Mostrando las entradas para la consulta Cicatriz ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Cicatriz ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de agosto de 2026

Sara Mesa: Oposición

 Idioma original: español

Fecha de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Sara Mesa es una escritora que no deja indiferente. Es un tema recurrente que en muchos medios, incluido este blog, cada nueva publicación de la escritora madrileña se convierta en el centro de enconados debates entre los que la consideran una de las más originales voces de la literatura española contemporánea y quienes la consideran un bluff, una escritora con un éxito sobredimensionado con respecto a la calidad de su obra.

¿Qué territorio piso yo? Pues me quedo un poco en tierra de nadie. Me gusta su forma de escribir y los dilemas morales que suelen encerrar la mayoría de sus novelas, pero considero que, en algunas ocasiones, no consigue cerrar bien el desarrollo de sus libros. Voy a mojarme y les diré que Cicatriz, me parece una excelente novela: original, atrevida y sugerentemente perversa.

Después de esta, espero que consideren breve introducción, vamos con la novela que ocupa esta reseña. Debo advertirles previamente que si no tienen el menor interés en saber como se desarrolla la jornada laboral de un funcionario de administración general, este libro no es para ustedes. Porque eso es lo que nos presenta Sara Mesa en su última novela, el rutinario desarrollo de la jornada laboral de una funcionaria interina durante meses en un puesto de trabajo cuyas funciones y atribuciones no están nada claras. Alrededor de esta funcionaria, Sara, se despliega una entrañable galería de funcionarios (Beni, el Monago, Teresa, Echevarría, el enigmático jefe de negociado dos...) que intentarán transmitir a Sara su fe en la necesidad de la existencia de la administración: "Los trámites son como los ladrillos de una casa se colocan uno sobre otro con lentitud y con cuidado: visto desde fuera, puede resultar un trabajo mecánico y tedioso, pero es la única garantía de solidez".

En este sentido, Oposición puede recordarles lejanamente a El castillo de Kafka. Si en aquella novela el agrimensor K se presentaba a un puesto de trabajo para el que nadie parecía haberle convocado y se veía envuelto en una  interminable serie de encuentros con funcionarios que ignoraban el objeto de su estancia en el lugar, en esta novela, Sara, nuestra protagonista, se pasa semanas enteras acudiendo a un puesto de trabajo sin que nadie sepa aclararle las funciones que debe realizar. No obstante lo anterior, aquí se acaban los parecidos, mientras la novela de Kafka destila un profundo e inquietante aroma de pesadilla, repleto de monólogos, diálogos y situaciones surrealistas de un alto nivel intelectual que la convierten en una obra maestra, Oposición no pretende llegar a tan intrincado nivel de análisis psicológico,  simplemente nos presenta la rutina diaria de un variopinto grupo de funcionarios que forman un complejo entramado laboral perfectamente reconocible que funciona según sus propias reglas.

La escritora madrileña aprovecha su propia experiencia personal como funcionaria para describirnos un universo caótico y jerarquizado, donde si el trabajo no existe se inventa. Eso es lo que le ocurre a nuestra protagonista. Después de meses vagando por los pasillos se le encomienda que se haga cargo de tramitar las reclamaciones de los ciudadanos a través de una nueva aplicación que se llama Réplica. Sara acoge esta tarea con entusiasmo porque entiende que por fin va a realizar una tarea útil. El problema es que la herramienta es un fracaso, apenas se reciben reclamaciones,  y Sara se hunde en el más profundo desconsuelo: "Cuando empecé a abandonar mis funciones y a redactar los informes de cualquier modo, solo para acabar cuanto antes, sin prestar atención a la exactitud de los datos, ni a la precisión del lenguaje, ni a los formatos tipográficos, ni a las incongruencias, ni a nada, hice un descubrimiento terrible: nadie apreciaba las diferencias".

Sara decide salir de esa situación de estancamiento y realizará un último intento subversivo de rebeldía, poniendo en circulación una serie de documentos a través de la  aplicación que gestiona, que pondrán a prueba la solidez del edificio burocrático que la rodea y su propia carrera laboral, puesto que Beni ha convencido a Sara para que se integre en la administración y prepare unas oposiciones.  

Nuestra protagonista ha provocado un cataclismo funcionarial de enormes dimensiones, del que no sabe si se derivarán consecuencias disciplinarias, pero no le importa: "Tengo miedo a pasarme la vida atrapada en un edificio como ese. A que la monotonía se convierta en costumbre y después en necesidad". Precisamente, la incoación del expediente disciplinario y la comparecencia de nuestra protagonista ante el órgano instructor es uno de los momentos más divertidos de la novela.

Y la novela acaba como comienza, con nuestra protagonista sumida en un mar de dudas y enfrentada al dilema de presentarse a una oposición para integrarse en un mundo al que no tiene claro si quiere pertenecer.

Es esta una novela para leer con calma.  Sara Mesa intenta transmitirnos las inquietudes de nuestra protagonista narrando la historia con un ritmo lento y sosegado, haciendo que nos fijemos en los pequeños detalles de su vida laboral. Parece que no ocurre nada y es que , efectivamente, durante muchas jornadas no ocurre nada. Al menos nada relevante. Crea  una novela con un ambiente hasta cierto punto opresivo, claustrofóbico, que se desarrolla casi exclusivamente en la oficina, y nos presenta a nuestra protagonista como una luchadora contra la apatía de una organización que la sobrepasa. Quizás la descripción  del día a día funcionarial se acaba convirtiendo en una pequeña rémora para el desarrollo de la historia. La escritora madrileña apenas introduce giros en su desarrollo y, en algunos momentos, la historia nos puede resultar aburrida y hasta tediosa, pero quizás ese es el ambiente que nos quiere transmitir Sara Mesa, puesto que lo conoce de primera mano. Si es así, evidentemente, lo ha conseguido.

Otras novelas de Sara Mesa en Ulad: Mala letra, Un incendio invisible, Cara de pan, Cuatro por cuatro, Cicatriz, Un amor

viernes, 11 de abril de 2025

Magalí Etchebarne: La vida por delante

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: Está bien

Último ganador de cierto prestigioso concurso de libros de cuentos, éste está formado por cuatro relatos de mediana extensión, caracterizados todos por :

1- Estar ambientados en época actual y en contextos cotidianos, domésticos, incluso.

2- Protagonizados por mujeres, más o menos de la edad (qué curioso) de la autora, sin pareja, salvo en el último cuento y de clase más o menos media, con trabajos, cuando los conocemos, en relacionados  con ámbitos creativos, sin serlo ellas directamente.

3- Las protagonistas transitan por un momento de incertidumbre vital, de cuestionamiento o, cuando menos, desconcierto acerca del camino a seguir, de extrañamiento, incluso, con el mundo que les rodea.

Aparte de eso, el primero y el tercero de los cuentos, titulados respectivamente Piedras que usan las mujeres y Temporada de cenizas están estrechamente relacionados, hasta el punto de que podrían tratarse de variantes del mismo relato o uno precuela del otro -o el segundo secuela del primero, si se prefiere-; ambos tratan de la vejez y enfermedad de la madre,  en los dos casos mujeres que fueron abandonadas por sus maridos para irse con chicas más jóvenes y cuya fortaleza mental queda arrasada por la enfermedad y la edad. Además, encontramos otro punto en común en la presencia , supongo que con ánimo metafórico, de unas piedras de obsidiana que algunas mujeres se introducen en salva sea la parte para obtener su supuesta energía. Es cierto, en todo caso, que ambos resultan relatos muy sensibles sobre la relación entre madres e hijas -y, sobre todo, cuando las hijas se convierten en "madres" de sus madres- y sobre lo inclemente del devenir que a veces se precipita (por no decir que se derrumba) sobre las personas que han sido un firme pilar nuestro durante muchos años.

El segundo de los relatos, Un amor como el nuestro, trata de la solitaria correctora de una editorial que viaja a las cataratas de Iguazú junto con una autora de novelas románticas de la que se ha hecho amiga (spoiler o, mejor dicho, NO spoiler: la historia no va de una relación sáfica entre ellas) y el cuarto, Casi siempre desesperados, sobre la crisis de una pareja formada por Ramiro, un dramaturgo bastante insoportable y Ana, ayudante de un director de danza que se cuestiona adónde va esa relación y que diantres está haciendo con su vida... (En mi opinión, cualquier persona medio normal le diría: lo primero de todo, deja a ese cretino... Pero, bueno, tampoco quiero condicionar la lectura de nadie).

En conjunto, un puñado de relatos escritos con competencia pero que al encontrarse, quizás, demasiado apegados a lo cotidiano, no elevan el tono sino en contadas ocasiones... Cuando esto ocurre -en el segundo de ellos, por ejemplo, cuando la protagonista recuerda el accidente por el que luce una aparatosa cicatriz en la pierna- la narración gana  en interés y hasta transcendencia, dotando a los relatos de una mayor consistencia, siquiera momentánea. Porque, en general, ya digo que son historias muy pegadas a los sentimientos e impresiones de las personas -de las mujeres, en este caso- de entornos normales, de una edad determinada, etc. lo cual, sin duda, resultará satisfactorio para quien se identifique con las protagonistas o esté más interesado/a en las vivencias de figuras de este tipos, pero, me temo, se queda un poco corto para quien busca en la ficción hechos y personajes extraordinarios o, cuando menos, distintos a su propia realidad o de las que puede tener noticia en su entorno cotidiano.


jueves, 26 de diciembre de 2024

Colaboración: El cielo de la selva, de Elaine Vilar Madruga

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2023

Valoración: Muy recomendable


En los últimos años hemos disfrutado de buena literatura escrita por mujeres latinoamericanas: Enríquez, Schweblin, Bazterrica, Ampuero… Todas escriben, en mayor o menor medida, sobre lo femenino y la violencia. Sus novelas y relatos están poblados de sangre, de fantasmas, de disparos, de maltrato…

Pues bien, son comedias románticas al lado de El cielo de la selva.

