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miércoles, 17 de agosto de 2022

Étienne Davodeau. Caída de bici

 Idioma original: francés

Título original: Chute de vélo

Año de publicación. 2004

Traducción: Ana Millán

Valoración: recomendable

El historietista Étienne Davodeau ha mostrado siempre una especial querencia y sensibilidad por el mundo rural, como atestiguan varias de sus obras y también, en cierto modo, esta Caída de bici, que se desarrolla en uno de esos pueblos franceses en los que nunca se ve a nadie por la calle y menos con la calorina del verano (es decir, la mayoría de ellos). Allí acude durante las vacaciones estivales una familia, en un amplio sentido del término: padre, madre, dos hijos, primo, tío chistoso, abuela con demencia senil y amigo pegado que duerme en una tienda de campaña en el jardín, para adecentar la casa familiar, con el objetivo de venderla. Los chiquillos, además de que el más pequeño trate de aprender a montar en bici -de ahí el título del cómic, aunque no sólo-, se entretienen espiando a los obreros que trabajan en la casa de enfrente: un veterano albañil y un díscolo y renuente aprendiz, entre los que no tarda en surgir el conflicto. Aparte de esto, que sirve de motor a la trama y de algún que otro roce entre algunos personajes, el ambiente general en que transcurre la historia es de muy buen rollo, pese a que también haya secretos que carcomen a quienes los guardan, como en toda familia que se precie...


Como es fácil de suponer, la imagen de una "caída de bici" es también una metáfora de las dificultades y tropiezos que encontramos  a lo largo de la vida y la forma de superarlos. Pero que nadie espere aquí un "cómic de autoayuda" o un peñazo pseudofilosófico... no, el tono de las narraciones de Davodeau es siempre sencillo, cotidiano, incluso entrañable, si se quiere. para dar pistas, esta novela gráfica/Bande Desinée recuerda bastante (o más bien al revés, puesto que es anterior) a La casa, de Paco Roca, también sobre una familia que se reúne para adecentar una casa o caseta construida por el padre... También el estilo de dibujo, minucioso y amable, es parecido en ambos autores, por cierto... Pero Davodeau va más allá del ejercicio nostálgico y acaba centrando su historia, repito, en esos secretos y errores que, la que más o la que menos, esconde toda familia. Lo que no significa que sean desgraciadas, o no siempre... a veces es el tenr secretos lo que nos hace felices.


Otros títulos de Étienne Davodeau reseñandos en Un Libro Al Día: El perro bizcoLos ignorantes

viernes, 10 de diciembre de 2021

Étienne Davodeau: Los ignorantes

 Idioma original: francés

Título original: Les ignorants

Año de publicación: 2011

Traducción: Raúl Martínez

Valoración: sin duda, recomendable

Los ignorantes parte de una idea curiosa pero de lo más eficaz y original en su sencillez: un dibujante de cómics -el propio Étienne Davodeau- le propone a su amigo Richard, viticultor en Anjou, trabajar con él durante una temporada y que le enseñe los secretos del cultivo de la vid y la elaboración del vino; a cambio, él le introducirá en el mundo de la historieta, no sólo dándole a leer cómics y respondiendo a sus preguntas, sino mostrándole cómo funciona el proceso de creación y edición hasta obtener el resultado final: un libro en su caso, una botella de vino en el de su amigo.

He de reconocer que en un principio no estaba demasiado convencido de que me fuera a gustar este libro porque, por una parte, soy bastante refractario a eso que llaman "la cultura del vino" (no al vino en sí, claro) y, por otra, me causa más bien repelús la tendencia, habitualmente masculina, aunque no siempre, a la obsesión por ciertos temas, aunque sean, como en este caso, el vino o los cómics (o los libros, en general... ejem); más aún si quien la sufre es, no sólo vinatero, sino seguidor de la agricultura "biodinámica", como el señor Richard de este libro, desarrollada por los teosofistas Rudolf Steiner y compañía... Además, y aunque me reconozco bastante francófilo (de Francia, no de Franco), no pude evitar una sonrisilla escéptica al ver que el autor había elegido como temas dos de los emblemas de la cultura de su país: el vino y les Bandes Dessinées... sólo faltaban los quesos y las canciones de Patrick Bruel.

