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jueves, 4 de diciembre de 2014

Timur Vermes: Ha vuelto

Idioma original: alemán

Título original: Er ist wieder da
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Adolf Hitler despierta en una calle berlinesa, con un fuerte dolor de cabeza y sin saber por qué no está en su búnker (como recuerda) ni dónde están aquellos que lo acompañaban en los últimos días de la contienda. Tras descubrir que se encuentra en 2011 y bastante desorientado, encuentra asilo temporal en el chiringuito de un vendedor de periódicos que lo confunde con un imitador del Führer. Mientras se apresura a ponerse al día y comienza a planear su regreso a la cancillería alemana, es descubierto por unos cazatalentos televisivos que también creen que es un cómico disfrazado y que, impresionados por su realista imitación del dictador, lo convierten en estrella de la televisión.

Así comienza Ha vuelto, primera novela del periodista Timur Vermes, que ha irrumpido en el mercado literario europeo por la puerta grande. Hay que reconocer que Vermes no lo tenía nada fácil. ¿Escribir un libro en el que el protagonista es Adolf Hitler? Nada más propicio para caer en la parodia o en el estereotipo facilón. Y, sin embargo, el autor pasa la prueba con muy buena nota.

El gran acierto de este libro es que el narrador es el propio Führer, lo que aporta al lector un testimonio de primera mano sobre lo que opina de la política actual alemana, de la Unión Europea o la situación mundial en general. Ahí se nota, además, el exhaustivo trabajo de investigación que ha realizado el autor, pues hace constantes y exactas referencias a los acontecimientos ocurridos hace sesenta años y a la situación político-económica y social de la Alemania de entonces, tal y como debería recordarlos el propio dictador si se despertara hoy en día y para él no hubiera pasado el tiempo, como Vermes plantea.

Gracias a los deseos de Hitler de recuperar su lugar en el gobierno alemán y a su éxito televisivo (que no es de extrañar, teniendo en cuenta que todo el mundo lo considera un freak y no hay nada que nos guste más que ridiculizar al primer bicho raro que vemos en televisión), el autor aprovecha para criticar con crudeza la sociedad actual, convirtiendo la novela en una sátira que muestra no sólo que sería posible que Hitler que volviera a convertirse en un éxito de masas (como dice un personaje, también se reían de él entonces y nadie lo tomaba en serio, y así pasó lo que pasó), sino también que estamos idiotizados y que hemos dejado de preocuparnos por nuestros verdaderos problemas para perder el tiempo con nuestros móviles e internet y demás cosas absurdas a las que no deberíamos prestar atención.

También hay momentos cómicos en esta novela, lo que hace que la acción se desarrolle con rapidez y nos da un respiro ante la seriedad del tema que se plantea, pero considero que, a pesar de ello, son un tanto insuficientes. Al fin y al cabo, la figura de Hitler y el desfase temporal y social al que continuamente se enfrenta dan para más situaciones hilarantes que las que Vermes nos ofrece. 

El otro "pero" que le pondría a este libro es que, por supuesto, el dictador hace referencias continuas a personajes políticos y mediáticos alemanes que no siempre son conocidos fuera de este país, por lo que el lector puede perderse en algunas ocasiones, al no saber de quién se está hablando.

Sin embargo, a pesar de estos dos "peros", Ha vuelto es una excelente novela que plantea temas más serios de lo que parece y que al final, más que hablar de Hitler, habla de nosotros y critica con agudeza esta sociedad cuyos defectos hemos aprendido a no ver.


Nota final: Aquellos que puedan leer este libro en alemán, que lo hagan. Muchos de los personajes hablan en dialecto berlinés (lo cual es también importante para el desarrollo de la acción y produce varias situaciones cómicas) y no sé yo cómo lo habrán adaptado en la versión en español.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Balance literario del 2010

Pues sí, ya se termina el año, y como todos los finales de año, es momento de hacer balance y propósito de enmienda; pero como nosotros andamos justos de fuerza de voluntad, nos quedamos en la primera parte, o sea, en echar la vista atrás y resumir lo que nos han dado, literariamente hablando, estos útimos 12 meses. Por supuesto, este es nuestro balance; si nos olvidamos de algo, o si no estáis de acuerdo con nosotros en algún punto, ahí tenéis los comentarios a vuestra disposición.

En fin, así ha sido el 2010 literario que se nos está yendo:
  • En primer lugar, ha sido un año sin grandes booms comerciales: ningún Stieg Larsson, Dan Brown o J. K. Rowling en el horizonte (aparte, claro, de los Larsson, Brown y Rowling que ya conocíamos). Eso sí, 2010 nos ha dejado algunas publicaciones esperadas, que habrá que leer con atención: Némesis de Philip Roth; El sueño del celta de Vargas Llosa; El cementerio de Praga de Umberto Eco...
  • En general, 2010 ha sido un año de pobres ventas, lo que ha puesto en aprietos a más de una editorial y librería. Los editores en España le han echado la culpa a la piratería (cómo no), pero las causas son mucho más complejas, evidentemente, y tienen no poco que ver con la crisis general que afecta a todos los sectores.
  • Sí que es verdad que, como dicen los editores, este ha sido el año en el que el libro electrónico se ha convertido en una realidad en España, al menos entre el sector de la población que ya consumía asiduamente libros en papel. Eso sí, el volumen de ventas de libros electrónicos seguirá siendo ridículo en nuestro país (y en el conjunto de países de habla hispana) mientras no haya un catálogo y unos canales de distribución mínimamente aceptables.
  • Este año se conmemoraba el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, pero se ha conmemorado menos de lo que a algunos nos gustaría. Nada que ver, por ejemplo, con las celebraciones del "año Lorca". ¿Será, a lo mejor, porque Miguel Hernández fue un escritor con un compromiso político evidente y vitalicio?
  • 2010 ha sido también el año en el que el Nobel ha vuelto a reconocer a un autor en lengua española: el peruano Mario Vargas Llosa, autor, entre otras, de Conversación en la Catedral, La ciudad y los perros o La fiesta del chivo.
  • En el 2010 nos han dejado varios escritores irreemplazables, como Alan Sillitoe (autor de La soledad del corredor de fondo), J. D. Salinger, José Saramago o Miguel Delibes. En un plano más íntimo, este año está trágicamente marcado por la desaparición de Sergio Oiarzabal, grandísimo poeta bilbaíno y amigo personal de varios de los que hacemos este blog.
  • Y por terminar mirándonos un poco al ombligo, podríamos decir que este año ha sido también el de la consolidación de "Un libro al día": prácticamente hemos duplicado nuestras visitas mensuales (mças de 17.000 este último mes); estamos en facebook y twitter; hemos aumentado en número de colaboradores fijos y ocasionales, y hemos publicado exactamente 365 entradas, sin fallar un día, hasta hacer un total de 671 desde que abrimos el blog. Y tenemos intención de seguir dando guerra durante 2011.
Como siempre, gracias a todos por compartir con nosotros el 2010, y la pasión por los libros y la literatura. Esperamos que lo sigáis haciendo, también el año que viene...

domingo, 29 de julio de 2018

Patricia Highsmith: Crímenes imaginarios


Idioma original: Inglés
Título original: A suspension of mercy 
Traductor: Jordi Beltrán
Año de publicación: 1987
Valoración: Está bien 

Sidney (¿soy el único al que éste le parece un nombre femenino?), Sidney, digo, es escritor. Discute a menudo con su esposa, Alicia. Un día acaba por agotarla, de modo que ésta decide irse de casa, cosa que ya ha hecho otras veces en las que necesita algo de espacio. Pero en esta ocasión, Alicia no especifica el tiempo en que estará fuera, y las semanas avanzan sin que haya noticias de ella, por lo que su ausencia inquieta a mucha gente. Su familia y sus amigos empiezan a pensar que quizás su marido la haya asesinado. La forma de comportarse de Sidney al hablar del asunto, totalmente enturbiada por un humor negro que revela una completa indiferencia hacia el paradero de Alicia, no ayuda a que la policía o los medios de comunicación suavicen la impresión que el excéntrico escritor les ha producido. El propio Sidney pone a su imaginación al servicio de fabular que él ha matado y enterrado a Alicia, e incluso se ve a sí mismo como el verdugo de su esposa por momentos. A fin de cuentas, ¿acaso la alfombra enterrada, su libreta de crímenes, entre otras cosas, no apuntan en esa dirección?   

Patricia Highsmith lo ha vuelto a hacer. Cuando acabé de leer este libro (que, aviso, no me ha parecido estar, ni siquiera remotamente, entre los mejores que la autora ha escrito) alabé que hubiera construido, de nuevo, a un personaje de esos que tan bien sabe hacer. De esos que, como Mr. Ripley (protagonista de El talento de Mr. RipleyEl amigo americano, Ripley en peligro, etc...), o Edith y Cliffie (personajes de El diario de Edith), me ha parecido inmortal. Debido a su denso tratamiento psicológico y a su seductor carisma, Sidney mueve la novela sin esfuerzo. Quizás es bastante similar a otros personajes creados por la autora, pero el factor previsible de su forma de comportarse y pensar no quita que sea altamente disfrutable verle en acción.   

En fin. Los enredos a los que Highsmith nos tiene acostumbrados. Mentiras que son verdades y verdades desdibujadas por mentiras, ¿o eran verdades falsas? La tozuda voluntad de meternos en el fregado, de hacernos cómplices; Sidney, pobre Sidney, ¡que no te ocurra nada! Un nada sutil trasfondo misántropo, los susurros acerca de la pertinencia de desconfiar de la gente... La prosa concisa y directa. El ritmo algo irregular de todas sus novelas. Todo esto y más, señores, mucho más, en Crímenes imaginarios, libro que si bien no recomendaría a alguien que se quiera iniciar con Highsmith, creo que los incondicionales de la autora podrán disfrutar sobremanera. En cuanto a los que no conozcan a la escritora pero la premisa de esta novela les parezca interesante, que lean Wilt. Tiene un argumento más o menos similar, y aunque el tono se decanta hacia lo cómico, el libro está repleto de un humor y una crítica social realmente geniales.  