Creo que es la novela más dura que he leído de este boom. Y eso es mucho decir. Qué barbaridad. Qué estilo, qué ritmo, qué lenguaje.

Elaine Vilar Madruga (Cuba, 35 años, un montón de libros escritos y un montón de premios ganados) nos presenta un mundo cerrado, asfixiante y asfixiado. Una hacienda solitaria, a los pies de una selva voraz, donde la vida consiste en criar para sacrificar. Como si de una granja de pollos se tratara, aquí las mujeres se preñan y paren (no se embarazan y dan a luz) y con el tiempo, cundo la selva tiene hambre, sus hijos e hijas (sus crías) son asesinados y entregadas a la selva. La autora elige muy bien las palabras: no es lo mismo tener hijas que crías, no es lo mismo tener sexo que fecundar. 

El argumento es duro, pero podría haberse quedado en una carcasa vacía de no ser por los personajes, la mayoría mujeres: Santa, Ifigenia, Romina, la abuela, la perra… generaciones malditas y condenadas a morir y matar. A matar o morir.

Dice una:

Aquí hay que ponerse dura —carraspeó—, pa’ que la selva sea buena contigo. Aquí hay que parir y parir y parir. Y luego darles cuchillazos a las crías pa’ que la selva te deje en paz.

De hecho, uno de los golpes en el estómago que lector se lleva mientras lee la novela es el asesinato de un menor. Otro escritor habría hecho una elipsis o lo habría narrado de forma suave: aquí Elaine Vilar Madruga se arremanga y se mete en el barro. Nos cuenta con detalle el sacrificio de uno de los niños. Así que avisados estáis: aquí hay dragones.

Se puede leer: 

La selva era una trampa cruel.

Santa lo sabía. Todos lo sabían. Y Juanquito hoy iba a descubrirlo.

Quien es marcado como carne para la selva, termina en su garganta y dentro de su mandíbula.

En esta novela, también hay hombres, y siempre son seres deleznables. Cuando son niños, tienen un pase; al crecer, se convierten en asesinos, maltratadores, traficantes de droga…

Vilar Madruga escribe cada capítulo desde el punto de vista de un personaje, a veces en presente, a veces en pasado, a veces en tercera persona, en primera o en segunda. Nos mete en su vida pasada, en sus sentimientos, en sus deseos y miedos y logra, y es un logro gigantesco, que incluso tengamos compasión por (casi) todos ellos.

Salvo de la selva, claro. Ella también es un personaje, un agujero negro sobre el que giran las vidas de todos los demás. ¿Y qué simboliza? Ahí está el núcleo de la novela: quizá la violencia o lo masculino o el destino. Ya lo dice una de las mujeres: Con la selva no se juega.

El cielo de la selva no es un libro fácil. Leerlo es casi un acto de valentía, pero es muy buena novela, de las que quedan en la memoria, como una cicatriz.

Firmado: Raúl Gay


sábado, 7 de septiembre de 2024

Contrarreseña: Un amor de Sara Mesa

Idioma original:
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable

Los grandes cismas de la historia de la humanidad (Catolicismo vs. Protestantismo, Comunismo vs. Capitalismo, Barcelona vs. Real Madrid) no son nada comparados con algunas de las discrepancias que atraviesan al equipo de este modesto blog de crítica literaria: Murakami, Knausgard, Marías o Houllebecq son algunos de los autores que pueden llevar a duelos a florete al amanecer entre la comunidad uladiana. Otra autora que tiene esa "capacidad divisoria" es Sara Mesa, a quien hemos adjudicado valoraciones que van desde el imprescindible de Cuatro por cuatro o el Muy recomendable de Cicatriz o Cara de pan, hasta otras más medianas (o mediocres) como el "está bien" de Un incendio invisible o Mala letra. Esta reseña, de hecho, es una respuesta a la obra peor valorada de la autora, Un amor, que recibió un parco "Se deja leer" por parte de Juan G. B., quizás el máximo y más vocal antimesista (o sillista) del blog.

Efectivamente, como se puede ver por la valoración, a mí Un amor me ha gustado bastante más que a Juan, y no porque estemos en desacuerdo en muchas de nuestras lecturas de la novela sino porque lo que a él le parecen defectos, curiosamente a mí me han parecido virtudes.

Dice Juan, por ejemplo, que la novela se centra en una protagonista irritante: la traductora Natalia, que decide huir de la ciudad (y de sus carísimos alquileres) para establecerse en una casa ruinosa en un pueblo perdido (e inventado), integrándose así en una línea de la narrativa española en la que destacan títulos como Alabanza de Alberto Olmos, Por si se va la luz o Piel de lobo de Lara Moreno o El límite interior de Nere Basabe. Estoy de acuerdo, por otro lado, en que Natalia, o Nat, es una persona antisocial, egocéntrica e irresponsable, pero... nadie dijo que los personajes nos tengan que caernos bien para ser interesantes. De hecho, es una marca definidora de la narrativa de Sara Mesa el construir personajes atípicos, antipáticos, excéntricos y que toman decisiones sorprendentes o inexplicables, que pueden incluso resultar inverosímiles, llevados por el instinto, la necesidad, el deseo o el trauma. 
 
En Un amor, de hecho, Natalia tomará varias decisiones claramente autodestructivas (la fundamental, la que da título a la obra, será iniciar una relación amorosa con... con uno de los personajes masculinos, no diré cuál para no estropear la novela a futuros lectores) que pueden estar fundamentadas en un trauma anterior, una explicación poco desarrollada que personalmente me parece algo simplista psicológicamente hablando. La forma como se comporta puede parecer inverosímil o injustificada, pero no deja de ser un comportamiento humanamente posible, y Sara Mesa consigue profundizar en cada momento de ese proceso de forma que minuciosa y creíble.
 
Otra cosa que dice en su reseña Juan es que los conflictos y la sensación de opresión que Natalia vive en el pueblo no es "real", sino que responde a su propia psicología y a su predisposición previa. Una vez más, estoy de acuerdo, pero una vez más, esto no me parece en absoluto un defecto sino, simplemente, una técnica narrativa. Aunque la novela esté escrita en tercera persona, el punto de vista es obviamente el de Natalia, y es un punto de vista necesariamente parcial, y en este caso deformado por esa suspicacia que la caracteriza. Así, no solo el personaje del casero aparece marcado de forma claramente negativa, sino que también se establece una distancia hacia los personajes de Píter (un hippie bienintencionado aunque por momentos resulte bastante pesado), de la chica de la tienda del pueblo, del "alemán" (un misterioso y silencioso hombre que, por supuesto, no es alemán) o de los vecinos, una familia urbanita y típicamente burguesa. Esta frialdad y ese distanciamiento en relación con el mundo solo se rompe cuando en el mundo de Nat entra el "amor" del título, aunque, obviamente, tratándose de Sara Mesa no es un amor de unicornios que vomitan arco iris, sino algo bien diferente.

Coincidimos, por último, Juan y yo, en el que creo que es casi el único elogio que le dedica en su reseña: a lo largo de su trayectoria, Sara Mesa ha perfeccionado un estilo clínico, funcional, que viene a corresponder perfectamente con el distanciamiento emocional que demuestran sus personajes. Podríamos desear que la escritora hubiese optado por un estilo más emotivo, más exuberante o más rompedor (como los de Mónica Ojeda o Andrea Abreu, por poner dos ejemplos), pero entonces Sara Mesa no sería Sara Mesa. Y a Sara Mesa hay que quererla (u odiarla) como es. 

Sé que no habré convencido a Juan (ni al resto de los antimesistas del blog) con esta contrarreseña; tampoco era esa mi intención. Creo que la propuesta estética de Sara Mesa tiene una personalidad propia, establecida y original, y es bueno que esto provoque adhesiones y rechazos. Personalmente, seguiré leyendo lo que escriba con interés (y tengo, de hecho, pendiente La familia), y, si mantiene el nivel de sus últimos libros, seguiré reseñándola positivamente.


También de Sara Mesa en ULAD: Aquí

viernes, 9 de febrero de 2024

Reseña + Entrevista: T.Errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA.

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2023
Valoración: Entre recomendable y está bien

T.Errores. En el bosque ya estás muerto me ha sorprendido gratamente. Y es que los veinticuatro relatos que compila el libro son razonablemente variados en su registro y correctos en su factura. Ambas, virtudes doblemente meritorias considerando que los autores involucrados en esta antología son, en su mayoría, escritores patrios incipientes.

No os quepa duda: estos relatos, pese a su modestia conceptual (o debido a ella), harán las delicias de los amantes del género que los lean con las expectativas adecuadas. De modo que si acudís a este festín nemoroso buscando entretenimiento, disfrutaréis de lo lindo. Incluso puede que estas páginas llenas de naturaleza hambrienta, entidades crípticas, muertes atroces y mutaciones inimaginables os provoquen algún escalofrío.

