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martes, 12 de noviembre de 2024

Anónimo: Vidas de santos

Idioma original: inglés

Título original: Live of Saints

Traducción: Nuria Parés

Año de publicación: 1953

Valoración: Interesante

 

Sí, es exactamente lo que parece, hagiografía pura y dura.

Aunque ahora se reduzca a ser Halloween, lo cierto es que en el mundo católico el reciente 1 de noviembre siempre fue el Día de Todos los Santos. Así que, aunque con unas fechas de retraso, dedicaremos la reseña de hoy a algunos de esos personajes que llenaban viejos calendarios con nombres que en muchos casos evocan como mínimo a bisabuelos con bigotes. Todos o la mayoría de esos Serapios, Paulinos y Rigobertos que andaban o andan por el mundo están, ellos o sus ancestros, relacionados con viejas onomásticas religiosas.

En este extraño y generoso volumen no consta autor, aunque una prosa bastante uniforme apunte a una única pluma, quizá la de un tal Walter J. Black que aparece en los créditos, y podría ser una versión reducida de algunos santorales anteriores que se remontan por lo menos al siglo XVIII. Como santos los hay a montones, se agradece que nos seleccionen a una élite de alrededor de cincuenta, a unas páginas de semblanza para cada uno, cribado que hace el libro más asequible, quizá a costa de perdernos alguna extravagancia de las muchas que sospecho debe haber por ahí. En todo caso, parece que tenemos a los más famosos, lo que me parece claramente suficiente.

Reconozco que, aun después de leer el libro y quizá por situarme algo lejos de ese pío entorno, sigo sin saber muy bien qué es un santo, ni si tienen que cumplir unas condiciones o si se trata de algo más o menos discrecional o movido por criterios que cambian con el tiempo. Entonces quiero verlo como el título honorífico de Sir, una distinción que alguien, sea la Corona inglesa o la Iglesia católica, otorga por entender que hay merecimientos de algún tipo para que el personaje sea ponderado de una manera especial, elevado a los altares en nuestro caso. A la luz de la lectura, me voy a permitir un intento de caracterizar algunos grupos de personajes tipo que, según lo que dice el libro, se ganaron la entrada en ese amplio panteón de ilustres:

  • Los mártires: mérito bastante generalizado en los primeros tiempos del cristianismo, cuando sus apóstoles intentaban extenderlo por el Este y Sur del Mediterráneo encontrando desde luego una oposición bastante feroz en muchos lugares
  • Los defensores de la ortodoxia: otro buen puñado de nuestros héroes se distingue por haber sido látigo frente a las sucesivas herejías, que fueron numerosas. Como si se tratase del Komintern, la Iglesia puso todo el empeño en evitar cismas, algunos de los cuales no obstante prosperaron y de qué manera  
  • Los estudiosos: los que creo que se llaman doctores de la Iglesia, tipos sesudos a los que hoy quizá llamaríamos teólogos, dedicados a estudiar e interpretar las Escrituras y extraer sus enseñanzas
  • Los misioneros y evangelizadores, algunos de los cuales también terminaron de mala manera por llevar la Buena Nueva al mundo pagano, incluidos diversos países de Europa que todavía no habían conocido la Palabra. Incluiríamos aquí a religiosos que, sobre todo a partir del siglo XVII, trabajaron por extender la educación en especial a los sectores más desfavorecidos, dejando nombres que hoy siguen luciendo en multitud de colegios que todos conocemos.

Hay que subrayar que una proporción muy elevada, casi la totalidad de los que aparecen en el libro, se distingue por haber llevado una vida de sencillez y austeridad en ocasiones incluso obsesiva y desproporcionada, renunciando a sus bienes y a todas las comodidades, a veces para retirarse a la vida contemplativa del ermitaño, otras para vivir de la limosna y compartir las penalidades de los pobres. Este desapego de lo material parece uno de los méritos más valorados, en contraste con tantos comportamientos que son bien conocidos.

Un último grupo del que casi me olvidaba es el relacionado con el misticismo. Todos nuestros santos parecen haber escuchado de alguna manera llamadas del más allá para cumplir ciertas misiones, pero a veces las cosas van mucho más lejos, de manera muy especial, y siento tener que decirlo, en el ámbito femenino: voces, arrebatos, éxtasis y visiones se hacen presentes en la vida de unas cuantas santas junto con comportamientos que personalmente me dan bastante mal rollo. Por citar solo el caso que me pareció más turbio, Catalina de Siena, que  tenía como veinte hermanos (lo que quizá explique algunas cosas), con quince años se azotaba tres veces al día con una cadena, y además de todas esas peculiares experiencias místicas parece que tenía estigmas que solo ella podía ver. Algo así como la santa que cantaba Parálisis Permanente. Por lo visto su cuerpo reposa separado de su cabeza, cada parte en un lugar diferente, lo que entre santos tampoco es algo tan excepcional como parece, y para colmo se le reconoce, no sé por qué, como patrona de Europa (ups).

Pero vamos, por ir terminando, salvo excepciones son gente claro está muy devota pero que parece bastante normal. Otro tema es que hicieran milagros, que creo que sí es condición sine que non. Curiosamente, en el libro solo se hace a esto alguna alusión muy de pasada y precedida de se dice, se cuenta y cosas parecidas. No sé, puede ser el origen anglosajón del libro, que en un determinado momento reconoce ‘cierta tendencia a embellecer las tradiciones de los mártires para que así no fueran nunca olvidados’. Una conclusión bien sencilla que tampoco requiere mayor explicación.

