viernes, 12 de junio de 2020

Ana Merino: El mapa de los afectos

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer

Hace muchos años que leí la excelente Nadade Carmen Laforet, y me quedé con la idea de que había sido el primer Premio Nadal, por lo que siempre he tenido la sensación de que este era un premio prestigioso que presuponía un cierto nivel literario en el ganador. Y así lo confirman unos cuantos (bastantes) nombres que han recibido el galardón, como Fernando Arrabal, Sánchez Ferlosio, Ramiro Pinilla o Carmen Martín Gaite, entre otros. Como generalmente presto poca atención a los premios, suponía sin más que el criterio exigente y la ponderación del valor literario seguían inmutables. Alguna sospecha se me despertó con un comentario de pasada que Francesc dejó en una reseña reciente sobre Saer: ‘Uno se pregunta cómo han descendido de nivel ciertos premios literarios [se refiere al Nadal] para acabar otorgándose a ciertos autores’. Si a esto se añade un título disuasorio y una cubierta sobre la que mis compañeros podrán comentar con mucha más agudeza que yo, digamos que empiezo a leer en estado de alarma. Aun así leo.

Ana Merino sitúa su relato en alguna población del Medio Oeste americano, creo que en Iowa. Un poco chocante, pero no vayamos a pensar que es como aquel escritor de Juegos de la edad tardía, que ubicaba su novela en un Nueva York donde nunca había estado, ni cerca. Ana Merino lleva (lo dice la solapa) media vida en aquellas tierras, así que nada que objetar. Y allí nos muestra un grupito de personajes, gente corriente (una maestra de escuela, un aficionado a los putiferios,  una mujer que acoge animales maltratados…) que uno se puede imaginar en esos paisajes de grandes llanuras y pueblos aburridos en los que no pasa nada. Pero sí pasa, y nada menos que la desaparición de una vecina, una mujer bien considerada en el barrio, a la que nadie imagina qué puede haber ocurrido.

La narración es, más que un collage, una sucesión de estampas que presenta a cada uno de los personajes desde la óptica de su historia individual, a veces escudriñando en su entorno o en su pasado, abriendo el foco hasta que encontramos la conexión con otro o varios de los hilos argumentales. No es una técnica muy novedosa, pero sí que está muy bien desarrollada. Cada uno de los fragmentos tiene cierto grado de interés por sí mismo, y el enlace entre ellos es fino, oportuno y bien hilvanado. Con todo ello se construye una imagen bastante convincente de ese mundo un tanto desangelado, donde parece dominar el individualismo y en el que la autora se esfuerza en mostrar la vida interior de cada personaje. Son vidas en las que pesan las ausencias, el desaliento pugna con la necesidad de luchar por salir adelante, y los sentimientos, las conexiones personales de distinto tipo (a veces su fracaso, su simple expectativa), se revelan como el punto determinante de cada pequeña historia, su razón de ser.

Escribe bien Ana Merino -aun con cierta tendencia a repetirse-, con sobriedad y soltura y, como digo, el conjunto está bien armado, incluso diría que se nota trabajado con esmero. Y sin embargo, falta algo, y algo importante. Falta alma, vigor, quizá una pizca de riesgo, sorpresa, intensidad, algo que de alguna forma transmita potencia, en definitiva, que no deje tibio al lector y aboque el libro al olvido. Todo es demasiado tenue, y da la sensación de que algunos fragmentos han querido utilizarse para colocar algunos mensajes de tinte buenista que no venían mucho a cuento sobre el desarraigo, la inmigración o el maltrato animal, por ejemplo  (el dedicado al feminismo me parece el más logrado con diferencia). Ni siquiera los momentos de mayor tensión (un crimen, una violación, un tornado, una fuga) consiguen conmover casi nada. Parece que la autora no se mueve con comodidad en esos terrenos, y estos pasajes o bien resultan forzados o gratuitos, o se echan a perder con un desenlace apresurado y algo pueril.