También de Patricia Highsmith en UnLibroAlDia: Aquí

lunes, 16 de noviembre de 2015

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: por una parte, está bien; por otra, intragable


Hacía un porrón de años que no leía nada de Pérez-Reverte. Cuando escribo "porrón", me refiero a la época de los primeros Alatristes...¿cuánto hace ya de eso? ¿Doce, quince años? Por ahí... Lo menciono porque aunque me consta que él ha ido sacando libros con la regularidad de un metrónomo o un desfile militar (¿cómo no enterarse, con las campañas de promoción por tierra, mar y aire que suelen acompañar el lanzamiento de sus novelas?), yo no tenía mucha idea de por dónde han ido sus derroteros literarios; si sigue haciendo lo de antes o ha evolucionado hacia... yo qué sé, la autoficción metaliteraria. Por decir algo. 

Impelido por razones que no vienen al caso a leer su última novela, Hombres buenos, ahora puedo afirmar que Pérez-Reverte ha mejorado bastante como escritor: ya no abundan tanto los lugares comunes, los diálogos chulescos... los personajes apareen definidos por algo más que un patronímico chocante y dos o tres rasgos tópicos (ahora son cuatro. por lo menos); la narración se ha vuelto menos efectista y más reflexiva. A cambio, el libro también resulta más aburrido, me temo. También es verdad que la historia que nos cuenta no resulta especialmente trepidante: se trata del viaje -auténtico- que, a finales del siglo XVIII, realizaron a París dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua con el objeto de adquirir, para tan venerable institución, una primera edición completa de la Enciclopédie de Diderot y D'Alembert, el no va más del saber científico y filosófico del momento. Una historia ésta que con seguridad le resulta especialmente cara a don Pérez-Reverte, pues no olvidemos -ni podemos hacerlo, puesto que él se encarga de recordárnoslo a lo largo de todo el libro- que también es académico de la RAE... pero una historia, en fin, que a pesar de los loables intentos del autor por darle vidilla a la trama, da como resultado una novela fundamentada, más que nada, en una recreación histórica minuciosa -y aparentemente bien conseguida, hay que decirlo- y en los constantes diálogos entre los personajes. Conversaciones que tratan sobre todo, como no podía ser de otra forma, de: 
1-Libros y autores de la época.
2-La disyuntiva entre tradición /modernidad o ciencia/ superstición (por no decir religión).
3-España; es decir: los males de España; los remedios a los males de España; la dificultad de aplicar los remedios de los males de España, etc... (toda una fiesta, vaya).

Los protagonistas, el marino don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes, resultan una pareja dispar pero bien avenida (en la tradición de las buddy stories: Don Quijote y Sancho, el Gordo y el Flaco, Mortadelo y Filemón...); demasiado bien avenida, quizá, desperdiciando el juego que podrían haber dado sus desavenencias. Menos mal que a partir de un cierto momento se les incorpora el ínclito y revolucionario abate Bringas, (personaje también real, al parecer), para aportar la nota discordante. En todo caso, resulta incluso loable la idea de honrar la memoria de unos hombres que trataron, en la medida de sus posibilidades, de contribuir a desasnar a sus compatriotas (con eficacia harto discutible, como demostraron los dos siglos subsiguientes).

Para ser justos, hay que admitir que el resultado de estas casi seicientas páginas es una novela correcta, bien escrita y ambientada, de lectura fácil aunque, como ya he señalado, más bien aburridilla. Pero en fin, aconsejable a quien le gusten las recreaciones históricas y las novelas de corte convencional. Ahora bien... quizá no tan convencional porque resulta que Pérez-Reverte sí que se dedica, o al menos lo utiliza,  a ese recurso tan à la page que es la llamada "autoficción". Aunque sea una autoficción un tanto impostada: en efecto, don Arturo se coloca a sí mismo como personaje para contarnos sus cuitas, indagaciones y difíciles pesquisas para documentar esta novela como es debido (perfeccionista que es... y deja ver). Es un truco muy pillo, puesto que le sirve, por un lado, para colarnos así la información que, en rigor, debería de proporcionarse a través de la narración en sí. Y por otro, nos demuestra lo muchísimo que ha trabajado en la ambientación, a pesar de que tal cosa no se trasluzca siempre en la novela (por ejemplo: nos cuenta los muchos y venerables libros y cartografía que hubo de consultar para establecer la ruta exacta de Madrid a París en el siglo XVIII, con sus casas de posta, etc... y luego, apenas lo utiliza al contar el viaje). De paso, inserta como personajes a algunos de sus compañeros académicos, a quienes seguro se les hizo el culo gaseosa al verse inmortalizados en tan insigne obra.

¿Les parece que el tono de la reseña se ha ido agriando en el anterior párrafo? Pues sí, lo siento... pero si hay algo que me toca las narices -por no decir otra cosa- es esta puñetera moda de la autoficción, más aún si es fullera, como es el caso... ¿Quién les ha dicho a los juntaletras de turno que a los lectores nos interesan un pimiento su vida y circunstancias? Por lo que a mí respecta, acepto -a regañadientes- que lo haga Emmanuel Carrére, por ejemplo, que ha demostrado ser un buen escritor; paso por que lo haga Laurent Binet, que parece buen chaval. Incluso se lo puedo perdonar a... no sé, Paco Roca, que al menos tiene el doble curro de dibujar y escribir (a Cercas, por si alguien se lo está preguntando, no se lo perdono). ¿Pero a Pérez-Reverte? ¡Ni hablar del peluquín! Además, si quisiera saber algo -más- de su vida, para eso está twitter, que tampoco es que sea muy discreto, el hombre...

Vamos, jamais de la vie! (que es la manera fina de decir que en mi **** vida).

(Pido perdón si alguien se siente molesto por las palabras de mi último párrafo -excepto si se trata del autor del libro, claro está-, y les doy gracias a todos por su comprensión al permitirme el desahogo. Que tós semos personas humanas... ¿que no?).


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULADCabo TrafalgarLa sombra del águilaEl maestro de esgrimaLa reina del sur

sábado, 23 de mayo de 2026

GennaRose Nethercott: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Fifty Beasts to Break Your Heart: And Other Stories
Traducción: Sarai Herrera / Sergio Chesán / Pau Losada Ham-man
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable

Es bien sabida mi admiración por la llamada literatura de lo extraño. Así que ya os podéis imaginar mi alegría al descubrir que la editorial Horror Vacui había publicado un libro de esta temática.

El libro en cuestión se titula Bestias, espacios y fábulas de lo extraño. Compila catorce relatos de GennaRose Nethercott, escritora estadounidense cuya obra destaca por entremezclar el folclore, la mitología y el surrealismo con las plantas y los animales.

Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una inmejorable puerta de acceso a la narrativa de Nethercott. A fin de cuentas, los relatos de este volumen permiten conocer íntimamente a la autora, su prosa, sus inquietudes, su imaginario y sus personajes (eminentemente femeninos, o bien perversos o bien desgarrados por el desamor).

De la narrativa de Nethercott destacaría lo creativo de sus formatos, lo imaginativo de sus argumentos, personajes y mundos, el trasfondo conceptual, metafórico y emocional (sobre todo metafórico y emocional) de sus historias y la belleza de su estilo.

Llegados a este punto, analicemos uno a uno los relatos de Bestias, espacios y fábulas de lo extraño:

En "Atardecer en la escalera eterna", una peculiar atracción de carretera provoca un extraño comportamiento en una chica joven que trabaja allí, para desasosiego de una compañera que siente atracción por ella. Me gusta el escenario de este relato, que parece sacado de un creepypasta (su geometría imposible, la influencia que ejerce sobre los humanos...), el personaje de Harebell y la forma en que Nethercott plasma la convivencia de lo fantástico con lo cotidiano. Por otro lado, la ejecución global de esta pieza me ha parecido menos pulida que en otras del volumen (por ejemplo, su argumento se antoja en ocasiones algo desordenado y disperso).

En "Abecedario de la adivinación", un grupo de niñas, perversas y con habilidades de brujas, atormentan a una nueva compañera de clase. Retorcida alegoría del bullying escolar, me ha gustado su formato (una serie de párrafos encabezados por distintos métodos de adivinación, como alomancia, bibliomancia o ciclomancia), su narración en primera persona (¿debemos fiarnos de lo que dicen estas niñas?) y su final, aunque el relato en conjunto no me ha acabado de convencer, quizá porque me ha parecido algo más largo de lo estrictamente necesario y porque el inicio y el nudo palidecen al compararlos con el clímax.

En "El niño de hilo", un niño de hilo creado por un brujo se emancipa cuando alcanza cierta edad y entonces conoce a personas y experimenta cosas que, aunque pueden llegar a doler, le hacen crecer. Fábula tierna y preciosa sobre la vida y lo agridulce de madurar y rememorar.

En "Mandíbula de zorro", una mujer lamenta que su amante la haya abandonado. Conmovedora meditación en torno al desamor cargada de tristeza, sensibilidad e imágenes de lo más intuitivas, que tiene una lectura literal y otra de carácter alegórico. 

