jueves, 24 de diciembre de 2020

Luis Mateo Díez: Gente que conocí en los sueños

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2019

Valoración: Se deja leer


Gente que conocí en los sueños, título sugerente, no me dirán que no. Y hasta cierto punto descriptivo, pero solo hasta cierto punto, porque los cuatro relatos que componen el libro hablan, más que de sueños, de esa zona inestable entre la vida y la muerte que a todos nos tienta evocar, poblada por fantasmas, almas en pena, personajes que han quedado a mitad del recorrido, o que lo han hecho a la inversa, presencias incorpóreas, seres que pueden ser reales o producto de nuestras obsesiones, quizá de los sueños, también, como dice el título.

Esos personajes que se mueven entre dos mundos no necesariamente son almas atormentadas o se mueven con ánimo vengativo, como tantas veces vemos. Es simplemente que han quedado atrapados entre esos pliegues misteriosos, o en zonas indeterminadas del tiempo, como el Aurelio de Los viajes fantasmales, el primero de los relatos. Tanto es así que pueden circular por un mismo lugar en distintas épocas, dejándose ver, o intuir, por los parroquianos que frecuentan las tabernas. Con personaje dotado de semejante capacidad, la dosis de humor se funde con lo sobrenatural en una mezcla inesperada, bastante convincente, aunque no nos llegue a entusiasmar del todo. Es como un juego que, aunque ingenioso, no pasa de una propuesta bienintencionada.

Por seguir con la mención de los cuentos, ese brillo de lo humorístico se desdibuja en los siguientes, donde Los muertos escondidos presenta un caso de muerto/desaparecido, en el relato quizá más brumoso de todos, y Las amistades del diablo habla sobre una presencia que de forma imperceptible toma el mando de las situaciones, con algunos giros interesantes pero quizá con una referencia tan evidente al Fausto que no sé si es un homenaje o una recreación ligera del clásico. 

Los círculos de la clausura plantea por su parte dos escenarios paralelos, un convento de monjas y una prisión, una dualidad más o menos obvia aunque bien manejada, con relatos alternativos en los que se entretejen breves tramas con aire de thriller y personajes que, como casi todos los fundamentales del libro, transitan de nuevo entre la vida y la muerte. La historia desarrollada en el convento, lejos de la solemnidad esperada, transmite cierto aire desenfadado y proporciona los momentos más sorprendentes.  

Como se ve, se parte siempre de un planteamiento bastante original, con aquellas presencias de origen y naturaleza dudosos que interactúan en el mundo real no de forma amenazante o perturbadora, sino como unos humanos más, quizá con un punto de ingenuidad. Es por tanto un tratamiento ingenioso, pero que en mi opinión carga con un lastre considerable: el estilo moroso, la frase interminable que conduce de un asunto a otro hasta hacernos perder la perspectiva, una prosa de cierto tono clásico pero también plomizo, que aplasta la frescura que puede tener la idea inicial. No sé si es el estilo propio del autor (de quien no conozco otras obras), o la intención de envolver los relatos en una especie de humo que refuerce la atmósfera de misterio e indefinición de lo que se cuenta, pero el resultado es que, a mi juicio, se echan a perder lo que en principio incluso pudieran haber sido buenas historias.

Parece ser que Mateo tiene afición a esas zonas de penumbra entre lo real y lo soñado, entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Se ve que tiene también ingenio para inventar situaciones y personajes, pero todo queda sumido en un bloque a la vez un poco pesado e intrascendente, sin brío e irremediablemente algo aburrido.

P.S.: Nórdica siempre es una editorial que cuida mucho sus presentaciones, y esta vez incorpora algo bastante inusual: unos cuantos dibujos de la ilustradora MO Gutiérrez Serna. No están mal las decoraciones, y le dan un aire diferente al libro aunque, sinceramente, no veo que tampoco mejoren demasiado las historias que acompañan. 


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayer me comentó un amigo precisamente que los mejores libros, muy recomendables son los escritos en su primera época. Yo era un poco reacio a probar, no me daba buenas vibraciones pero le voy a hacer cosa y voy a leer alguna de las que me dijo. Veo que la reseña se refiere a una obra reciente y por lo que dices, vamos a tener razón, que lo mejor no es precisamente lo último.

