Hace unos meses escribí una reseña negativa de La Península de las casa vacías, así que creo que no soy sospechoso de amiguuismo cuando digo esto: ahora mismo, todos somos, o deberíamos ser, David Uclés. Lo digo, por si hay quien todavía no se ha enterado, por la campaña de desprestigio, y creo que se puede decir también, de acoso, que se ha organizado en su contra en las últimas semanas, a raíz de algunas polémicas en las que se ha visto envuelto, y en las que los medios e influencers de extremo centro y de extrema derecha parecen haberse coordinado "espontáneamente".
Aclaro que no voy a hablar de los ataques que se refieren a su apariencia, su vestimenta, su orientación sexual o su afición por el acordeón (esos ataques se descalifican solos), y aclaro también que, como se verá después, estoy en desacuerdo con David Uclés, o con algunas de las posturas de David Uclés, en varios aspectos importantes; lo que no quiere decir que sea tolerable una campaña de difamación como la que está viviendo, y que es, en realidad, una manifestación de una estrategia de intimidación más amplia, e incluso global, podríamos decir. (De hecho, esta misma semana y solo en España, un humorista y una influencer de izquierdas han decidido tomarse un descanso en sus carreras a causa del acoso de la extrema derecha).
Así, voy a centrarme en dos de las polémicas recientes de David Uclés, una literaria/editorial y otra política, de las cuales la segunda me parece sin duda la más relevante.
A principios de año (como es habitual) se fallaba el Premio Nadal y, para sorpresa de muchos, el ganador no era otro que el "chico maravilla" de la literatura española reciente, con una novela titulada La ciudad de las luces muertas (que obviamente no he leído, porque en el momento de escribir esta reseña todavía no está a la venta; y que probablemente no leeré, al menos por ahora, vista mi impresión de la anterior novela del autor y de las primeras reseñas que van apareciendo en la prensa). En el momento de la entrega del premio, el autor explicó que se trata de una declaración de amor a Barcelona, con toques de realismo mágico (again), e inspirada por la obra de Carmen Laforet, Montserrat Roig o Mercè Rodoreda, entre otros. De hecho, la novela fue al menos parcialmente escrita gracias a una beca Montserrat Roig, que permitió al autor residir en Barcelona durante seis meses.
Conviene recordar que el premio Nadal no es un premio tan ridículamente comercial como el Planeta (solo hay que recordar que el último Planeta lo ganó Juan del Mal), aunque obviamente lo que las editoriales que conceden estos premios quieren es vender libros. Así, pronto se levantaron algunas sospechas de que se trataba de una forma no demasiado sutil de "robarle" un autor de éxito a Siruela, para traérselo al grupo Planeta (a quien pertenece actualmente la editorial Destino que concede el Nadal). El propio David Uclés se ha defendido de estas acusaciones afirmando (y algo de razón no le falta) que el éxito de La península... le ha beneficiado a él, pero también a Siruela, así que no hay nada criticable en que ahora siga su camino y "migre" a una editorial diferente, y a un grupo tan potente como Planeta.
Personalmente, no puedo dejar de apuntar que el movimiento resulta algo oportunista por parte de David Uclés, que parece haber escrito una-novela-para-ganar-el-premio-Nadal, con guiños a la cultura de la ciudad en la que se sitúa en grupo editorial que la publica, unos cuantos fuegos artificiales literarios marca de la casa, y un discurso paratextual "bienqueda", también marca de la casa. Quizás se trate de una novela magnífica, y si es así me comeré mis palabras, pero lo que sé sobre ella en este momento me hace verla más como un producto vendible que como un proyecto artístico.
Esta polémica, que es habitual en el caso de premios de carácter más o menos abiertamente comerciales, ganó una nueva dimensión a partir de un artículo de Nadal Suau en El País, en el que daba una de cal y una de arena: defendía a Uclés de los ataques fascistas que (ya entonces) estaba recibiendo en redes, sobre todo en X; pero al mismo tiempo criticaba, de forma bastante diplomática pero clara, el proceso de "construcción de una persona pública" del escritor, como parte de su estrategia de promoción: la boina, el acordeón, el buenrollismo...
Después de este artículo, la polémica entró en ámbitos poco agradables: Uclés acusó a Suau de criticarle por su aspecto (lo que no es cierto, creo); Manuel Vilas, que también ganó el Nadal hace unos años, y que parece que le tenía guardada alguna inquina al crítico de El País, entró como un elefante en una cacharrería en un post de Facebook acusando a Nadal Suau de atacar a Uclés por elitismo cultural, o sea, porque vende muchos libros; y a ambas críticas Suau respondió, de forma sin duda poco elegante, publicando algunos mensajes privados enviados por Uclés, en los que este se mostraba cordial e incluso agradecido por el apoyo del crítico contra los ataques... En fin, que la cosa pasó de lo literario a lo personal, perdiendo gran parte de su potencial interés: la reflexión sobre el funcionamiento del sistema editorial español, y la importancia de la presencia pública (y, hoy en día), online de los escritores para contribuir o garantizar su éxito.