En "La guerra de la Niebla", una niña relee las notas de su padre, un académico de un pequeño pueblo, y al hacerlo desenmaraña tanto hechos históricos como sus confusos sentimientos hacia el estenógrafo de su progenitor. Relato que se engrandece al experimentarlo en más de una ocasión, que alberga un par de reflexiones magníficas y que encuentra el tono adecuado para proclamarse antibelicista sin caer en moralismos baratos.

En "Lecciones de ahogamiento", un chico tiene que cuidar a su hermana mayor, que por alguna razón desconocida es propensa a ahogarse y resucitar. Me ha fascinado la idea insólita en torno a la cual se articula este relato, y pienso que ésta se desarrolla adecuadamente (explorándola sin por ello restarle un ápice de misterio).

En "La matanza de otoño", una cazadora se acaba negando a llevar a cabo la tarea que los vecinos le han encargado. Magnífico ejemplo de cómo bastan apenas unas pinceladas para crear un mundo único, rico en criaturas, escenarios y detalles fascinantes. 

En "Bestiario sentimental", tres floristas describen a cincuenta seres maravillosos. Este texto (no lo llamo relato, aunque gracias a un puñado de entradas del bestiario conocemos un amago de historia, la relación entre dos de los floristas que lo redactan), este texto, decía, tiene pasajes de una creatividad apabullante, en los que se describe el aspecto y comportamiento de criaturas extraordinarias. Lamentablemente, tiene muchos otros que son bastante insípidos, por lo que, a mi juicio, se deberían haber cribado bastantes. A esta irregularidad debemos añadir que las ilustraciones de Bobby DiTrani me han parecido muy amateurs.

En "Una azuzena es una azuzena", un estudiante que estuvo de intercambio en París y que ha vuelto a Connecticut cuando se le ha caducado el visado echa de menos a la chica de la que está enamorado hasta tal punto que evoca un fantasma con su misma apariencia. Relato simple pero efectivo, que apenas juguetea con su concepto porque le interesa más priorizar la relación entre el narrador, su amada y el fantasma.

En "Querida Henrietta", una mujer escribe una carta a una vieja amiga que incluye ciertas revelaciones y una pequeña sorpresa. Relato original y sorprendentemente tenso en el que la venganza apenas se vislumbra hasta que ya es demasiado tarde.

En "Posesiones", un grupo de jóvenes realiza un ritual ocultista para encontrar a su amiga desaparecida, pero lo único que consiguen es que su ausencia se incremente. Relato que va al grano y está plagado de buenas ideas (el uso del gallo resucitado, la iniquidad del desenlace, etc...).

En "Hogareña", una mujer se va a vivir con un artista al que conoce desde hace poco y empieza a sufrir una metamorfosis. Relato que bordea el bizarro y tiene más profundidad de la que pueda parecer en un inicio.

En "El calendario encantado", hay un microrrelato, un dato o unas instrucciones que giran en torno a los fantasmas por cada uno de los treinta y un días de un mes. Aunque en general resulta un texto curioso, no todas las entradas tienen el mismo impacto.

En "Las ciruelas del fin del mundo", la hija de una mujer humana y una cabra convive con un vampiro que mata por bondad. Fábula con un significado algo difuso, aunque accesible si se le da un par de vueltas.

Resumiendo: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una colección sumamente recomendable. Así lo ameritan la creatividad de los formatos y premisas de sus relatos, así como la imaginación que éstos desbordan, la vocación alegórica de sus mensajes o la belleza de la prosa con que han sido narrados. 

De manera que leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para conocer a Nethercott e introduciros en su universo de ejércitos interminables, chicas que devienen cazadoras grotescas, fantasmas que aparecen cuando añoras mucho a una persona, lanas peligrosamente seductoras o mujeres que se transforman en casas para amparar a hombres que no lo merecen. Leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para experimentar fábulas delicadas como "El niño de hilo" y "Las ciruelas del fin del mundo", narraciones conmovedoras como "Lecciones de ahogamiento" y "Una azuzena es una azuzena" o asombrosos ejemplos de construcción de mundo en pocas líneas como la "La matanza de otoño".

miércoles, 17 de mayo de 2023

Christopher Lasch: La cultura del narcisismo

Idioma original: inglés
Título original: The Culture of Narcissism: American Life in an Age of Diminishing Expectations
Traducción: Jaime Collyer, para Capitán Swing
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable, con matices


En los tiempos actuales donde la cultura del yo, la explotación de la propia imagen, la superficialidad y la vacuidad están en claro aumento, uno debe tomar cierta distancia para ver de dónde surge todo este declive social. Y justo la editorial Capitán Swing debió pensar lo mismo porque este libro ha sido publicado recientemente pese a haber sido escrito a finales de los años setenta. 

De todos modos, conviene alertar al lector ya desde un inicio, por aquello de la gestión de las expectativas. Porque este libro no trata el narcisismo como lo tenemos entendido, pues en 1979 no existe internet ni las redes sociales y por tanto no hay un mundo virtual de escaparates donde mostrar, exhibir y enmascarar nuestras pretendidas y pretenciosas vidas, sino que lo que trata el libro, y uno lo intuye a medida que lee el libro y lo constata en el posfacio lo deja muy claro es en el que el propio autor indica que «la cultura del narcisismo» no fue pensado sobre la «década del yo» (…) surgió de un ensayo acerca de la familia norteamericana, ‘Heaven in a Heartless World’ (…) en el cual había llegado a la conclusión de que la importancia de la familia estaba decayendo de forma sostenida en nuestra sociedad y desde hacía más de cien años (…) ‘La cultura del narcisismo’ fue un intento de analizar esas repercusiones». Así que confirmadas las sensaciones de la lectura, y matizadas las expectativas de entrada, vayamos a lo que el libro expone.

Es difícil entender una situación actual sin echar la vista atrás, y es con ello que el autor constata que «la devaluación del pasado se ha transformado en uno de los síntomas más relevantes de la crisis cultural de la que se ocupa este libro, que a menudo se apoya en la experiencia histórica para explicar lo que está errado en nuestros esquemas actuales. En un análisis a fondo, esa negación del pasado (…) encarna la desesperación de una sociedad incapaz de enfrentar el futuro» porque «a mediados de los sesenta (…) hubo un reconocimiento creciente (…) de que la crisis personal , en la escala a que había llegado, representaba una cuestión política por derecho propio y que un análisis a fondo de la sociedad y la política contemporáneas debería explicar, entre otras cosas, la razón por la que se ha vuelto tan difícil lograr un crecimiento y un desarrollo personales; por qué vive nuestra sociedad obsesionada con el temor a madurar y envejecer; por qué las relaciones personales se han vuelto tan frágiles y precarias, y por qué la ‘vida interior’ ya no ofrece ningún refugio ante los peligros que los rodean». 

Por ello, el ensayo aborda la cultura del narcisismo desde distintos ángulos que retratan las causas de sus males:

  • El arte: el autor nos habla de «escritores confesionales» como Mailer, Philip Roth, pues «estos escritores suelen retroceder a la parodia de sí mismos, afanosos por neutralizar las críticas anticipándose a ellas. Se esfuerzan por encandilar al lector en lugar de afirmar la significación de su propia narrativa» y cita a Ibsen quien afirmaba que «la ilusión que quería crear era la de realidad» (…) «en el siglo XX, los dramaturgos de vanguardia piensan que la realidad en sí es una ilusión» (…) «los escritores modernos han revertido la fórmula de Ibsen: desean recrear en sus obras la realidad de la ilusión».
  • La tecnología como amplificador del narcisismo, y cita a Sontag al apuntar que «la proliferación de imágenes grabadas socava nuestro sentido de la realidad», mientras afirma que «las cámaras y los magnetófonos no solo transcriben la experiencia, sino que la modifican, transformando buena parte de la vida moderna en una gran cámara de resonancia o sala de espejos».
  • La publicidad, una maquinaria capitalista que «sirve no tanto para publicitar productos como para promover el consumo como estilo de vida» y que utiliza hábiles recursos pues «la propaganda no se vale de los hechos para validar un argumento, sino para ejercer presión sobre las emociones. Lo mismo vale, con todo, para la publicidad» y, de manera acertada, afirma que «la publicidad moderna (…) busca crear necesidades, no satisfacerlas; genera nuevas ansias y no mitiga las anteriores».
  • El deporte, la gran cultura de masas que ha involucionado y traicionado sus principios básicos de ocio y diversión convirtiéndolo en una competición hostil de manera que «la violencia y el fanatismo observables en los deportes modernos llevaron a algunos críticos sociales a insistir en que la actividad atlética difunde valores militaristas entre la juventud, inculca irracionalmente el orgullo local y nacional de los espectadores y opera como uno de los bastiones más fuertes del machismo».
  • La enseñanza, en alto declive cultural, pues «la sociedad moderna ha alcanzado índices sin precedentes de alfabetízalo formal, pero ha generado al mismo tiempo nuevas formas de analfabetismo. La gente resulta cada vez más incapaz de emplear el lenguaje con facilidad y precisión (…) de efectuar deducciones lógicas, de entender un texto que no sea sumamente rudimentario».
  • La educación, pues el autor afirma que «a finales de los años treinta y la década de los años cuarenta la difusión de la enseñanza progresista y de versiones degradadas de la teoría freudiana trajo consigo una reacción a favor de la ‘permisividad’. Los horarios de nutrición dieron paso a la alimentación a libre demanda; ahora todo debía adaptarse a las ‘necesidades’ del niño». De igual manera, cita a Arnold Rogow quien opina que «a los padres contemporáneos, alternativamente ‘permisivos y evasivos’ al lidiar con los jóvenes, les ‘resulta más fácil lograr la conformidad mediante el soborno que enfrentarse al torbellino emocional que implica no aceptar las exigencias del niño». 
  • La producción económica, pues debido a la socialización de la producción, «debemos considerar que la apropiación de la escuela de muchas funciones formadoras que antes acometía la familia, incluidos el entrenamiento manual, las labores domésticas, la enseñanza de la moral y los buenos modales y la educación sexual» tal y como apuntan dos líderes educacionales en 1918 al afirmar que «los cambios sociales, políticos e industriales han impuesto a la escuela responsabilidades que antes descansaban en el hogar. Hubo una época en que la escuela debía impartir, sobre todo, las bases del conocimiento; ahora está al cargo de la formación metal, física y social del niño». Así, «el niño es, como ciudadano, un activo del estado, no la propiedad de sus progenitores. Por ende, su bienestar es preocupación directa del Estado». Por ello, Lasch afirma que «el capitalismo evolucionó hacia una nueva ideología política, el liberalismo del bienestar, que absuelve a los individuos de toda responsabilidad moral y los trata como víctimas de las circunstancias sociales» pues «a medida que la nueva élite desecha la perspectiva de la nueva burguesía, no se identifica con la ética del trabajo y de la responsabilidad que conlleva la riqueza, sino con una ética del ocio, el hedonismo y la realización personal».
  • El poder político y económico, que oprimía a las mujeres pues «la tradición de la galantería enmascaraba, y hasta cierto punto mitigaba, la opresión estructural de la mujer. Los hombres monopolizaban el poder político y económico y hacían más digerible su dominio de la mujer rodeándola de un complejo ritual de deferencia y politesse».

