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miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


sábado, 18 de octubre de 2025

Flann O´Brien: Crónica de Dalkey

Idioma original: inglés

Título original: The Dalkey Archive

Traducción: Mª José Chuliá García

Año de publicación: 1964

Valoración: Recomendable alto


Flann O´Brien es uno de los autores más originales que he podido leer, con una asombrosa capacidad para la digresión (inevitable buscar referencias en Laurence Stern), manejo del humor, a veces sutilísimo y a veces absurdamente grotesco, y sin límites aparentes para internarse en el disparate, rozando lo alucinatorio (El tercer policía, que me sigue pareciendo que trasciende con mucho la simple floritura imaginativa) o lo metaliterario (En Nadar-Dos-pájaros). O sea, creatividad por los cuatros costados, aunque siempre teniendo delante las peculiaridades de esa Irlanda que parece marcar de forma decisiva la literatura de la isla. 

En Crónica de Dalkey nos encontramos a aquella especie de científico-filósofo llamado De Selby, cuya desternillante bibliografía salpicaba de tanto en tanto El tercer policía. Ahora lo encontramos en persona, un tipo con economía en apariencia bien saneada (recuerda al Canterel de Roussel) que vive aislado en un caserón junto al mar y atesora importantes secretos. El tipo es capaz de gobernar de alguna manera el tiempo para, en una cueva submarina, comunicarse con personajes del pasado (cómo le hubiera gustado esto a Papini), encuentros en la práctica limitados a ciertos padres de la Iglesia católica con quienes discute bastante acaloradamente. Y dispone además De Selby de cierta sustancia con la que se plantea seriamente acabar con la Humanidad al completo. 

También filosofan o exponen ideas extravagantes otros personajes, como cierto policía que insiste en cierta transmutación entre hombres y bicicletas, e incluso los dos jóvenes que rulan entre tan peculiares personajes, todos ellos bien abastecidos de whiskey, cervezas o lo que se tercie, porque el alcohol fluye sin tregua a lo largo de todo el libro. Diálogos absurdos, o mejor dicho incrustados de todo tipo de desatinos, formulados con total seriedad, y cuajados de giros repentinos a otras digresiones (la práctica de la natación, el carácter supuestamente mendicante de los jesuitas, opiniones sobre Jonás el de la ballena), el universo infinitamente enredado y loquísimo que acostumbra a mostrarnos el gran O´Brien.

Pero no para ahí la cosa, porque un poco casualmente encontramos a un James Joyce al que se suponía muerto, que sin embargo ejerce de camarero en un pub y solo recuerda haber escrito Dublineses y un borrador del Ulises que aborrece y que, según asegura, utilizó sin consentimiento su editora Sylvia Beach (ésta es auténtica). Con lo cual ya tenemos medio completo el panteón irlandés, porque Joyce por una parte y la Iglesia católica por otra, y también ambos entremezclados y sazonados en alcohol, sostienen la estructura del libro en la que, como en otras ocasiones, el autor no se corta en absoluto a la hora de dejar cabos sueltos o subtramas abandonadas, o poco menos.

Todo es un desparrame de creatividad empapada de humor que podría extenderse sin medida si O´Brien lo quisiera así, porque se diría que el libro termina cuando el autor simplemente se cansa de sus monstruitos y le coloca un final que apenas tiene que ver (¿o sí?) con todo lo que hemos leído hasta entonces.  Y sin embargo, se le nota una tonalidad algo diferente a algunas de sus otras obras, como capas teñidas de un poco más de seriedad, quizá algo más intimista o reflexivo, como si estuviese planteando al lector, vale, te he sorprendido, te has reído y hemos puesto a prueba el ingenio, pero también te he dejado pistas sobre las que, despejando un poco el humo del sarcasmo y el malabarismo, puedes detenerte un momento. Esto no era una simple diversión, descubre tú mismo lo que está debajo: Irlanda con sus pubs, sus pequeños pueblos y su vida provinciana, impregnada por un catolicismo al que se puede poner a prueba o someter a un tercer grado, con su más ilustre personaje volteado y proletarizado. Así de complejo, sorprendente e inclasificable.

martes, 25 de marzo de 2025

Barbara Cassin: La nostalgia

 

Idioma original: francés
Título original: La Nostalgie. Quand donc est-on chez soi?
Traducción: Alicia Martorell Linares .
Año de publicación: 2013.
Valoración: casi irreseñable

Tras leerlo dos veces en el término de unos seis meses, he de decir que libros como éste hacen que uno, casi,  tire la toalla. Por una parte, porque su puro postulado es algo con lo que uno no puede ni estar ni no estar de acuerdo: la nostalgia como un poderoso argumento sobre el que especular y divagar. Su explicación, no exenta de la polémica más simplista (asociémosla al término nostálgico como retrógrado o anclado en el pasado) o incluso apelando al más venerable sentimiento humano - la añoranza de aquello que ya no tenemos, desde lugares hasta personas hasta puras sensaciones. Su puro desarrollo, en las tres partes que apelan a tres puntales de la cultura (eso sí, occidental) como son Ulises, Eneas y Arendt, revelador del trabajo intelectual, del análisis y profundo conocimiento de la autora. Quién puede discutir eso.

La cuestión, pues, ya que el libro ha sido objeto de encendidos elogios en medios no tan profundamente intelectualizados, es si, para un tema tan objetivamente universal, necesitamos un análisis de tanto calado. Llamadme prosaico, pero en el mundo presuroso y frívolo de hoy, la cuestión puede reducirse dramáticamente. Nostalgia, como evocación puntual de otro momento, sí, claro, pero no como planteamiento vital. Muchos estarían de acuerdo, pero el desarrollo se haría interminable. Cassin, insisto, analiza la figura de la añoranza de otro lugar, de otro momento, desde esa triple perspectiva. Mística, sentimental, etimológica. 

 Y yo no es que reniegue de ejercicios de este tipo, y desde luego la profundidad del análisis, la capacidad de Cassin de proyectarse por encima de mitos literarios y filosóficos está por encima de cualquier duda. Y no voy a romper una lanza por “rebajar” el tono intelectual de ciertos escritos simplemente para ampliar el rango de sus potenciales lectores, pero quizás hubiera disfrutado más de esta lectura si los ejemplos usados fueran más cercanos en el tiempo, más asimilables con el devenir de la vida moderna, y sé que habrá (con razón ) quien piense que en los clásicos está todo, están todas las figuras retóricas, los sentimientos humanos y las situaciones que alimentan la cultura. Pero esa algo irritante ostentación erudita aleja el tratamiento de un tema universal de una perspectiva, siglos más tarde, forzosamente diferente.



miércoles, 22 de mayo de 2024

Yasmina Khadra: Los virtuosos

Idioma original: Francés
Título original: Les vertueux
Año de publicación: 2022
Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano
Valoración: Recomendable

Es curioso. Pese a ser Yasmina Khadra uno de los escritores árabes más leídos y traducidos (si no el que más), hasta ahora solo hemos reseñado una de sus novelas. Enmendamos en parte el "error", extensible por cierto a la literatura árabe, con la reseña de su última novela, esta Los virtuosos localizada en la Argelia natal del autor y ambientada entre los años 1914 y 1950, aproximadamente.

