Idioma original: francés
Traducción: Martha Asunción Alonso
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
La fallecida escritora antillana Maryse Condé tuvo el honor de conseguir el premio Nobel alternativo del año 2018 en una edición en la que el premio Nobel oficial no se concedió por un turbio asunto judicial.
Desde hace unos años la editorial Impedimenta ha recuperado la obra de Condé, obra que está profundamente enraizada con las vivencias de la escritora en la Antillas francesas, sobre todo con la isla de Guadalupe, de donde era originaria.
En esta ocasión, la escritora nos traslada en un ambiente, a menudo onírico, una vez más a Guadalupe para narrarnos la historia de su abuela materna, Victoire Elodie Quidal, una nativa que se convirtió en una cocinera de reconocido prestigio en su época. En un universo donde se mezclan negros, mulatos y blancos descendientes de los primeros colonizadores, Victoire supone una rareza porque su piel, como nos señala la escritora, es de una blancura australiana.
Victoire sólo se comunica en criollo. No aprendió francés, que era el idioma oficial en el archipiélago, y quizás por ello y por un carácter retraido que le impide comunicarse sobre todo con la clase dominante francesa, lleva una vida tranquila y silenciosa. Sin embargo, Victoire encuentra un lenguaje para comunicarse con los demás: es una cocinera prodigiosa y sus platos pasan a ser alabados por la burguesía francesa que acude a las reuniones que se celebran en el domicilio del matrimonio Walberg, lugar donde reside Victoire.
Las excelencias culinarias de Victoire y su extraño color de piel hace que sea una figura muy reconocible no sólo entre la élite blanca, sino entre los supersticiosos nativos de la isla.
Con un lenguaje muy cuidado y poético, a menudo incluyendo palabra criollas o incluso españolas, Maryse Condé nos irá narrando con mucho mimo y detalle los avatares de la azarosa vida de nuestra protagonista y, a través de su vida, iremos viendo las lentas trasformaciones del mundo colonialista en las Antillas francesas. Poco a poco los dueños blancos de las plantaciones de azúcar y café se verán obligados a ceder su dominio absoluto sobre la vida de los habitantes de las islas y una nueva generación, donde los negros son mayoría, irán accediendo a cargos de poder e irán cambiando las relaciones sociales en la isla.
Victoire no participará en esos cambios, no toma parte activa en la política, sus preocupaciones fundamentales son su ambigua relación con el matrimonio Walberg y su ilusión porque su hija Jeanne tenga la educación que ella no pudo tener y prospere en la vida. Precisamente su falta de entendimiento con su hija se convertirá en un trauma para Victoire que no consigue entender la falta de empatía que le muestra su hija prácticamente hasta el final de sus días. Jeanne no entiende, ni aprueba, la relación, eminentemente sexual, que Victoire mantiene con Boniface Walberg y la de amistad con su esposa Anne-Marie. En definitiva, Jeanne es plenamente consciente de la relación de subordinación que su madre tiene con sus patronos blancos y, al igual que una nueva generación más educada y preparada de habitantes negros busca cambiar las obsoletas relaciones de poder en Guadalupe.
Resulta demoledor el juicio que Condé pone en labios de Victoire sobre su relación con su hija: "Sé que no eres feliz, a pesar de tu casa de dos plantas, tu diamante de compromiso, tu alianza tallada y ese joyero que Auguste no deja de abarrotar. Es por mi culpa. Sí, mi culpa y de nadie más. Lo eché todo a perder en el mismo momento en que te di el pecho. En lugar de fortaleza, mi leche te transmitió mis penas y mis miedos. Y todavía hoy sigo envenenándote la vida. Supongo que siempre lo he hecho, aunque mi intención fuera buena. Te merecerías una madre mejor".
Maryse Condé radiografía la sociedad en la que vivió su abuela y dentro de ese contexto hace un retrato a veces, cruel, a veces tierno, de la vida que le tocó vivir. No busca dotar de un carácter mítico a la figura de su abuela. Se trata de un relato sincero y emotivo de unas personas y una época a la que nos invita a asomarnos y que Condé nos retrata con suma emotividad y delicadeza.