Cabe decir, que el autor se apoya mucho (quizá en exceso) sobre teorías freudianas que ejercen sobre el ensayo un sesgo evidente al tratar sobre la modificación de roles familiares en caso de padres ausentes y en las que se proyecta y atribuye a los niños cualidades o roles correspondientes a los progenitores que se acercan en exceso a patologías que van mucho más allá del narcisismo que podríamos tener en mente. Tal es así que en su análisis sobre el narcisismo afirma que «el niño imagina que la madre ha digerido o castrado al padre y genera la fantasía grandilocuente de sustituirlo, alcanzando la fama o uniéndose a alguien que represente una modalidad caliza del éxito, para generar una reunión extática con la madre» y menciona las tesis de Heinz Kohut quien afirma que el hecho de que la madre tome consciencia de su falta de conocimiento sobre cómo educar correctamente a los hijos causó que «a medida que el niño comienza a percibir las limitaciones y la falibilidad de la madre, renuncia a la imagen de perfección materna y comienza a asumir muchas de sus funciones: a proveerse por sí mismo de cuidados y comodidades» mientras que la madre narcisista «como tiende a percibir a su hijo como una extensión de sí misma, le prodiga atenciones ‘extrañamente desligadas’ de las necesidades del niño, proveyéndolo de una serie de cuidados, aparentemente solícitos aunque en realidad muy poco cálidos».

Debo reconocer que el ensayo es denso, pues contrapone a menudo las tesis y opiniones de diferentes psicólogos provocando que la lectura requiera de cierta pausa y un supuesto bagaje o conocimiento en la materia. Por ello, en resumidas cuentas, podríamos decir que el ensayo escrito por Lasch va mucho más allá del narcisismo y trata especialmente sobre sus causas, profundamente arraigadas a la pérdida de valores, a la crisis personal y a la pérdida de la autoridad paterna provocando una gran pérdida de valores sociales, declive de la enseñanza y la cultura y una conversión (y degradación de los principios fundacionales) del deporte en un puro espectáculo alimentado y nutrido de capitalismo a través de grandes corporaciones empresariales. Tal es así que, a pesar de su inefable interés, los temas expuestos y su enfoque no siempre van ligados al narcisismo como origen o incluso consecuencia, sino de manera tangencial y cohabitante con ello y más que un análisis de un momento concreto trata el desarrollo de los conceptos ligados a la formación humana en un trazado a lo largo de varias décadas del siglo XX.

Radical en su planteamiento controvertido, Lasch es contundente en su exposición cuando afirma que «la gente se aferra a la ilusión de la juventud hasta que ya no es posible sostenerla, punto en que debe asumir su condición de inútil o hundirse en una sombra desesperación» y cita a Sheehy quien propone «que la gente se prepare para la madurez y la vejez de modo tal que pueda eliminarse la de la escena sin mucho escándalo». Quizá demasiado radical, pero un gran contrapunto de humildad ante tanto narcisismo.

viernes, 7 de marzo de 2025

Catherine Lacey. Biografía de X

 

Idioma original: inglés
Título original: Biography of X
Traducción: Nuria Molinés
Año de publicación: 2024
Valoración: muy recomendable

Seguro que seré malinterpretado, pero no acabo de entender el empeño por asignar ciertas etiquetas a ciertos productos culturales. El punto del libro que acompaña al flamante ejemplar tomado de la biblioteca de esta Biografía de X dice que esta novela pertenece al Fondo LGTBIQ+ y yo me pregunto para qué narices hay que acotarla de esa manera. Pondría, por ejemplo, la figura de Spanbauer, ya fallecido, y me sacude el alma pensar cuántos grandes escritores son confinados en esta especie de ghetto/subgénero que puede, por muy cenutrios que puedan parecernos estos planteamientos, limitar algo sus posibles lectores. Todo porque, gran novedad, damas y caballeros, esta es una novela sobre una mujer intentando ahondar en el pasado de la mujer que fue su pareja. Que los géneros podrían intercambiarse con toda naturalidad y la historia no cambiaría. Que esa elección no es un gancho comercial ni un posicionamiento, Que hay que actuar con naturalidad o tenemos lo que tenemos en algunas ciudades: barrios condenados a ser parques temáticos, puntos de atracción de cierta curiosidad morbosa que parece exclamar vamos a verlos comportarse en su hábitat. 

Esta disquisición carecería de sentido si Biografía de X fuera uno de tantos libros. Pero no. Catherine Lacey, por cuya obra anterior voy a interesarme de inmediato (cuatro novelas, nada mal para una escritora que aún no ha cumplido cuarenta años), se muestra osada en la estructura de esta narración. Al principio, algo reminiscente del juego usado por Hernán Díaz en Fortuna, por cuanto estamos jugando a las cajas chinas escenificando una narración dentro de otra, pero más bien adaptando el recurso a la necesidad narrativa. Aquí tenemos a una escritora que, para contrarrestar la previsible aparición de textos no autorizados en forma de biografías de X, la mujer que falleció siendo su pareja, se decide a investigar por su cuenta el pasado de ésta. Un pasado con enormes incógnitas que intentará resolver. X ha sido una artista multidisciplinar: ha hecho música, escrito libros, protagonizado performances: una especie de celebridad total en una nación que (pequeño y algo forzado recurso que evoca casi explícitamente a Atwood) ha vuelto a unirse después de un conflicto que la ha dividido en un Sur conservador y tradicional y un Norte progresista y abierto. CM Lucca se adentra en el pasado a la búsqueda no solo de que la memoria le haga justicia, también de que lo que se encuentre resuelva sus dudas y esas brechas que no pudo dilucidar cuando X vivía. Esa búsqueda, de tonalidades épicas, la ayudará a comprender en parte la personalidad de quien era su pareja. Como es de prever, acarreará no pocas sorpresas que, más que aportarle morbo o preocupación, la harán ahondar en la complejidad de su relación. Parejas, matrimonios, algún hijo del que se despreocupó, una eventual disidencia política que la obligaba a cambiar con frecuencia de nombres, de apariencia, a incorporar capas a su personalidad y a redoblar el misterio y la fascinación sobre su persona.

Lacey es una escritora (supongo que leer sus novelas anteriores, más breves y de menos renombre puede matizar esa opinión) ambiciosa y de amplio rango. Quizás excesivo, Biografía de X contiene ese aire retrospectivo de aires bolañianos que combina perfectamente con el aroma europeo que desprenden algunas referencias, desde el uso sebaldiano de imágenes que parecen generadas por IA, hasta referencias culturales variadas que se intercalan y asignan un contexto personal (la de vincularla al proceso creativo de  Low, una de las obra maestras de David Bowie, me ha seducido por su insistencia) en el que la artista sería una especie de musa en las sombras de la cultura underground. También percibimos una crítica socavada hacia las manifestaciones artísticas contemporáneas más marcadas por la excentricidad y los deseos de polémica como forma de celebridad. X excita la fama y la relevancia lo justo para salir corriendo. No es una crítica feroz, es más bien una puesta en escena de situaciones que pueden sernos familiares por lo que hoy es el mundo de las manifestaciones culturales. Supongo que ello justifica un poco el enfoque distópico: un mundo, el del Norte, de creatividad y libertad vs un Sur sojuzgado por el integrismo religioso. Aunque, personalmente, creo que es la apuesta que menos funciona, permitidme insistir en el párrafo con el que acometía esta reseña: adjetivar a esta notable novela me parece restrictivo y estrecho de miras. Con sus carencias y sus errores, vale mucho la pena leer este libro.

 

miércoles, 17 de octubre de 2018

Semana del arte #3: Tom Wolfe: La palabra pintada

Idioma original: inglés
Título original: The painted word
Año de publicación: 1975
Traducción: Diego Medina
Valoración: Interesante


Tom Wolfe tenía mucha cultura, una aguda capacidad de observación y la habilidad para abordar cualquier tema con rigor. Así que cuando el Arte Moderno se cruzó en su punto de mira, él afiló el lápiz y alumbró La palabra pintada, un ensayo crítico/humorístico cuya argumentación será más o menos acertada (los expertos opinarán) pero es, desde luego, sólida, divertida y tan cáustica como toda la obra de este autor. No en vano el subtítulo es: El arte moderno alcanza su punto de fuga.