Quizá, eso sí, se pueda reprochar al conjunto que, aunque todas las piezas funcionan, las hay bastante superiores al resto. Y es que ciertos relatos dejan el regusto un tanto frustrante de lo canónico, lo formulaico o lo mil veces experimentando con anterioridad; en cambio, unos pocos plantean premisas moderadamente originales, buscan enfoques desde ángulos menos habituales o brillan gracias a una prosa inspirada.

A mí me han gustado especialmente los siguientes relatos:

  • "Disclímax" (Pedro P. González) por su voz narrativa en segunda persona y la nueva dimensión que ésta adquiere tras el giro final.
  • "Hermanas de sangre" (Luis Gómez García), "Salvia" (Isabel Pedrero), "Hijos del bosque" (Alba Barrio) y "La tumba de los monstruos" (Verónica Cervilla) por la intensidad arrolladora que desprenden.
  • "Si hay nadie en el bosque" (Carlos Pellín Sánchez) y "Goliant" (Enrique García Sánchez) por la abstracción y ambigüedad que alcanzan.
  • "La era de la cosecha" (Óscar de Marcos-Escriba) por su trasfondo emotivo y el pavoroso diseño de la criatura.
  • "Lo que no dejan ver los árboles" (Miguel Matesanz) por la crítica social que desprende y el riesgo formal que adopta al no usar puntos en el párrafo monolítico con que cuenta la historia.
  • "El pulso con el todo" (Sheila Moreno Griñón) por el bucle pesadillesco en el que nos sumerge.

Tampoco creo que la mayoría de los relatos, y aquí incluyo a algunos de aquellos que más he apreciado, estén libres de defectos. Y es que a veces no saben exprimir del todo los elementos que plantean, o desarrollan poco a sus personajes. Asimismo, los hay que abusan de repeticiones intrusivas; por ejemplo, «nuevo» aparece cuatro veces en la página 64, mientras que «sin embargo» lo hace tres en la 249.

En resumen: T.Errores. En el bosque ya estás muerto es una antología heterogénea que, pese a su calidad fluctuante y su margen de mejora, recomiendo a los amantes del terror patrio. Al fin y al cabo, deja un buen sabor de boca, especialmente a los amantes del género. Si bien es algo irregular, todos sus relatos son, cuanto menos, entretenidos, y han sido ejecutados con corrección. La única pega que le pondría es que ninguna de sus piezas me ha parecido argumentalmente memorable o estilísticamente compleja. En cualquier caso, insisto en que éstas son, como mínimo, entretenidas, y algunas tienen incluso elementos reivindicables que las elevan sobre la media.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que José Luis Pascual, editor de T.Errores. En el bosque ya estás muerto, ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¿Puedes hablarnos un poco de ti? ¿Y de Dentro del Monolito?

J.L.: Antes de nada, quiero agradeceros vuestro interés en entrevistarme y en el trabajo que realizamos en el Monolito.

Hablar de uno es complicado, pero diré que soy alguien muy tímido al que un día le entró el gusanillo de la escritura. Siempre he sido aficionado al género de terror y todas sus variantes, por lo que era inevitable que mi escritura se moviera por esos parámetros. Arrastro ya unos cuantos años de formación en talleres (cosa que no puedo dejar de recomendar tanto a autores noveles como consagrados, pues considero que nunca se debe dejar de aprender), y mis publicaciones se limitan a un buen puñado de antologías, aunque es posible que en el momento en que se publique esta entrevista ya esté disponible mi primera obra como autor en solitario (nunca habría imaginado que sería un poemario). Mi principal intención como escritor es demostrar que el terror, lo inquietante, lo insólito y lo surrealista no están reñidos, en absoluto, con la buena literatura. Afortunadamente, estamos viviendo un buen momento en este sentido, gracias en parte al pujante panorama literario latinoamericano. En cuanto a Dentro del Monolito, se trata de un medio orgánico en continua expansión y transformación. Empezó siendo un blog personal y, con el paso del tiempo (en 2024 cumplirá 10 años de vida), se ha reconvertido en una revista digital formada por una quincena de escritores. El corazón de la revista lo forman las reseñas literarias (centradas en el género de terror, pero abriendo el abanico cada vez más) y los artículos de opinión. A ello hay que sumar el contenido audiovisual, con el programa Forjadores de Relatos como punta de lanza. Se trata de una suerte de taller literario en directo en el que leemos y analizamos cuentos breves de todo tipo y que, creemos, resulta un formato original que no hemos visto en otros sitios. También tenemos un club de lectura, un podcast llamado Territorio Extrañer, y de vez en cuando nos animamos a lanzar convocatorias de relatos para conformar antologías. El Monolito es una maquinaria que nunca se detiene. Espero que siga así muchos años.

ULAD: Si no me equivoco, existe una antología de T.Errores anterior a la que hoy reseño, publicada a través de Ediciones Medina. ¿Qué te decidió a decantarte por la autoedición para sacar adelante este segundo proyecto? Y, ¿cómo valorarías la experiencia?

J.L.: En efecto. Aquel T.Errores fue nuestra primera intentona en el mundillo editorial. Al principio se publicó como antología digital gratuita, pero uno de los autores incluidos me dijo que iban a crear una nueva editorial y que estaban muy interesados en publicarla. Todo llegó a buen puerto y la antología se publicó en formato físico e ilustrado. Por desgracia, la experiencia con la editorial no resultó todo lo satisfactoria que esperaba, ya que sus responsables no tardaron mucho en dejar de dar señales de vida y, poco a poco, desaparecieron del mapa. Supongo que fue uno de esos casos en los que personas sin un interés realmente literario pretenden inmiscuirse en el mercado editorial sin un conocimiento real del medio. Por todo ello, aunque el trato con los autores siempre fue excelente, me quedé con una sensación agridulce.

Este fue el principal motivo para autopublicar T.Errores: En el bosque ya estás muerto. Mi empeño siempre fue evitar Amazon a toda costa y tratar de montar un producto con la mejor calidad posible. Espero haberlo conseguido, especialmente gracias a las colaboraciones de las personas que me ayudaron en el proceso. La experiencia, aunque agotadora por todo lo que hubo que gestionar, me resultó tan gratificante como enriquecedora.

ULAD: A la hora de ordenar los relatos, ¿usaste algún tipo de criterio? Sospecho que sí; que "Una promesa de sangre" ocupe el puesto 17 no puede ser baladí, habida cuenta de la importancia que el número tiene en esa historia. Asimismo, me ha parecido notar que los relatos se espaciaban deliberadamente para que aquellos más afines temáticamente o similares en extensión no se sucedieran.

J.L.: En efecto, creo que cualquier obra, aunque se trate de una antología tan heterogénea como esta, debe contar cierta historia global. Para ello, era fundamental ordenar los cuentos de la mejor manera posible. Confieso que el caso que me comentas fue totalmente accidental, de hecho no había reparado en ello hasta que leí tu pregunta (lo negaré en sucesivas entrevistas, jajaja), pero traté de ordenar los cuentos para que el lector alterne entre relatos largos y breves, y para que las temáticas nunca se repitiesen.

ULAD: ¿Habrá más entregas de T.Errores: En el bosque ya estás muerto? Si es así, ¿sobre que temática versarán? ¿Puede participar cualquiera o repetirás elenco de escritores?

J.L.: Con el disfrute que me ha proporcionado esta experiencia, es muy posible que haya más entregas, sí. La temática está por decidir, aunque ya estamos barajando alguna. La participación estará abierta a cualquier autor mediante una convocatoria y su posterior selección.

ULAD: ¿Conocías de antemano a los autores de T.Errores: En el bosque ya estás muerto? Si es así, nos recomiendas alguna ficción suya?

J.L.: He de aclarar que la selección de relatos fue bastante honesta. Los relatos fueron enviados a una persona externa (en este caso, mi hermano), quien me los remitió sin ningún dato que identificara al autor. Por tanto, solo supe de la identidad de los autores después de seleccionar los textos. A algunos ya los conocía (de hecho, hay tres que son redactores del Monolito), pero a la mayoría no. 

Como son tantos, me resulta difícil recomendar obras, pero me declaro fan absoluto de la obra de Francisco Santos Muñoz Rico, un autor prolífico que reúne una serie de cualidades literarias extraordinarias. También he leído otras obras de Lorena Escobar (Cuentos de la mar es un poemario sangrante, honesto, hiriente), de Román Sanz Mouta (su Carpintería muerta es increíble), de Verónica Cervilla (Quién cuidará de ti es una novela muy especial que desgrana las relaciones familiares desde un punto de vista cuasi sobrenatural), de Pedro P. González (su novela Galaxia Cicatriz es algo fuera de lo común), etc. La verdad es que es todo un honor contar con un elenco de autores de tanto talento en la antología.

lunes, 14 de agosto de 2023

James Alan McPherson: Espacio vital

Idioma original: Inglés
Título original: Elbow Room
Traducción: Gemma Deza Guil
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable (o algo más)

James Alan McPherson se convirtió, en 1978, el primer autor afroamericano en recibir un premio Pulitzer en la categoría de ficción. Su literatura, hasta ahora inédita al español, es sumamente valiosa, ya que transpira reflexiones la mar de estimulantes.

