jueves, 25 de julio de 2019

Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo

Idioma original: español
Año de publicación: 1998
Valoración: Muy recomendable




Cierro el libro y me invade la nostalgia. Lamento que les parezca cursi esta frase –y de hecho lo sea– pero es lo que se siente tras perder a un compañero de viaje al que te has acabado acostumbrando. Algo que, aviso, les puede pasar a ustedes tras escuchar durante 600 páginas las confidencias del tal Walter Arias, autodenominado novio del mundo, narrador y protagonista absoluto de la novela homónima. Aunque bien podría ser que el mundo entero, tal como nos lo presenta Benítez Reyes, sea el propio Walter, y todo lo demás gire en torno a él como satélites enloquecidos sin órbita fija. Pero no me hagan mucho caso: todavía estoy bajo los efectos de una lectura capaz de abducir a cualquiera que se preste al tortuoso juego ideado por su autor.
Digo más, El novio del mundo, además de un alarde de estilo –una delicatessen de la gastronomía literaria– es el alumbramiento de un personaje casi de carne y hueso, y tan memorable como puedan serlo Ignatius Reilly, Karoo, el capitán Jakab Störr, Dangerfield, el rey de la lluvia Henderson o el propio Bukowski en persona. Junto a tantos paradigmas del absurdo, este en concreto presenta una faceta tierna, camuflada por un mar de disipación, que le otorga una ambigüedad de lo más convincente. Walter Arias –que desde una cuna acomodada desciende vertiginosamente al submundo, permaneciendo en él años y años hasta su meteórica y poco ortodoxa opulencia– es un antihéroe, un pícaro situado en la confluencia de dos siglos que reflexiona sobre sus andanzas como es habitual en ellos; un héroe solipsista y abúlico, libidinoso, egocéntrico y machista convencido, a quien le cae encima una realidad que se niega a enfrentar por sistema. Concretando más, se trata de un delincuente de baja estofa, un diletante, un vago integral, un cínico sin carisma. ¿Quién se puede encariñar con un elemento como ese? Bueno, esperen a estar a cien páginas del final y luego me lo cuentan.
Los secundarios llegan y se van como han venido. Cómplices de sadismo, aventuras sexuales, amores más o menos fortuitos, empresarios de pacotilla, mafiosos de medio pelo, ocasionales acompañantes en el descenso a los infiernos: la sociedad lumpen de la época descrita sin concesiones con la particular óptica de Walter Arias.

“Cada vez que una mujer se pone unos pantis en vez de unas medias con liguero, se hunden un poco los cimientos de la cultura de Occidente –aquella por la que lucharon con gran denuedo Platón, Kant, Uri Geller, Sigmund Freud y todos esos simpáticos chiflados de la farándula mental.”

Ironía a raudales, es cierto, pero como quien no quiere la cosa se pone todo patas arriba. Leyendo tal sucesión de aventuras –alambicadas, sórdidas, crueles, demenciales, hilarantes– nos parecerá que cualquier vida es anodina en el fondo, felizmente anodina siendo realistas. Y es que el argumento es como una montaña rusa: de la carcajada pasamos a la reflexión, y de ahí a la angustia, la indignación, el pavor o la empatía. Aunque nada de esto dura demasiado y pronto volveremos a reírnos (y a veces esta risa acaba congelándose). Por el momento, mejor no preguntarnos adónde nos conduce tanto disparate, dejémonos llevar y disfrutemos de un viaje cuya estructura circular nos deja en el mismo sitio solo en apariencia. Su prolífico y versátil conductor sabe lo que hace, no lo duden, de ahí que, finalmente, se encontrarán frente a un desenlace espléndido de una coherencia sorprendente.

“La realidad, ya digo, es un espejismo. No existe. O existe a lo sumo del modo en que existe una pompa de jabón… Hasta que un día, harta de su inexistencia, la Realidad decide contratarte precisamente a ti como actor principal para su nueva obra, a punto de estrenarse en el Teatro Real del Espanto Individualizado.”

Hacia su mitad, el relato cae en cierta monotonía, cierta sensación de déjà vu, comprensible dada su extensión y que acaba superándose cuando decididamente levanta el vuelo para brindarnos las páginas más trepidantes, demenciales, y por eso mismo, las más brutales de todas. En realidad, como sucede en el género picaresco, se trata de una continua sucesión de historias, y eso convierte a El novio del mundo en un artefacto metaliterario de lo más efectivo. Nada como la buena literatura para reflexionar sobre ella misma, y sin que apenas se note además.
El ejemplar que he leído es una reedición, bonita y bien cuidada, que salió el año pasado para conmemorar el vigésimo aniversario de la publicación original y que se cierra con un epílogo aclaratorio. En él Benítez Reyes relata la génesis y avatares del ente de ficción, nos enteramos así de que sus apasionados seguidores llegaron a convertirlo en libro de culto y que esto generó varias anécdotas: más de un gracioso intentó hacerse pasar por Walter Arias, también apareció un tocayo auténtico, se grabó un disco inspirado en uno de los episodios, hubo espectáculos de baile basados en el argumento y hasta se intentó crear un Club Walterista. Traducciones, en cambio, solo hubo una: al italiano, quizá porque su lectura requiere que colaboremos un poco para desentrañar unas claves metafóricas, en realidad bastante sencillas.

“Pero lo peor estaba por venir, ya que es condición natural de Lo Peor el hecho de llegar en último lugar, como broche de oro, con su castillo de fuegos artificiales, formando en el firmamento una gran palmera de luciérnagas desangradas.”

15 comentarios:

Pat dijo...