Protagonizada por Yacin, una suerte de Ulises de las arenas del desierto argelino sometido a pruebas que a veces entroncan con las del héroe homérico, Los virtuosos no puede tener un comienzo más prometedor: el citado Yacin, pastor más pobre que las ratas y más inocente que un recién nacido, es "convocado" por el caid, una especie de caudillo local, para que sustituya al hijo de este en el ejército francés que combatirá en la Primera Guerra Mundial. Promesas y amenazas mediante, al bueno de Yacin no le quedará más remedio que embarcarse en el horror.

Terminado el periplo europeo, Yacin regresa a su Argelia natal y la novela pasa de ser una novela de "formación" a ser más una novela de "aventuras" en la que sucesivos destierros y reencuentros, búsquedas y hallazgos, violencias y remansos de paz, nos harán acompañar a Yacin y a algunos de sus compañeros de armas en su particular odisea y nos acercarán a la historia argelina de la primera mitad del siglo XX.

Pese a ese prometedor punto de partida inicial, creo que a esa primera parte de la novela le cuesta despegar. En particular, las escenas bélicas me remiten a películas ya vistas, a libros ya leídos y a historias más y mejor contadas (me vienen a la cabeza testimonios directos como El miedo de Chevalier, Sin novedad en el frente de Remarque o películas como la inolvidable Senderos de gloria). Esto no significa que sea una mala primera parte de la novela, ojo. Su integración en el todo de la novela es más que correcta y cumple su función como introducción de personajes que luego serán fundamentales en el desarrollo de la novela y como presentación del personaje de Yacin. 

A partir de ahí, creo que la novela crece. La historia trágica y, al mismo tiempo ridícula, de Yacin se convierte en la historia de sucesivas búsquedas, interiores o no, en una exploración por las contradicciones del ser humano en un contexto histórico y geográfico muy determinado pero bastante universal. 

Así, Los virtuosos resulta ser un texto en el que ternura y crudeza se complementan, en el que el destino juega un papel clave y que, pese a cierta desproporción entre el peso de unas escenas y otras (por ejemplo, los más de 10 años de cárcel de Yacin se despachan en un puñado de páginas mientras otros períodos más breves y más de "transición" ocupan mucho más espacio) y algunas expresiones algo chirriantes (desconozco si venían ya de serie o son cosas de la traducción), acaba dejando un buen sabor de boca.

También de Yasmina Khadra en ULAD: El loco del bisturí

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Colaboración: ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?, de António Lobo Antunes

Idioma original: portugués

Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?

Traductor: Antonio Sáez Delgado

Año de publicación: 2009

Valoración: interesante y muy recomendable para fans


¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.

¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.

Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.

Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda. 

Firmado: César

También de Lobo Antunes: Aquí


lunes, 28 de febrero de 2022

Ilustres olvidados #1 La Ilíada, de Homero

Resulta que mañana, 1 de marzo, este blog cumple exactamente trece años. Muchos, eh? Muchas reseñas de muchos libros han pasado por aquí, desde luego. Pero somos gente seria, austera, infatigable, y no nos permitimos celebrar con festejos esta entrada en la adolescencia. Al contrario, nos mortificamos con lo que después de esas cuatro mil no sé cuantas reseñas todavía no está en ULAD, las ausencias inexplicables, los Ilustres olvidados.

Serán autores a los que injustamente nunca les dimos un hueco (a algunos ya los rescatamos hace algún tiempo pero faltan más), libros esenciales que pasamos por alto, vacíos todos que nos impiden conciliar el sueño. En unas cuantas entradas durante esta semana repararemos algunos de esos agujeros. Nos quedarán más, pero con el tiempo iremos a por ellos.


Idioma original: griego antiguo

Título original: Iliás (λιάς)

Traducción: Vicente López Soto

Año de publicación: siglo VIII a.C. o por ahí

Valoración: Bastante recomendable


Si hablamos de libros ilustres que todavía no habían llegado a ULAD, el bueno de Homero es un nombre que no puede faltar. En general no estamos haciendo mucho caso a los clásicos griegos (una pena, algo que iremos solucionando) pero dejar fuera al viejo poeta no tiene perdón. ¿Quién nos hubiera contado mejor las aventuras de Ulises (Odiseo) surcando el Mediterráneo acosado por todo tipo de monstruos? ¿Qué hubiera escrito Joyce sin esa inspiración? (bueno, seguro que hubiera encontrado otro filón vaya usted a saber dónde) ¿Dónde hubiéramos encontrado un mejor relato de la cólera de Aquiles y su (casi) irrevocable enfado con Agamenón? Pues bien, tomemos esto último para empezar a hablar de La Ilíada.

Por lo visto, no está claro cuánto tiene la guerra de Troya de realidad o de leyenda. El caso es que muchas fuentes anteriores a Homero mencionan cosas fragmentarias sobre este terrible conflicto, del que se dice que se prolongó durante diez años. Pero si usted espera que La Ilíada nos cuente su desarrollo y pormenores, incluidos el numerito del caballo y el del talón de Aquiles, lo tiene crudo. Lo que hace Homero a lo largo de sus quince mil y pico versos distribuidos en veinticuatro cantos es relatar una pequeña parte de esa guerra, a decir de los expertos una fase de unas cuantas semanas localizada en el último año de combates. Aun así, el libro nos informa de muchas cuestiones fundamentales en relación con los diferentes (y muy numerosos) protagonistas del choque.

Se dice que el origen de la guerra fue el rapto de la griega Helena (lo de rapto es algo bastante dudoso) por Paris, uno de los muchos hijos del rey de Troya. Por intercesión de los dioses (ya hablaremos luego de esto) el rey Agamenón reúne un ejército para recuperar a la bella Helena y de paso destruir a los odiados troyanos. La coalición es muy potente, pero le falta la pieza clave: el gran Aquiles, hijo del rey Peleo y la diosa Tetis, está enfurruñado con Agamenón porque le ha birlado a una esclava que Aquiles obtuvo de un saqueo, y por lo visto estimaba mucho. El héroe se desplaza con los demás a Troya pero se queda en su tienda rumiando su enfado, mientras los demás griegos se batían el cobre frente a las murallas de la ciudad. Las fuerzas troyanas las capitanea otro tipo de cuidado, el divino Héctor, cuya fuerza y valor hace que la balanza se incline poco a poco del lado de los sitiados, en principio menos poderosos.

