún relato es esto tan evidente como en "Nubes", que es casi un intento de actualización de "Un día perfecto para el pez plátano". Pero la complejidad y espíritu poético-trágico del texto de Salinger se pierde en un relato mucho más unidireccional y mucho más plano.
Si no existiera Sostiene Pereira, o si Tabucchi no nos hubiera dejado demasiado pronto, probablemente habría sido más duro con este libro; pero qué queréis: uno no es perfecto y tiene su corazoncito...
También de Antonio Tabucchi en ULAD: Sostiene Pereira, El ángel negro
Título original: Il tempo invecchia in fretta
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable
Me habría encantado ponerle a este libro un "Imprescindible", como homenaje al autor de Sostiene Pereira, uno de mis libros favoritos, que murió hace algunos meses en Lisboa. Me habría gustado, pero creo que no llega a tanto, ni mucho menos. Me pasa con El tiempo envejece deprisa como me pasó en su momento con El ángel negro: que sí... pero no. O sea, que es un buen libro de relatos, un libro de relatos que ya me gustaría a mí ser capaz de escribirlo, pero que no sorprende ni encandila ni emociona. Bueno, solo a ratos.
Priman en este volumen (como indica el título) los relatos sobre el paso del tiempo, la nostalgia del pasado y la inevitabilidad de la muerte. Podría decirse que es uno de tantos libros nacidos de los traumas (lamentablemente numerosos, y algunos lamentablemente recientes) que ha provocado la historia europea del último siglo: en los cuentos de Tabucchi hay supervivientes (víctimas y verdugos) de la Segunda Guerra Mundial, del fascismo, del comunismo, de la Guerra de Kosovo... Europa, como espacio y como tema, ocupa sin duda un lugar central en la configuración de El tiempo envejece deprisa.
Pero no parece construirse, a través del conjunto de relatos, ninguna visión coherente, ningún mensaje profundo que dé sentido a nada: no digo ya a la vida o a la guerra, pero siquiera al conjunto de relatos en cuestión. En una reseña especialmente dura y (diría yo) algo injusta, Rafael Narbona de El Mundo acusa a Tabucchi de pontificar y moralizar, algo que, en su opinión, imposibilita cualquier valor estético. Aunque concuerdo con el primcipio general (cuando un autor es demasiado obvio al imponer su ideología a su obra, la literatura sale perdiendo), creo que no se aplica tanto a este texto de Tabucchi, en el que la moraleja no se explicita, aunque se le deje al lector en bandeja.
Ha dicho Tabucchi que este libro, y el número de cuentos que lo componen, es un homenaje a las Nine Stories de Salinger. Evidentemente, el libro de Tabucchi sale muy mal parado en la comparación. En ningún relato es esto tan evidente como en "Nubes", que es casi un intento de actualización de "Un día perfecto para el pez plátano". Pero la complejidad y espíritu poético-trágico del texto de Salinger se pierde en un relato mucho más unidireccional y mucho más plano.
Si no existiera Sostiene Pereira, o si Tabucchi no nos hubiera dejado demasiado pronto, probablemente habría sido más duro con este libro; pero qué queréis: uno no es perfecto y tiene su corazoncito...
También de Antonio Tabucchi en ULAD: Sostiene Pereira, El ángel negro
viernes, 6 de julio de 2012
Inazio Mujika Iraola: Tiempo de cerezas
Título original: Gerezi denbora
Idioma original: euskera
Fecha de publicación: 1999
Valoración: Recomendable
—Pues sí y no.
—Me da a mí que sí...
—No, qué va. Es decir, sí, Tiempo de cerezas está ambientado en la guerra civil, pero ésta no es la protagonista de la historia.
—Venga ya, seguro que habla de lo de siempre: joven revolucionario que lucha contra los malvados nacionales... blablabla.