Resumen resumido: el Arte Moderno, nacido a finales del siglo XIX con el fin de romper con toda expresión artística anterior que necesitara de una «literatura» para poder ser contemplado, acaba siendo igual de literario y dependiente de una teoría que lo sostenga hasta el punto de que la expresión artística prácticamente desaparece y tan solo queda la teoría.
«Nada de “ver sea creer”, tonto de mí: “creer es ver”, porque el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto»
La palabra pintada es un ensayo corto (144 páginas) que se estructura mediante un prólogo y seis capítulos, cuyos títulos ya nos dan una idea del contenido y el tono: 1.La Danza de los Bohemios / 2. No se invita al público (Nunca se le ha invitado) / 3. El todo Nueva York montado en un caballo cubista / 4. Greenberg, Rosenberg & Lo Plano / 5. Hola, Steinberg (Adiós, Greenberg) (Tú también, Rosenberg) (La alegría vuelve a Culturburgo) / 6. He aquí el paso decisivo.

Los temas concretos que se abordan a lo largo de la argumentación propuesta por Wolfe, resultan bastante polémicos porque apuntan varias cuestiones que no pueden dejarnos impasibles:
  • Que el Arte Moderno, entendido como algo vivo, ya no está en manos de los artistas si no de los críticos (y pone un ejemplo muy interesante en relación a Jackson Pollock).
  • Que el Arte Moderno está secuestrado por el poder económico y depende absolutamente de él.
  • Que el Arte Moderno pereció auto fagocitado por sus propias teorías y por llevar demasiado lejos la máxima de «el arte por el arte».
  • Que así como en literatura, música y otras disciplinas del arte, el gran público forma parte del proceso y su opinión se valora, no sucede lo mismo con las artes plásticas modernas.
Wolfe cierra con un epílogo, clímax de todo lo expuesto, donde expresa de forma más directa su opinión al respecto. Y si Wolfe pensaba todo eso el año 1975, daría cualquier cosa por saber qué opina del Arte Moderno actual. A modo de muestra:
«(…) los científicos de mediados del siglo XX procedían a partir de los descubrimientos de sus predecesores para elevarse desde ellos hasta las alturas… mientras que los artistas, por su parte, ignoraban los hallazgos legados por sus maestros desde la época de Leonardo da Vinci y, aterrorizados, los reducían o desintegraban con el disolvente universal de la Palabra»
La palabra pintada ofrece una lectura amena, divertida y muy interesante en la que se disecciona la cuestión del Arte Moderno haciendo que parezca algo sencillo cuando en realidad no lo es. Se puede leer perfectamente sin tener grandes conocimientos sobre arte pero para que la lectura sea plenamente satisfactoria requiere —o al menos ha sido así en mi caso— de una relectura más atenta ya que aparecen muchas fechas, nombres propios y acontecimientos que pueden hacer que perdamos de vista el juguetón hilo argumental que Wolfe plantea. Porque es a lo largo de ese hilo argumental (perfectamente pautado) que Wolfe desmonta, desmiembra y deslegitima todo el artefacto teórico que llevó al Arte Moderno hasta lo que conocemos ahora. Un baño de ironía corrosiva.

Y lo mejor, como en cualquier lectura a mi parecer, es la reflexión posterior que suscita. Personalmente me ha hecho pensar en un texto de Ortega y Gasset que leí hace años, titulado La deshumanización del arte, en el que se lamenta de cómo el Arte Moderno ha perdido el contacto con la gente para convertirse en algo minoritario... tal vez sea la consecuencia natural de retorcer y encorsetar las pulsiones artísticas que antes eran mejor recibidas. O no. En todo caso, me ha parecido muy plausible que alguien se atreva a bajar al Arte Moderno de su pedestal, con argumentos y con rigor. Así que si es cierto eso de que cada civilización/sociedad necesita sus propios narradores, no hay duda de que Tom Wolfe lo fue de la suya y que los ecos de muchas de sus crónicas aún resuenan con autoridad.

Ya para acabar, decir que no contento con desposeer a la pintura moderna de su halo de magia y exclusividad, Wolfe hizo lo mismo con la arquitectura moderna en otro ensayo de similares características titulado ¿Quién teme al Bauhaus feroz? del que os hablaré en otra ocasión.

Otras reseñas sobre obras de Tom Wolfe publicadas en ULAD: aquí

lunes, 7 de noviembre de 2022

Joshua Cohen Los Netanyahus

Idioma original: inglés

Título original: The Netanyahus

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Calvo

Valoración: está bastante bien


-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...

-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.

_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...

-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a  su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.

-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).

-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).

Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".

En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...

viernes, 6 de octubre de 2017

Reseña + entrevista: Aixa de la Cruz: La línea del frente

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable

Al principio había pensado no poner valoración en esta reseña, para evitar suspicacias, porque no solo Aixa es amiga mía; no solo aparezco en los agradecimientos, sino que encima Aixa ha tenido la amabilidad de incluir una cita mía como epígrafe. Así que si le ponía una buena valoración podían venir los Tongoys del mundo a decir: ¡amiguismo!, ¡favoritismo!, ¡endogamia! Pero luego pensé: qué leches. La novela me ha gustado mucho. Me parece muy recomendable. Y la amistad no ciega mi sentido crítico: si no me hubiera gustado, lo diría; cariñosamente pero lo diría. Así que voy a explicar por qué me ha gustado, y luego los seguidores del blog, que ya nos conocéis y sabéis de qué pie(s) cojeamos, hacéis lo que tengáis que hacer.

Antes que nada, una aclaración: como pasaba con Mejor la ausencia de Edurne Portela, La línea del frente no es una novela sobre ETA, aunque ETA, y el "conflicto vasco" en general, estén muy presentes como telón de fondo. La línea del frente es una novela sobre un tema más amplio: sobre la relación compleja que existe entre memoria, identidad y ficción/narración. Sobre el modo en que nos explicamos a nosotros mismos para intentar construir un sentido en medio de una realidad que es caótica, compleja y que pocas veces encaja en categorías simplistas.

La protagonista de la novela, Sofía, sufre algo así como una "culpa por autoengaño". Durante toda su vida vivió ausente del mundo, en una burbuja culta, aséptica y académica; la ruptura de una relación amorosa, y el deseo de recuperar otra anterior, la llevan a abandonarlo todo y a recluirse en una urbanización veraniega prácticamente vacía durante el invierno; allí intentará escribir su tesis sobre Mikel Areilza (un escritor que militó en ETA y se suicidó en Buenos Aires) y compartirá una relación cargada de equívocos con Jokin, un antiguo novio que cumple pena en El Dueso por un altercado con la policía, en aplicación de la ley antiterrorista.

Y es en este encierro voluntario donde Sofía sufrirá un progresivo "desvelamiento": en relación a Jokin, que no se corresponde ni con sus recuerdos del pasado ni con sus expectativas del futuro; también en relación a Areilza, quien no pudo ser explicado ni siquiera por Cozarowski, su colaborador último, el director teatral argentino con el que escenificó una obra sobre la identidad y sus máscaras. Y por supuesto, en relación a sí misma, a su cuerpo, su historia, su comprensión del mundo, su culpa. El capítulo final, en que Sofía se sume en una borrachera psicodélica, es quizás el momento de la epifanía, de la comprensión que va más allá de la razón. (Cabría preguntarse, porque la novela no lo dice, si esta comprensión sería borrada al día siguiente por la reseaca y la vuelta a la racionalidad de Sofía).

Técnicamente, La línea del frente es una novela a la que se le pueden reprochar pocas cosas. La evolución del personaje principal fluye de forma verosímil y natural; la multiplicación de voces (Sofía sobre todo, pero también Cozarowski, y Jokin, a través de cartas, llamadas telefónicas y escenas "teatrales" insertas en el texto) añade contrastes a la visión de la protagonista; el estilo, sin ser (creo) la preocupación principal de Aixa, es efectivo y cuidado, desatándose solo en el último capítulo "lisérgico" en un stream of consciousness poético. Quizás la única pega que le ponga, en este sentido, es explicar demasiado a los personajes; yo soy un gran fan de lo inexpresado, de lo implícito, y en La línea del frente cada personaje principal tiene su momento para contar su historia en forma de monólogo explicativo.

Desde el punto de vista del contenido, me resisto cada vez más (en contra de la propia cita mía que Aixa incluye como epígrafe) a aceptar que "todo es ficción, todo es literatura". Después de la crisis económica, de Trump, del Brexit, creo que la posmodernidad literaria y académica ha quedado algo al desnudo. Si todo vale, si no existe la verdad y todo es una construcción, los nazis de Charlottesville son defensores de la libertad, los inmigrantes colapsan el sistema de salud británico y la culpa de la crisis es nuestra por consumir por encima de nuestras posibilidades. Quizás ha llegado del momento de recuperar un concepto de verdad, alguno, por frágil que sea. En el fondo, es también lo que busca Sofía, a lo largo de toda la novela, aunque al final lo que encuentre sea otra cosa.


Entrevista con Aixa de la Cruz


La línea del frente trata entre otros temas la cuestión de la "verdad" y nuestra capacidad para conocerla. Sofía se encuentra constantemente con relatos que no encajan con su visión del mundo ni con sus recuerdos. ¿Crees que esto es un fenómeno universal? ¿Vivimos engañados?