Todo esto lo cuenta Homero en sus versos, afortunadamente trasmutados para nosotros en una prosa fluida y muy asequible, con algunas peculiaridades, parte de ellas compartidas con otros clásicos de la época y la región. Una muy señalada es la propensión a los largos parlamentos, muchos de ellos colocados en los momentos más inoportunos, ya saben, cuando uno de los combatientes va a acometer a su oponente, larga un discurso resonante, que puede ser reivindicativo, amenazante o protocolario, incluso teñido de un negro sarcasmo frente al oponente muerto, que también. La cosa recuerda, si se me permite la frivolidad, a esos animes japoneses donde, entre puñetazo y puñetazo, se intercalan peroratas y reflexiones eternas. Pero en el caso de Homero todo está al servicio de la épica de la lucha y la exaltación de los combatientes. Son tipos aguerridos, valerosos y casi sobrehumanos. Aunque también se nos dejan ver sus debilidades, lo que es un signo importante que distingue al autor. Todos los héroes dejan en algún momento al descubierto flaquezas propias de cualquier persona: el rebote, un poco infantil, de Aquiles, cierta tendencia al derrotismo y la huida cuando las cosas se ponen feas, dudas en momentos decisivos. Los caudillos de uno y otro lado, pese a su carácter titánico, no escapan a su naturaleza humana, aunque sea momentáneamente.

El autor se muestra equidistante entre ambos bandos, no está contando un hecho histórico que se preste a tomar posición, quiere relatar la inmensa epopeya de hombres que son casi dioses y que pelean, más que por una patria o por un objetivo determinado, por el honor de la victoria… y de paso por las posibles recompensas (riquezas, mujeres, esclavos). Solo en la última fase Homero parece escorarse del lado de los aqueos, seguramente porque la muerte de Patroclo por Héctor (el hecho determinante del desenlace) no le parece del todo honorable. Por lo demás, llama la atención alguna digresión que, aunque quizá no para el autor, tiene tintes cómicos, como una larga discusión sobre si es preferible desayunar o no justo antes de iniciar la batalla decisiva.

Se puede hablar sobre otros muchos aspectos. Quizá el más sobresaliente es el papel de los dioses en todo este desaguisado. Allá arriba, en el Olimpo, un buen puñado de dioses, encabezados por Zeus, dejan ver innumerables rencillas que les llevan a engañarse unos a otros, buscando cada uno su interés o sus deseos de venganza, porque se dirían más humanos que los que luchan a ras de tierra. Unos y otros (Atenea, Apolo, Poseidón y una larga nómina) maniobran buscando la victoria del bando que les conviene, sin dudar a la hora de mezclarse en la guerra disfrazados, asesorando o alentando a los soldados, o directamente atacando a quien se tercie. Así, la guerra viene a ser una especie de juego de rol, y los imponentes héroes meros peones movidos a discreción por las deidades.

Pero no me extiendo más. Puede que la lectura se nos haga algo larga, y sobre todo que nos cueste un poco asumir un ritmo y unas líneas argumentales que en algunos momentos resultan extrañas a la literatura bélica actual. Pero es también un libro que deja un poso importante, algo que se debe conocer. Un Imprescindible para el amante de la literatura, un Recomendable para aquellos a quienes simplemente les gusta leer.


Algunas versiones, o libros relacionados, sobre los que hemos hablado en ULADEl manga, El asedio de Troya

domingo, 6 de febrero de 2022

Jorge Carrión y Javier Olivares: Warburg & Beach

 Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: entre recomendable y está bien

Nos encontramos hoy ante un cómic de lo más curioso; en primer lugar, por su formato: en vez de estar editado en las habituales páginas separadas, como cualquier otro libro, se desarrolla a lo largo de ambas caras de una única hoja de papel, plegada luego como un acordeón y que el lector puede ir desplegando a su gusto. En verdad, no es que este formato tenga una importancia decisiva en la narración,  aunque quizá sí haya sido elegido para otorgar un continuo a los diferentes capítulos en que se divide el libro, en principio independientes unos de otros.

El otro aspecto inhabitual en este cómic o novela gráfica se refiere a su temática. W&B trata sobre distintas facetas del mundo del libro -algo que nos remite a los ensayos firmados por su guionista, Jorge Carrión-, pero no tanto , aunque un poco sí, a los desvelos de los y las escritoras, como a los de otros personajes e instituciones que tienen que ver con su nacimiento y difusión; en el caso del prólogo, por ejemplo, titulado Johnson & Wollstonecraft, nos habla de la relación entre la pionera escritora feminista Mary Wollstonecraft y su editor Joseph Johnson, a finales del siglo XVIII. Algo parecido ocurre en el primer capítulo, Beach, donde se nos cuenta el nacimiento, a manos de la norteamericana Sylvia Beach, de la ya legendaria librería parisina Shakespeare & Co. y su no menos mítica labor como editora del Ulises de James Joyce (efeméride de la que se cumplen estos días los cien años, precisamente).


La segunda parte está dedicada a Aby Warburg, hijo de un industrial judío alemán, amante de la lectura y estudioso que creó en Hamburgo una biblioteca -hoy el Warburg Institute, con sede en Londres desde 1933, por razones obvias y con 60000 volúmenes, más láminas y archivos- donde pudieron documentarse filósofos e historiadores como Ernst Cassirer, Erwin Panofsky y el propio Warburg, quien, a pesar de sus problemas psiquiátricos, elaboró su Atlas Mnemosque, buscando unir la filosofía y la historia de la imagen.

Por último, el epílogo está dedicado a la librera Frances Steloff, de la neoyorquina Gotham Book Mart, lugar emblemático para las vanguardias literarias y artísticas en la ciudad a mediados del siglo XX, y su relación con uno de sus más eximios representantes por aquel entonces, el francés Marcel Duchamp.


Aparte del curioso formato y del vigoroso trazo -y uso ocasional de la sobreimpresión- del ilustrados Javier Olivares, se ve que hay una línea que une a todos los capítulos, aunque sea tan zigzagueante como el mismo pliegue en acordeón: la relación entre literatos y artistas heterodoxos para su época y las personas que, de un modo u otro, facilitan la plasmación y propagación de su obra. Ahora bien, quizás esta idea resulte más sobrevenida de lo que parece, puesto que el libro da cierta impresión de tratarse más de la reunión de una serie de historias dispersas o lo que sus autores han conseguido cristalizar de un proyecto más amplio, que un libro concebido de esta forma desde un primer momento. No obstante, su lectura, si no se busca esa linealidad conductora con excesivo afán, resulta bastante recomendable e instructiva para quienes piensan que cualquier tiempo pasado ya está, justamente, pasado y que la libertad creativa y el acceso a la cultura son algo ya perfectamente garantizado en nuestra sociedad. No nos confiemos...


Otros libros de Jorge Carrión reseñados en Un Libro Al Día:
aquí

jueves, 3 de febrero de 2022

Julián Ríos: LARVA. Babel de una noche de San Juan

Idioma original: Español (francés, inglés,  neerlandés, etc)
Año de publicación: 1983
Valoración: Desmesurado

Podemos empezar esta reseña hablando del Ulises o del Finnegan´s wake de James Joyce, la más clara influencia de LARVA, pero nos quedamos cortos porque en LARVA también están El Quijote, el Locus Solus de Raymond Roussel, el Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio Fernández o los jueguecitos de palarvas de la atroupellada troupe de Oulipo.

Podemos entonces hablar del "argumento" de esta rompedora, al menos con los cánones en la narrativa española del momento, (anti)novela, del batiburrillo carnovelesco que sucede durante un baile de máscaras en una noche de San Juan o de la digresión permanente disfrazada de farsa o de comedia bufa, pero también nos quedamos cortos porque tan importante como el "argumento" (o más aún) es la estructura del texto.