Espacio vital, antología de McPherson originalmente titulada Elbow Room que la editorial consonni ha traducido y publicado, compila doce relatos. La calidad promedio de dichos relatos es sobresaliente, de modo que me cuesta decantarme por alguno de ellos. Sólo el tercero, del que hablaré más adelante, me ha parecido bastante flojo, al menos en comparación con el resto.

En fin, que todos los relatos de Espacio vital abordan, con compromiso político pero sin por ello caer en el maniqueísmo o perder el sentido del humor, la experiencia afroamericana. Así pues, giran en torno a la desigualdad, la discriminación, los prejuicios, el racismo, la pobreza y la comunidad, aunque también tratan temas más amplios y universales, como el amor o la empatía.

Sus protagonistas (generalmente varones negros) son tan complejos como los personajes secundarios que les acompañan. Nunca nos son descritos de forma artificialmente halagüeña; siempre tienen defectos, miedos y angustias que los humanizan.

En ocasiones narran en primera persona, lo cual propicia que McPherson plasme sus voces y carácteres con suma eficacia. Me maravilla, por ejemplo, cómo el autor refleja timidez en "Por qué me gusta la música country", afecto ambivalente en "Historia de un hombre muerto", racismo casi inconsciente en "Soy estadounidense" o cinismo vulnerable en "Lo suficiente para la ciudad".

La prosa de McPherson destaca, además de por mimetizarse con el registro de sus narradores en primera persona, por manifiestar la pluralidad fonética y las diferencias de clase de multitud de secundarios. Asimismo, recuerda estilísticamente a escritores de la talla de Raymond Carver, pues opta por eliminar todo detalle superfluo y minimiza los alardes retóricos. Cosa que no impide, evidentemente, que nos sorprenda con pasajes conmovedores, metáforas agudísimas o meditaciones brillantes.

Llegados a este punto, dejad que me detenga en cada uno de los relatos:

  • En "Por qué me gusta la música country", un hombre rememora un antiguo amor de la infancia. Da una forma y textura la mar de artísticas a una premisa simple.
  • En "Historia de un hombre muerto", el protagonista, que ha prosperado, lamenta las decisiones de su primo. La crueldad y las tendencias autodestructivas del antagonista provocan escenas increíblemente tensas.  
  •  En "La bala de plata", un joven cobarde quiere unirse a una banda, pero antes debe atracar un bar restaurante para demostrar de qué pasta está hecho. Resulta entretenido de leer, aunque palidece en relación con los demás, ya que presenta situaciones tarantinescas, personajes caricaturescos, un subtexto apenas esbozado y un humor algo burdo.
  • En "Los fieles", el negocio de un barbero que se niega a modernizarse agoniza. Fascina su capacidad para cristalizar multitud de cosas en poquísimo espacio.
  • En "Problemas de arte", un abogado blanco debe defender a una mujer de color acusada de conducir bajo los efectos del alcohol. Si bien el desarrollo y el clímax son relativamente planos, la manera en la que McPherson los comunica los dota de interés. 
  • En "Historia de una cicatriz", un hombre pregunta a una mujer por qué tiene el rostro marcado. Juega adecuadamente con las expecativas del lector pero prima siempre la calidad del texto al giro.
  • En "Soy estadounidense", un turista descubre que un ladrón ha robado a los japoneses de la habitación contigua. Su sentido del humor es deliciosamente sutil.
  • En "Viudas y huérfanas", un profesor asiste a una velada de ricachones donde una antigua alumna (y novia) recibe un premio. Cóctel melancólico y ácido.
  • En "Una barra de pan", la comunidad se alza en contra de un comerciante que vende más caro en la tienda de su barrio. Un autor menos habilidoso jamás hubiera logrado desplegar el conflicto con tanta madurez, ni equilibrar las perspectivas y escoger imágenes simbólicas con idéntico acierto.
  • En "Lo suficiente para la ciudad", un cínico permite que religiosos de diversos credos acudan a su casa e intenten captarlo con tal de poder burlarse de ellos. El formato y el sarcasmo que desprende me parecen magníficos.
  • En "Una historia de fondo", un juez recapitula para concluir si un negro que ha disparado a su jefe es culpable. Su estructura fragmentaria y cierre circular son impecables. 
  • En "Espacio vital", un escritor habla sobre un matrimonio interracial. Joyita cuyos toques filosóficos y metaliterarios ensalzan un núcleo que ya era intrínsecamente potente.

Para ir terminando, sólo insistiré en que Espacio vital es una antología sobresaliente. Por si todavía no os hubiera convencido de ello, dejad que copie uno de los cientos de párrafos destacables que nos regalan estas páginas: «Virginia Valentine había salido de Warren unos diez años antes, montada en la cresta de una gran ola de campesinos fugados. Para las personas como ella, encarceladas durante generaciones, el mundo exterior ofrecía un horizonte absolutamente nítido y lleno de opciones dulces. Muchos no supieron encajar la libertad y se movían de un sitio para otro como locos, como mascotas largamente encadenadas que anticipaban los tirones de sus correas. Algunos se suicidaron. Otros, buscando la seguridad, entraron corriendo en otras prisiones. Pero unos pocos, como Virginia, alzaron el vuelo cual águilas aristocráticas en busca de altos picos desocupados en los que construir sus nidos.»

martes, 14 de septiembre de 2021

Marina Closs: Tres truenos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Tres mujeres, tres voces, tres formas de entender el propio cuerpo, el amor, el deseo, el sexo, la "condición femenina". Tres monólogos, un lenguaje literario apegado a la oralidad, con una poética extraña y una musicalidad salvaje, con frases cortas, reiteraciones, deconstrucciones (o reconstrucciones). Tres universos con varios denominadores comunes: el cuerpo y la sangre, el dolor, el desgarramiento / extrañamiento / desarraigo (sos como yo, como un saco cerrado y al mismo tiempo roto), la vulnerabilidad, la pulsión sexual, la culpa, etc. Tres textos que creo que van de más a menos pero es que el primero de ellos es una maravilla. ¡Veamos!

Por un lado, tanto "Cuñataí o de la virginidad" como "Demut o de la paciencia" se sitúan en la Misiones natal de la autora, territorio de frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay que condiciona en cierto modo la elección del personaje protagonista y el posterior estilo. Así, las protagonistas y narradoras son una mujer guaraní que acaba de dar a luz gemelos y una joven alemana recién llegada a Misiones que mantiene una relación incestuosa con su hermano. Esto hace que el lenguaje a utilizar haya de ser, por fuerza, "extraño", pese a que No es la lengua lo que me cuesta. Es hablar, y punto, aunque dotado a la vez de un ritmo y una belleza hipnóticos (Un corte en un sueño. La cicatriz que duele. Una tiene el hijo mientras duerme. Dos hijos, se hincha. De una herida, nacen). En este sentido, es inevitable hablar del "Eisejuaz" de Sara Gallardo, de su castellano "contaminado", plagado de frases breves como latigazos, de elipsis, omisiones, errores gramaticales, de su atmósfera turbia y de su rara belleza

Por su parte, "Adriana o del amor verdadero" es un monólogo que incide en los temas ya referidos a través de una voz muy personal, aunque el foco se aleja de la condición fronteriza de las dos anteriores. 

Ya digo que me parece que el libro va de más a menos. "Cuñataí o de la virginidad" tiene una fuerza fuera de lo común, tanto en las imágenes como en el lenguaje o en el tratamiento de los temas y situaciones que se plantean en la narración, con mención especial a una escena especialmente brutal que sufre su protagonista. "Demut o de la paciencia" es también un muy buen texto, con una potente voz que refleja a la perfección la asfixia y la soledad de su protagonista.  Ya digo que aunque el nivel se mantine, también es cierto que el factor sorpresa y el impacto inicial que supone "Cuñataí o de la virginidad" se diluye. Por último,  "Adriana o del amor verdadero" me parece algo menos logrado que los dos anteriores, tanto en el tratamiento de la voz narrativa como en la poética del propio texto, que me resultan algo más convencionales.

Pese a esta sensación que me deja el último de los relatos, "Tres truenos" es un arriesgado y acertado acercamiento a la condición femenina (y humana, por qué no?) a través de la experimentación formal. Porque, ¡qué carajo!, para que me cuenten las cosas como me las contaban en el siglo XIX, pues me quedo con el siglo XIX o con Netflix. ¡He dicho!

sábado, 24 de julio de 2021

Reseña + entrevista: Territorios improbables , de Pedro Torrijos

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy interesante y recomendable

Aquellos de nuestros lectores que tengan cuenta en Twitter (que, sin duda, utilizan para compartir recetas de cocina, memes de gatitos y comentarios sobre Eurovisión, nada de propagar bulos e insultos a sus adversarios políticos) es más que posible que conozcan los hilos de #LaBrasaTorrijos, el hashtag que utiliza el arquitecto y profesor -y ahora escritor- Pedro Torrijos para difundir unas maravillosas, sorprendentes y, sobre todo, muy entretenidas historias sobre lugares que parecen imposibles, imaginados tan sólo por alguna mente fantasiosa, pero que en verdad existen o han existido alguna vez y que, desde toda su poesía, originalidad, horror o diversión, nos interrigan y dan respuestas, a un tiempo, sobre nosotros mismos, los seres humanos que los hemos creado (en más de un caso, hay que decir, seres humanos que estaban un poco cucú...).