Creo que Sofía vive engañada en la medida en la que cree, como decían en Expediente X, que la verdad está ahí fuera, una verdad que puede resultar elusiva, inaccesible, pero que aguarda a ser descubierta. Se comporta como un detective: tiene indicios, pistas inconexas (sobre su pasado, sobre el pasado del su novio, sobre la figura del escritor suicida al que investiga) y la certeza de que si ordena bien las piezas puede recomponer el puzle único. Mientras piensa en estos términos está continuamente engañada, sí, porque las hipótesis a las que se aferra resultan falsables. Encuentra un discurso teórico sin fisuras, pero lo coteja con la realidad y no se sostiene. Sin embargo, cuando descubre que toda reconstrucción del pasado tiene un componente de ficción encuentra su equilibrio, porque no hay nada necesariamente malo en que “la verdad” se nos resista o sea una entelequia. Si sobrevivimos, lo hacemos gracias a que nos contamos un relato que nos sana. No hay relatos ganadores, sino relatos sanadores. Y éticos.


¿Es el cuerpo lo único verdadero, como parece sugerir Sofía en algunos momentos?

El cuerpo es verdadero porque a veces duele y creo que no hay nada más inapelable que el dolor físico. Por eso Sofía tiene alguna escena de autolesión. Necesita pellizcarse para saber que no está soñando. Pero también duda de que el cuerpo pueda ser identidad en el sentido de que lo identitario es aquello que permanece. Hace diez años que no se encuentra cara a cara con el hombre del que se ha enamorado y antes de su primera visita a la cárcel, se mira desnuda en el espejo y se pregunta si las células que la componen ahora son las mismas que la componían entonces. Al final de la novela decide que lo único verdadero es su deseo, provenga de donde provenga.


Esta es, hasta cierto punto (solo hasta cierto punto) una novela polifónica. ¿Por qué necesitabas introducir esas voces, además de la de Sofía?

La voz principal es la de Sofía, una especie de monólogo interior desde el encierro, porque a medida que avanza la novela ella se recluye cada vez más, mimetizándose con su novio, que está en la cárcel. Quería que el mundo exterior se colara de alguna manera en la narración para que el lector no se dejara arrastrar por la subjetividad de la protagonista y pudiera confrontarla. Entonces aparece una segunda voz en primera persona, la del dramaturgo Cozarowski, que escribió unos diarios que Sofía utiliza para documentarse en su tesis, y aparece Jokin, en las visitas a la cárcel, como un personaje teatral, en estilo directo, con acotaciones muy sucintas. Las visitas a la cárcel son “los hechos” y los soliloquios de Sofía documentan el modo en que “el historiador” interpretado los hechos.


¿Crees que una visión "relativista" de la verdad, que dice que todo es relato, todo es construido, sigue siendo vigente? ¿O esta concepción posmoderna de la verdad ha saltado por los aires en los últimos años, por causa de la crisis económica, de Trump, del Brexit...?

El fenómeno de Trump y su posverdad es un guantazo a la academia, porque ha retorcido los postulados del posestructuralismo para legitimar todo aquello que el posestructuralismo quería combatir. Pensemos en la historiografía posmoderna: quienes sostenían que la historia es más ficción que ciencia intentaban impugnar que los relatos que escribieron los ganadores fueran los relatos verdaderos, reivindicaban que se diera voz a los silenciados, que lo universal es por definición masculino, heterosexual y blanco, etc. Pero el “trumpismo” ha utilizado esta idea de “las verdades alternativas” para mentir sin tapujos y poner al mismo nivel el periodismo riguroso y las noticias falsas de Facebook. Es el reverso siniestro… Y en temas de género ocurre algo parecido con la teoría queer. Yo comparto la idea de que la categoría “mujer” es un invento y sí, sueño con un futuro pos-género en el que superemos los binarios, pero si las mujeres seguimos siendo agredidas por el hecho de ser categorizadas como “mujeres”, necesitamos organizarnos como grupo distintivo en base a dicha categoría, necesitamos representación política. En general, creo que la filosofía posmoderna no ha quedado impugnada, pero se ha vuelto evidente que todo lo que funciona en la teoría no siempre funciona en la práctica. Me gusta ser capaz de distinguir entre lo que creo que es y lo que creo que funciona y buscar un equilibrio entre ambas cosas.

Este tema se relaciona también, claro, con la cuestión del "conflicto vasco" (o como se le quiera llamar). ¿Existe una "guerra por el relato"? 

En lo que se refiere a la historia reciente de Euskadi defiendo una suerte de relativismo que está tan lejos del “todo vale” de la posverdad como de la idea de fijar un relato único. Los relatos únicos son esquemas generalizadores que cercenan los flecos y dejan a muchos fuera. Por ejemplo, se ha extendido la idea de que la sociedad vasca fue una sociedad cómplice porque tenía miedo y calló, y no niego que esto sea en parte cierto, pero es tremendamente injusto con la que gente que no lo hizo y deberíamos reivindicarlos. Para narrar desde lo literario lo que ocurrió en Euskadi creo que necesitamos multitud de versiones, cuanto más intimistas, subjetivas y parciales, mejor. Me interesa que hablemos de lo público desde lo personal para que obtengamos un tapiz de versiones complementarias y contradictorias. Creo que solo así, confrontados con un rompecabezas que no tiene solución, podremos entender lo que nos ha pasado.


La palabra "héroe" aparece bastantes veces en el texto, con connotaciones diferentes. ¿Existen los héroes? ¿Lo es Mikel Areilza? ¿O Sofía, o Jokin, o Andrés?

Yo estoy con Tina Turner: we don’t need another hero. Creo que una sociedad que necesita héroes es una sociedad fallida. El héroe es un individuo que se sacrifica para salvar a un colectivo. Una sociedad civil bien organizada no necesita héroes. Además, suele ser el poder quien decide qué es heroico y qué no lo es y siempre para refrendar su ideología. En The Terror Dream Susan Faludi explica cómo después del 11S el relato institucional silenció cualquier anécdota de heroísmo femenino. Las mujeres fueron construidas como víctimas a las que salvaban los bomberos, todos ellos hombres, aunque apenas hubiera mujeres en el World Trade Center y sí, por el contrario, muchas médicos y enfermeras ayudando a las que nadie entrevistó. En mi novela, Sofía está empeñada en proyectar su idea de heroísmo en personajes que se resisten a ser caracterizados como tal. Lo que hace es un acto de violencia, una imposición.


Otro tema que se repite en tus textos es el de la culpa. Todos los personajes tienen culpas reales, inventadas o, en el caso de Sofía, la "culpa por no tener ninguna culpa". ¿Te parece que la culpa es una fuerza destructiva, necesaria, reparadora?

Creo que la culpa es una fase por la que hay que pasar, y que una vez que se supera, llega lo importante, que es el compromiso. La culpa inmoviliza y el compromiso nos mueve a la acción.


¿Por qué decidiste acabar con un capítulo en que Sofía se emborracha (y algo más)? ¿Ella necesitaba salir de su racionalidad para comprender?

Creo que las drogas te ayudan a entender que nuestra percepción, eso que llamamos “realidad”, es producto de un equilibrio químico determinado, y que si cambia ese equilibrio, cambia el mundo. Sofía descubre que, si existe tal cosa como un relato verdadero, ella ha estado viviendo un relato falso, pero concluye que qué importa. Al final, lo único verdadero para ella es su deseo. Ya no está engañada porque ahora es consciente de los sesgos que la condicionan y le hacen amar lo que ama, pero eso no deslegitima lo que siente.

sábado, 22 de junio de 2019

Reseña + entrevista: Lago negro de tus ojos, de Guillem López


Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: de lo más recomendable

Hermoso título el de la última novela -corta, no llega a las 130 páginas- de Guillem López, uno de los más destacados autores que hay por estos lares del género de la ciencia-ficci... un momento, creo que no no voy bien así. Reseteo...

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, uno de los más destacados autores por estos lares de los géneros fantástico y de terro... No, no, tampoco lo acabo de ver... perdón. Con permiso, vuelvo a empezar,,,,

Hermoso título el de la última novela de Guillem López, un escritor contemporáneo que no duda en emplear los recursos metafóricos y metaliterarios necesarios para... Uf... mirad, lo siento, pero esto no funciona. Mejor comienzo de nuevo, de cero.

Lago negro de tus ojos, novela de hermoso título -eso es innegable- es todo lo que he comentado (o tratado de) anteriormente: una novela de género fantástico que utiliza el trampolín del ci-fi para lanzarse de cabeza hacia el terror -de "horror cósmico", la ha definido en alguna ocasión su autor, seguramente con algo de sorna, pese a que sí, lo es...- y que utiliza los recursos metaficcionales convenientes con excelente soltura, dado que no entorpecen la narración ni sirven como un reclamo exhibicionista que acabe eclipsando la historia en sí, sino todo lo contrario.

Historia compleja, por cierto, pero contada tendiendo a cierto "minimalismo", con los medios justos: un puñado de personajes localizados en un pequeño pueblo y a los largo de unos pocos días. el pueblo es valenciano -podría ser cualquiera cercano a la Albufera- y es al que vuelve Carla Babiloni, una periodista que se ha criado allí y debe escribir un reportaje sobre su situación tras el llamado Incidente: la aparición en el lugar de una laguna oval de aguas negras -no es la única que ha surgido en el mundo, pero sí la más grande- que parece ser un portal de algún tipo a otros universos u otras dimensiones y que atrae tanto a rebaños incesantes de turistas como a miríadas de insectos que infectan la localidad, magnetizados por la cercanía de la laguna. Insectos, fuerzas militares internacionales, sectas milenaristas... todos estos elementos se van trenzando en la novela junto con el pasado de carla, con las razones por las que no había vuelto a su pueblo hasta entonces, para construir una trama cada vez más inquietante en medio de un ambiente ya de por sí opresivo, casi pútrido...