Así que hablemos de una estructura que podemos dividir en tres partes, aunque estas no funcionen en niveles separados: las páginas de la derecha vendrían a ser el cuerpo principal de la (anti)novela, las de la izquierda serían anotaciones de las anteriores y las finales "Notas de la almohada" serían el complemento más narrativo de ambas, con el cual Ríos demuestra que podría ser un narrador "convencional" de primer orden y que si no lo es, es porque su opción estilística es otra. Pero con esto también nos quedamos cortos porque tanto (o mucho más) importante que la estructura es la "forma" del texto. 

Hablemos, por tanto, de un texto basado en dos pilares fundamentales, el humor y los juegos de palarvas, ya preludiados por la "Nota supernumeraria para adorno de la solapa". En cuanto al humor de LARVA, este va de lo culto a lo chabacano, de la sonrisa sardónica a la carcajada más estruendosa, del puro chiste fónico a las más elaboradas imágenes del absurdo. En lo que respecta a los juegos de palarvas, estos muestran la desbordante imaginación y el larvrutal dominio del slanguaje por parte del autor: anagramas, palíndromos, aliteraciones, doblestriplescuádruples sentidos... en una desmesurada larvacanal de lenguas. Mención especial merece, en este aspecto, el capítulo titulado Algarabía, escrito en su gran mayoría con palabras de origen árabe.

Todo lo anterior hace de LARVA un texto infinito, polisémico, políglota, una lectura pantagruélica, gargantuesca (¿o será gargantuélica?) por la que uno avanza entre el larvasombro y en enerlarvamiento ya que las tropencientasmil referencias o los diferentes idiomas que se mezclan, el continuo "izquierda-izquierda-derecha-derecha-adelante-detrás-1,2,3" hacen que uno sienta perdido en muchas ocasiones y que el ritmo de lectura se resienta, tanto es así que creo que una segunda, tercera, cuarta lectura (¿cuándo?) "favorecerían" a la novela.

Lo ando reescribiendo, voy acabando.

Dicho esto, ¿recomendaría LARVA? Sin dudarlo, sí. Está claro que es un texto muy muy exegexigente (ya digo que en muchos momentos uno está, cuanto menos, desubicado) disparatado, excesivo y desmesurado, pero hay muchas páginas absolutamente brillantes que compensan con creces esas otras en las que uno se pierde. Pero también la vida es así y aquí seguimos, intentando disfrutar (y a veces hasta consiguiéndolo) aunque a veces no entendamos un carajo. ¿O no?

viernes, 26 de noviembre de 2021

Charles L. Granata: Wouldn't it be nice


Idioma original: inglés

Título original: Wouldn't It Be Nice: Brian Wilson and the Making of the Beach Boys Pet Sounds

Año de publicación: 2003

Traducción: Julio Fajardo

Valoración: recomendable para todos, imprescindible para interesados

Resulta que ciertos libros aparentemente de alcance restringido o incluso, digamos, cercanos al monográfico suelen no serlo tanto e incluso disponer de una especie de ampliación de espectro (o, esto, de campo de batalla) que los eleva por encima de géneros y temáticas. Este brillante estudio casi inclasificable en términos de género (¿crónica? ¿ensayo?) se ocupa de analizar el proceso de creación y publicación de uno de los mejores discos de todos los tiempos: Pet Sounds de The Beach Boys, de cuya primera canción toma el título. Y lo hace de un modo exhaustivo en muchos aspectos técnicos y logísticos. Habla de músicos, de canciones, de productores, de estudios de grabación. Todo eso es ya suficiente para el aficionado fascinado por el disco. Pero, al igual que cierto libro que leí y reseñé hace tiempo, sobre el proceso que acabó con la publicación de Ulises de James Joyce, la cosa no queda ahí. Para bien o para mal, todos acabamos siendo un poco mitómanos. No hablo de llenarse la casa de fotos de un artista o usar carpetas para guardar cualquier recorte de prensa que lo mencione. Hablo de interesarse por los detalles del proceso creativo de ciertas obras maestras y que ese proceso, perdonad lo pedante del término, trascienda.

Brian Wilson, cerebro y compositor principal del grupo, mantenía en su cerebro cada uno de los detalles que debían hacer de este disco un paso en la carrera de la banda. Un paso decisivo donde se debía eludir el enfoque comercial y buscar una especie de territorio inexplorado. Pero ese concepto bullía de tal manera que lo eclipsaba todo: el artista aparta toda la hojarasca que se interpone entre su idea y cómo esta se perfila y ello tiene muchas implicaciones. Granata da cuenta de todos los conflictos interiores que Wilson acometía: desde las diferencias creativas con los otros componentes de la banda, algunos de ellos familiares directos, hasta su tendencia hacia ciertas adicciones, sus problemas de pareja y una siempre equívoca identidad sexual, hablamos de los años 60 y el estereotipo era claro: el rock era para hombres fornidos de pelo en pecho. Su propia condición mental pesa en el relato; la música que había concebido, y sus letras, casi constituían una renuncia a sus trabajos anteriores.

Y así es cómo se detalla como un genio, no sé si ya era hora de decir la palabrita, da los pasos hasta que su obra se completa. Emprende un camino de aislamiento casi autodestructivo donde todo se convierte en una obsesión y donde cualquier precio es bajo si se alcanza la perfección. Wouldn't it be nice no es un libro sobre música, sobre un músico o sobre un disco. Podría tratar de  Gaudi y la Sagrada Familia o de Picasso y el Guernica: es un estudio profundo y que esquiva con mucha habilidad atisbo alguno de morbo. Wilson sigue vivo y seguro que aún compone y produce música de vez en cuando. La sombra de su obra no es amenazadora. Prestigio y royalties garantizan una plácida existencia. No se trata de ensalzar su modus operandi ni de enviar a los admiradores a la puerta de su casa (o rancho o mansión) a conseguir autógrafos. Este libro es un reconocimiento y un testimonio de los claroscuros del proceso creativo y esa lectura subterránea lo hace perfectamente asimilable como estudio de cierto perfil de mentalidad artística.

martes, 9 de noviembre de 2021

James Joyce: Retrato del artista adolescente


Idioma original: inglés

Título original: A Portrait of the Artist as a Young Man

Año de publicación: 1916

Traducción: Martin Schifino

Valoración: incómodo


Escribir una reseña sobre un libro incontestablemente clásico como este representa toda una papeleta. Entended que empiece con lo que suena casi como una excusa, pero dentro de la biografía lectora que uno intenta componer para sí mismo hay autores y novelas ineludibles y esta primera novela de Joyce (también por su modesta extensión, menos de 250 páginas) se me antojó iba a ser una de ellas. Otra cosa es que ose plasmar mi impresión y corra a refugiarme del previsible aluvión de críticas que me tildarán desde lector frívolo o apresurado hasta individuo sacrílego incapaz de descifrar las claves ocultas.

