Título original: Er ist wieder daAño de publicación: 2013
Valoración: recomendable
Título original: Er ist wieder da
Idioma: españolEn los tiempos actuales donde la cultura del yo, la explotación de la propia imagen, la superficialidad y la vacuidad están en claro aumento, uno debe tomar cierta distancia para ver de dónde surge todo este declive social. Y justo la editorial Capitán Swing debió pensar lo mismo porque este libro ha sido publicado recientemente pese a haber sido escrito a finales de los años setenta.
De todos modos, conviene alertar al lector ya desde un inicio, por aquello de la gestión de las expectativas. Porque este libro no trata el narcisismo como lo tenemos entendido, pues en 1979 no existe internet ni las redes sociales y por tanto no hay un mundo virtual de escaparates donde mostrar, exhibir y enmascarar nuestras pretendidas y pretenciosas vidas, sino que lo que trata el libro, y uno lo intuye a medida que lee el libro y lo constata en el posfacio lo deja muy claro es en el que el propio autor indica que «la cultura del narcisismo» no fue pensado sobre la «década del yo» (…) surgió de un ensayo acerca de la familia norteamericana, ‘Heaven in a Heartless World’ (…) en el cual había llegado a la conclusión de que la importancia de la familia estaba decayendo de forma sostenida en nuestra sociedad y desde hacía más de cien años (…) ‘La cultura del narcisismo’ fue un intento de analizar esas repercusiones». Así que confirmadas las sensaciones de la lectura, y matizadas las expectativas de entrada, vayamos a lo que el libro expone.
Es difícil entender una situación actual sin echar la vista atrás, y es con ello que el autor constata que «la devaluación del pasado se ha transformado en uno de los síntomas más relevantes de la crisis cultural de la que se ocupa este libro, que a menudo se apoya en la experiencia histórica para explicar lo que está errado en nuestros esquemas actuales. En un análisis a fondo, esa negación del pasado (…) encarna la desesperación de una sociedad incapaz de enfrentar el futuro» porque «a mediados de los sesenta (…) hubo un reconocimiento creciente (…) de que la crisis personal , en la escala a que había llegado, representaba una cuestión política por derecho propio y que un análisis a fondo de la sociedad y la política contemporáneas debería explicar, entre otras cosas, la razón por la que se ha vuelto tan difícil lograr un crecimiento y un desarrollo personales; por qué vive nuestra sociedad obsesionada con el temor a madurar y envejecer; por qué las relaciones personales se han vuelto tan frágiles y precarias, y por qué la ‘vida interior’ ya no ofrece ningún refugio ante los peligros que los rodean».
Por ello, el ensayo aborda la cultura del narcisismo desde distintos ángulos que retratan las causas de sus males:
Cabe decir, que el autor se apoya mucho (quizá en exceso) sobre teorías freudianas que ejercen sobre el ensayo un sesgo evidente al tratar sobre la modificación de roles familiares en caso de padres ausentes y en las que se proyecta y atribuye a los niños cualidades o roles correspondientes a los progenitores que se acercan en exceso a patologías que van mucho más allá del narcisismo que podríamos tener en mente. Tal es así que en su análisis sobre el narcisismo afirma que «el niño imagina que la madre ha digerido o castrado al padre y genera la fantasía grandilocuente de sustituirlo, alcanzando la fama o uniéndose a alguien que represente una modalidad caliza del éxito, para generar una reunión extática con la madre» y menciona las tesis de Heinz Kohut quien afirma que el hecho de que la madre tome consciencia de su falta de conocimiento sobre cómo educar correctamente a los hijos causó que «a medida que el niño comienza a percibir las limitaciones y la falibilidad de la madre, renuncia a la imagen de perfección materna y comienza a asumir muchas de sus funciones: a proveerse por sí mismo de cuidados y comodidades» mientras que la madre narcisista «como tiende a percibir a su hijo como una extensión de sí misma, le prodiga atenciones ‘extrañamente desligadas’ de las necesidades del niño, proveyéndolo de una serie de cuidados, aparentemente solícitos aunque en realidad muy poco cálidos».
Debo reconocer que el ensayo es denso, pues contrapone a menudo las tesis y opiniones de diferentes psicólogos provocando que la lectura requiera de cierta pausa y un supuesto bagaje o conocimiento en la materia. Por ello, en resumidas cuentas, podríamos decir que el ensayo escrito por Lasch va mucho más allá del narcisismo y trata especialmente sobre sus causas, profundamente arraigadas a la pérdida de valores, a la crisis personal y a la pérdida de la autoridad paterna provocando una gran pérdida de valores sociales, declive de la enseñanza y la cultura y una conversión (y degradación de los principios fundacionales) del deporte en un puro espectáculo alimentado y nutrido de capitalismo a través de grandes corporaciones empresariales. Tal es así que, a pesar de su inefable interés, los temas expuestos y su enfoque no siempre van ligados al narcisismo como origen o incluso consecuencia, sino de manera tangencial y cohabitante con ello y más que un análisis de un momento concreto trata el desarrollo de los conceptos ligados a la formación humana en un trazado a lo largo de varias décadas del siglo XX.