—No, en serio. No es la típica historia de "soldado bueno-soldado malo". En realidad, el argumento está basado en hechos reales (una pareja de anarquistas y un cura nacionalista vasco van a rescatar al arzobispo de Valladolid para ponerlo a salvo en las líneas franquistas, imagina) y al final incluso esto es sólo una excusa que utiliza el autor para hablar de otras cosas.
—¿Cuáles?
—Del sinsentido de cualquier guerra, por ejemplo. O de lo peligroso que es seguir a ciegas una ideología, cualquiera que ésta sea. Creo que plantea cómo está la situación actual a base de jugar con los acontecimientos vividos en la guerra y con los caminos que escogen los protagonistas.
—Ya. ¿Y es entretenido o es el típico libro histórico-espiritual con moraleja?
—Jajaja, es bastante entretenido, sí. Es muy irónico y se lee rápido. Pero también es muy serio, porque lo que plantea en todo momento es algo lo suficientemente complicado como para no tomárselo a la ligera. Especialmente, teniendo en cuenta que maneja mucha información histórica y que un pequeño fallo se carga toda la credibilidad que pueda tener el libro.
—Ya veo. ¿Y no hay malos muy malos y buenos muy buenos, seguro?
—No, no es ese tipo de libro. Es una novela corta (o cuento largo, como el autor lo definió en su momento) que se aleja de lo blanco y lo negro. Está llena de grises para, precisamente, hacer que el lector reflexione un poco y se aleje también de los juicios fáciles y simplistas.
—Por lo que dices, parece que es una especie de regañina.
—Tampoco es eso. Pero sí que nos muestra cómo antes se luchaba más (para bien o para mal) por aquello en lo que se creía, mientras que hoy en día estamos más aborregados.
—Pues no sé si tengo ganas de leerlo, para que me echen en cara que estoy atontado...
—¿Qué quieres que te diga? El primer paso es reconocerlo...
jueves, 5 de julio de 2012
E. L. James: Cincuenta sombras de Grey (I)
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Repugnante
Al final, tras mucho pensarlo, me he decidido a reseñar estas Cincuenta sombras de Grima, digo…, de Grey, a pesar de que no me apetecía mucho hacerlo por pereza, por miedo a ser injusta, por preferir reseñar libros que sí que me han gustado, por evitar trolls avinagrados, y por unos cuantos motivos más… Pero bueno, me he dicho “¿Y por qué no?”, y aquí estamos.
Ahora, a ver por dónde empezamos, porque lo que pienso de este libro daría para muchos post como éste, y no es plan de aburrir al personal.
Vamos allá…
Lo primero de todo, decir que la autora, un ama de casa londinense madre de dos niños y ex trabajadora del mundo de la TV , engendró esta novela (la primera de una trilogía) a raíz de escribir un texto fanfiction (dícese de lo que escriben libremente los fans de célebres libros utilizando a los personajes de sus obras preferidas) derivado de la saga Crepúsculo muy erótico-festivo. La cosa es que su fanfic gustó mucho en la Red , mucho, hasta el punto de que una editorial se lo acabó comprando. Y cambiando de nombre a los personajes de Stephenie Meyer con los que había creado su pieza (Bella Swan por Anastasia Steele y Edward Cullen por Christian Grima, digo…, Grey), y con un poco de chapa y pintura y muchas más líneas, voilà!, E. L. James armó la nueva saga de la que todos hablan (en este caso, más bien “todas”…).
Por cierto, ¿soy la única que piensa que la ensalada de argumentos y géneros en las sagas que de un tiempo a esta parte se han convertido en fenómenos mundiales es algo digno de análisis? Porque, calidades literarias aparte, fijémonos en qué historias tan variopintas son las que contienen las sagas literarias de moda de los últimos años: niño mago enfrentando a un villano de película de Sam Raimi; niña rara que duda entre un vampiro y un hombre lobo; guerra de tronos en un reino imaginario lleno de épica, sexo, violencia y ecos de Tolkien; niña pobre y hambrienta atrapada en una Battle Royale versión Disney, y por último, esto, la fogosa historia entre un joven y rico y guapísimo empresario aficionado a controvertidas prácticas sexuales, y una virginal universitaria atraída por él hasta la médula. Una confesa vuelca de tuerca subidita de tono de la segunda saga mencionada, además. “Porno para mamás” lo han llamado, atroz etiqueta anti-lujuria en mi humilde opinión.