Porque he de confesar que se trata de una novela aburrida, casi mortecina, a pesar de que la inmediata impresión tras leer sus últimas páginas no sea la de haber perdido el tiempo, más bien haber superado una especie de tránsito muchas veces de muy difícil comprensión en su conjunto, aunque no pueda oponerse nada a ni uno solo de sus párrafos. Sin abusar del lirismo, sin perder en ningún momento una impecable fórmula literaria, esta narración - se dice - autobiográfica sobre los años de formación de Stephen Dedalus resulta ser una lectura difícil y pesada, llena de escollos, muchos de ellos, quiero suponer, situados con plena conciencia. Dedalus en la escuela regentada por religiosos que tendrá que abandonar, parece entenderse, cuando su familia deja de disponer de recursos para pagarla, conviviendo con sus compañeros y sufriendo los actos disciplinarios propios de tal época y tales instituciones. Sus escarceos con las mujeres y su arrepentimiento motivado por una fe católica que le oprime y ahoga. A pesar de lo cual, convenientemente empujado en la escuela, llegará a contemplar la posibilidad de ordenarse sacerdote. Y a pesar de la ebullición del artista, del creador que intercala sus textos y acicala párrafos repletos de reflexiones, algunas profundas, algunas un tanto alucinadas, esa posibilidad está a punto de tomar cuerpo, pero el artista adolescente se rebela contra ese destino fatal, no sin antes entregar un tercer capítulo que para mí ha representado la auténtica pesa en la balanza que impide que el libro me haya gustado. Decenas de páginas que parecen pasajes bíblicos y que contienen pasajes de muy difícil digestión (dedicados a procaces descripciones de los sufrimientos que el infierno tiene preparado para los pecadores) y que, pero esto es una pura conjetura, acaban representando a la perfección ese rechazo frontal. Dedalus se separa de sus educadores, se distancia, en un plano psicológico, de su familia, esquiva la fe, se aisla del mundo y se confina con su talento.

Bien: hace más de un siglo, sí, lo suficiente para que esa distancia temporal y ese mundo descrito parezcan un escalón insalvable. No digo que no haya que leer una obra así, solo que al lector contemporáneo puede costarle mucho conectar con ella.

Otras obras de James Joyce reseñadas en ULADDublinesesFinnegans WakeExiliadosUlises


lunes, 26 de julio de 2021

2*1: "Contra vosotros" (Mercedes Soriano) y "Aposento" (Miguel Ángel Muñoz)

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1991
Valoración: muy recomendable alto

30 años han pasado desde la publicación de "Contra vosotros", 30 años que pueden parecer edades geológicas para una obra que había sido sepultada en el olvido hasta este 2021 en el que, por suerte para nosotros y gracias a La Navaja Suiza y a Miguel Ángel Muñoz, podemos (re)descubrir a Mercedes Soriano.

Desde luego, tras la lectura de "Contra vosotros" quedan la sensación de injusticia cometida por el "establishment literario" y la intención de reparar, en la medida de nuestras posibilidades, ese olvido. Porque "Contra vosotros" es un texto impactante y radical, aunque no totalmente novedoso (todo está ya inventado a estas alturas, ¿no?), que pese a ser en cierto modo fruto de su tiempo permanece plenamente vigente en planteamiento y mensaje.

En el aspecto formal, "Contra vosotros" está constituido por 7 monólogos interiores de 7 personajes diferentes (con voces perfectamente reconocibles, lo cual no es nada fácil) cuyas vidas se rozan en determinados momentos y una brutal coda / alegato / diatriba final. Monólogos, personajes e historias de diferentes origen y condición, marcados en su mayoría por el desencanto, la insatisfacción, el miedo y una continua indagación autoexploratoria y en un tono muy muy bernhardiano. Y es que al igual que la obra del austríaco construía desde lo autobiográfico una feroz crítica a la sociedad de sus tiempo, el texto de Soriano es la crónica de la derrota de una generación (o de parte importante de ella), de las esperanzas incumplidas, de los deseos truncados, etc. Esta generación no es otra que la que vio la muerte de dictador y el acceso al poder del PSOE en 1982, la que oyó los cantos de sirena y pereció ahogada entre la seguridad y la culpa, entre la autorrepresión y el conformismo.

Resumiendo en una sola frase: texto casi imprescindible por complejidad y atrevimiento estilístico, por fondo y por forma, que nos pone frente a un espejo al que no resulta nada cómodo mirarse.

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Idioma original:
Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable

Completamos el 2*1 con "Aposento", texto de Miguel Ángel Muñoz que nace de la atracción del autor por la figura de una Mercedes Soriano que, cuando apenas contaba con 40 año y formaba parte de "lo más granado de la literatura española del momento (Alfaguara, El País, etc), dejó Madrid y dejó de publicar y se refugió en un pequeño pueblo almeriense, lugar de origen de Muñoz.

Comienza así la búsqueda de una clave imposible que explique las razones de la decisión de Soriano, una búsqueda que es la mismo tiempo "exterior" e "interior" y que lleva al autor a reflexionar sobre lectura, escritura y vida, siempre con la idea de la trasformación, el "escondite" y el alejamiento como reconstrucción personal. No tiene nada que ver, es obvio, pero me vienen a la cabeza Arturo Belano y Ulises Lima en busca de Cesárea Tinajero. Cosas mías.

El caso es que "Aposento" no es una búsqueda al uso o una narración al uso de ese búsqueda. Porque aquí cabe el "ensayo", el diálogo  imaginado con la autora, la lectura de su obra, la narración "pura"...  Reflexiones, conexiones, referencias, resonancias e hilos que nos acercan a autores más o menos célebres que, en un momento dado, decidieron apartarse del mundo: Quignard, Pessoa, Emily Dickinson...; historias  que nos llevan de lo personal a lo general, de la obra de Mercedes Soriano y del Madrid de los 90 al Cabo de Gata del siglo XXI en una pesquisa cuya importancia no reside tanto en las respuestas encontradas como en las preguntas planteadas.

P. S.: Para que os hagáis una idea de lo que la lectura de estos dos textos han supuesto, al día siguiente de terminar la lectura de "Aposento" encargué "Historia de No", primera obra de Mercedes Soriano. En un tiempo la reseñaremos en el blog. No hay duda

lunes, 31 de mayo de 2021

Rodrigo Blanco Calderón: Simpatía

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera. Algo así, dependiendo de la traducción, viene a decir el comienzo de Ana Karenina. Ese parece ser, al menos en un primer momento y debido a un matrimonio que se derrumba y a una herencia cuanto menos extraña, el camino que va a seguir este Simpatía: el de una crónica familiar a las que tan acostumbrados nos tiene la literatura latinoamericana. Algo de eso hay, pero la cosa no es tan sencilla porque lo que se derrumba no es solo un matrimonio; tanto lo individual como lo colectivo, lo personal como lo nacional se vienen abajo y flota en el ambiente un aire de desastre y locura, de miedo y absurdo que todo lo impregna.  
Aquí, en cambio, uno siente una guerra pero no la ve. Y son los mismos desplazados, la gente misma, los que abandonan a sus perros. Eso es peor que colgarlos de un poste. Los abandonan para anunciar que se marchan de este infierno
Así que lo que en un primer momento puede ser una crónica familiar con toques de picaresca se complica. Surgen varias subtramas en las que nada es lo que parece, en las que los hechos van enredándose y entrelazándose,  y que convierten Simpatía en un "thriller político" o en una "novela de misterio", aunque no creo que el libro pueda o deba encuadrarse en una casilla determinada ya que Rodrigo juega con lo géneros como ya lo hicieron algunos de los nombres que aparecen en el texto (Borges, Bolaño, etc). Ese giro, ese convertir la novela en algo diferente y salir airoso del paso, especialmente en su parte final, es uno de los aspectos más significativos del texto. 