Por fin, recientemente, Torrijos ha recogido el anhelo de buena parte (por no decir todos) de sus seguidores tuiteros y ha plasmado en un libro muchos de estos fascisnantes hilos. Reunidos en cinco partes -Lo que ya no está, Lo que tenemos delante, pero no vemos, Lo que no podemos dejar de ver, Lo que no queremos mirar, Lo que no debería existir-, encontramos aquí ciudades hechas de aire y ciudades anegadas por la arena, pueblos donde sus habitantes viven enterrados como muertos y otros donde los muertos -también enterrados- superan con mucho a los vivos; pueblos "potemkin" donde nadie mora sus edificios y otros donde, en cambio, todos viven en uno solo. Ciudades abandonadas en medio de la selva o el océano y rascacielos en pleno desierto. Ciudades que crecen sin control como un tumor maligno y edificios que lo hacen como una planta mutante... alguno incluso desafiando al dios que pretende honrar.

Conoceremos la historia de la casa de los cientos de habitaciones y miles de fantasmas, la del edificio que era un serial killer -es literal-, la de la isla de los cadáveres de plástico. La historia del alemán megalómano que quiso crear un supercontinente (y no es quien vosotros pensáis). La del solar más caro y pequeño del mundo; la de la casa que pretendía rascar los Infiernos; la del edificio construido con sombrillas. El museo que es una cicatriz.

Todo ello contado con una amenidad y ligereza -incluso llaneza- también digna de elogio; no os asustéis aquellos/as que huís de los términos demasiado técnicos, conceptuales o directamente pedantes: no encontraréis nada de eso en este libro. Muy al contrario, es un libro para todo el mundo, para ayudarnos a amar la arquitectura, el urbanismo y las maravillas y curiosidades que nos tiene reservadas este nuestro mundo. 

Para quien esté interesado/a, recordad: podéis leer estas historias en los hilos de #LaBrasaTorrijos, que aparecen todos los jueves en la cuenta de Twitter de @Pedro_Torrijos (me atrevo a recomendar, asimismo, otras estupendas cuentas que hacen divulgación sobre diversos temas, como @itineratur , @Wurtz3el , @Azul_Mistico o, sobre cine, la magnífica de @Okinfografia). Y, por supuesto, en este estupendo libro que esperemos tenga continuación en otros muchos de este autor...

*          *          *    

Además de por escribir sus divertidos y fascinantes hilos y libro, debo agradecer a Pedro Torrijos la gentileza de haber respondido a unas preguntas para Un Libro Al Día:

-No eres quien ha inventado los hilos de divulgación en Twitter, pero sí uno de sus más conspicuos cultivadores, al menos en España o en español...¿Te podríamos considerar como una especie de rey Aragorn o caballero jedi que capitanea los ejércitos de la luz frente a las hordas de trolls, bots y demás patulea que pulula por las redes sociales?

-Jajajaja, más allá de lo de ser o no un líder, si que creo que formo parte de un tipo de divulgadores tuiteros o creadores de contenido tuitero que intentamos escapar del ruido y la furia que, a veces, se hace dominante en las redes sociales. Y somos bastantes, ojo, no soy el único. Como dije a finales del año pasado, dicen que Tuiter es un lugar hostil pero yo creo que no, yo creo que Tuiter puede ser un lugar estupendo, solo es necesario explorarlo y mirarlo en los lugares adecuados.

-¿Que necesita tener un lugar, edificio o historia para merecer un hilo de #LaBrasaTorrijos? ¿Ser un sitio insólito, paradójico, ejemplificante... o simplemente curioso?

-Que sea susceptible de contar una historia sobre él. Es decir, la inmensa mayoría de los lugares XD. En realidad, lo importante no es ni el lugar ni la historia que se cuenta, sino cómo se cuenta. Al final, todas las historias ya se han contado antes (y, probablemente, todas de pueden reducir a la Anábasis de Jenofonte), así que lo que hace una historia buena es cómo se cuenta; cuáles son sus recursos, sus registros, su tempo, su métrica, su desarrollo...

-En tus hilos y en el libro muestras una vocación no sólo divulgativa, sino también desmitificadora de la arquitectura, huyendo del lenguaje demasiado técnico o rimbombante. ¿Cómo crees que reciben estos hilos tus colegas arquitectos, un gremio que tiene fama de..ejem, estar un tanto encantados de haberse conocido... (por decirlo así)?

-Más que encantados de habernos conocido, creo que los arquitectos somos intelectualmente muy onanistas: hablamos para nosotros de cosas que solo nos interesan a nosotros empleando términos que solo conocemos nosotros. En realidad no es malo que un gremio tenga un lenguaje y un entorno de comunicación particular, lo que es más dudoso es que ese lenguaje y ese entorno de comunicación sea prácticamente el único que se practica. Dicho lo cual, yo creo que a mis colegas arquitectos les gustan mis hilos igual que a cualquier otra persona: algunos les gustarán más y algunos les gustarán menos porque, en realidad, lo que yo cuento es historias, y las historias llegan a todos los oídos que les apetezca escucharlas.
 
-¿Y en tu caso particular, esta labor divulgadora ha cambiado de alguna manera tu forma de ejercer tu oficio?

-De hecho, ahora mismo, esa labor divulgadora es mi oficio. Mi trabajo es la comunicación y la divulgación.

-Los capítulos de tu libro o tus hilos de Twitter muestran ante todo una visión humanista de la arquitectura , en su sentido más amplio; incluso cuando hablas de lugares y edifcios abandonados o que ni siquiera han sido concebidos para que los habiten personas. ¿Te parece que a veces la arquitectura más "espectacular" y los "arquitectos estrella" han olvidado esa vertiente más humanista o eso no es más que otro tópico sobre esta disciplina que tenemos los profanos?

-Creo que todos (o casi todos) los arquitectos quieren que los usuarios de sus edificios vivan lo mejor posible y sean lo más felices posible dentro de esos edificios. Otra cosa es que consigan eso que se proponen, bien por problemas en el diseño, en la construcción, en la normativa, promoción, ayuntamientos y todos los miles de agentes que intervienen en la construcción de un edificio. Hay que tener en cuenta, eso sí, que las funciones de una obra de arquitectura no son únicamente las convencionales; a veces tienen una función simbólica, o histórica. Hacer que todos esos elementos encajen bien no es siempre fácil. Dicho lo cual, yo estoy bastante en contra del concepto arquitecto-estrella, aunque creo que es más un problema de las entidades y los ayuntamientos que los encumbraron que de su labor como arquitectos que, salvo excepciones, suele ser bastante buena.

-Supongo que te resultará casi imposible, porque es como pedirle a alguien que elija entre uno de sus hijos, pero ¿tienes algún hilo ohistoria que te sea favorito, por simple cariño o, al contrario, por la dificultad que te causó encontrar los datos necesarios, etc.?

-Como bien dices, es imposible. Algunos días es una, otros días es otra... Quizá la de Heritage USA, el parque temático dedicado a Jesucristo, que es un capítulo del libro, sea una de las que más me molan.

-¿Puedes adelantarnos alguno de los temas que van a ser objeto de #LaBrasaTorrijos próximamente o mejor esperas a darnos la sorpresa?

-Pues mira, una que contaré en la tercera temporada, que empieza en septiembre, es la de la casa de un millonario francés que iba en silla de ruedas y que limpiaba una inmigrante extremeña. Una historia MUY especial.

Deseando leer pronto ésta y otras nuevas historias, nos despedimos de Pedro Torrijos, agradeciéndole una vez más su amabilidad.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Sara Mesa: Un amor

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: se deja leer

A la tercera va la vencida. Aunque también se dice que no hay dos sin tres... ¿A qué viene este despliegue refranero de buena mañana? (ya se sabe que niño refranero, niño puñet... vale, ya lo dejo). Pues a que esta es la tercera de Sara Mesa que leo y las dos anteriores me habían parecido... bueno, vamos a dejarlo en un "regulinchi". Ni frío ni calor. Ni chicha ni limoná... Por si a alguien le interesa (y si no, da igual, porque lo voy a contar también), las dos novelas suyas que había leído son las muy alabadas Cicatriz y Cara de pan -alabadas en este blog, sin ir más lejos-; con el ánimo de superar la impresión, ya digo que no muy favorable que me habían dejado, acometí pues este último libro de esta también en general muy apreciada autora... adelanto que no ha sido la mejor idea que he tenido.

Resumen muy resumido: Natalia, Nat, es una aún joven traductora que, para llevar a cabo su primer encargo literario, alquila una casita en un pueblucho allá donde Cristo tiró el palustre, en una zona que parece poco agraciada de la España-bastante-vaciada, que diría alguno... En ese paraje más bien desangelado, sometida a las incomodidades del entorno campestre, Nat, además de con el resto de sus escasos vecinos, entra en relación, sobre todo, con tres hombres que, de alguna manera, ponen en cuestión sus posición como mujer sola, independiente y, supongo que en gran medida por lo anterior, deseable: su casero, un tipo burdamente machista y zafio; Píter, un vecino más o menos bohemio y simpático, pero también un tanto guayotas y "manexplaineador", y otro lugareño conocido como el Alemán, que resulta, en principio, más anodino e indiferente, casi "aspergeniano", por así decirlo, aunque pronto veremos que no tanto... El cuarto personaje masculino que, de alguna forma, ejerce influencia sobre ella es el perro que le proporciona el casero, un astroso chucho que Nat bautiza, significativamente, como Sieso.