Ahora bien, también he de admitir que, una vez que me puse a leerlo, se me olvidaron todas mis reticencias hacia este libro: en él, Davodeau nos cuenta de forma sencilla, amena y entrañable no sólo el proceso de mutuo aprendizaje de Richard y él mismo -el subtítulo de Los ignorantes es Retrato de una iniciación cruzada-, sino, sobre todo, la amistad entre ellos y con otras personas con las que van compartiendo su "aventura"; porque, además de la lectura de cómics y  las labores propias del campo -podar, arar, vendimiar, etc.- , los dos amigos hacen visitas a otros viticultores, a toneleros, ferias de vino... Y por otra parte, también se entrevistan con famosos autores de cómics -Jean-Pierre Gibrat, Marc -Antoine Matthieu, Emmanuel Guibert-, visitan una imprenta, la editorial Futuropolis, los festivales de Saint-Malo y Bastia... Sin embargo, creo que el mayor peso del libro se lo lleva la parte vinícola, quizás porque también sea la que más llama la atención al autor, profano en la materia -aunque Davodeau ya ha demostrado su interés y sensibilidad por el mundo agrícola también en otros libros, como El perro bizco y Rural. Crónica de un conflicto-; está claro que el del vino es un mundo que seduce por su complejidad , pero también por cierto carácter aleatorio que le otorga su encanto y que marca la diferencia entre un vino normalito o incluso bueno y otro extraordinario (igual que ocurre en el cómic o la literatura en general, supongo). Además, por supuesto, de sus cualidades organolépticas y... ejem, etílicobolingas.

Al final, y ayudados también, sin duda, por el amable trazo de las ilustraciones de Étienne Davodeau, nos encontramos ante un libro sumamente grato de leer, con unos personajes a los que tomamos cariño y que consigue avivar el interés que se pueda tener antes tanto por el vino como por los cómics o B.-D. De lo que se trata, al fin y al cabo, es de disfrutar, o aprender a hacerlo mejor, de las cosas buenas que hay en la vida, como el vino, los libros, los blogs de libros (guiño-guiño-codazo), la conversación con los amigos... lo que a cada cual le haga más feliz, que, total, son dos días, y uno está todo cerrado.



También de Étienne Davodeau y reseñados en Un Libro Al Día: El perro bizco

viernes, 26 de enero de 2018

3x1: Museos, Historietas Y Viceversa


A estas alturas, creo que todos convendremos en considerar al cómic -llamémosle tebeo, BD o fumetti- como una más de las artes -¿la octava, quizá?- o, cuando menos, una afortunada combinación entre dos de ellas. En todo caso, quienes sí parecen tenerlo claro son algunos de los más importantes museos del mundo; no sólo porque en ellos se programen exposiciones sobre este género (como la que ahora mismo hay en el Reina Sofía de Madrid dedicada a George Herriman, creador de Krazy Kat), sino porque algunos incluso han decidido implementar joint-ventures editoriales para optimizar la sinergia resultante de esta suerte de coworking artístico-conceptual (vale, pido perdón por la gilipollez de esta frase, pero no me he podido resistir...); es decir, en plata: que ciertos museos han comenzado a publicar cómics, de reputados autores, eso sí, relacionados precisamente con su actividad museística o alguna de las obras que en ellos se exponen.