Otro punto favorable: el engarce entre la historia individual y la historia colectiva, entre la trama personal de Ulises y compañía y la historia reciente de Venezuela. Nuevamente la novela como metáfora de la sociedad del país.

Más: los personajes. Toca regresar al texto de la novela (a la página 178). Si algo te enseña Francis Ford Coppola es que en una buena película no hay personajes secundarios. Todos sus personajes, en caso de emergencia, por decirlo de alguna manera, deberían poder cargar con el peso de la historia. Estas frases vienen como anillo al dedo a Simpatía. La acción recae en Ulises Khan (o Kan) pero la casi totalidad de los personajes "secundarios" podrían ocupar ese lugar central. Serían novelas diferentes, claro, pero serían novelas tan interesantes o más que esta. El ejemplo más claro, para mi, es el del General Ayala, suegro de Ulises. Pero no es el único: los Aponte, Nadine...tienen enjundia más que suficiente para ser protagonistas absolutos.

Volviendo a Bolaño (¿otra vez? - sí), podría ocurrir algo así como el caso de Auxilio Lacouture. De todas formas, ya encontramos algo de esta autorreferencialidad en Simpatía cuando aparece, en una breve pero fundamental escena, el psiquiátra forense Miguel Ardiles, uno de los protagonistas centrales de The Night.

Y hablando de The Night, y aunque sé que las comparaciones son odiosas, creo que Simpatía es un pelín inferior a aquella. O, si no inferior, sí menos arriesgada, menos atrevida en el aspecto formal. Esto no quita que Simpatía, historia de orfandades, sospechas y pasadizos ambientada en un mar de mierda, sea una novela más que recomendable y que Rodrigo Blanco Calderón sea un autor de referencia del que, por edad y por lo ya leído hasta ahora, oiremos hablar mucho y bien en el futuro. Eso espero.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros y The Night

viernes, 25 de septiembre de 2020

Eduardo Lalo: Los países invisibles

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

«El mundo ya no es el mismo porque ya no es diferente».

Con esta potente primera frase, arranca este libro de Eduardo Lalo en el que nos habla de la invisibilidad, de aquello que queda fuera de lo conocido, de lo imperante, de lo que rige el mundo. Una invisibilidad que viene de la mano de la globalización y su uniformización, a nivel urbanístico, pero también cultural. Una globalización voraz y sin escrúpulos.

Con esa prosa finísima, precisa y delicada que caracteriza al escritor puertorriqueño nacido en Cuba, Lalo estructura este libro en tres capítulos claramente diferenciados, pero relacionados entre ellos, en esa idea global recogida en el concepto de invisibilidad. Y parte, como elemento indiscutible de la invisibilidad, la globalización, un movimiento arrollador e imparable que diluye culturas, que uniformiza detalles, una globalización que queda patente al viajar; Lalo lo expone de manera elocuente al afirmar que «el viaje empieza a ser imposible (…) el contenido del mundo, la posibilidad de ver “algo” queda rezagada. Acaso solo quede ver a los países invisibles».

Lalo es consciente de ello, como portorriqueño y, por tanto, ciudadano de un país invisible y analiza el avance, que no progreso, de un mundo que parece mirar sólo hacia adelante, abordando la invisibilidad de los lugares, de esos países invisibles, poniendo como ejemplo Venecia que‪ «ha muerto (…) al hacerse hipervisible. Hay tantos ojos en la ciudad, que la mirada se hace imposible» y que «tanto el exceso, como la falta de mirada y discurso, crean la condición invisible». «El mundo avanza hacia la exclusión del acto de mirar», avanza de manera inexorable hacia confirmación de sus ideas más que hacia el análisis o la observación. ‬‬

Esa globalización, esa universalidad, afecta a los países y, por extensión, a sus culturas, en claro peligro de extinción a manos de intereses de los grandes países que imponen la suya y que el autor expone afirmando, sabiamente, que «los dueños del gran capital componen una suerte de nacionalidad universal, en la que las diferencias culturales y lingüísticas cuentan poco». Para luchar contra ello, hay que tener una actitud activa, una toma de consciencia de la situación y una reflexión que impida que esa invisibilidad se lleve por delante aquello que nos diferencia y, por tanto, nos enriquece.

Lalo ha escrito, en esta primera parte, un libro de viajes, físicos, pero también mentales, en los que recorre algunas grandes ciudades y observa sus cambios, las contempla a través de la invisibilidad a la que la globalización las ha empujado, de cambios que hacen que «la población se piense desde un lugar que más tiene que ver con Otros Grandes que consigo misma». Una invisibilidad que no sólo afecta a las ciudades a nivel arquitectónico, sino también a nivel cultural. Y critica a su vez la falsa seguridad y acomodamiento de las grandes sociedades, extendiendo la crítica a su cultura. Así, Lalo critica fuertemente la poca ambición de la literatura española del siglo xx, que vive de su esplendoroso pasado que contribuye a crear «un ámbito que se ilusiona con bastarse a sí mismo».

Y, hablando de España (país que conoce bien, pues vivió en él y en él nació su padre) también apunta a la invisibilidad de Valencia, oculta tras la potencia de Madrid o Barcelona, quienes «tienen la capacidad de hablar en nombre de los que no representan, pueden convertir un elemento local en una parte de la cultura de España, Europa o incluso del mundo, mientras que Valencia, y tantas otras ciudades como ella, aparentemente sólo pueden permitirse ser versiones de los gestos de otros. Existe también una geopolítica de la ceguera».

De esta manera, el viaje que emprende Lalo en este libro es un viaje a una tierra y un tiempo que añora, un viaje con la mirada puesta en un pasado que apenas se asoma por las ventanas acristaladlas de la deslumbrante fugacidad de una globalización mal entendida y peor interpretada. Los restos de una ciudad antes con vida reposan ahora en medio de una modernidad que borra su pasado y entierra los recuerdos. Sin importarle. Lalo construye así una obra a medio camino entre memorias y reflexión, entre añoranza y tristeza, y la reivindicación siempre necesaria de quien ha visto con sus ojos cómo desaparece una ciudad bajo los edificios que se alzan majestuosos sobre las ruinas de quien no las echa en falta, sino simplemente las echa.

