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domingo, 9 de septiembre de 2018

Manuel Vázquez Montalbán: Autobiografía del general Franco

Idioma original: español                                                     
Resultado de imagen de autobiografia del general franco amazonAño de publicación: 1992
Valoración: Esclarecedor




Pasar un mes entero escuchando a Franco –aunque sea a través de la reconstrucción de uno de sus adversarios ideológicos– resulta agotador, al menos para mí. Aunque, desde luego, ha merecido la pena, y la otra alternativa (hacer pausas estratégicas y rellenarlas con lecturas menos enojosas), teniendo en cuenta que hablamos de 700 páginas largas, suponía no librarme de él en medio año. Y tampoco es cuestión. Ahora pienso que opté por lo mejor: indigestarme durante un tiempo y a otra cosa.
Hablo de desacuerdo con el Régimen refiriéndome a un escritor que en su día fue militante de izquierdas. Pero en aquellos tiempos –los que van desde el comienzo de la guerra civil española (1936) hasta su muerte (1975)- el único franquista auténtico era el propio Franco, porque el franquismo no era más que lo que le pasaba a él por la cabeza, su santa voluntad, tan voluble y arbitraria como la de cualquiera. Nunca existió un auténtico corpus ideológico, solo una sarta de prejuicios enlazados por religión y militarismo, que él solía presentar como certezas, y la firme e inquebrantable voluntad de ejercer el poder absoluto y mantenerse en él lo que le quedara de vida y mil años más a ser posible. Todos los demás, lo que no eran Franco quiero decir, incluso sus más incondicionales adeptos –al margen de afinidades ideológicas que, en mayor o menor medida, las había, sobre todo al principio– intentaban adaptarse, y hasta adelantarse a sus pensamientos, movidos por una combinación de miedo, ambición, comodidad y sentido del deber. No podía ser de otra manera, pues si acatando sus órdenes los de su camarilla –que nunca fue homogénea– alcanzaban sosiego, prosperidad y prestigio, pobre del que osase llevarle la contraria. El general –apelativo escogido por el autor para interpelarle en el inacabable diálogo que mantiene con él– no se andaba con chiquitas. El que disentía, dependiendo de su relevancia social, la previsible peligrosidad de su conducta y el grado de adhesión a su persona estaba condenado al ostracismo, la miseria, el exilio, la cárcel, la tortura y/o la muerte. De ahí la desconfianza y sospecha constantes junto al firme y nunca extinto propósito de eliminar cualquier conato de contestación. Vázquez Montalbán pinta con trazos firmes un régimen fuertemente personalista –como todas las dictaduras– y esto implica que en todo un país, es más, en el mundo entero, solo una persona está en posesión de la verdad pasada, presente y futura. En este caso, un tal Francisco Franco, denominado generalísimo en vida en un alarde de adulación sin límites.
Ya a punto de cerrar el libro, me tropiezo con un párrafo que me ha parecido la introducción perfecta a lo que sigue y toda una declaración de intenciones:

“Sin prisas pero sin pausas le estamos olvidando general y olvidar el franquismo significa olvidar el antifranquismo, el esfuerzo cultural ético más generoso, melancólico y heroico en el que se resistieron puñados de mujeres y hombres de la raza de (…) No quiero hacer un inventario de mártires, ni de laceraciones, ni de tiempo perdido. Me temo que dentro de cincuenta años los diccionarios enciclopédicos audiovisuales irán reduciendo el capítulo dedicado a usted: cuatro imágenes, cuatro gestos, cuatro situaciones y una voz en off obligada al resumen y a la objetividad histórica”.

No han pasado cincuenta años desde que se publicó Autobiografía del general Franco, estamos aún a mitad de camino y los hechos, así como la figura del dictador, se han difuminado por completo en casi todas las memorias. Es lo que suele ocurrir con esas predicciones cuyo autor considera catastrofistas, que acaban pecando de candoroso optimismo.
Mediante un exhaustivo trabajo de documentación y elaboración de datos se nos introduce en la vida pública y privada del dictador desde los primeros años hasta su muerte. De ahí que la obra no se pueda adscribir a un solo género y se considere un híbrido de ensayo histórico y novela. Quizá les sorprenda saber que la faceta propiamente novelesca no está a cargo de Franco sino de un alter ego del propio novelista, un tal Marcial Pombo (nada que ver con el escritor del mismo apellido) cuya vida y milagros no se corresponden con los de Vázquez Montalbán, su relevancia literaria es sensiblemente menor, pero su postura política y opiniones sobre personaje y hechos que protagonizó coinciden punto por punto con las suyas. La narración se desarrolla, pues, a dos niveles. Uno utiliza la cursiva para reproducir unas supuestas memorias de Franco, el otro, con grafía convencional, muestra los comentarios al margen del tal Pombo, que puntualiza y corrige la versión principal, la completa con las aportaciones (orales o escritas) de familiares y testigos, que le sirven de contrapunto, y no contento con eso se permite narrar sus propio periplo vital de joven disidente. Este recurso, además de aportar amenidad y verosimilitud al texto, muestra claramente las consecuencias que tuvo para la gente común lo que se iba perpetrando en las altas esferas del Régimen. Un régimen que, según Pombo/Montalbán, embarcó a los españoles nacidos y por nacer en una mentira de carácter eminentemente visual, una fantochada que, de no haber tenido consecuencias tan dramáticas, hubiese resultado cómica. Y sucedió así simplemente porque un temperamento –y hasta un aspecto– tan mediocres como el que se retrata en la novela, por una serie de carambolas –como los ascensos tramposos en la guerra de África y la muerte de quienes podían hacerle sombra–, asciende al poder y, a partir de ahí, se considera a sí mismo el elegido por la historia para conducir los destinos de un país entero, no solo hasta el final de su vida sino por toda la eternidad.
Este trabajo recibió dos años después de su publicación el Premio Internacional de Literatura Ennio Flaviano. A pesar de su brillantez, presenta a mi modo de ver un factor de distorsión, me refiero a la calidad de la prosa y a la capacidad analítica de su verdadero autor. Y es que Vázquez Montalbán pone sobre el papel los que, a su juicio, fueron los pensamientos y modo de ver la vida de Franco, y lo hace con total honestidad, imparcialidad y respeto, pero con sus propias palabras, con su impecable estilo, con una lógica, una formación cultural y una larga experiencia periodística y literaria que en absoluto se corresponden con las del biografiado. Eso podría crear una imagen falsamente favorable en quienes carezcan de un contexto donde situar los hechos que se narran.

Del mismo autor: Galíndez