Y ahora debería meterme de lleno en la historia de Cincuenta sombras de Grey, pero casi sin querer acabo de hacer ya una breve sinopsis. Y es que tampoco hay mucho que añadir… Que eso: que Anastasia (Ana para los amigos a partir de ahora) Steele es pálida, morena, virgen, tímida, amante de los libros y que se cree muy poca cosa, y que un día, por hacerle un favor a su mega guapa mejor amiga Kate, acude a una intimidante empresa para entrevistar para el periódico de la uni a su jefe, un multimillonario de 27 años llamado Christian Grima, digo..., Grey, por el que se siente, al instante, irresistiblemente atraída. Y éste, increíblemente, padece la misma atracción fatal por ella, y la busca, y primero le dice que mejor que se aleje de él, pero ni él ni ella quieren eso, y deciden liarse, sí, y con tal objetivo él la lleva a su mansión de Drácula metrosexual en su helicóptero privado (es que es muy muy rico y muy muy fantasma). Pero cuál es la sorpresa de la pobre muchacha cuando el tipo le dice que lo único que puede darle es una relación basada en el sexo, y sexo de lo más oscuro y salvaje, encima: quiere que Ana se convierta en su sumisa (como sus 15 ex parejas) y que firme un tétrico contrato para comprometerse a jugar con él a base de bondage, fustas, látigos, pinzas, etc.
Vamos, una etapa de transición perfecta para una chica sin experiencia sexual hasta entonces.
Pero Ana le desea taaanto, y sueña taaan esperanzadoramente con salvarle de sí mismo (la joven se huele que hay algún trauma infantil flotando en el aura de Christian), que acepta, y tras ciertas exigencias y cambios en algunas cláusulas (porque E. L. quiere vendernos que, en el fondo, esta sosias de Bella Swan es una tía con mucha personalidad), firma ese contrato de sumisión que no le promete precisamente un novio de esos que regalan cajas rojas de Nestlé y bonos de Spa.
¡Vaya! Acabo de darme cuenta de que me estoy pasando un montón con el espacio… ¿Seguimos otro día? Venga, que sí.
miércoles, 4 de julio de 2012
Fernando Aramburu: Años lentos
Idioma original: españolAño de publicación: 2012
Valoración: recomendable
Con tanta novela sobre la Guerra Civil y la posguerra (ya reseñamos aquí El lector de Julio Verne de Almudena Grandes, por ejemplo), se agradece que algunos autores nos hablen de hechos más recientes, y cuyas consecuencias se notan todavía en nuestra sociedad. El tardo-franquismo y el nacimiento de ETA, dos temas menos transitados por la narrativa española, coexisten, casi sobreentendidos, en Años lentos de Fernando Aramburu.
La novela alterna los recuerdos de un chiquillo de ocho años, que se ve obligado a trasladarse a la casa de su tía Maripuy en un barrio humilde de San Sebastián, con los "Apuntes" del propio Fernando Aramburu, quien con mucha autoironía se plantea distintas opciones para la construcción de la novela. A lo largo de las páginas veremos al protagonista enfrentarse a un mundo nuevo y moderadamente hostil (si el olor a pies de su primo puede considerarse hostilidad), comprender cada vez más cosas y tomar sus primeras decisiones vitales importantes, en un entorno de nacionalismo antifranquista cada vez más próximo a la violencia.
