viernes, 14 de junio de 2013

Junot Díaz: Los Boys

Idioma original: Inglés
Título original: Drown
Año de publicación: 1996
Traducción: Miguel Martínez-Lage
Valoración: muy recomendable

¿Por qué me ha costado tanto encontrar una imagen de la portada original de la primera edición de Mondadori de este libro? La de la edición que he leído, me refiero. Una portada oscura, sobria, con una foto en blanco y negro, sugerente de barrios mal iluminados, de esquinas inciertas, de suburbios, de habitaciones con desconchados en las paredes. No como la de la edición de bolsillo, colorista, post-moderna, er... "caribeña".
Curioso, también, lo concerniente a este escritor, que igual se fotografía con una camiseta Technics de militancia vinilista que con sobrios trajes y corbatas oscuros. Uno de los pocos casos que se ha escapado en ULAD de doble reseña, de su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao (con leve discrepancia en el matiz de la valoración unánimemente positiva). De origen dominicano, pero que escribe en inglés. Cuya reciente nueva colección de relatos, Así es como la pierdes acaba de ser publicada, entre aclamación. Vaya,este Junot Díaz  parece un tipo peculiar.

Los Boys, inexplicable traducción/adaptación de su título original Drown (título de uno de sus relatos, que se traduce como Ahogado, cuando no hay un relato que se llame The Boys...) define al libro con una voluntad bilingüe. ¿Leeremos historias de barrio, de maras, de restaurantes de comida de los países de origen...?  ¿de flujo migratorio, de inclusión o exclusión social, de choque de culturas? Algo hay, claro. Las historias empiezan impregnándonos de esas situaciones de integración, y nos dejan remojados como un chaparrón de verano. Quiero decir que, recordándome algo aquel par de libros de Fabián Casas, la experiencia del escritor impregna las historias, con su tono casual y su aire doméstico, de vecindario, cuestión que convierte estos relatos en una declaración orgullosa de mestizaje a todos los niveles. Si bien el tono de los relatos de Junot Díaz es más urbano y más callejero. Sin forzar el vocabulario, sin llenarlo de jerga, los personajes (casi siempre jóvenes desocupados o con trapicheos al margen de la ley) van ocupando las páginas de estos relatos.
A poco que Díaz hubiera decidido que algunos nombres y algunas relaciones (más de las ocasiones aisladas) coincidieran,  tendríamos un perfecto fresco de vida en el ghetto, pero, decisión de escritor con personalidad, los deja a casi todos huérfanos de vínculos claros conlos demás. Como esos travelling de cámara en ciertas películas, avanzamos de apartamento en apartamento y ahí están. Abandonados por sus novias u obsesionados por los vecinos. Cometiendo pequeños delitos para subsistir o viendo pasar la vida desde la actitud contemplativa del que tiene una cerveza en una mano y en la otra un porro, o el mando de la TV. Amargo far niente, pero con un extraño orgullo de los orígenes y un alto sentido de actitud vital. Los personajes de Díaz no sufren o no convierten el sufrimiento en el centro de su existencia. Van y vienen. Hablan del presente y fascinan por su naturalidad, su cercanía y su extraña y relajada existencia, la mayoría de las veces ajena al prototipo urbanita, arraigada en el suburbio, en el barrio precario, en la existencia exenta de acomodo. El relato final, Negocios, el más prolongado, simplemente una magnífica novela de emigración comprimida en apenas 40 páginas de un nivel sencillamente escandaloso. Y los demás, sin quedar atrás.
En fin; permitidme que a estas alturas abrevie un poquito...qué historias más frescas, narices.