miércoles, 24 de febrero de 2021

Reseña a cuatro manos: El consentimiento de Vanessa Springora


Idioma original: Francés
Título original: Le consentement
Traducción: Noemí Sobregués
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable / Imprescindible



Oh, la France! Oh, Paris! Saint Germain des Prés, la Rive Gauche, el Barrio Latino, la bohemia, la burguesía, (también sus bobo, claro), los croissants y los brioches, mayo del 68, prohibido prohibir, los enfant terribles, ¡épater le bourgeois!, etc, etc. Oh, la France! Oh, Paris!

Pero hablemos del lado oscuro de París o, al menos, de ese París de los años 80 en el que algunos intelectuales eran capaces de firmar manifiestos que, con la excusa de la liberación sexual y de acabar con la moral judeocristiana (blablabla), pedían la liberación de artistas acusados de pedofilia, ese París en el que los artistas parecen gozar de una impunidad que podría (o tal vez no) parecer impensable para cualquier otro colectivo. Porque ese es el contexto en el que hay que situar esta obra autobiográfica.

Resumen resumido: Vanessa Springora narra la relación de abuso que tuvo comienzo cuando apenas tenía 14 años, a manos del reputado escritor Gabriel Matzneff, que tenía nada menos que 50. (Es importante remarcar ese tuvo comienzo porque el abuso se prolonga durante años, más allá del fin de su relación, tal como explicaremos más adelante).

En los brevísimos capítulos de los dos primeros tercios de la novela, Springora desmenuza la cronología familiar y los motivos que pudieron provocar que cayera en las redes de Matzneff, los mecanismos utilizados por este para someter en cuerpo y alma a Vanessa (manipulación, control psicológico, desposesión del yo), la complacencia o indiferencia de los familiares y del entorno cultural, etc. Esta parte de la novela nos pone perfectamente en la piel de la víctima, desmontando todos los mantras y las falacias alrededor de «la libre elección». Comprendemos la situación de vulnerabilidad de esta niña de catorce años inmersa, además, en un total desarraigo familiar.

Todo esto se narra desde la posición actual de Springora, desde sus casi 50 años actuales, ya que en el momento en el que suceden los hechos ella cree estar en una relación entre iguales y no en una historia de depredación (vamos, un síndrome de Estocolmo de libro que se podría resumir en ese "creímos que nos hacía existir, cuando en realidad nos utilizaba"). En ese sentido es muy interesante lo que ella misma explica en esta entrevista sobre el largo y doloroso proceso de búsqueda que ha tenido que superar para hallar finalmente el lugar y la voz adecuadas desde los que poder narrar lo sucedido.

En el último tercio, por su parte, se narran los efectos que lo ocurrido causan en la vida adulta de Springora: depresión, rabia, ansiedad, culpa, incapacidad de asumir su papel de víctima y la final toma de conciencia y decisión de sacar a la luz y denunciar los hechos. Para ello han tenido que pasar más de 30 años.

Koldo dice Recomendable porque: El consentimiento es un texto muy duro, y quizá por eso necesario. En este sentido, emparenta con las novelas de Delphine de Vigan, aunque creo que no llega al nivel de esta última.  Mientras que a su favor está el proceso de análisis (errores propios incluidos) y reconstrucción, la denuncia de la hipocresía del mundillo literario o la toma de conciencia de la realidad de los hechos, juega en su contra la propia estructura de la novela, construida en base a breves imágenes o escenas que podrían haber tenido un mayor desarrollo y una mayor carga, lo que no es obstáculo para que estemos ante un texto al que debemos prestar la atención que merece, aunque solo sea para todo esto no vuelva a suceder.

Beatriz dice Imprescincible porque: El consentimiento desvela con total rigor y legitimidad una realidad más extendida y aceptada de lo que queremos creer. Porque desmonta el mito de la Lolita lúbrica y manipuladora que conduce hacia la perdición al pobre hombre maduro enamorado (eso es lo que Matzneff transmite en su obra, no solo sobre Vanessa si no sobre el resto de sus amantes, todos niños y niñas). Y porque más allá de su valor testimonial y de denuncia, a mí me parece un libro muy bien escrito en el que la contención en el estilo y en el detalle es una apuesta estética que redunda en la crudeza de los hechos y pone en valor la voz de la mujer de 50 años que habla a través de la niña de 14.

En conclusión, Gabriel Matzneff no solo desposeyó a Vanessa de su cuerpo y de su infancia, si no que con la publicación de sus fotos, sus cartas y sus vivencias íntimas durante los años posteriores a su ruptura, le privó de tener una vida propia ya que todo el mundo solo veía a la Vanessa que él inmortalizó en sus libros. Vanessa explica que por ese motivo pasó muchos años odiando los libros pero, sin embargo ha sido precisamente un libro el que ha logrado devolverle su identidad y obligar a su abusador a retirar toda su obra y a retirarse él mismo de la vida pública en la que, ahora sí y por fin, es visto como lo que es: un depredador.