Antonieta dijo...

Pues uno de mis criterios de selección frente a un autor o aurora que no conozco, también es la época, el año de nacimiento, junto con los otros clásicos de la lista de chequeo. Resulta un buen predictor, como dice tu amigo.

Abraz🌀s✌️

Carlos Andia dijo...

Va a ser lo que decís. Por mi parte, dudo si le daría otra oportunidad con alguna obra más antigua, pero quién sabe.

Saludos y gracias por vuestra visita.

Óscar Pérez dijo...

LA FUENTE DE LA EDAD. Con mayúsculas; y no digo más.

Carlos Andia dijo...

Amigo Óscar, siendo tan escueto me he tenido que tomar el trabajo de averiguar qué demonios es 'La fuente de la edad'. Bien, pues veo que es una novela que toca ambientes y temas bastante relacionados con el libro que comentaba, y deduzco que en tu opinión es una novela de mucho valor. Yo no tengo ni idea, no sé si hay otras opiniones al respecto, y en todo caso tomo nota para una posible (aunque no muy probable) lectura futura.

Gracias por tu aportación (y la próxima, porfa, estírate un poco más).

Lupita dijo...

Hola, Carlos:

Mateo Díez es un enorme escritor, pero es más un creador de ambientes o mundos propios que un escritor de tramas emocionantes. Diríamos que en el eterno enfrentamiento estilo-historia, se decanta por el primero. Por eso, y por su forma clásica y morosa de escribir, se aleja de los gustos más actuales.

Yo estudié su obra en la universidad, y me gusta mucho. He leído varios de sus libros y bastantes artículos de "El país"
De él destacaría sus cuentos breves y su dominio del lenguaje.

Os dejo un microrrelato de "Los males menores", un libro que recomiendo mucho.

"Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio"

En definitiva, un escritor con dominio del lenguaje, creador de un mundo propio y que busca la ambigüedad y los juegos con la vida y la muerte, pero que a algunas personas les resulta soporífero. Un vestigio de otra época.

Saludos

Carlos Andia dijo...

Hola Lupita. Como es habitual, me alegro de que haya gente (y veo que hay bastante) a la que un libro o un autor le gusten más que a mí. De todas formas, no estoy muy de acuerdo cuando parece que identificas estilo clásico (si es que eso existe) con aburrido, si no he entendido mal. Si tomamos como 'clásico' o 'antiguo' lo que tiene digamos cincuenta o setenta años, o cien, hay cientos de ejemplos de autores que no solo no aburren sino que escriben con una prosa audaz, innovadora, nerviosa, quebradiza... mil formas de expresarse que, muy al contrario, son un aguijonazo al lector, un revolcón a una lectura acomodada. Y tampoco digo que Mateo escriba mal, pero sí con un estilo que a mi personalmente no me convence y que -y esto es más importante- me parece que echa a perder lo que en principio son las ideas originales que están en la raíz de lo que cuenta. Aunque también es verdad que un libro de relatos y además muy reciente igual no es la mejor piedra de toque para valorar al autor.

Pues nada, que gracias por comentar y acompañarnos siempre.

Lupita dijo...

Hola de nuevo:

Leí por última vez a Mateo Díez en 2006 o así, y me gustan más sus primeros libros. Creo que has intuido muy bien cuál es el estilo "conductor" de su obra, y porqué no te convence. A mí, personalmente, me gusta más en su narrativa breve, porque en las obras más largas se pierde con las palabras y los finales no quedan tan "redondos" También, emocionalmente, es un escritor al que leí en una época muy bonita de mi vida, y veo aquellos libros adornados por la nostalgia.

Por otro lado, para mí lo antiguo no es aburrido,(¡si leo en castellano antiguo!), sino que daba una visión personal de cómo la escritura de este hombre (morosa, de frases larguísimas) se aleja de lo que pueda gustar al lector contemporáneo que busque ritmo fluido y "rendimiento" de su tiempo.

Lo de que hay una forma "clásica" de escribir o más tradicional, seguro.

Saludos