Está claro que leerse la vida (aun sin milagros) de cincuenta y tantos santos puede resultar una idea algo extraña. Pero habrá que reconocer también, y leyendo el libro se ve muy claro, que independientemente de las convicciones de cada uno, nuestra cultura tiene una indudable raíz cristiana, y lo que encontramos en el texto, aparte de las peripecias particulares de cada personaje, es la historia misma de Europa: desde su penetración en el Imperio romano, la vertebración del continente cuando se produjo la caída de aquel, las luchas derivadas de las distintas escisiones o la influencia decisiva en los Estados que se fueron formando. Algo que podría continuar hasta la actualidad, cuando no sé si se siguen añadiendo más santos, y cuando la religión en general ha perdido relevancia y el poder de la Iglesia ha quedado reducido a poco más que lo simbólico.


domingo, 5 de julio de 2020

The Justified Ancients of MU MU: 2023

Idioma original: inglés
Título original: 2023. A Trilogy
Año de publicación: 2017
Traducción: Javier Calvo
Valoración: decepcionante

No sabemos lo que esta gente nos tiene preparado para el 2023. Supongo que Bill Drummond y Jimmy Cauty, componentes de los míticos KLF, y supuestos autores (o inductores) de esta novela, estarán vivos y serán conscientes de que la gran broma, su gran broma, debe ser llevada a cabo, llevan décadas advirtiéndolo.
Aunque ya os aviso que 2023, como libro, me ha parecido suficiente anticipo de la broma para no ir a estar demasiado pendiente. No solo porque el 2020 ya esté siendo un año sonado, sino porque ya no me quedan muchas ganas.
Lo quieran o no, los KLF o cualquiera de sus guisas serán recordados por un gran disco, The White Room, y por un show mercadotécnico-psicodélico que incluyó la famosa quema del millón de libras y la constatación de que, no solo por eso, se trata de un par de pirados a los que no hay por qué reír todas las gracias.
Y 2023, novela en tres partes  o tomo o ensayo firmado por los Justified Anciens of MU MU, huele desde sus primeras páginas a ejercicio de onanismo de aquel que piensa que su masa de fans lo absorbe todo y no critica nada.
Desde sus párrafos con mayor contenido esotérico hasta el (excesivo) relleno, del estilo "llenemos páginas como sea", el libro no hay por dónde cogerlo, aunque he de hacer la salvedad de que, como suelo hacer, lo he leído en todo momento sobrio y evitando mezclar medicamentos, incluso Mentos y Coca Cola Light. Pero es eso, una broma de unos tipos que, por royalties o por lo que sea, ya viven bien como para hacer lo que les sale de las narices sin atender a reacciones.
Y yo no puedo decir que esto me guste, más bien es un panfleto o como si alguien esperara (por ejemplo, la gente del sello ZTT) que las notas interiores propagandísticas y alucinadas de ciertos discos pueden tomar forma literaria. No. Y Cauty y Drummond, o quien quiera que haya sido el encargado de redactar esta novela, no dejan de hacer una especie de ejercicio constante de namedropping a costa de ir capturando la atención del lector hacia algo que, confirmo pues he tenido la paciencia de acabar el libro, no lleva más que a una especie de no-final, como si el tambor hubiera quedado suspendido en el redoble eternamente. Mezclar ese delirante mundo distópico y aderezarlo de nombres y referencias directas o veladas a toda civilización pop inmediatamente anterior y posterior no centra la novela, al contrario, contribuye a dispersarla y a convertirla en una especie de acto de exhibicionismo cultural alternativo (o no) que bebe de las fuentes pop y osa presentarse como una especie de ceremonia de inhumación o puesta en duda de esas mismas fuentes. Todo integrado en una argamasa de tramas conectadas en teoría pero confusas en la práctica.
Tanto que un amago de sinopsis incluiría un mundo distópico donde cinco grandes empresas tecnológicas han absorbido los estados y por las calles de las ciudades pululan personajes reales con nombres duplicados, ritos paganos descabellados, libros que vuelan desde los balcones, famosos que se creen designados por el Universo para a saber qué extraño propósito, desmanes todos ellos acumulados sin orden ni concierto o sin más gracia de la que supuestamente pueda tener intentar hallar orden en tamaño caos. La compota generada es tan dispersa o ampulosa que acaba queriendo absorberlo y explicarlo todo, desde los virales del Twitter (¿de verdad había que mencionar lo del vestido bicolor?) hasta el hecho de que la humanidad es esclava de sus redes de comunicaciones. Ya se sabe lo que se dice sobre quien mucho abarca.

Y ya que estamos: esto lo publicó, en 2017, Malpaso. Un libro tan, ejem, freaky, obviamente enriquece de alguna manera (ni que sea por principios) el catálogo de cualquier editorial. Pero Malpaso publicó, y sigue publicando, libros buenos y malos, libros interesantes y libros prescindibles, claro, como cualquier editorial, y siempre respetando los gustos de cualquiera. Entonces ese negocio puede ir bien o puede ir mal, y los números pueden salir así o de esta otra manera, y entiendo que a quienes apuestan, mejor digamos, arriesgan por la cultura, las cosas pueden no salirles siempre a su gusto y según lo planificado. Por eso uno, antes de huidas hacia adelante, u operaciones inexplicables financieramente, debería pensar no en quien arriesga patrimonio sino en quien necesita cobrar su trabajo para esa manía persistente en la raza humana de comer cada día y sobrevivir.
Malpaso, tus libros pueden gustarnos o no, no sería justo arrastrar a vuestros autores que nos gustan por el barro de  las consecuencias de vuestra gestión, pero, venga, id pagando ya, narices.