miércoles, 11 de agosto de 2010

Roberto Bolaño: Amuleto


Idioma original: castellano
Año de publicación: 1999
Valoración: Recomendable

Esta novela vista de cerca, como ocurre con los cuadros impresionistas, no permite apreciar más que unos cuantos trazos sueltos, pero si nos apartamos sólo unos pasos imaginarios lograremos la perspectiva adecuada para enfocar lo que Bolaño nos muestra. Y lo hace a través de la fórmula rompedora que le permite reflejar sus vivencias con la misma intensidad que las sintió.

Probablemente, este comentario hable un poco también de Los detectives salvajes, pues no resulta sencillo compartimentar todo un mundo de ficción. En el acervo literario de este autor unas obras se funden con otras al modo de vasos comunicantes. Esta estrategia, con la que logra dar salida al mayor número posible de las piezas que componen su complejo universo, no es nueva del todo: personajes que se repiten en una u otra obra los encontramos desde el S. XIX, pero aquí la práctica se lleva al límite convirtiendo muchas de sus novelas en una novela única, más vasta y genérica, al permitir que los individuos se trasladen alegremente de un volumen a otro en un constante trasiego que hubiera llegado mucho más lejos de habérsele concedido a Bolaño el plazo habitual de una vida.

El personaje/cronista de esta novela forma parte de la nómina menor de Los detectives... Aquí se nos muestra con una personalidad ya bien definida, en gran parte a través de tics, alusiones, enigmas y silencios. Porque casi nada de lo que nos cuenta Auxilio, incluso de sí misma, se explica directamente. Toda la novela está vista a través de sus ojos, pero no solemos ver lo que ellos ven, sino los propios ojos atormentados, huidizos, incluso llenos de terror. Sólo mirando estos ojos, tan expresivos como herméticos, podemos deducir, no los hechos de los que son testigos, o no demasiados ni con excesivo detalle, sino las huellas que el presente de entonces ha imprimido en cuerpos y mentes y los huecos que han ido dejando las ausencias. Incluso podría decirse que tanto ésta como alguna más de sus novelas es, antes que nada, una elegía de Bolaño a sí mismo y a toda esa gente de su generación que, por un motivo u otro, se fue quedando en la cuneta.

No obstante, se divierte jugando con la sintaxis, las repeticiones, el vocabulario y con la propia narración, deja a medias lo que le parece, combina la fantasía con lo verosímil o lo estrictamente histórico. Los genios no necesitan reglas y a éste se le perdona todo si lo que consigue es mantenernos en vilo, hacernos disfrutar con sus imprevisibles metáforas, con los caprichosos giros que imprime a su relato y, sobre todo, colocarnos en el lugar de los entrañables individuos que acostumbran a caminar por sus páginas. Puede que alguna vez lleguemos a olvidarnos de que aquí no tenernos arte ni parte, de que no somos más que el lector de la historia, de que no estamos en la piel de Arturo, ni de Auxilio Lacouture, ni de Ernesto San Epifanio y, sobre todo, puede que nos extrañemos al comprobar que seguimos estando aquí y no hundidos hasta las cejas en el laberíntico D.F. de cuarenta años atrás.

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4 comentarios:

Juan Melville dijo...

Libro un poco difícil para los que tienen déficit atencional como yo, pero vale la pena. El personaje principal es entrañable, al igual que la historia. Es de esos libros que se recuerdan

Anónimo dijo...

ok, todo bien pero en la conjugación del verbo imprimir, el pasado es impreso...no imprimido

Santi dijo...

Jejeje, pues no, lo siento, anónimo, pero la RAE admite las dos formas indistintamente :)

Montuenga dijo...

Gracias, Santi. Estaba en ello pero tú has sido más rápido.

Imprimir. ‘Marcar sobre papel u otra materia [un texto, un dibujo, etc.] por medios mecánicos o electrónicos’ y ‘dar a alguien o algo [un determinado carácter, estilo, etc.]’. Tiene dos participios: el regular imprimido y el irregular impreso. Aunque existe hoy una clara tendencia, más acusada en América que en España, a preferir el uso de la forma irregular impreso, ambos participios pueden utilizarse indistintamente en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica.

(Diccionario de la Real Academia Española)

Por otra parte, Anónimo, tanto "impreso" como "imprimido" son formas no personales. Es decir, no expresan ningún tiempo: ni pasado ni ningún otro. Quienes expresan el tiempo son las formas personales que les acompañan en los tiempos compuestos. Pretérito anterior: hube imprimido, pretérito pluscuamperfecto: había imprimido. PERO FUTURO perfecto: habré imprimido. También pretérito perfecto compuesto: he imprimido, condicional perfecto: habría imprimido. Así como las formas compuestas no personales, infinitivo: haber imprimido y gerundio: habiendo imprimido.

De nada, Anómimo. Seguro que encuentras muchas confusiones mías por ahí, pero precisamente este asunto lo tengo bastante claro.