En general, el libro está escrito con gusto, se dejan ver buenas intenciones y a veces encontramos algunas cosas interesantes, pero deja inevitablemente un poso de indiferencia. Por lo visto, Ana Merino ha escrito varios poemarios y esta es su primera novela. Premio Nadal al margen, opino que le ha quedado algo meramente aceptable, una cosa técnicamente bastante correcta pero blandita, que no está mal pero que tampoco nos va a dejar huella. Esperemos que la siguiente vez le ponga una marcha más.

10 comentarios:

Lupita dijo...

Hola, Carlos:

Hoy no voy a comentar nada del libro (que no me atrae nada), sino de la propia reseña.

Resumiendo: los premios literarios son un mero reclamo comercial, al menos los más sonados, que impulsan la venta de títulos poco arriesgados, de fácil lectura y escaso o nulo poso en la memoria. Esta es mi opinión y la de mucha gente; este año me voy a plantar y voy a decir directamente que no me regalen el premio Planeta, que lo devolveré. Son libros que no me suelen aportar nada y ese dinero podrían destinarlo a editoriales emergentes o autores que me gusten. El planeta es regalo estrella en Navidades y en un porcentaje muy alto se elige confiando en el prestigio del premio. Es un regalo fácil y que está en todas partes. A lo anterior, se le añade el esfuerzo cero en pensar algo que realmente vaya a gustar. Por eso estoy cogiendo manía a los premios.

Por otra parte, no he leído Nada, algo que debo remediar en breve.
Hoy también me he acordado de que cuando os leo, veo el esfuerzo consciente de usar un léxico variado, no repetir palabras y buscar sinónimos. Es realmente agradable; me ha encantado ver la palabra "putiferio"

Saludos y te aseguro que leeré " Nada"

Carlos Andia dijo...

Por mi parte, el tema de los premios nunca me ha interesado nada, con la excepción de este Nadal, por eso he querido empezar por comentarlo. Por lo visto parece que también ha ido decayendo, y quizá más desde que lo absorbió Planeta (no es que tenga una fijación, es que es así).

Lo de 'putiferio' me salió así, y de hecho llegué a pensar que podría sonar mal o molestar a alguien, aunque a mi me parece una palabra divertida, descriptiva y desde luego inocua. Así que me alegro que te haya gustado.

Saludos, y esperamos tu comentario a Laforet, que lo merece de verdad.

Anónimo dijo...

Lo leí hace quince días y aun después de leer la reseña no recuerdo nada, lo que es más que significativo. Lo que sí recuerdo es la sensación de decepción por haber perdido el tiempo y el asombro por algunas críticas que la elogiaban. Afortunadamente era de la biblioteca y no pagué por el ejemplar. Yo no encontré nada interesante y coincido plenamente en la sensación de ‘buenrrolismo”
Muchas gracias por tanto y tan buen trabajo del blog
PML

Anónimo dijo...

Vaya, con tal de llenar la cuota femenina, reseñais lo que sea. No caigais en la dictadura buenista.

interlibros.org dijo...

Muy buena tu web. A mi me atraen mucho los libros juveniles, es que son mas fáciles de leer. ;) Me gusta la valoración que dice: se deja leer XD

Carlos Andia dijo...

Por partes:

- PML: compartimos sensaciones al 100%, y eso que no he hecho ningún comentario sobre el terrible epílogo del libro (para que luego digan)
- Anónimo: te puedo asegurar que no existe ninguna cuota, esto ha sido una ocurrencia mía. Reconozco que he tenido otras más brillantes.
- interlibros: viendo la cubierta no cabría duda de que la cosa iba por ahí, desde luego.

Un saludo y muchas gracias por vuestra opiniones.

Unknown dijo...

Me ha encantado la reseña.
Kempes 19

Carlos Andia dijo...

Gracias, Kempes. Encantado de contar siempre con tu compañía.

Trevor dijo...

Acado de leer este libro, y me parece la critica que mas se acerca a la impresion que me he llevado del mismo. No me ha dejado ningun poso tras su lectura, si bien el libro es de correcta factura y se deja leer con facilidad. Me entristece un poco la escasa enjundia de los personajes, pero mas todavia la escasa razon de ser de esta obra.

Carlos Andia dijo...

Pues veo que coincidimos en lo fundamental, Trevor.

Un saludo y gracias por visitarnos.