Idioma original: inglés
Título original: The Urantia Book
Fecha de publicación: 1955
Valoración: repugnante
Pese a lo que pude decir en
aquella reseña, tengo por norma no reseñar libros que no haya leído. Bueno, pues hoy voy a hacer una excepción, y espero que el lector tenga a bien entenderlo enseguida. No, no he leído
El Libro de Urantia, ni falta que me hace. Pero tampoco podía dejar de comentarlo aquí, porque para mí es el no va más en libros canónicos. Algo así como una mezcla entre la
Biblia y el guión de Los Caballeros del Zodíaco. 2097 páginas en papel biblia o, lo que es lo mismo, 2 kg y pico de jerga pseudo-teológica, que describe con un detalle trastornado la estructura del universo y la historia de la salvación. Para que os hagáis una idea: sólo los índices ocupan 66 páginas.
El Libro de Urantia está dividido en cuatro partes. La última es la menos extraña, porque trata de la vida y enseñanzas de Jesús y viene a ser un refrito de los evangelios. Materialmente se añaden sólo un par de episodios, como una supuesta estancia en Roma antes de la vida pública. Lo que cambia, y mucho, es la interpretación que se hace de los hechos de Jesús. Sinceramente, no tengo ganas de penetrar la confusa maraña de categorías jerárquicas que constituye la "teología" urantiana, pero valgan un par de frases del episodio de la Resurrección para apreciar el estilo general:
"El viernes por la tarde, poco después del entierro de Jesús, el jefe de los arcángeles de Nebadón, a la sazón presente en Urantia, convocó su concilio para la resurrección de las criaturas volitivas durmientes y empezó a considerar las posibles técnicas de restitución de Jesús. (...) A las dos cuarenta y cino del domingo por la madrugada, la comisión de encarnación del Paraíso, formada de siete personalidades del Paraíso no identificadas, llegó al sitio, desplegándose inmediatamente alrededor del sepulcro..."
Sí, en efecto, parecen las actas de una reunión de auditores. Lo más propio del
Libro de Urantia es justo esa loca terminología burocrática llena de palabros como: "tránsito moroncial", "Ajustador Personalizado", "Cuerpo de Consumación Seráfica" o "Seconafines Terciarios". Todo eso hace referencia a un complejo sistema de jerarquías cósmicas. Así, "Urantia", o sea, nuestro planeta, no es más que un mísero átomo en el entramado de mundos y universos locales que conforman la cosmología urantiana. Las dos primeras partes del libro están dedicadas a explicar esa extraña estructura, mientras que la tercera narra la historia de Urantia (poblada en sus orígenes por una raza violeta).
En general, los autores hacen gala de una imaginación poderosa, aunque con tropiezos poco excusables. Por ejemplo, los nombres de los "siete mundos sagrados del Padre" se los podían haber currado un poco más: Diviningtón, Serafingtón, Spiringtón, Ascendingtón... O sea, "algo que suene elevado y super espiritual" añadiéndole al final "-ton", el sufijo inglés que significa "ciudad" (como en Kingston, <
King's town). Vamos, que en español lo mismo podían haber traducido "Villaespíritu de Peñarriba", "Serafinuelo Alto" y así. Algo cutre, tratándose de la estructura del universo...
Leído como ficción, el libro podría tener sus momentos, pero su obsesión burocratizante lo hace prácticamente ilegible. El problema, claro, es que no se presenta como una obra de ficción. He mencionado antes a los autores. La
Wikipedia apunta a un tal William Sadler, pero, si creemos al propio
Libro de Urantia, los diversos documentos que lo forman fueron dictados a un grupo de contactados por seres sobrehumanos de la más diversa índole. Uno de los índices tiene a bien ofrecer un listado de autores, entre los que figuran "un Elevado en Autoridad", "Manovandet Melquisedec", "Comisión de seres intermedios" o, mi preferido, "un Sin Nombre ni Número".
Lo curioso es que, pese a ser resultado de la Revelación, el
Libro de Urantia tiene
copyright. El titular de sus derechos de autor es una Fundación Urantia, con sede en Chicago, que debe de llevarse un buen pico por los ejemplares que compran las comunidades de lectores del
Libro de Urantia repartidas por todo el mundo. En fin, sobre estos desdichados sólo puedo decir, parafraseando a Homer Simpson, que cuando repartieron las religiones, debían de estar en el baño.