La segunda y más reciente polémica me parece mucho más relevante y significativa, sobre todo por la su simbolismo en el panorama cultural y político actual. Muy resumida, la cuestión es esta: David Uclés había sido invitado para un coloquio sobre la Guerra Civil organizado por Pérez Reverte y Jesús Vigorra, cuyo título y composición ignoraba, aparentemente, cuando aceptó la invitación; a pocos días del evento, cuando supo que el título era 1936: La guerra que todos perdimos, y quién iba a participar además de él, decidió retirar su participación, en primer lugar por estar en desacuerdo con la premisa ("la Guerra Civil la sufrieron todos, pero solo la ganó un bando", explicó más tarde), pero sobre todo por su rechazo a compartir cartel y evento con personalidades como José María Aznar o Espinosa de los Montero. Siguiendo a su desistencia, o de forma casi simultánea, varias personas más se dieron de baja, lo que ha llevado al aplazamiento de las jornadas hasta octubre.
Antes de pasar a hablar de las consecuencias y el backlash generado por todo esto, sobre todo para el propio David Uclés, me parece relevante mencionar que esta posición del escritor supone una evolución o una matización de sus posiciones anteriores, mucho más equidistantes en este tema; de hecho una de las críticas que yo mismo le hacía a su novela La Península... era asumir ese discurso de la "guerra cainita" entre hermanos, la tragedia humana desideologizada en la que ambos bandos cometieron atrocidades. Declaraciones igualmente tibias en entrevistas en que parecía equiparar la crispación generada a izquierda y a derecha del espectro político parecían ir en la misma línea de ambigüedad calculada. Con todo, ya algunas actuaciones anteriores, como el discurso pronunciado ante Isabel Díaz Ayuso, de tono muy crítico, parecían indicar que Uclés estaba saliendo de ese marco de equidistancia y de querer contentar a tirios y a troyanos. Este cambio puede deberse, precisamente, al hecho de estar recibiendo ataques en redes sociales incluso con una postura tibia y apaciguadora, o precisamente a causa de ello: no sirve de nada intentar apaciguar a los bullies de extrema derecha, porque siempre van a exigir una adhesión absoluta - e incluso así...
[Como nota al margen, porque preveo lo que van a decir los comentarios: sí, la izquierda (yo mismo, por ejemplo) también criticó la novela de Uclés por su equidistancia ideológico; pero de ahí a los insultos y las amenazas va un gran paso...]
David Uclés, por lo tanto, caído ya del equidistante guindo ideológico, renunció a participar en las jornadas de Pérez Reverte, que se defendió diciendo que el título se suponía que debía aparecer entre interrogaciones ("¿La guerra que todos perdimos?"), lo que no sé si mejora gran cosa el tema. Y además y después de eso, con todo el ego y todo el machirulismo de que hace gala habitualmente, se ha dedicado a atacar a David Uclés, llamándole mentiroso e infantil, retirándole la invitación y sugiriendo que todo forma parte de una campaña de autopromoción. Y detrás de Pérez Reverte, que sigue siendo una figura poderosa dentro del mundo cultural español, han venido naturalmente sus acólitos y seguidores a sumarse al linchamiento. Entre ellos, Ana Iris Simón, la gran musa del rojipardismo patrio, que publicó un artículo lamentable en El País (lo que, en su caso, no es precisamente una novedad) acusando a Uclés de ser fascista por no querer debatir con fascistas.
Mi afirmación inicial de que todos somos, o debemos ser, David Uclés tiene relación con esta segunda polémica: en un momento de crecimiento global de la ultraderecha (y ya preveo una vez más los comentarios: "¿Y VeNezUeLa?"), quien se atreve a denunciarla y a distanciarse públicamente de ella, tiene que tener el respaldo y el apoyo de todos los demócratas (no solo de los de izquierdas), independientemente de que sus novelas nos hayan podido gustar más o menos, o de que hayamos podido discordar de algunas de sus posiciones anteriores. Es una cuestión de decencia y de conciencia democrática, de memoria histórica y de dignidad.
Así pues, lo repito por si no ha quedado claro: Je suis David Uclés.



10 comentarios:
Pues qué quieres que te diga, Santi. Creo que Uclés se ha montado una performance para promocionar su último libro. No estoy de acuerdo con que haya que posicionarse obligatoriamente a favor de o en contra de, eso es polarización pura y dura. Los intelectuales -y los escritores se entiende que en buena parte lo son- deberían de ser imparciales y someter todo lo que comentan o exponen al uso de la razón. Creo que el gran éxito de La península le ha venido a Uclés por la independencia que muestra en ella. Hubo barbaridades en uno y otro bando, más en uno que en otro. ¿Es obligatorio para un creador de ficción decir o pedir disculpas haciendo gala de "pero yo soy de este bando, que conste"? Pues pienso que no. Y sin embargo eso es lo que Uclés ha hecho con su renuncia a un debate con otras personas -intelectuales y políticos- de pensamiento distinto al suyo. ¿Cómo se va a debatir sobre algo si todos piensan igual? Uclés ha perdido una gran oportunidad de echar por tierra aquello que denuncia con su no asistencia al evento. En fin, una pena.