Beatriz Garza y Koldo FC

10 comentarios:

Gabriel Diz dijo...

Hola Beatriz y Koldo:

Supe del libro hace un tiempo cuando se hizo público el escándalo. Me sorprendió mucho la protección que había tenido por parte de la intelectualidad francesa de su época. Han cambiado mucho las cosas desde esos años, por suerte.
Pasa a la lista de pendientes.

Saludos

Lupita dijo...

11,6 años es la media de edad de las víctimas según los datos del último estudio publicado al respecto, que creo que justo salió ayer. Vivimos en una sociedad individualista, hedonista y de rapiña, más conscientes de nuestras apetencias y de vivir para uno mismo como el centro de todo que pensando en el bien común.

El adjetivo de "necesario" para lo libros de este tipo me empieza a incomodar. Lo necesario es que nos miremos más los unos a los otros y estemos atentos a lo que sucede. Dijo la ministra que los hijos no son de los padres, pues que, al menos, sean de todos. Cuidémoslos todos. Yo así lo siento.

No sé si leeré el libro, pero qué a gusto me he quedado.

Saludos

Oriol dijo...

Un tema sumamente interesante. Sería interesante contrastar las vivencias de Springora con la visión trasnochada (al menos, en el tema de la pederastia) de autoras como Paglia. Si mal no recuerdo, ésta última defendía una ética sexual para los menores de edad muy cuestionable, y de hecho, uno de los argumentos a favor que daba era el libro de "Lolita". El cual no es una prueba sólida en sí mismo, y ni siquiera apoya la perspectiva de Paglia si entiendes su subtexto último.

Buena reseña, compis.

Juan G. B. dijo...

Hola a todos:
No me voy a extender sobre el tema, en general, porque creo que no hay mucho debate posible. Ahora bien, en este caso concreto, he de admitir que he tenido que buscar en ese compendio de sabiduría contemporánea que es la wikipedia, quién era el tal Matzneff, que será un intelectual superconovido en Francua, pero yo, ni flores, y me he encontrado con esto (copio y pego):
"En 1974, Matzneff publicó Les moins de seize ans (Los menores de dieciséis años), un panfleto donde exalta el amor por los adolescentes y en cierto casos los niños prepúberes y donde llega a rememorar relaciones amorosas con chicos y chicas de doce años"...
Es decir, que el pollo yaxavisaba de sus intenciones dice años antes de empezar su relación (quiero decir abuso) con la autora de este libro, por lo que cabe preguntar si es que el sr. y la sra. Springora, padres de Vanessa, no sabían el semejante pieza que metían en su casa...
La pregunta es retórica, claro, porque si los señores Springora no habían leído el citado panfleto, esto otro seguro que no se les pasaría por alto:
"En 1977 se publica e Le Monde una carta abierta en favor de la despenalización de las relaciones sexuales entre menores y adultos, titulada "A proposito de un proceso" que firmaron y apoyaron eminentes intelectuales, psicoanalistas y filósofos de renombre, escritores en lo más alto de su carrera, en su mayoría de izquierdas."
Y esto ya seguro que no:
"Bernard Pivot, uno de los críticos literarios más influyentes en 1990, entrevistó a Matzneff en su programa de televisión Apostrophes, invitándolo a contar sus «artes de la seducción» con niños y niñas de diez a quince años, explicando Matzneff entre risas «cómo solo “tenía éxito” con chicos y chicas muy menores de edad»."
Es decir, que si el tal Matznoff merece como mínimo un par de hostias bien dadas (es una expresión retórica: creo que merece alguna más), a lo mejor alguno de sus progenitores también se podría llevar alguna, creo yo...
Y ya lo dejo, que no quiero hacer un comentario más largo que la reseña...; )


Koldo CF dijo...

Bueno, Juan! El tema de los padres de la autora mejor leerlo en el libro, que aparece.
En cuanto a lo que comenta Oriol, la actitud de cierta intelectualidad de la época sobre el tema fue, cuando menos, lamentable.
Y sobre lo que comenta Lupita, yo sí veo necesarios este tipo de libros para dar visibilidad a este tipo de repugnantes actos y actitudes. Pero solo es mi opinión, claro!

Abrazo!!

Beatriz Garza dijo...

Gabriel, esperamos feedback!