Radical en su planteamiento controvertido, Lasch es contundente en su exposición cuando afirma que «la gente se aferra a la ilusión de la juventud hasta que ya no es posible sostenerla, punto en que debe asumir su condición de inútil o hundirse en una sombra desesperación» y cita a Sheehy quien propone «que la gente se prepare para la madurez y la vejez de modo tal que pueda eliminarse la de la escena sin mucho escándalo». Quizá demasiado radical, pero un gran contrapunto de humildad ante tanto narcisismo.
Seguro que seré malinterpretado, pero no acabo de entender el empeño por asignar ciertas etiquetas a ciertos productos culturales. El punto del libro que acompaña al flamante ejemplar tomado de la biblioteca de esta Biografía de X dice que esta novela pertenece al Fondo LGTBIQ+ y yo me pregunto para qué narices hay que acotarla de esa manera. Pondría, por ejemplo, la figura de Spanbauer, ya fallecido, y me sacude el alma pensar cuántos grandes escritores son confinados en esta especie de ghetto/subgénero que puede, por muy cenutrios que puedan parecernos estos planteamientos, limitar algo sus posibles lectores. Todo porque, gran novedad, damas y caballeros, esta es una novela sobre una mujer intentando ahondar en el pasado de la mujer que fue su pareja. Que los géneros podrían intercambiarse con toda naturalidad y la historia no cambiaría. Que esa elección no es un gancho comercial ni un posicionamiento, Que hay que actuar con naturalidad o tenemos lo que tenemos en algunas ciudades: barrios condenados a ser parques temáticos, puntos de atracción de cierta curiosidad morbosa que parece exclamar vamos a verlos comportarse en su hábitat.
Esta disquisición carecería de sentido si Biografía de X fuera uno de tantos libros. Pero no. Catherine Lacey, por cuya obra anterior voy a interesarme de inmediato (cuatro novelas, nada mal para una escritora que aún no ha cumplido cuarenta años), se muestra osada en la estructura de esta narración. Al principio, algo reminiscente del juego usado por Hernán Díaz en Fortuna, por cuanto estamos jugando a las cajas chinas escenificando una narración dentro de otra, pero más bien adaptando el recurso a la necesidad narrativa. Aquí tenemos a una escritora que, para contrarrestar la previsible aparición de textos no autorizados en forma de biografías de X, la mujer que falleció siendo su pareja, se decide a investigar por su cuenta el pasado de ésta. Un pasado con enormes incógnitas que intentará resolver. X ha sido una artista multidisciplinar: ha hecho música, escrito libros, protagonizado performances: una especie de celebridad total en una nación que (pequeño y algo forzado recurso que evoca casi explícitamente a Atwood) ha vuelto a unirse después de un conflicto que la ha dividido en un Sur conservador y tradicional y un Norte progresista y abierto. CM Lucca se adentra en el pasado a la búsqueda no solo de que la memoria le haga justicia, también de que lo que se encuentre resuelva sus dudas y esas brechas que no pudo dilucidar cuando X vivía. Esa búsqueda, de tonalidades épicas, la ayudará a comprender en parte la personalidad de quien era su pareja. Como es de prever, acarreará no pocas sorpresas que, más que aportarle morbo o preocupación, la harán ahondar en la complejidad de su relación. Parejas, matrimonios, algún hijo del que se despreocupó, una eventual disidencia política que la obligaba a cambiar con frecuencia de nombres, de apariencia, a incorporar capas a su personalidad y a redoblar el misterio y la fascinación sobre su persona.
Lacey es una escritora (supongo que leer sus novelas anteriores, más breves y de menos renombre puede matizar esa opinión) ambiciosa y de amplio rango. Quizás excesivo, Biografía de X contiene ese aire retrospectivo de aires bolañianos que combina perfectamente con el aroma europeo que desprenden algunas referencias, desde el uso sebaldiano de imágenes que parecen generadas por IA, hasta referencias culturales variadas que se intercalan y asignan un contexto personal (la de vincularla al proceso creativo de Low, una de las obra maestras de David Bowie, me ha seducido por su insistencia) en el que la artista sería una especie de musa en las sombras de la cultura underground. También percibimos una crítica socavada hacia las manifestaciones artísticas contemporáneas más marcadas por la excentricidad y los deseos de polémica como forma de celebridad. X excita la fama y la relevancia lo justo para salir corriendo. No es una crítica feroz, es más bien una puesta en escena de situaciones que pueden sernos familiares por lo que hoy es el mundo de las manifestaciones culturales. Supongo que ello justifica un poco el enfoque distópico: un mundo, el del Norte, de creatividad y libertad vs un Sur sojuzgado por el integrismo religioso. Aunque, personalmente, creo que es la apuesta que menos funciona, permitidme insistir en el párrafo con el que acometía esta reseña: adjetivar a esta notable novela me parece restrictivo y estrecho de miras. Con sus carencias y sus errores, vale mucho la pena leer este libro.
«Nada de “ver sea creer”, tonto de mí: “creer es ver”, porque el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto»
«(…) los científicos de mediados del siglo XX procedían a partir de los descubrimientos de sus predecesores para elevarse desde ellos hasta las alturas… mientras que los artistas, por su parte, ignoraban los hallazgos legados por sus maestros desde la época de Leonardo da Vinci y, aterrorizados, los reducían o desintegraban con el disolvente universal de la Palabra»
Idioma original: inglés
Título original: The Netanyahus
Año de publicación: 2021
Traducción: Javier Calvo
Valoración: está bastante bien
-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...
-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.
_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...
-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.
-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).
-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).
Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".
En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...