Ya en el segundo capítulo de este libro, o segunda parte, Lalo nos habla de la sociedad y su cultura, y expone que la cultura dominante en Estados Unidos es «la cultura blanca, europea, etc. Todos los demás (afroamericanos, hispanos, asiáticos) tendrán para siempre el adjetivo identitario atado a sus esfuerzos». Y nos habla de la Odisea y la Ilíada, de Ulises y el viaje como experiencia, no por su vivencia en el mundo sino por «su capacidad de escapar de él: no el viaje, sino la travesía y sus peligros hasta la liberación final». Hablando de la sociedad, Lalo también critica la estigmatización de la sociedad rural «que queda como un estigma en la memoria de tantos pueblos» para concluir, acertadamente, que «una sociedad que ha sido modernizada en apenas una generación, se convierte en un espacio paranoico que teme perder todo lo que tenga un motor. Así se construye un nuevo estado natural que se define por la separación extrema de la tierra».

Finalmente, en el tercer y último capítulo del libro, Lalo nos narra el experimento que quiso llevar a cabo: dejar de comprar libros, salir de las novedades, leer lo pendiente y, si cabe, releer. Siendo consciente de la dificultad para llevarlo a cabo, sabiendo además que «existe la posibilidad además de abandonar el mundo de la literatura porque éste también es el mundo. Esto lo descubro con dolor, pero también con alivio, aun si sé que probablemente esta paz no solamente nunca podrá ser mía, sino que, de tenerla a mano, la rechazaría». Una autocensura en comprar libros que le abre un espacio, para explorar, para evaluar, para «entender, reflexionando sobre el mundo desde cierto lugar y deseo, exhibiéndome en la vitrina de este texto».

Lalo viaja a través de esos libros almacenados y en algún caso olvidados en su biblioteca, y recorre ese viaje hablando de diferentes autores orientales que invitan a la reflexión de otros tiempos y también de los nuestros, claro reflejo de un pasado que se parece más a nuestros días de lo que aceptamos creer. Reivindicando la literatura como parte de uno mismo, como espacio de reflexión, porque «‪el pensamiento es un acto de supervivencia: le permite a ciertos hombres y mujeres vivir hacia dentro en un mundo en el que apenas pueden encontrarse». ‬‬‬‬‬

En mi opinión, este tramo final es el menos logrado, entrando en reflexiones filosóficas vinculando esa invisibilidad del autor y las letras a textos que el autor lee al escribir las últimas líneas del libro. Así, entra en exceso en disquisiciones sobre la literatura y la invisibilidad, pero ubicando el marco mental en Ulises, en Sísifo, En Diógenes, pero también en obras de Cioran, Kertész, Kapuscinsky o Sloterdijk. Demasiado denso y filosófico, excesivo, el autor intercala textos para que sustenten sus reflexiones, que gira y extiende en torno a ellos.

En resumidas cuentas, un libro recomendable, pues la prosa de Lalo y sus reflexiones siempre merecen una lectura, ya que además de disfrutar con su estilo delicado nos invita a cuestionarnos los efectos de la globalización y qué significa y nos aporta la cultura y, especialmente, la literatura, afirmando en su caso que su «despropósito inevitable» ha sido «escribir desde el lado oscuro de la geografía, que quizá significa estar aún más lejos que en el lado oscuro de la vida». Es posible que sea así, pero a pesar de esa oscuridad de la lejanía, de la invisibilidad desde la que parte, sus textos arrojan una luz que puede que lo aparten de su propósito, pero no del nuestro: dar visibilidad a los buenos libros, porque, tal y como dice Lalo citando a Piglia, «el crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee». Creo que gran parte de los que aquí estamos podríamos subscribir esta afirmación. Y este libro es un claro ejemplo de ello.

También de Eduardo Lalo en ULAD: Simone

viernes, 28 de agosto de 2020

Theodor Kallifatides: El asedio de Troya


Idioma original: sueco
Título original: Slaget om Troja
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien



No es fácil desarraigarse. Por muy importantes que sean los motivos que obligan a abandonar el lugar de origen, los testimonios indican que el trauma no se resuelve nunca, queda un poso de tristeza, tendencia a la soledad, inadaptación o cualquier otra clase de herida. Me dirán que algunos no sienten esa nostalgia, y es que la clave está en la palabra obligación. Hay quien necesita cambiar de aires, en ese caso lo doloroso sería no moverse del sitio.
Hace poco que supe de este escritor y fue gracias al volumen de memorias titulado Otra vida por vivir. Un texto singular una especie de testamento vital y literario donde el autor hace recuento ante sí mismo y sus lectores de su trayectoria e inquietudes presentes y pasadas. En el mismo sentido habría que entender El asedio de Troya, la novela –si es que puede llamarse así– de un escritor nacido en Grecia, que vive y escribe en Suecia desde hace muchos años, que adoptó el sueco como idioma literario y sigue usando ese vehículo para resucitar los mitos ancestrales de su país de origen. Dos países, idiomas y culturas tan lejanos como es posible, que el autor relaciona, opone y compara. Esa (amable) confrontación entre culturas, difícil de calibrar desde fuera, constituye una de sus señas de identidad, a través de ella, Kallifatides expresa las paradojas de su vida, el eterno rescoldo que mantiene durante las décadas que vivió inmerso en una realidad muy diferente. Ese es uno de los aspectos destacables de El asedio de Troya, que presenta/interpreta/enaltece a Grecia ante los suecos en sueco y desde Suecia. Yo lo veo como autoafirmación, incluso como confidencia en voz alta: “Sabed que yo todo el tiempo he sido este”. Algo así, no sé si me explico.
Queda el otro aspecto fundamental. El asunto (contenido, tópico) que elige el escritor para su particular epifanía es algo tan recurrente en la historia universal como la guerra. Y, a través de ella, la paz. Podríamos hablar entonces de un alegato antibélico, que –siento reconocerlo– resulta algo fallido, pues tanta violencia y dolor puede producir rechazo o todo lo contrario: afición por las escenas macabras. Mientras leía me planteé si un relato tan sencillo, directo y poco sutil podía servir de artefacto didáctico. Pero el mensaje es ambiguo para los muy jóvenes y su desarrollo excesivamente plano para mentes más adultas.
El argumento se desarrolla en dos planos muy alejados en el tiempo: la guerra de Troya, tal como la narró Homero en su Ilíada y un momento muy concreto de la Segunda Guerra Mundial cuyo escenario es un pueblo de Grecia. Estos episodios tienen una extensión mucho más reducida y constituyen la porción novelada del texto. Lo demás no es más que un resumen, más o menos detallado, de esa gran epopeya, donde se echa en falta el lenguaje, la grandeza, la épica, descripciones, momentos dramáticos del original. Pienso yo que, antes de que alguien nos cuente lo que dijo Homero, mejor leemos a Homero. De acuerdo que el autor necesitaba expresarse después de tantos años y que muchos que jamás se acercarían a La Ilíada estarán dispuestos a leer este libro, pero ¡cómo lo diría! En mi opinión sabe a poco, y no una sino dos veces.
Sabe a poco porque las incidencias y escaramuzas de la guerra de Troya nos quedan ya muy lejos, y la guerra sigue y sigue, y los episodios se suceden, y se nos muestran una y otra vez las decisiones de Hector, Paris, Ulises, Aquíles, Menelao y los sentimientos que los guían. Pero de forma paralela palpita el otro relato, el que nos interesa de verdad, y avanzamos en la historia remota con la esperanza de saber más de esa villa griega, de esos vecinos sometidos por un destacamento alemán, de una guerra europea que agoniza, de esa historia de amores cruzados, de las primeras experiencias juveniles.
Día tras día, la profesora va narrando lo que sucedió a griegos y troyanos. Pero las bombas caen, todos tienen que correr al refugio, los invasores maquinan detrás del telón, las miradas se cruzan, y de todo ello no vemos más que el desenlace: los últimos coletazos del terror. Todo sucede fuera de nuestra vista mientras estábamos distraídos escuchando a Homero, pero a quien oímos no es a él sino un eco de sus palabras. Por fin, se produce el vuelco que esperábamos –porque, a grandes rasgos, este otro argumento también nos lo sabíamos– la suerte cambia de manos pero no se nos explica cómo ni por qué, los amores prohibidos por la diferencia de bando o de edad se resuelven entre bambalinas y la vida real queda reducida a un puñado de escenas bastante tópicas, apenas esbozadas y aisladas entre sí que nos dejan bastante fríos. Entendemos las razones del autor, pero querríamos haber leído una auténtica novela, que Kallifatides hubiese conseguido salir de la Grecia clásica y nos hubiese contado una historia.