Lupita, entiendo lo que dices en cuanto que no deben ser "los libros" los que nos digan lo que está bien y lo que no. Que cuando en una sociedad hay que ir diciendo que "tocar a los menores está mal" es que estamos fatal. De todas maneras yo no puedo evitar pensar que ciertos libros aportan una visión y una perspectiva sobre ciertos asuntos que sí es muy necesaria. Este libro en concreto ha servido para desactivar a este horrible individuo y a toda una generación de intelectuales que le hicieron de palmeros. También le ha servido a la autora para "recuperar su vida" tal como explico y, a su vez, puede servirle a tantas otras víctimas para no sentirse tan solas y hundidas y ver que a veces se hace justicia, aunque no sea de la penal. Y a todos aquellos que hemos tenido la suerte de no vivir una desgracia así, nos sirve para comprender mejor a las víctimas y que no se nos pase por la cabeza, ni por un momento, culpabilizarlas. Es un tema horrible pero el libro es una maravilla.

Oriol, supongo que esta señora que mencionas formaba parte de la corriente de intelectuales que abogaron en su momento por la "libre disposición" en la carta abierta a Le Monde en pos de una supuesta modernidad y libertad mal entendida (Juan lo explica en su comentario). Que uno de sus argumentos fuera "Lolita" me descompone de la risa, cuando el propio Nabokov defendió siempre que Lolita era una pobre niña abusada. Está visto que ser "intelectual" no significa tener unos mínimos de humanidad y empatía.
Gracias por comentar!

Juan, sí. Así fue. Intelectuales reconocidos abogando, hace no tanto, por las relaciones de adultos con menores. En cuanto a los padres de Vanessa, una de las virtudes precisamente del libro es lo bien que la autora retrata en las primeras páginas a sus padres y el tipo de relación que tenían entre sí y con ella, no para que les justifiquemos si no para que comprendamos precisamente eso que tú te preguntas: ¿Cómo pudo ser?. Y se comprende. No significa que en las mismas circunstancias cualquier otro padre o madre hubiera hecho lo mismo, si no que ESAS circunstancias con ESOS padres fueron la combinación perfecta para que Vanessa acabara en las garras de un pedófilo. Y entendamos que este tipo de criminales eligen muy bien a sus víctimas también en función de su entorno y una familia desestructurada siempre ayuda. Pero como dice Koldo, lo mejor es leerlo.
Gracias por comentar!

Juan G. B. dijo...

Se me ocurre también que igual las fantasmadas sobre sus supuestas dotes para seducir jovencitas que ha soltado alguna vez cierto juntsletras español, cuyo nombre no merece hollar este blog, tienen algo que ver con este caso, buscando la notoriedad y el apoyo de la intelectualidad, como tuvo Matznoff... O que el pobre es gilipollas, sin más.

Paloma Martínez dijo...

Camille Rachel Kouchner, hija del famoso médico presidente de Médicos sin fronteras y también ministro, ha publicado en enero de este año un libro "La familia grande" en el que acusa a su padrastro Olivier Duhamel, conocido político y profesor de universidad, de violación e incesto a su hermano gemelo y cuenta las razones por las que no pudo denunciarlo, entre otras, porque su madre no la creyó. Hechos mucho más que lamentables, que empiezan a darse a conocer gracias al valor de las víctimas quienes han tenido que sufrir lo indecible.
Y sí, por eso son necesarios este tipo de libros, aunque sean dolorosos, aunque parezcan increibles.
Paloma

Unknown dijo...

Coincido con Juan G.B. "... Es decir, que si el tal Matznoff merece como mínimo un par de hostias bien dadas (es una expresión retórica: creo que merece alguna más), a lo mejor alguno de sus progenitores también se podría llevar alguna, creo yo...
Y ya lo dejo, que no quiero hacer un comentario más largo que la reseña...; )"

Pretender justificar/comprender/blanquear a los padres teniendo en cuenta el contexto no me parece honesto. El contexto valdría entonces para todos, para los intelectuales de entonces(hoy, afortunadamente, sería impensable tal comportamiento)y las editoriales(que hoy se rasgan las vestiduras con una sonrojante desmemoria y desvergüenza).

También podría decir que es al menos discutible que precisamente ahora, cuando el depredador era ya un don nadie en Francia, sea el momento en que la autora demuestre su arrojo. Pero es a ella la única a la que perdono olvidarse del contexto en el que aquello ocurrió y de la "cobardía" de hacerlo ahora. No sé si será verdad todo lo que cuenta. Me vale que sea sólo un 1% para mostrar todo mi cariño...pero los atenuantes para todos o para ninguno (padres, editoriales e intelectuales).

Que el depredador haya tenido que autoeditar el mes pasado su alegato de defensa(nadie ha querido publicarle) es algo que deben mirarse un poco los defensores de la libertad de expresión y de la presunción de inocencia (nos la creamos o no; yo no mucho para este pájaro).

Tema espinoso todo en su conjunto, con muchas aristas morales, quizá demasiadas para ponerse de acuerdo.

Beatriz Garza dijo...

Paloma, desconocía esa historia. Lo más triste de estos casos es que las víctimas directas o indirectas suelen necesitar años de "tránsito" para que su voz sea finalmente escuchada y tenida en cuenta. Este tipo de testimonios son muy necesarios, gracias por tu aportación.