Veinte años ya? Qué barbaridad! Me lo leí en su momento y no me acuerdo mucho del argumento, pero sí de que me lo pasé pipa. Gracias por traérmelo a la memoria, a lo mejor me animo a releerlo y todo,

Montuenga dijo...

Hola Pat. Veintiuno, en realidad: la novela se ha pasado un añito en mi (cada vez más larga) lista de pendientes. El resumen es ese, te lo pasas pipa, y es una delicia leer una prosa tan cuidada. Lo sorprendente es que solo empleó trece meses en escribirla.
Por otra parte, creo que la sociedad que refleja -quitando los avances tecnológicos- se parece mucho a la de ahora. Así que te animo a que la releas y a que luego, si te apetece, nos cuentes aquí qué tal.

Lupita dijo...

La sociedad en estos últimos 20 años ha cambiado sustancialmente, o así lo veo yo. De los estertores finales del siglo XX a este 2019 no es que haya habido cambios ¡es otra vida, otro mundo! Quizás ahora con el poder del móvil en la mano todos seamos un poco Walter o Ignatius, ahora lo sabemos todo, y debemos dar nuestra opinión a toda costa.
He sentido mucha nostalgia al leer tu reseña, Montuenga, muchísima. En 1998 había menos distracciones y más tiempo para los demás.En esencia seremos los mismos, pero siento que tenemos el ego más crecido y estamos muy dispersos.

Saludos y espero leer este libro pronto

Montuenga dijo...

Pues celebro haberte motivado, Lupita. Y es interesante la cuestión que traes porque, a ver, por una parte, el sector en que se mueve el prota es bastante marginal, así que no sé. Lo de que no ha cambiado tanto es una opinión mía que, concretamente en ese mundo, no sé si tiene mucha base, Posiblemente sea más feroz ahora -pero también los periodistas están más pendientes que antes de esa rama del ¿periodismo? que son los sucesos.
El mundo de la delincuencia, igual que el cotidiano, se ha transformado principalmente por la entrada de la tecnología en nuestras vidas ya que, de alguna forma, lo ha puesto todo patas arriba. Hoy día, a Walter le hubieran pillado porque no se hubiese resistido a fotografíar sus fechorías.
Pero, sigo pensando, es un cambio más superficial de lo que parece. Mi teoría es que nos hemos convertido en una especie de "nuevos ricos" de la comunicación y nos pasamos la vida haciendo ostentación de algo que no teníamos hasta hace muy poco. Te pongo un ejemplo: Walter habla con su jefe desde NY y no especifica cómo lo hace, sabemos que es un teléfono fijo por la época pero no facilita modelo ni marca, ni siquiera lo nombra. Ahora está aquí, al rato está en París y no dice nada del avión. ¿Por qué? Pues porque Benitez Reyes conocía el teléfono y el avión desde siempre, había nacido con ellos, si el libro estuviese escrito décadas atrás se darían más detalles porque el autor estaría fascinado con esos inventos.
O sea, que sí, ha habido un gran avance, pero el mundo ya estaba interconectado, y en diez años o así se nos habrá pasado la fiebre y empezaremos a verlo con la naturalidad con que vemos otras cosas.
Y ojalá eso sirva para volvernos más humanos que, creo, es lo que das a entender.

Felipe Benítez Reyes dijo...

Muchas gracias, Montega.
Me ha dado usted una alegría.
Aparte de los elogios, que le agradezco, su reseña es modélica en cuanto a estilo y en cuanto a estructura. (Ya quisieran muchos suplementos literarios disponer de comentaristas tan solventes.)
Lo dicho: muchas gracias.

Luis Adolfo Izquierdo del Águila dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con el autor. La reseña es magnífica. La novela he tenido el placer de leerla y disfrutarla. Sin duda,
un libro para recomendar.

Montuenga dijo...

La alegría la he recibido yo, señor Benítez Reyes. Me alegro de que le haya gustado la reseña y le agradezco el detalle de hacérmelo saber. Pero, sobre todo, le agradezco la cuidada elaboración de sus obras. Saludos

Montuenga dijo...

Muchas gracias, Luis. Es cierto, las pocas veces que damos con una novela tan excepcional como esta hay que darla a conocer.

Gabriel Diz dijo...

Te felicito Montuenga por la reseña, por los lectores ilustres que tiene ULAD y porque siempre te tomas el trabajo de responder los comentarios.

Saludos

Montuenga dijo...

Un placer, Gabriel. Gracias a ti por leernos y por hacérnoslo notar. ¡Saludos!

Emi Lee dijo...

Ya terminé la novela, qué pena! El último cuarto o así es brutal, genial. El dominio del léxico de Felipe Benitez Reyes es abrumador.-Y aquí una genuflexión.

Montuenga dijo...

Pensamos igual. Al principio de la reseña hablo de nostalgia por el personaje y más adelante hago notar como la novela, por difícil que sea, se supera a sí misma y nos deja patidifusos. Así que te acompaño: veneremos juntos a F.B.R.

Isabel dijo...

Hola, Montuenga.

¡Qué delicia!: muchas gracias por descubrirme esta obra de la que no tenía ni idea...

Es mi primer acercamiento a este autor y te quería preguntar si tú has leído algo más de él. Cuando leo algo así, quiero más y más...

Y menudo detallazo del susodicho: ¡felicidades, Motuenga! La verdad es que tus reseñas son exquisitas.

Muchas gracias de nuevo.

Montuenga dijo...

Mil gracias, Isabel, por los elogios.

Es difícil recomendar sin conocer los gustos particulares, pero yo en novela destacaría Mercado de espejismos y Humo, sobre todo la primera.

Saludos

Isabel dijo...

Muchas gracias otra vez, Motuenga.

Justamente en Mercado de espejismos me había fijado, conque a por él voy.

¡Gracias!