Quisiera equivocarme y pensar que Sara Mesa es una escritora demasiado sutil como para haber pergeñado aquí nada más que una parábola sobre la dificultad de la mujer contemporánea occidental para desenvolverse con total libertad en un mundo que, pese a los disimulos, sigue dominado por los hombres; quisiera que el trasfondo de esta historia fuese menos obvio, pero la verdad es que tal es la impresión que da.  Cierto que también se incide en el alienamiento y la desubicación que siente la protagonista en un entorno que le es ajeno y que le obliga a establecer una relación forzada pero ambigua con sus vecinos -un ambiente de áspera extrañeza que, en el mejor de los casos y salvando muchísimas distancias, recuerda un poco el de algunas novelas de Bolaño-; esta problemática relación entre el individuo que trata de vivir con mayor libertad y el grupo o entorno social en el que está inmerso es otro de los temas que subyacen en el libro y, al menos por lo que he leído en alguna entrevista suya, en lo que pone más énfasis su autora, aunque yo considero que en la novela este aspecto está menos desarrollado que el comentado antes. También es cierto que ésta,  como las otras novelas de Mesa que he leído, está protagonizada por una mujer -en el caso de Cara de Pan, una niña o como mucho púber- que tiene comportamientos o toma decisiones poco convencionales, inconvenientes o que incluso la pueden poner en peligro. Ahora bien, la impresión que deja la lectura de Un amor -ya desde el comienzo- es que la protagonista, Nat, viene ya un poco o un mucho "tocada" de casa y lo que le ocurre en ese poblacho ficticio es más una consecuencia que una causa de su desazón. Otra conclusión que se va sacando según avanza la novela es que a ver si la tal Nat se deja de una vez de sinsorgadas y no sigue torturándose y torturando al lector (al menos a éste) con ellas; por mucha empatía que pueda suscitar el personaje, la exasperación que produce, ella y la novela en general, la supera. La atonía, incluso en los momentos de mayor enajenación de la protagonista, es la sensación general; ni siquiera el par de giros argumentales (iba a poner plot twists, pero no sé si aún queda moderno) que deberían darle vidilla a la historia están bien aprovechados, en mi opinión...

El caso es que, aunque pueda parecer lo contrario (y sin conocerla personalmente, claro), Sara Mesa es una escritora que me cae bastante bien; en sus entrevistas que he visto o leído me ha parecido que tenía una actitud hacia la literatura incisiva y nada afectada, muy alejada de la pose de escritora-que-tiene-algo-muy-interesante-incluso-trascendental-que-decirnos (ojo, que he puesto escritora, pero también me refiero a los escritores varones). Además, es indudable que talento para la prosa no le falta: cualquiera de sus párrafos, sueltos, muestran bastante calidad literaria; pero, sobre todo, su novelas, me hayan gustado más o menos, denotan un interés por hacer ficción, por contar historias ajenas a sí misma, nada de eso-tan-interesante-incluso-fascinante-que-tengo-que-contaros-es-mi-propia-vida-chavales... Aunque claro, tanta insistencia en un tipo de protagonista desubicada, empeñada en cometer errores o en hacer un ejercicio de libertad aunque bastante desnortado, a partir de los errores que comete no puede ser casualidad; quizá si algún día a Sara Mesa le da por la autoficción (recemos porque no sea así) conozcamos la causa... o no. En todo caso, mi conclusión, aun lamentándola, es que no hay dos sin tres. De lo que estoy bastante seguro es de que, al menos por lo que a mí respecta, no habrá cuatro.

Otros libros de esta autora reseñados en Un Libro Al Día:  Cuatro por cuatro, Cicatriz, Cara de Pan, Un incendio invisible, Mala letra

viernes, 6 de septiembre de 2019

Tom McCarthy: C

Idioma original: inglés
Título original: C
Año de publicación: 2010
Traducción: José Luis Amores
Valoración: bastante recomendable

Acostumbrado a que las novelas de Tom McCarthy abordaran siempre temáticas muy contemporáneas, incluso con un cierto aire futurista (los desarrollos hi-tech de la espléndida Satin Island), he de reconocer sentirme algo extraño en las primeras páginas de C, novela traducida recientemente para Pálido Fuego. Entre carruajes, partos en casa y métodos educativos decimonónicos, por un momento me veía situado en alguna de las partes de la Trilogía de Deptford, incluso en esas asequibles novelas de Jean Echenoz que parecen semblanzas de grandes personajes con cierto aire anacrónico, o los tanteos de Lemaitre con el periodo entreguerras. Pero no: McCarthy demuestra aquí porque, seguramente, sea de todos los escritores de la actualidad (justo cumple los 50) el que muestra una trayectoria más sólida y coherente, uno de esos cuyas obras generan eso tan tópico de expectativas crecientes. 
C es, se entiende, la inicial de Serge Carrefax, y esta es la historia de su vida, desde que, con dos años y medio, nos es presentado en una sorprendente escena que alterna a su madre, largo parto de un hermano, y a su padre, que mientras tanto experimenta en otra estancia de su propiedad, obsesionado con los materiales necesarios para sus descabellados hallazgos. Ya esta cuestión McCarthy la plantea, detalles que se van manifestando, no como una situación clásica de genio chalado o de científico excéntrico. Notamos algo ahí: una corriente subterránea de algo atípico, no sabemos si incómodo o perverso, que representa un presagio de que estamos en otra onda que la de un folletín convencional. Poco convencional es, desde luego, como McCarthy estructura la historia. Cuatro grandes capítulos con enormes boquetes narrativos completamente premeditados, elipsis que persisten con ligeras recurrencias y que puede que a ciertos lectores de perfil clásico ofusquen algo: esta no es una narración con planteamiento-nudo y desenlace. Y aunque pueda encuadrarse dentro de lo que viene a llamarse novela de formación, aunque los episodios definan perfectamente al personaje, es el lector quien tiene que completar esas lagunas, y la novela queda muy abierta a especulaciones, aspecto a tener en cuenta. Del Serge apenas un crío descrito en una primera parte brillante, de aire casi costumbrista, saltamos al tardoadolescente que será convocado, gracias a su pericia con la tecnología, a integrar la fuerza aérea británica en la Primera Gran Guerra. Una parte quizás demasiado detallada en las cuestiones puramente bélicas, pero que continua mostrándonos a un protagonista ajado, impasible, calculador. Un salto de una década y media que deja un primer misterio: la muerte de su hermana Sophie con diecisiete años. El siguiente salto, quizás más breve en el tiempo pero más profundo (la guerra como profunda cicatriz en una generación y una sociedad) nos lleva a Carrefax ya joven y ejerciendo como tal. Sexo y drogas coexisten en ella, en un Londres de los años 20 donde es fácil hacerse con cocaína o heroína y donde su uso representa casi un plus lúdico.
La cuarta parte del libro, la de la teórica resolución (si así puede considerarse) nos sitúa a Carrefax en el Egipto de la independencia y la descolonización, como empleado de una compañía que está interviniendo en los yacimientos de las tumbas en la ribera del Nilo.
C es una novela tanto más interesante cuando se considera que, a partir de ella, una narración con elementos clásicos, McCarthy ha ido sintetizando sus personajes, siempre hombres jóvenes que parecen desplegar una burbuja en torno a sí que condiciona su visión del mundo. Carrefax es, hasta el final, un absoluto misterio desde sus curiosos hábitos sexuales hasta su actitud poco implicada a ceder ante las emociones en su existencia. Sin ser una narración de difícil lectura, si que requiere ese plus por parte del lector, como una especie de tolerancia ante el hecho de no encontrarse con una historia al uso, más bien como un pretexto para encapsular cierta voluntad de experimentar sobre mimbres más o menos reconocibles.

sábado, 10 de agosto de 2019

Barbara Comyns: El enebro

Idioma original: Inglés
Título original: The Juniper Tree
Traducción: Miguel Ros González 
Fecha de publicación: 1985
Valoración: Recomendable



Bella, una madre soltera acomplejada por la cicatriz que le surca el rostro, se muda junto a su hija a Richmond. Allí encuentra un trabajo que la apasiona y traba amistad con los Forbes. Por primera vez en mucho tiempo se permite creer que la vida le sonríe. Pero no es oro todo lo que reluce, como Barbara Comyns demuestra en estas páginas.

Vaya si lo demuestra. Por cada alegría que experimenta Bella, una desgracia la está acechando. El tono agridulce que impregna la novela es, para mí, su mayor acierto. Hace que lo que se nos está contando sea verosímil, y lo aleja de la esencia abstracta y simplista de la fábula en la que se basa.

Así es: El enebro está inspirado en un macabro cuento alemán recopilado por los hermanos Grimm y titulado del mismo modo. Como ya he insinuado, la obra de Comyns elude gozosamente los anacronismos de su material de base, al que logra actualizar. De modo que arquetipos, simbología y situaciones pertenecientes a los cuentos de hadas tienen su modesta aparición en este texto (la jorobada de turno, unas pérfidas urracas, alguien que pierde un zapato, la madrastra indispensable...), pero todos estos elementos han sido dosificados con inteligencia e integrado adecuadamente en el registro realista de la obra.