Después de haber leído ya varios libros de Fernando Aramburu (Los peces de la amargura, El vigilante del fiordo, Los ojos vacíos) uno va aprendiendo a reconocer sus tics, sus manías y sus trucos como escritor. Esta novela es de hecho una mezcla entre Los ojos vacíos y Los peces de la amargura o El vigilante del fiordo: las técnicas deformantes a lo Valle Inclán (la pequeña Julia, retrasada, quejica y cubierta de babas recuerda mucho al enano de Divinas palabras; pero no es el único caso de deformación esperpéntica ni mucho menos) y el marco narrativo de la "novela de aprendizaje" que ya aplicó en la primera novela, se aplican ahora a un espacio y un tiempo realistas, en una especie de síntesis de las anteriores líneas creativas de Aramburu.
En esta novela hay mucho de Fernando Aramburu, por lo tanto, pero también hay mucho, tengo la impresión, de literatura "clásica" española; he hablado ya de Valle Inclán, pero también el Lazarillo es un modelo genérico visible desde las primeras páginas ("Yo, señor Aramburu, por las razones que usted conoce, siendo niño pasé nueves años...", equivalente al "Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso por muy extenso" del Lazarillo); también asoma en la novela una autoconsciencia narrativa que podríamos llamar cervantina si no fuera porque forma parte ya del corazón mismo de la novela moderna.
Lo que le reprocho a Fernando Aramburu en esta novela, y es algo que resalta también en Los peces de la amargura, es una cierta unidimensionalidad de los personajes y de la historia: además de su tendencia a la caricatura, de la que ya he hablado, da la impresión de que Aramburu intenta explicar la aparición de ETA recurriendo a dos o tres factores (ambiente represivo + nacionalismo social + influencia de la Iglesia vasca), dando una imagen excesivamente simplista de algunos de los fenómenos más complejos de la historia reciente.
Mi resumen respecto a Los años lentos, por lo tanto, sería el siguiente: como artefacto literario funciona, entretiene, crea un mundo narrativo e incluso lingüístico propio; como intento de explicación de la realidad, en cambio, no funciona tanto.
También de Fernando Aramburu: El vigilante del fiordo, Los ojos vacíos
martes, 3 de julio de 2012
Justin Taylor: Aquí todo es mejor
Título original: Everything Here is the Best Thing Ever
Año de publicación: 2010
Valoración: Se deja leer
Justin Taylor es un joven autor estadounidense (nació en 1982) bastante conocido por haber colaborado escribiendo textos de diversa para numerosas publicaciones. Aquí todo es mejor fue su debut y hace poco se publicó su primera novela.
En los relatos de este libro, los protagonistas son siempre jóvenes, personas que viven al final de su adolescencia y que no suelen saber en qué momento de su vida están, qué quieren hacer con ella, qué deben hacer con ella o quiénes son en realidad. Cada una de estas historias muestra las experiencias, inseguridades y miedos propios de la adolescencia, pero también esas dudas que surgen al rayar la madurez temprana y que en ocasiones nos provocan más miedo que aquello a lo que creemos temer.
Los relatos de Taylor se caracterizan por contar anécdotas puntuales pero decisivas, aquellas que parecen no tener importancia pero que terminan siendo determinantes para la vida de su protagonista. También son, en general, historias sombrías, tristes en ocasiones, que muestran a unos caracteres cansados, cuya falta de fe en el futuro marcará –para bien o para mal– lo que ocurra con su existencia.
Y sí, Taylor escribe bien, pero a mí no me convence. Desconozco la razón. Las historias que cuenta son interesantes, así como sus protagonistas, pero reconozco que me ha costado mucho terminarlo (y eso que sólo tiene 200 páginas) y que en más de una ocasión he estado a punto de hacerlo. Ahora puedo decir que, si lo hubiera hecho, no me habría perdido nada. Quizá es todo demasiado vacío, quizá demasiado "moderno" para mi gusto. Porque sí, ése es un fallo que le veo. Que todo parece demasiado de usar y tirar, que ninguna historia aporta algo duradero que se quede en nuestra cabeza una vez cerramos el libro.
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