El narrador del relato es Bernat, un antiguo novio de Carla que ha permanecido en el pueblo y trabaja en la fructífera actividad de exterminar plagas. Además, Bernat se dedica a dibujar todo lo que sucede, ya lo vea por sí mismo o lo intuya, en viñetas... Aunque quizás lo que ocurre sea que sucede sólo lo que Bernat dibuja. O no ha sucedido nada de lo que cuenta y todo está, tan sólo, en sus dibujos, quién sabe...

No quiero comentar más del argumento porque precisamente una cualidad de esta novela, sin duda gracias a su escueta extensión -aunque sólo en parte, porque también podría padecer una prosa anestesiante y no es el caso- es su carácter inmediato, casi esencial, que no deja espacio para la divagación... ni para la distracción del lector. De hecho, en verdad tampoco hubiera sufrido mucho menoscabo esta inmediatez si la novela se alargase un poco más; no porque a la trama le falten elementos -bien al contrario-, sino para dotarle de algo de "esponjamiento" a la narración. Pero no era esa la intención del autor, que ha optado -con un buen resultado, ya digo- por ese "esencialismo", donde además no todo se explica y tampoco hace falta... Quizás podríamos preguntarle al propio Guillem López a qué se debe esta elección...

-A diferencia de tu anterior novela, El último sueño, que se desarrollaba en un mundo fantástico completamente desarrollado (lo que los escritores llamáis worldbuilding), Lago negro de tus ojos transcurre en un entorno mucho más cercano, un pequeño pueblo valenciano, y con apenas un puñado de personajes. También es una novela bastante más corta. ¿Este cambio a un cierto "minimalismo" es consciente y buscado o el resultado de una escritura más rápida, menos controlada?

-Bueno, worldbuilding siempre ha habido. Antes se llamaba crear escenarios. La primera diferencia entre localizar un relato en un mundo fantástico y el nuestro es que el nuestro ya es plausible de partida, mientras que en un mundo fantástico hay que trabajar absolutamente todos los aspectos.En mi caso, el escenario, pese a que no es real, es realista. los poblados al sur de valencia.La aparición de lagunas que son portales a otra parte del Sistema Solar es el elemento fantástico que irrumpe en el escenario.
Respecto a la longitud del libro, quería escribir una novela corta, probar si podía manejarme en esas distancias. y ha sido más complicado de lo que parece, porque una novela corta requiere unos tiempos muy diferentes a lo que estaba acostumbrado. El minimalismo en el estilo es sólo una fase más en mi eterno aprendizaje. lo que estoy escribiendo ahora mismo también explora otras posibilidades. Escribir es un juego, un descubrirse, y en eso estoy.

-Se puede decir que Lago negro... tiene un aire a lo Stephen King, al menos en el planteamiento inicial, pero también hay elementos narrativos que recuerdan a Lo que más me gusta son los monstruos y referencias a Poe y Lovecraft. Tu anterior novela se podría encuadrar en el New Weird, con el aporte vintage de los Gangs de N.Y. de Herbert Ashbury, mientras que Arañas de Marte, en cambio, denota una impronta "philipkadickiana" (si existe ese adjetivo). ¿Toda esa variedad de referencias es también el resultado de una exploración consciente y planificada, o más bien a dejar aflorar toda una serie de lecturas y de autores de forma espontánea?

-Ah, sí. Hay mucho King y Lovecraft, pero también los hermanos Cohen y David Lynch. Hace algún tiempo que le doy vueltas a eso: los campos de arroz de Valencia , la costa y la huerta, son mi Maine , mi pequeño Providence lleno de luces y sombras. utilizar mi escenario cercano era una necesidad. respecto a las referencias, como dije, me gusta cambiar. Entre un libro y otro pasa aproximadamente uno o dos años. yo he cambiado, el mundo a cambiado. ¿Por que´no deberían cambiar mis libros? Creo que es un poco lo que esperan mis lectores, cosas diferentes, algo nuevo. nos pasa a todos, a mí también. Somos adictos a las emociones fuertes y al placer inmediato. Queremos estímulos, queremos sorprendernos. Lo nuevo envejece muy rápido. encadenamos hype tras hype, como un Trazán yonki que atraviesa la jungla de bits y tuits. Yo sólo soy el que toca el tam-tam en este rollo tan esquizofrénico que nos hemos montado.

-Tanto esta novela como El último sueño tienen un trasfondo político importante; en este caso, sobre la opacidad de la información y las medidas al margen de la ciudadanía que toman los gobiernos y los organismos supranacionales. ¿Consideras, como es habitual oír últimamente, que toda literatura debe ser política y que incluso la ausencia de la misma en la literatura denota un posicionamiento político, de alguna manera?

-Toda expresión artística es política porque lo personal es político. el que diga que en sus libros no hay política es idiota o, simplemente, malvado.La obra proviene del autor, con sus prejuicios, sesgos, concepción del mundo y moral. No es tan difícil de comprender. Hay gente que me ataca porque incluyo política en mis libros o porque tengo una postura política en redes.Son los mismos que luego se meten entre pecho y espalda un grimdark que, básicamente, perpetua un sistema social basado en la violencia. O solo conciben el futuro como una distopía, que es la expresión más fatalista del liberalismo y cuyo mensaje básicamente se reduce a que la sociedad está condenada, el nosotros ha fracasado y sólo queda el yo. No sé si es que nos hemos vuelto todos gilipollas, pero me parece alucinante que nadie, ya no denuncie, sino por lo menos sea consciente de que el mensaje predominante que transmite la mayor parte de ficción contemporánea es, básicamente, propaganda.

-Hoy en día existe una compartimentación muy acentuada en literatura, no solamente entre los diferentes géneros (y dentro de cada género), sino incluso con respecto a niveles de lectura (o de lectores), edades, ideologías, etc... Pocos géneros han conseguido convertirse en transversales en toda esta compartimentación del público y el mercado, quizás tan sólo el género negro, policiaco, noir... ¿Podría ocurrir lo mismo con el género fantástico o la ciencia-ficción? ¿Sería deseable que ocurriese?

-Me parece mucho más interesante conseguir lectores transversales que un género transversal. Quiero decir, lectores que puedan moverse entre géneros. yo soy un lector transversal porque me muevo entre géneros, pero sé que pertenezco a una minoría y que la tendencia es contraria: mayor segmentación del mercado, especialización editorial, un producto para cada tipo de lector. las normas del juego nos lo ponen cada vez más fácil, parece que somos libres para elegir y que eso nos hará más felices, pero en realidad estamos encerrados en una cárcel de algoritmos, con un horizonte demasiado cercano. Es una mala copia de la sociedad contemporánea: unos pocos libros que venden millones y millones de libros que venden un centenar de ejemplares.

-En este libro hay un componente metaficcional, por medio de las viñetas que dibuja Bernat, que incluso puede hacernos plantearnos la interpretación final de la novela. Algo parecido ocurría en Arañas de Marte, con la novela pulp que leía la protagonista... ¿Este interés por la metaficción te convierte, en cierto modo, en un escritor postmoderno? Y lo que es más importante: ¿vas a demandar al blog por haber insinuado que lo seas?

-No me ofendo, en serio, no imports. Es el tiempo que nos ha tocado sufrir. Lo seremos durante mucho tiempo, todo lo que dure esta lenta muerte del postmodernismo. Es como decir que todos somos cristianos. Lo somos. Llevará generaciones deshacernos de la cosmovisión cristiana. Está bien que alguien se proclame ateo. Otra cosa es que pretenda hacernos creer que el mundo que ha puesto frente a él el cristianismo durante quince siglos y su posición en él ha cambiado de la noche a la mañana. El capitalismo tsmbién nos perseguirá durante mucho tiempo. Está condenado. Tarde o temprano desaparecerá, pero nosotros ya estaremos muertos.
Respecto a la metaficción, es una constante en mis libros. Todos juegan de alguna forma con el concepto de realidad y ficción, verdad y mentira. Es algo que me interesa, una especie de retruécano, porque expongo esa débil frontera entre realidad y ficción desde una mentira. Básicamente, toda la literatura es ficción. En Challenger, esa trampa se exponía desde el principio, con una nota en que se advertía que algunos personajes y sittuaciones habían eistido realmente. Y eso es un punto de partida que define nuestra sociedad actual. Es una mentira, pero puedes creer en ella si quieres. Más omenos como las paparruchas y bulos de la extrema derecha, sabes que son mentira, pero es tu mentira, tuya y de nadie más. Y si mucha gente cree en una mentira, ¿quién va a llevarles la contraria? ¿La realidad? ¿La ciencia? Todo eso hace tiempo que dejó de tener interés. Ya no importan los hechos, sólo importa el dinero y todo lo que puedas comprar con él. Es la decadencia final de un pensamiento y una cosmovisión que agoniza.

-Tanto Lago negro... como Arañas de Marte se desarrollan en entornos qye te son cercanos, pueblos de los alrededores de Valencia, la costa alicantina, etc... Aparte de lo interesante y hasta loable de esta decisión, ¿está entonces en tu ánimo convertir a la Comunidad Valenciana en un nuevo Maine (literariamente hablando, se entiende)? ¿Qué escenarios te parecerían adecuados para, por ejemplo, una distopía apocalíptica: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el aeropuerto de Castellón, la plaza del Ayuntamiento de Valencia un día de mascletà...?

-Ah, sí. Como dije antes, voy a darle más importancia a los escenarios cercanos en mi obra. Quiero hacer algo Cyberpunk en València y también en el universo lovecraftiano de Lago negro de tus ojos. Así que mis próximos trabajos irán en esa línea. Ni de coña voy a hacer una distopía apocalíptica, por principios y porque no se acerca ni de lejos a la prospectiva que tengo en mente. Me interesan más las posibilidades y los cambios a nivel estructural que se producirán en la sociedad las próximas décadas, en parte debidos a los avances tecnológicos, pero también al agitamiento del sistema financiero global.