Autor: Nicolas de Crécy
Título: Periodo glacial
Idioma original: francés
Título original: Période Glaciaire
Año de publicación: 2005
Traducción: Ana Millán
Valoración: entre recomendable y está bien


El museo pionero en esta práctica, que yo sepa, fue el del Louvre (cómo no, dada la categoría y respeto que se le concede en Francia a la Bande Dessinée), habiendo participado en esta iniciativa autores tan reconocidos como Enki Bilal o Jiro Taniguchi. O quien abrió en 2005 esta serie de coediciones de cómics relacionados con el museo: el sorprendente y exquisito Nicolas de Crécy, precisamente con este Período glacial, original historia postapocalíptica en la que un grupo de exploradores-antropólogos, ayudados por una especie de híbridos parlantes entre perro y cerdo -como el romántico Hulk-, recorren una Francia convertida en blanquisa en busca de los escasos restos de la civilización actual... ¿Hasta dónde llegarán en su pesquisa? Ya, ya lo sé; no es muy difícil de adivinar... ; )

El resultado es una obra deliciosa y con el peculiar toque lindante con lo surreal que caracteriza a este autor. Como mínimo, una propuesta interesante y recomendable, sobre todo para los amantes del cómic galo.




Autor: Étienne Davodeau
Título: El perro bizco
Idioma original: francés
Título original: Le chien qui louche
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


El perro bizco, de Étienne Davodeau también pertenece a la serie publicada por las ediciones del Museo del Louvre en colaboración con Futuropolis, aunque en este caso el registro cambia: está ambientada en un prosaico presente y la ironía melancólica del cómic anterior se convierte en un humor mucho más evidente, casi con la tierna socarronería de las películas de Jacques Tati. Aquí el protagonista es Fabien, un vigilante del museo -muy divertida la relación que los celadores mantienen con las obras y con los visitantes que las contemplan- que debe atender a la "sugerencia" de la familia de su novia Mathilde, el irreductible clan Benion, de colgar en el mismísimo Louvre un cuadro horrendo pintado por un antepasado con ínfulas artísticas: "El perro bizco", claro... obra que hace honor a su nombre. El pobre Fabien se ve en un aprieto fácil de imaginar, hasta que recibe una ayuda inesperada, que no desvelaré. Una BD divertida y hasta tierna, aunque no deja una huella demasiado profunda, hay que reconocer...



Título: El perdón y la furia
Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: está bastante bien

Este tercer cómic, sin embargo, está editado por el Museo de Prado, pinacoteca que también se ha sumado a esta práctica editorial, pero relacionándola con exposiciones que se hacen en el Museo (habiendo sido así su primera Historieta publicada El tríptico de los encantados (una pantomima bosquiana), de Max, con motivo de la exposición que celebraba el V centenario de El Bosco). Este otro cómic, El perdón y la furia, está dedicado a José de Ribera y cuenta la historia de un artista llamado Osvaldo González,  obsesionado hasta la locura con la obra de este pintor; en concreto con el conjunto llamado Las furias, encargado por el virrey de Nápoles en 1632, y que él relaciona con el Speculum redemptionis, la Geometría Mágica y otras sesudeces de las que sin duda se han informado bien los autores del libro.  Autores que son, Altarriba y Keko, además de otra historieta, Yo, asesino que comparte con este cómic no sólo una afinidad temática, la relación entre el arte y el crimen -aunque aquí no todo es lo que parece- sino también la misma técnica gráfica, a base de violentos claroscuros, en puro blanco y negro, aderezados tan sólo por la violencia del color rojo.

Los admiradores de esta pareja de guionista-ilustrador no se verán decepcionados, pero para los que no las conozcan, quizás sea mejor empezar a leer otraas obras de Altarriba, como la ya mencionada o la excepcional El arte de volar.


En fin, no sé hasta qué punto esta y otras iniciativas semejantes conseguirán que los no aficionados al género se interesen o simplemente respeten un poco más los cómics. O consigan que quienes no suelen entrar en un museo se acerquen de vez  en cuando a uno. Pero ojalá ocurriera alguna de las dos cosas o ambas. Porque de hecho, no hay por qué elegir entre la "alta cultura" y la cultura popular: una puede disfrutarse tanto como la otra. O viceversa.


Otras obras de Antonio Altarriba y Keko reseñadas en Un libro Al Día: Yo, asesinoEl arte de volar