Buenas tardes, esoty de acuerdo con lo que dice el comentario anterior. Partiendo de la base de que nadie debe ser acosado por lo que pueda decir o pensar (y me parece muy licito lo que hace Uclés) creo que se ha querido montar una campaña de marketing que se le ha caído o por inocencia o por ego. Justo se baja del carro un par de días antes del evento y casualmente unos días antes de que salga su nueva novela. Además se busca un enemigo con mucha presencia en medios lo cual ha provocado que esté en todos los medios de comunicación. El problema, desde mi punto de vista, es la inconsistencia de su pensamiento. Por esa regla de tres, en la editorial planeta también se publican los libros de Aznar, y como todo el mundo sabe, las editoriales también tienen sus tendencias (no me refiero a políticas, aunque también) pero ahí no tiene problema en salir en el mismo catálogo. O no tiene problema en que entre otras muchas cosas, esa editorial publique prensa por la que el se debería sentir atacada...Está muy bien que se posicione, pero los moralismos al final acaban siendo traicioneros...
Me encanta en blog, pero cuánto pierde cuando sacáis a relucir la ideología!, en mi opinión... Por otro lado, totalmente de acuerdo con los comentarios a anteriores. Salud!
NO, Juan Carlos, polarización NO es "posicionarse obligatoriamente a favor o en contra de algo", por favor, basta ya de esta argumentación tan infantilizada y burda como falsa. La polarización es la indignación que produce el hecho de que casualmente siempre vengan de un lado los constantes ataques, insultos y acoso a aquellos que no hacen más que defenderse de ellos y defender (y de ahí vienen precisamente los ataques) los derechos humanos. Es increíble que aún haya que explicar tantas obviedades. ¿Polarizarse es denunciar el fascismo, criticar un golpe de Estado o genocidio, abogar por la democracia?
Y por otro lado, SÍ, lo siento pero un escritor, un artista o un filósofo está obligado a posicionarse, más aún en los tiempos que corren y sobre todo si el altavoz del que disponen es poderoso. Es un ejercicio de ética, de dignidad mínima, de justicia histórica, de agradecimiento y de valentía. Pero ya sabemos (y por eso tan a menudo triunfan personalidades como la de Uclés) que al sistema le encantan las personas que no tienen nada interesante que decir o que se mantienen neutrales y equidistantes y por eso las promocionan.
Pensé lo mismo! Planeta publlica los libros de Aznar pero eso no es un problema para él? me parece increible
Hola a todo el mundo:
Me permito intervenir a pesar de que me lo tienen prohibido mis compañeros de blog (es broma... más o menos), pero prometo que no meterme en el tema político. Sólo quiero señalar es que si David Uclés (se cuya obra no opinaré porque no tengo el placer) ha montado todo este pollo como campaña de marketing, como se ha afirmado en más de uno de los comentarios anteriores, me parece no sólo de perlas, sino de justicia poética, habida cuenta de que es a costa del tinglado que pretendía montar alguien que lleva haciendo eso mismo toda la vida, de forma recurrente, para promocionar su carrera, primero como periodista y luego de novelista. Por una vez, le está bien empleado al señor Perreteverte (don Arturo para sus admiradores y BIC Cristal para sus colegas de la RAE).
Hay taaaaanto marketing en absolutamente todo lo que rodea a Uclés que ya ni sé ni si se posiciona o no, ni en qué bando está. Ir al debate con Aznar no, pero compartir grupo editorial sí.
A Uclés se le ensalzó con su primera novela, luego daba vergüenza que te gustara Uclés y dejó de molar porque no se posicionaba y ahora casualmente gana el Nadal y tiene unas convicciones super marcadas, de verdad, es que la estrategia de venta es tan exagerada que no cuela.
No me gusta Uclés como escritor, cada día me gusta menos la editorial en la que piensa publicar a partir de ahora y cualquier cosa que haga Perez Reverte es la pereza final. Me sabe incluso mal comentar porque me da la sensación de que yo misma alimento este debate, cuando realmente no hay ningún debate, estamos cayendo en una estrategia de venta de una editorial y hay un escritor que se presta a ello, igual que se ha prestado a la farsa de ganar un premio, lo mismito que el Planeta. Una pena... y una oportunidad perdida de dar espacio y voz a escritores que realmente se posicionan, se la juegan y desafían al sistema
Todo esto se llama bluff.
¿dónde está la justicia? si lo que se consigue es seguir dando visibilidad a Perez Reverte, a Aznar y compañía, a un escritor mediocre y a una editorial a la que le da igual publicar una cosa que otra? que mientras bajo un sello te vende el manual antifeminista, bajo el otro te vende el panfleto facha de turno? no le veo las perlas
"De hecho, esta misma semana y solo en España, un humorista y una influencer de izquierdas han decidido tomarse un descanso en sus carreras a causa del acoso de la extrema derecha." Por favor. A mí me salen en YouTube todos los días las mismas babas en contra de la derecha.
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