Pues estaremos atentos a las próximas propuestas de Guillem López (al menos quien firma esta reseña). Sin olvidar agradecerle antes, por supuesto, la amabilidad y paciencia que ha tenido a la hora de responder a estas preguntas: mil gracias y hasta pronto.

Otros títulos de este autor reseñados en Un Libro Al Día: El último sueño

lunes, 21 de marzo de 2016

Javier Calvo: El fantasma en el libro + Bonus: algunas respuestas del autor

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: imprescindible para interesados, muy recomendable para público en general

La carrera como autor de ficción de Javier Calvo siempre me ha interesado. Ha retratado a Barcelona en las tres novelas que he leído, y siempre lo ha hecho de forma perspicaz e inteligente, sin abandonar un estilo que mezcla contemporaneidad y pleitesía por clásicos de culto. Ha retratado una ciudad gótica y pestilente, soleada y corrupta, gris y secretista, pero sus novelas siempre han mostrado un autor inquieto y permeable a su descomunal conocimiento de la cultura de los últimos doscientos años. De lo que cabe responsabilizar algo, seguramente bastante, a su brillante faceta como traductor del inglés. Tan reputado y tan ubicuo que yo mismo he acabado identificándole "aquí" gracias a ciertos aspectos distintivos de su trabajo.  Me ha sorprendido que para este, primer ensayo (y que dedica al mundo de la traducción), haya elegido un registro neutro, lejos de sus relativos excesos en narración, y que este registro resulte tan adecuado y convincente. Porque creo que lo primero que Javier Calvo espera de este ensayo es reivindicar respeto por su profesión, y cree que esta es una premisa que no admite frivolidades, y ello empieza por emplear el tono adecuado. Cercano, directo, alejado de dogmatismos y poco dado a aquello que aburriría a los profanos. Nada de discutir de semiología o semántica o sintaxis o de aburrirnos con juegos de palabras e insustanciales errores que malograron textos. Pocos ejemplos, pero claros y concisos.
Cinco capítulos en apenas 200 páginas que yo hubiese celebrado gozoso que fueran el doble. Porque uno de los disfrutes de este libro es su mera lectura, donde notamos que Calvo también ha asimilado y hecho propias virtudes narrativas de sus traducidos y va al grano. El siguiente es su comprensión, pues nos empapamos de la evolución de su profesión, y comprendemos que esta ha sido pareja a la evolución social y tecnológica. Difusión de la cultura y sus cortapisas pasadas, presentes y futuras. Pasaremos por la traducción de los textos religiosos, de las primeras obras literarias con repercusión global, nos hablará de la censura en la España del tardofranquismo, con las traducciones de autores afines al régimen, y las luchas por filtrar obras más comprometidas. Y claro, el futuro que se cierne con el implacable avance de cacharros como el Google Translate, útiles pero perversos instrumentos que permiten que uno pueda hacerse una idea aproximada de cualquier texto de la red con el único requisito del corta y pega, lo cual no debería ser, en un principio, una amenaza para la traducción literaria, pero a saber, tal como andan los tiempos. 
Ameno, interesante, aclaratorio, y muy dinámico en su lectura y en su estructura. Qué más vamos a pedirle. Y, en fin, una justa reivindicación de esa, definen, profesión invisible, que permite, a los que no dominamos lo suficiente otros idiomas como para apreciarlos en su riqueza literaria, acceder a mucha literatura. Porque dejen que añada algo de mi cosecha. Todo traductor ha de ser, encima, un gran lector, tan capaz de vislumbrar los árboles que son las palabras, como el bosque que es el libro y la sombra del bosque que es la intención que todo gran escritor suele proyectar Y Javier Calvo lo ha conseguido muy a menudo. Si no es para estar agradecido.

También de Javier Calvo en ULAD: El jardín colganteCorona de flores

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Acabada esta reseña, la amable gente de Seix Barral que me facilitó un ejemplar del libro, me ofreció la posibilidad de entrevistar a Javier Calvo, de vuelta por Barcelona (se mudó a Brooklyn hace unos meses, su mujer, también traductora, es estadounidense) para cuestiones promocionales. Incapaz de cuadrar horarios para hacerla in situ, accedió con generosidad a contestar un cuestionario desordenado y caótico que le hice llegar por e-mail, en el que a los cinco minutos me arrepentía de no haber puesto ciertas preguntas en vez de ciertas otras. Considerando que no hay vuelta atrás, y que, por ejemplo, me voy a quedar sin saber si en el mundo de la traducción hay tantos estómagos agradecidos como en el de la edición, intento poner un poco de orden (el mío) en las respuestas que me envió.

Lo siento, el libro me ha parecido algo breve, ¿se han quedado cosas en el tintero?

Sí, por supuesto. Era parte del plan. Escribir un librito pequeño y accesible. Podría haber escrito fácilmente uno el doble de largo, pero mi gran desafío –y mi prioridad– era venderlo a una editorial grande y hacer un libro asumible por un público que no estuviera particularmente interesado en la traducción literaria como fenómeno. Para eso, siempre quise hacer un libro ligero. Lo que también pienso es que por mucho que el libro hubiera sido el doble de grande, habría tenido exactamente el mismo tema (la industrialización de la traducción literaria) y la misma tesis (el hecho de que el traductor necesita más espacio para desarrollar su actividad de formas más creativas).

¿De qué va a ir su siguiente obra en ficción? ¿Piensa trasladar a USA los escenarios de sus novelas? 

No lo sé. El siguiente libro en el que empecé a trabajar es otro ensayo literario como éste. Aunque eso no quiere decir que vaya a ser el siguiente que acabe. La verdad es que después de unos años que pasé escribiendo mucho, ahora escribo poquísimo.

Desde la lejanía, ¿también se percibe que la literatura española está deprimida y es endogámica? 

No sé. Yo no tengo realmente una perspectiva de cómo está la literatura española. Para empezar, no tengo tiempo de leer lo que se publica. Luego además, no creo en esa clase de diagnósticos horizontales. Me interesan los autores y autoras individuales y siempre ha sido así. En este sentido, hay una docena de autores y autores españoles vivos que sigo, muchos de ellos de mi generación. Y una docena me parece bastante, la verdad. ¿Cuánto talento tenemos que esperar que se dé simultáneamente en un momento dado de la Historia? Yo creo que una docena está muy bien. Luego, claro, le preguntas al de al lado y te hará una selección y un diagnóstico completamente distintos.

La literatura americana parece en ebullición. Escritores afincados en USA procedentes de otros países. Recuperación de autores de culto. Constante surgimiento de nuevas propuestas, repercusión de sus premios. ¿Es esto real, o es una ganancia de la traducción? ¿Qué nos estamos perdiendo? 

La literatura americana actual sí que me parece deprimente. Cada vez más uniforme, cada vez más plana, dominada por la poética de la experiencia, lo memorial, el drama familiar y la corrección política. La repercusión de la literatura norteamericana en el resto del mundo es una simple imposición del sistema, una prueba del poder sin límites que tienen los agentes americanos y de su capacidad de vendernos una y otra vez lo que les da la real gana.


¿Dónde se va a meter si gana Trump? 

En realidad mis planes (de momento) no dependen de la victoria de Trump. Gane quien gane esas elecciones, todos perderemos. Trump es terrible, pero también lo son los Cruz, Rubio, Clinton, etc.

¿Volverá el domingo al Mercat de Sant Antoni? (Mercado barcelonés de libros, revistas y muchas cosas más de segunda mano que abre los domingos, y sitio del que Javier Calvo dijo ser el único que echaría de menos al dejar Barcelona)

De hecho, no he vuelto. Aunque me habría encantado.

¿Alcanza un traductor de prestigio como Vd. el status de ser selectivo con los encargos?

En realidad, no. Lo que sucede es que a partir de alcanzar cierto estatus como traductor literario, uno puede sugerir títulos a traducir y encontrar a editores y editoras que le hagan caso. Es lo que pasó con Colin Wilson o con Iain Sinclair, cuya publicación en España durante los últimos años es puramente resultado de mi cabezonería. Cada vez más, mi carrera se va dividiendo en dos ramas. Por un lado, los libros que traduzco por una cuestión “comercial”, por así llamarlos, que me dan de comer, y que generalmente son para editoriales grandes y autores importantes. Por otro lado, libros más extraños, minoritarios o subterráneos, que traduzco para editoriales pequeñas de amigos y en un ámbito donde hay mucha más libertad en todos los sentidos.

¿Algún otro idioma del que le gustaría traducir, y un motivo que no le resulte comprometedor?

En realidad me encantaría traducir de cualquier otro idioma. Quizás tengo cierta preferencia por las lenguas europeas,  pero únicamente porque de ellas se traduce mucho más y sería más factible desarrollar una segunda carrera.

No conozco traducciones suyas del español al inglés, ¿lo considera un paso evolutivo natural? 

Yo no diría “natural”, aunque es cierto que he empezado a hacerlo un poco.  Pero con franqueza, he tardado muchos años en desarrollar una competencia suficiente para traducir al inglés. Yo empecé a escribir en inglés muy tarde en la vida, y nunca me he sentido 100% cómodo.

¿Cuál es la palabra más rara que ha usado como traducción de "fuck"?

Jaja, no lo sé. En ocasiones he traducido “fuck” como interjección por “hostia”. Muchos editores odian esta traducción y me la quitan, pero por alguna razón, en mi cerebro las dos palabras están conectadas, y su asociación materializa esa quimera de la traducción: la sinonimia perfecta.

Pues eso; la sinonimia perfecta.