viernes, 21 de junio de 2013

Iván Thays: Un lugar llamado Oreja de Perro

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien


Se denomina Oreja de Perro a un territorio peruano cuyo perímetro recuerda esa forma, constituido por diecisiete localidades y situado en un valle al este de Ayacucho de difícil acceso a otras zonas de la región. Una zona sumida en la pobreza, la desnutrición y el analfabetismo, con apenas electricidad y agua potable, dependiente del cultivo de la coca y en consecuencia expuesto al azote de la violencia tanto a cargo del narcotráfico como de la guerrilla senderista o de la máquina represora del estado, sobre todo en la década de los 80. De ahí su dimensión simbólica.
Un periodista, popular en el país por su anterior trabajo en televisión, es enviado allí para que, a lo largo de tres días, recoja información de primera mano de las condiciones de la zona y, sobre todo, cubra la visita del presidente. Teniendo en cuenta que este personaje presenció los trabajos de la denominada Comisión de la Verdad creada para investigar los crímenes cometidos en un momento dado, podemos suponer que cuenta con información suficiente para interpretar lo que está a punto de ver, y parece lógico pensar que, a la vez que seguimos sus andanzas, nos enteraremos de lo que ocurre allí, cómo son esos campesinos, de qué se quejan, cuáles son sus alegrías y sus penas, de qué y cómo viven, por qué creen que se producen esas muertes, cuál es su postura ante la visita presidencial. Pero casi nada de eso aparece en estas páginas. Durante los días que permanece allí, el protagonista manifiesta el mismo interés por lo que le rodea que la mochila que lleva a su espalda. Tanto es así que he tenido que recurrir a información adicional para entender un estado de cosas que en la novela solo se apuntan, dejando al lector confuso y con ganas de saber mucho más.

 El panorama que presenta el pueblo, la gente que se relaciona con nuestro personaje y sus recuerdos de vivencias anteriores se presentan en un totum revolutum descrito con una ligereza que impide aprovechar un potencial extraordinario. Hay que distinguir entre las realidades expuestas en cualquier producto de ficción y la forma de presentarlas. En este caso, todos los puntos de partida –tanto la problemática social como los caracteres esbozados por Thays- son a priori relevantes pero se despachan con una breve ojeada evitando analizar implicaciones y consecuencias. Ni la precaria relación del protagonista y su esposa ni la personalidad de las dos mujeres que se interesan por él en Oreja de Perro ni el tenso ambiente que se respira allí ni siquiera el asesinato que tiene lugar se resuelven con demasiada coherencia.
Se nos presenta un drama familiar que desembocará en una ruptura inminente, una mujer herida y desorientada –Jazmín- que necesita ayuda y solo conseguirá producir un foco de tensión más, un observador inteligente –Scamarone- al  que apenas se permite decir lo que piensa, una esposa que acaba de enviar una carta cuyo contenido no conocemos y que no se contestará nunca, una científica –Maru- realmente interesada por el personaje principal cuyo trabajo la convierte en un testigo de excepción. Ante todo ello él adopta una actitud pasiva e indiferente que, como lectores, podríamos consentir a quien solo fuese uno más de la nómina, pero nuestro periodista tiene a cargo la transmisión de los hechos y eso significa que su (manifiesta) indiferencia no es literariamente permisible.

Sin embargo, el conjunto de aspectos que se abordan y la naturaleza de los personajes podrían haber dado lugar a una novela densa y compleja si el autor se hubiese detenido en cada uno de ellos el tiempo necesario. Aunque, en mi opinión, hubiera sido preferible que Thays se centrase en uno solo de los asuntos que trata y lo rastrease hasta sus últimas consecuencias.