Otro de los aciertos de esta historia es la tensión que provoca. A medida que avanza el argumento, el lector percibe que algo extraño está sucediendo entre líneas, pero es incapaz de discernir qué es exactamente hasta que le estalla en la cara. La sutileza y el "foreshadowing" con que trabaja Comyns ayudan en este sentido a crear una historia planificada pero, asimismo, imprevisible. Algo que tiene mucho mérito, teniendo en cuenta que si uno conoce de antemano la fábula de los Grimm a la que se está homenajeando aquí, o lee la cita con que se inaugura el libro, ya puede intuir por dónde irán los tiros. Que la autora consiga sorprendernos pese a esto es, repito, increíble como poco. 

Llegados a este punto, enumeremos otras de las virtudes de este conseguido relato.

  • La minuciosidad de la prosa de Comyns. Sus detalladas descripciones y el nivel de detalle de que hace gala son tremendamente inmersivos y nunca llegan a volverse cargantes. 
  • Todos sus personajes están caracterizados. Incluso aquellos que apenas asoman la cabeza unos capítulos para luego desaparecer definitivamente. 
  • Las interacciones entre personajes. Especialmente aquellas que son sumamente tóxicas.
  • El retrato del Londres de los años 80, plácido y casi bucólico. Contrasta muy bien con la atmósfera malrollera de ciertos pasajes. 

Por otro lado, no quiero dejar pasar esta ocasión para remarcar algunos de los aspectos más flojos de la novela.

  • Sus capítulos iniciales no acaban de fluir orgánicamente. Recuerdo uno, por ejemplo, que se abre con un "flashback" y regresa luego al tiempo presente de forma abrupta y confusa. 
  • Comyns repite en varias ocasiones información que ya había dado previamente, y la presenta como un dato nuevo. 
  • Hay algún altibajo en la traducción. A veces sintáctico, otras una palabra mal escogida. Por lo general, pero, hay que admitir que Miguel Ros González ha hecho un buen trabajo. 

En resumen, pues, El enebro es una novela que cautivará a todos aquellos a los que les atraigan las reinterpretaciones de antiguos cuentos de hadas, al estilo de La juguetería mágica de Angela Carter o La novia ladrona de Margaret Atwood. Sin duda alguna, la colección Rara Avis de Alba Editorial no deja de desenterrar joyitas la mar de interesantes. 


miércoles, 17 de abril de 2019

Aixa de la Cruz: Cambiar de idea

Idioma original: español
Año de publicación: 2019  
Valoración: Muy recomendable

Contexto. Librazo. Hace ya algunos años que la editorial Caballo de Troya adoptó un original sistema rotatorio: cada año, un editor o editora invitados escogen los libros que se publicarán ese año. Y cada año, al menos uno de los libros ha resultado un bombazo, en crítica, ventas o ambas cosas: El comensal de Gabriela Ybarra; El estado natural de las cosas de Alejandro Morellón; La hija del comunista de Aroa Moreno... Este año, sin desmerecer a Game Boy de Víctor Parkas, una interesante colección de ensayos y relatos en torno a la(s) masculinidad(es), el bombazo parece haber llegado con la segunda de las obras escogidas: Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz, un texto híbrido, potente y oportuno (no me gusta el adjetivo "necesario", porque realmente necesarias hay pocas cosas) que ya ha sido calificado de "generacional", aunque creo que es algo más y mayor que eso.


Urgencia. En varias entrevistas (y en el propio libro, también) ha contado Aixa de la Cruz cómo se escribió el texto de Cambiar de idea: como una especie de catarsis inmediatamente después de acabar la tesis doctoral. Una impulso violento - o quizás la necesidad de llenar el vacío que deja una tesis - la llevó a escribir páginas y páginas con una urgencia y una honestidad desacostumbradas. Aunque desde esa primera versión hasta la finalmente publicada ha habido, obviamente, un trabajo de pulido y revisión, esa urgencia todavía se nota en el texto, que se lee con el ritmo acelerado del punk o de las primeras películas de Guy Ritchie. A ello contribuye, también, el que con menos de treinta años la autora haya vivido ya material que cabría en tres o cuatro vidas de otras biografías más "convencionales". En todo caso, que sea una obra urgente y honesta no quiere decir, claro, que sea completamente verídico lo que cuenta; ni lo sabemos, ni debería ser lo más importante de nuestra lectura. De hecho, el fantasma de la (auto)ficción planea sobre el texto de forma explícita, quizás porque, siendo rigurosos, no hay ejercicio de memoria que no sea también un ejercicio de ficción.


Identidad. Máscaras. En un determinado momento Aixa de la Cruz reniega de su anterior novela, La línea del frente, con la cual dice no sentirse ya identificada. Esto tiene su lógica, si partimos de que Cambiar de idea nace de un deseo de autoconocimiento, en que las máscaras interpuestas incomodan. Pero al mismo tiempo no deja de ser paradójico, en mi opinión, porque el tema, e incluso la estructura, de ambas obras, tiene bastante en común: la búsqueda, a través de la reconstrucción de la memoria del pasado, de una identidad más auténtica y coherente. Si en La línea del frente esta búsqueda se hacía a través del reencuentro con un ex-novio, en Cambiar de idea no hay nadie más que Aixa de la Cruz: ella, la del presente, que se enfrente a Aixa de la Cruz, la del pasado, a sus propias contradicciones y errores, intentando huir de la autocompasión en el proceso (y cuando cae en ella, ahí está "Iván" para sacudírsela). Desvelándose, en el sentido de quitar velos que impidan ver, y quizás también en el de perder el sueño.


Memoria. Culpa. Cuerpo. Cambiar de idea es un libro difícil de clasificar: memoria, ensayo, autoensayo, autoficción, ficción. Con todos estos calificativos se han referido a él. Etiquetas aparte, es un ejercicio de memoria (auto)psicoanalítico, porque en el centro de la búsqueda se sitúa la culpa. Una culpa primigenia, que puede tener que ver con la compleja relación de la autora con la madre (¡la culpa es siempre de las madres!), con la ausencia de su padre o con otros episodios traumáticos más o menos reprimidos de su infancia, adolescencia, primera juventud. La confrontación de estas culpas tiene su catarsis, quizás porque la Aixa de la Cruz novelista también tiene algo que decir sobre la ordenación de la biografía de la Aixa de la Cruz memorialista; y esta catarsis está muy relacionada con el descubrimiento de que la memoria no es solo narración: también es cuerpo. Y no solo el cuerpo propio: también la empatía con el dolor del cuerpo ajeno. Quizás este uno de los retos y logros del libro: la inscripción, siempre difícil, del cuerpo en el texto literario, a través del dolor, de la cicatriz, de la herida, del sexo. Del sexo femenino, claro.


Feminismo. Cambiar de idea no es una obra sobre feminismo, del mismo modo que La línea del frente no es una novela sobre ETA. Dicho esto, el feminismo ocupa un lugar muy relevante en las búsquedas y los descubrimientos de Aixa de la Cruz; porque el proceso de autoconocimiento y de reconstrucción le lleva, en primer lugar, a reconocerse como mujer, y luego como mujer feminista, como mujer en un cuerpo de mujer, como mujer bisexual. Le lleva "del yo al nosotros", como nos hacían repetir cuando estudiábamos la poesía de Blas de Otero, o en este caso "del yo al nosotras". Es ese encuentro con la teoría feminista, que ocupa el último tramo del libro - el más cercano al ensayo - el que obra la catarsis necesaria y definitiva, no para que Aixa de la Cruz resuelva todas sus contradicciones, sino para que las acepte como una riqueza, una fortaleza, una realidad inevitable y fructífera.


Año de escritoras. Por mucho que los babelios al final de año nos digan que los mejores libros son los de MaríasCercasVilaMatasMuñozMolinaMendoza, quien lea la producción literaria española de este año con menos anteojeras comprobará que es un año (o un curso, si empezamos a contar desde septiembre) dominado por las autoras: Sara Mesa, Cristina Morales, Aixa de la Cruz, Edurne Portela, María Sánchez, Elvira Navarro... Voces que no pertenecen necesariamente a una misma generación ni forman un grupo homogéneo, pero que se imponen y sacuden un panorama literario que lo venía necesitando. No se trata de modas, se trata de abrir las ventanas y ventilar. Y eso es lo que hace también (con su memoria, con su narrativa, con su trayectoria) Aixa de la Cruz en Cambiar de idea: abrirlo todo, dejarlo todo al aire. Y que respire. 

miércoles, 1 de agosto de 2018

Sara Mesa: Un incendio invisible

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien

Cuando Seix Barral decidió reeditar este año El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila, casi se puede decir que estaba haciendo un servicio público: esta novela, muy probablemente la mejor de su autor, había sido originariamente publicada por los Libros del Silencio, editorial desaparecida tras la temprana muerte de su editor, Gonzalo Canedo, así que el libro se había quedado huérfano y necesitaba una nueva casa y una nueva edición que lo acercase a nuevos lectores.

La lógica detrás de la reedición de Un incendio invisible en Anagrama parece ser algo semejante, ya que esta novela estaba descatalogada y era prácticamente inencontrable hasta su reedición. Sin embargo, creo que todos (editores, críticos y hasta la propia autora) estamos de acuerdo en que la mejor novela de Sara Mesa hasta el momento es Cicatriz, aparecida también en Anagrama en 2015, con gran éxito de crítica y público (más aún de Cuatro por cuatro, la novela con la que Sara Mesa dio el salto a la fama y a Anagrama, con perdón por la rima). Así, la republicación de Un incendio invisible parece estar destinada, también, a llenar un hueco editorial a la espera de que aparezca una nueva novela, Cara de pan, anunciada para septiembre de este año, y completar la colección de las obras (casi) completas de la autora en su nueva casa.

