Idioma original: españolAño de publicación: 2009
Valoración: Recomendable
Para no ser especialmente fan de Eduardo Mendoza, la verdad es que ya le voy leyendo bastante. Sigo dejando para el final La ciudad de los prodigios y La verdad sobre el caso Savolta (que leí hace demasiados años como para que sea recomendable hacer la cuenta), y ataco ahora estas Tres vidas de santos, un volumen de tres relatos de diferente extensión y temática. Como explica Mendoza en el prólogo, el concepto de "santo" al que hace referencia el título no es el del santoral católico, sino que se acerca más bien al de "persona que encarna una idea", aunque esta idea sea absurda o exagerada y aunque esta idea haga que estos personajes no encajen en el mundo real del resto de los mortales.
Los tres relatos, dice también Mendoza, corresponden a tres momentos distintos de su producción: la inicial, la intermedia y la "más reciente"; y esta evolución se nota. El primero de ellos, "La ballena" es un relato, aunque con aspectos hiperbólicos, anclado en la realidad de la Barcelona del Congreso Eucarístico Internacional de 1952. A él llega un obispo centroamericano de aspecto estrafalario y no muchas entendederas, que por motivos políticos se verá imposibilitado de volver a su país. Su llegada cambiará la vida de toda la familia del narrador, que se encarga de acogerlo.
El segundo relato, "El fin de Dubslav", abandona este realismo y se sumerge en el ámbito de la parábola: el protagonista, Dubslav, sufre dos ataques misteriosos que lo dejan al borde de la muerte, y decide abandonar la civilización para internarse en el continente africano en busca de un lugar que vio en un documental de la televisión. Un telegrama, en que se le comunica la muerte de su madre y la atribución (a ella, a la madre) de un premio por sus contribuciones a la oftalmología, lo sacará de su retiro y lo lleva a pronunciar un discurso que desnuda lo absurdo de la civilización y de la realidad en conjunto.
El tercer relato, "El malentendido, tiene una moraleja parecida, si es que se puede denominar así, aunque en este caso específicamente aplicada al mundo de la literatura. El protagonista es Antolín Cabrales, un recluso en un centro penitenciario que se aficiona a la lectura, y que a la salida de la cárcel terminará convertido en escritor de éxito. Solo que, explicará el propio Antolín a su antigua profesora, Inés Fornillo, en realidad se trata de un malentendido: la literatura que él escribe (¿toda la literatura?) es en realidad una farsa, un simple truco, pura técnica y prestidigitación, nada de arte ni de inspiración ni contacto con las musas.
Este último relato da que pensar, sobre todo reflexionando sobre la carrera del propio Eduardo Mendoza. Puede que sea solo un relato, irónico y burlesco como casi todo lo que ha escrito últimamente; pero también puede reflejar un descreímiento real hacia la literatura: el hastío de alguien que comenzó creyendo en la capacidad de la literatura para... para algo (y ese alguien escribió La ciudad de los prodigios o La verdad sobre el caso Savolta), y que llegado un momento decidió que prefería escribir cosas como Sin noticias de Gurb o El enredo de la bolsa y la vida). Pero a lo mejor estoy sacando las cosas de quicio, y este relato solo es una broma más de Mendoza...
Sea como sea, Tres vidas de santos es una obra interesante para conocer a su autor: con un toque humorístico aunque sin llegar a la "astracanada", siempre aficionado a los seres extravagantes y a las situaciones absurdas, Mendoza demuestra que sabe lo que hace con una narración, ya sea en forma de retrato realista o de parábola. Creo que ya no debería esperar más, y leerme sus primeras obras, a ver...
Otros libros de Eduardo Mendoza en Un Libro Al Día: La ciudad de los prodigios, El enredo de la bolsa y la vida, El misterio de la cripta embrujada, Sin noticias de Gurb, El laberinto de las aceitunas, El año del diluvio, Una comedia ligera, Los soldados de Cataluña




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