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miércoles, 8 de junio de 2022

Dorothy Gallagher: De cómo recibí mi herencia


Idioma original:
Inglés
Título original: How I came into my inheritance
Traducción: Regina López Muñoz
Año de publicación: 2001
Valoración: Esta muy bien

"De cómo recibí mi herencia" es un conjunto de 14 textos en los que Dorothy Gallagher hace un recorrido por la historia familiar y personal, pero siempre (o casi siempre) engarzada en la Historia con mayúsculas: desde un pueblecito de la actual Ucrania hasta el Lower East Side o el Bronx, desde comienzos del siglo XX hasta los años 80-90 pasando por la gran hambruna de 1932, desde lo particular a lo general y viceversa.

Hay una frase en la página 12 del libro que creo que resume bastante bien el tratamiento que Gallagher da a los diferentes textos:  
No fue fácil detectar el momento en que mi padre empezó a perder la chaveta, porque siempre había sido un hijoputa más terco que una mula, como él mismo decía de cualquiera que tuviese una opinión ligeramente distinta a la suya.

Ahí se concentran las que para mi son las dos claves fundamentales: el tono y la distancia. Ambas son manejadas a la perfección por la autora y con ello consigue que este texto autobiográfico se aleje del puro ejercicio masturbatorio sin especial interés para el lector.

Así, el humor ácido y mordaz y la desmitificación de la historia familiar son las bases sobre las que se construyen unos textos en los que se entrelazan vida y muerte, en los que se mezclan historias iniciáticas con historias de madurez, en los que se (con)funden diferentes generaciones, en los que conviven historias perfectamente identificables para un lector "actual" con otras de una lejanía temporal y espacial inimaginable.

Cuentan por ahí otras reseñas que una de las referencia más próximas a Gallagher puede ser Vivian Gornick. Sí, puede ser, pero Gallagher tiene un puntito "cabrón" y divertido que Gornick no tiene. De hecho, me parece mejor libro "De cómo recibí mi herencia" que "Apegos feroces". 

E igual es cosa mía pero ciertos textos de Gallagher me han recordado más a esas películas de Woody Allen (Días de radio) en las que rememora su infancia / adolescencia y en los que una galería de familiares "estrafalarios" muestran a la perfección la distancia sociocultural entre su país de adopción y su país de origen y el salto generacional de padres a hijos.

No importa. Esto de las referencias es más para "ubicar al libro y a la autora" que para otra cosa. Quedémonos con que "De cómo recibí mi herencia" es, por sí solo y sin entrar en comparaciones, un muy buen libro. Una magnífica recuperación.

martes, 9 de febrero de 2021

Annie Ernaux: El lugar

 Idioma original: francés

Título original: La place

Año de publicación: 1983

Valoración: Está bien




Hace ya muchas décadas que los lectores nos hemos convertido –quizá demasiado a menudo y, desde luego, de forma involuntaria – en voyeurs de vidas ajenas. Ese exhibicionismo impuesto no siempre es lo que buscábamos. Hay vidas que nos seducen por el motivo que sea –sensibilidad, estilo, dosis justas de audacia y discreción, interés de sus contenidos etc.–, pero si no encontramos nada de esto, el rechazo quizá sea más fuerte que el que podamos sentir hacia una obra de ficción que no nos acaba de enganchar. A mí, estas memorias sobre el duelo por el fallecimiento del padre me han parecido innecesariamente indiscretas en aquellas cuestiones que dejan en evidencia al retratado y rozando la banalidad cuando describe un dolor que no tiene nada de especial o esos, bastante anodinos, años de convivencia.

Cada artista elige un camino, y Ernaux se inclinó por exponer su vida en gran parte de sus obras. Estaba en su derecho, faltaría más. Ha sido admirada por ello, incluso ha generado discípulos. Bien, como suelo repetir, los gustos son libres y yo, aunque el texto apenas rebasa el centenar de páginas, estaba deseando llegar a la última. Me aburría, no conectaba conmigo. Pero no vean una crítica en esto: admito que la autora sabe poner al lector bajo su propia piel con muy pocos elementos (simplicidad que no considero un valor: tanto el relato en sí como la prosa me parecen demasiado esquemáticos). Se trata de mi reacción personal, seguramente provocada por cierto empacho del género memorístico. Y no es que lo rechace, pero le exijo unos mínimos que, en este caso, cumple solo a medias.

El lugar es aquí un término polisémico. Se refiere al hogar que ha compartido con sus padres, a la localidad dónde han vivido juntos, pero sobre todo a la posición social que compartió con ellos en la niñez, de la que se deshizo en cuanto tuvo ocasión de hacerlo y al nuevo estatus que adquirió ya de adulta. Esto implica nuevas experiencias, gustos distintos, diferente mentalidad, mutuo sentimiento de extrañeza, lenguaje más cultivado y complejo, amistades y amores  de más alta extracción social, mayor seguridad en sí misma y un larguísimo etcétera. Existe un sentimiento soterrado de vergüenza por el orgullo que representa para ella este salto. Vergüenza por el orgullo, sí, parece complicado, pero es exactamente eso lo que se deduce del relato, lo que encontramos casi en cada frase, y que se expresa de forma tan sutil como efectiva. Un logro bastante difícil que es justo reconocerle. Mandamos a la niña a estudiar y ya no sabemos quién es, esto es lo que refleja la actitud de un padre, orgulloso e incómodo a partes iguales, un padre que adora a su hija y se siente perplejo ante el resultado de su trayectoria. Era de esperar, sin embargo, aunque a los interesados les pille por sorpresa casi siempre.

“… los vecinos vigilaban la blancura y el estado de la ropa tendida a secar, y sabían si se vaciaban los orinales todos los días. Aunque las casas estaban separadas unas de otras por setos y desniveles, nada escapaba a la vista de la gente, ni la hora a la que el marido había vuelto del bar, ni la semana en que los paños higiénicos debían balancearse al aire.”*

Un ambiente que puede asfixiar a poco que uno se ha alejado de él, así como ese primitivismo en gestos y actitudes y que está bastante bien descrito. No solo el de su infancia, también el de la generación anterior a sus padres, cuyas vivencias de niñez y juventud le parecen más medievales que acordes a su época (“Cuando ahora leo a Proust o a Mauriac, no creo que evoquen los tiempos en que mi padre era niño. El panorama de mi padre era de la Edad Media”). (Hay que decir que Ernaux nació en 1940, pero a partir de la IIGM el panorama había cambiado bastante). Hasta el padre reconocía que sus textos escolares, en los que animaba a los niños a sentirse felices con su suerte de pobres, eran todo un despropósito. Por eso el matrimonio peleó durante toda su vida hasta conseguir un negocio propio, humilde y que no rendía demasiado pero, al menos, les libraba de la esclavitud de la fábrica. 

Sin embargo la nostalgia está siempre presente en ella. Del padre vivo, del padre joven, de su propia infancia, de esa ingenuidad y despreocupación que hubo de sustituir más adelante por un esnobismo no siempre fácil de mantener, de la complicidad familiar destruida para siempre… Una ambivalencia casi tan dolorosa como la propia pérdida, como todas las pérdidas y renuncias que hubo de experimentar en su vida. Igual que todos, por otra parte.

(*) La cursiva es mía.

 Traducción: Nahir Gutierrez


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