Esto no quiere decir que Un incendio invisible no sea una novela interesante, que lo es en dos sentidos : porque no es una mala novela, aunque tiene sus limitaciones, como luego intentaré justificar; y porque puede servir para que los seguidores de Sara Mesa vean cómo se ha ido formando su estilo, su mundo y su personalidad literaria, a través de este experimento narrativo relativamente temprano.

Porque tal y como dice la propia Sara Mesa en la introducción, en Un incendio invisible se aprecian ya alguno rasgos que definen la narrativa de la autora: un estilo sobrio y sin virguerías innecesarias (aunque aquí no está todavía tan acabado como en obras posteriores), un universo urbano decadente, unos personajes deliberadamente antipáticos y una trama que gira en torno a la soledad y el abandono. Todo ello hace de Un incendio invisible una lectura alejada de los cánones comerciales, que parecen exigir un protagonista bueno y bonito que se enfrenta a las duras condiciones de la vida, y (generalmente) sale triunfante.

En esta novela tenemos, sí, un "extraño en tierra extraña": el doctor Tejada, que llega a la ciudad de Vado con el objetivo de encargarse del asilo New Life, en rápida decadencia como el resto de la ciudad. Allí, en el asilo y en la ciudad, encuentra un coro de personajes extraños y en general hostiles: el malvado jardinero Catalino, la vieja Clueca, la recepcionista del hotel Madison Lenox, la niña que se hace llamar Miguel y que alimenta al galgo Tifón, le enfermera Ariché, el investigador Benmoussa... Sobrevivientes de una ciudad que agoniza, por motivos desconocidos y nunca explicados (el "incendio invisible" del título), y avanza hacia la destrucción definitiva.

En una novela más convencional, como decía, el doctor Tejada intentaría resucitar el asilo, enfrentándose a los obstáculos y previsiblemente venciendo a los enemigos. Pero esto es una novela de Sara Mesa: al doctor Tejada se la sudan (con perdón) los viejos, ignora o insulta a sus empleados, establece con la recepcionista una relación corrosiva de amor-odio codependiente, y además viene perseguido por hechos oscuros de su pasado de los cuales llegamos a saber bien poco. A los personajes más o menos simpáticos, como Ariché o Benmoussa, Tejada los trata con condescendencia y/o desprecio. Solo con la niña mantiene algo parecido al afecto, aunque también esa relación se vuelve ambigua. No tenemos aquí un relato moral de superación, sino un retrato bastante oscuro del abandono, individual y colectivo.

El mayor problema que le veo a la novela es que, como novela tempra que es, se le ven demasiado los mimbres, por decirlo de alguna forma, sobre todo en la primera parte: cuesta que fluya la narración, y algunos de sus hilos parecen poco conectados con el resto; los personajes, casi todos desagradables, parecen cortados por un patrón demasiado parecido. Tampoco el estilo, como decía antes, está trabajado por la autora hasta llegar al punto de concisión fría de sus siguientes obras (aunque de acuerdo con sus declaraciones ha revisado el texto en esta nueva edición). Y aunque la imagen de la ciudad que se pudre encima de sus propios huesos es poderosa, y algunas de las ideas apuntadas son verdaderamente interesantes, parece que no llega a explorarse con todas sus consecuencias.

Sí, es una novela interesante, está bien, y sobre todo ayuda a reconstruir el recorrido narrativo de la autora; pero no es su mejor obra. Lo que espero, lo que esperamos los lectores, es que la siguiente novela de Sara Mesa no solo repita las virtudes de Cicatriz sino que las supere, y marque una trayectoria ascendente en la que Cicatriz no sea un one time hit sino una etapa intermedia.

jueves, 17 de mayo de 2018

Han Kang: Actos humanos

Idioma original: coreano
Título original: 소년이 온다
Traducción: Sunme Yoon (castellano), Alba Cunill (catalán)
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Parecía difícil que Han Kang pudiera sorprender de nuevo, tras su irrupción a la esfera literaria en castellano con «La vegetariana», gran obra con la que se dio a conocer en estos lares. Pero creo poder afirmar, sin que el ímpetu y la emoción experimentados tras la lectura del libro alteren mi juicio, que «Actos humanos» incluso lo supera en calidad y emoción. Y es que cuando una historia tiene como origen una serie de hechos sucedidos en la realidad y, aunque de manera indirecta, estos afectaron la vida de la escritora, es cuando las emociones narradas fluyen de manera natural, sin filtros ni adulteraciones, desde las entrañas hasta el texto final.

Así, basándose en los hechos que sucedieron en mayo de 1980 en la Universidad Chonnam de Gwangju (ciudad natal de la autora), el libro escrito por Han Kang es un libro en recuerdo de aquellas personas que, de manera directa o indirecta, fueron afectadas por la masacre causada por el ejército, ante las protestas estudiantiles contra la dictadura de Chun Doo-hwan. Pero no se trata de un tratado histórico ni de un ensayo político, o al menos no en primer plano. Han Kang se trasladó a Seúl poco tiempo antes de aquellos hechos, por lo que este libro está escrito desde la tristeza, desde la pena de quién ve desde la distancia lo que ocurrió con sus antiguos amigos, conocidos y conciudadanos. Con este propósito, el libro que nos ocupa trata sobre las personas más que sobre los hechos, trata sobre la humanidad, los sentimientos, la pena y el dolor, la tristeza y la añoranza, la fuerza y el optimismo, los anhelos y el espíritu vital, la libertad y la opresión, el pesar y la incomprensión, la incredulidad y la desesperanza. Y la violencia, física o emocional.

Estructurada en siete capítulos en apariencia independientes, la autora narra la historia desde diferentes perspectivas, diferentes ángulos con un punto central como núcleo de la historia. Situando como centro la masacre ocurrida, la autora despliega un abanico emocional abriendo un espectro de sentimientos hacia diferentes caminos, focalizando las distintas sensaciones en cada uno de los personajes. La variedad, riqueza y pluralidad de sentimientos que alberga y transmite la autora hace que necesite canalizarlos a través de diferentes personajes, para así copar y alcanzar todo el espectro emocional que la historia ofrece. Han Kang nos habla de esperanza tras la añoranza, de remordimientos tras la solitud, del alma que, en su disociación y cual proyección astral, lucha por seguir pegada a un cuerpo como única vía posible para permanecer aferrada a una vida que se ha ido, que lucha por mantenerse viva a través de los recuerdos, cada vez más difusos y vagos. Cada una de estas emociones es encarnada por los distintos personajes, de manera que entre todos ellos se conforma el paisaje emocional que reside como poso tras la violencia de una masacre, y poniendo como foco principal el de las víctimas en sus dos vertientes: las víctimas que murieron, pero también aquellas personas que sobrevivieron con todo el pesar de su inacción ante la violencia y el abuso; y también, de manera latente, el recuerdo que reside en ellas, que actúa como una losa a la que van atados quienes pretenden seguir adelante:

"La gente de la calle tenía la cara desencajada, como si llevara una cicatriz invisible"

De esta manera, uno de los logros de la autora es la facilidad que tiene en hilvanar una historia narrada, pensada y sentida a través de distintas voces; y no hablo únicamente de un cambio en el protagonista narrador, sino incluso del estilo, del tono, de la voz utilizada; la amplitud de registros de la autora la ubica ante un complejo reto narrativo del que sale profusamente victoriosa. Han Kang necesita entrar en el dolor tan profundamente para hablar de él que no le basta una sola voz y una sola experiencia para alcanzar la magnitud de la desolación y es por ello que teje una historia de distintos personajes entrelazados, ofreciendo un análisis caleidoscópico y plural que sirve para explorar de manera holística todas las aristas que hieren los sentimientos de las personas hasta crear una serie de cicatrices con las que sobrellevar la vida hasta que llega la muerte.

De igual modo, y fiel al estilo que demostró en «La vegetariana», Han Kang demuestra su habilidad al hablar del cuerpo y desde el cuerpo, transmitiendo las emociones a partir de él. La visceralidad con la que sus palabras forman un texto de marcada corporalidad, hace que sea el propio cuerpo quien hable pues sabe cómo proyectar a través de él las emociones que del mismo emanan. Su narrativa parece escrita y dirigida por sus sensaciones corporales, desde lo más profundo de su ser; no proviene de su cerebro sino de sus mismas entrañas y, partiendo del cuerpo como centro de todo, es a partir de él donde se construye todo el relato.

Este es un libro escrito por alguien que sobrevivió a una masacre desde la distancia, sin poder evitar sentir cierta carga de consciencia por no haber estado allí junto a sus compañeros. La narración es trágica por la culpa autoinflingida, por la búsqueda de un perdón que solo pueden darlo quienes ya no están, y un intento permanente de autoconvencerse de que las cosas no hubieran podido suceder de otra manera, pues eran inevitables; una vida marcada por la necesidad personal del perdón, de insistir en convencerse que otro futuro no era posible, como si a fuerza de repetirlo pudiéramos establecer la paz con los que ya no están, y con nosotros mismos.

También de Han Kang en ULAD: La vegetariana, Blanco, La clase de griego, Imposible decir adiós, La vegetariana (contrarreseña)