Del mismo autor: Otra vida por vivir

domingo, 9 de agosto de 2020

James Joyce: Finnegans Wake


Título original: Finnegans Wake

Idioma original: inglés (¿)
Traducción: Marcelo Zabaloy
Año de publicación: 1939 (en castellano, 2016)
Valoración: Necesario, agotador, cruel, inolvidable

Las expectativas

Lleva rondando mi cabecita la idea de leer Finnegans Wake desde que me enteré que existía un tal James Joyce, allá por mis diecisiete años o así (no ha pasado tanto tiempo, aunque sí más que en el caso de Oriol, y suficiente para que esta lectura postergada se fuese convirtiendo en algo parecido a una obsesión; pero sigamos). Este caballero, Joyce, había escrito cosas increíbles que fui leyendo una tras otra, pero por ahí andaba el monstruo, su obra cumbre, ese tocho esquivo al que dedicó más de quince años de trabajo. Un libro inclasificable que nadie había sido capaz de traducir completo al castellano, lo que era un síntoma preocupante pero que no hacía más que aumentar mi expectación. Nadie lo había traducido hasta que llegó Marcelo Zabaloy.

La traducción

Muchos (bueno, algunos que se atrevieron) había fracasado en la empresa. Por ejemplo, Salvador Elizondo se pasó no sé cuánto tiempo elaborando una traducción anotada y abandonó el trabajo cuando concluyó… la primera página. Por lo visto Zabaloy no le vio tanta dificultad al desafío, y lo terminó en unos cinco años. Hay toda una historia en torno a esos intentos de traducción, parte de la cual puede encontrarse por ejemplo aquí. El caso es que hay que hablar más de versiones que de traducciones, porque el libro está cuajado, línea por línea, de incrustaciones de otras lenguas y jergas, infinitos juegos de palabras, dobles sentidos y locos neologismos que multiplican hasta el infinito las posibles interpretaciones. El sitio web FWEET reúne más de 80.000 anotaciones sobre el Finnegans, y hay montones de libros escritos en torno a este fenómeno. De forma que, como seguramente hizo Zabaloy al traducirlo, al leerlo también habrá que utilizar un código diferente al habitual.

El libro

Como digo, las 628 páginas de Finnegans Wake son un torrente continuo de todos estos elementos que acabo de citar, mezclados, superpuestos, exhibidos sin tregua, hasta hacer el texto irreconocible, pantanoso, laberíntico. Como se puede suponer, tampoco es posible hacer una sinopsis normal. Por hacernos una idea mínima, se puede decir que se parte de la muerte del albañil Finnegan y su posterior velatorio, aunque eso es casi lo de menos, porque pronto revive y se transforma en el tabernero Earwicker. O tal vez es Earwicker el que sueña su propia muerte como Finnegan, porque el personaje es a fin de cuentas el protagonista de una vieja balada irlandesa. Podríamos decir que Earwicker es condenado por algún motivo que no conocemos y con todo ello se relaciona una misteriosa nota que desentierra una gallina. Pero también sabremos de su mujer, Anna Livia Plurabelle, y de sus dos hijos... y un millón de cosas más, con la presencia permanente de tres elementos esenciales: Irlanda, la religión y el sexo. Un millón de cosas que apenas intuimos, sumergidas en un colosal marasmo léxico al que luego me referiré. Se intuye que Joyce habla al mismo tiempo desde lo real y lo onírico, y el lenguaje y la lógica de los sueños (inestables, intuitivos) impregnan todo el libro. Los personajes se trasmutan unos en otros, aparecen y desaparecen o cambian de nombre, se encarnan en héroes y se materializan en paisajes, hay escenas que se repiten, sonidos que las interrumpen y evocan momentos pasados o futuros, guiños metaliterarios. Todo parece un gran chiste, una genialidad, una puta locura.

La experiencia

Esas etiquetas que tan poco usamos en el blog, Experimento o Artefacto literario, tienen aquí todo el sentido. El Finnegans es, en opinión de casi todos los que lo han leído, y yo lo corroboro en la medida de mis limitados conocimientos, el libro más extraño, complejo y hermético que nunca se ha escrito. Y sin embargo las sensaciones no son exactamente lo que puede esperarse. Se puede pensar que uno encara la lectura un poco por curiosidad y, visto lo que tiene delante, lo más probable es que enseguida deseche el libro, exasperado por no entender nada, o casi. Pero no necesariamente es así. Como decía antes, conviene deshacerse de prejuicios, abrir la mente y utilizar otras herramientas. Samuel Beckett recomendaba leerlo en voz alta, pero sin llegar a tanto, puede ser recomendable dejarse llevar por el ritmo y la musicalidad del texto y, una vez integrados en ese fluir, ver cómo la información permea en la consciencia. El peso de la entonación y los sonidos tiene gran importancia por ejemplo en ciertos textos literarios árabes y, a veces de forma inconsciente, es también relevante cuando leemos poesía. Resultando imposible detenernos en cada escollo (porque no terminaríamos nunca, ni llegaríamos a superar más que un puñado de ellos) esta forma de lectura me parece la más útil (y menos dañina para la salud).

Claro está que en este caso el éxito dependerá en buena parte de que el traductor haya sido capaz de transmitir los valores del original. Eso ya no me siento capaz de valorarlo en absoluto, aunque sí me suscita algunas dudas. En parte porque a veces el texto suena un poco a traductor de Google, dicho sea con todo el respeto. Y también porque he comparado algunos párrafos con otras traducciones y algunas cosas parecen no encajar del todo. Pero en fin,  la empresa es tan descomunal que no cabe más que admirar a este Zabaloy que ha conseguido llegar al final y, además, es lo que tenemos si queremos leerlo en castellano.

Con todo, la sensación es un poco la de un paseo por el monte en un día de niebla. No disfrutamos del paisaje, pero vagar entre la bruma tampoco resulta del todo desagradable. Solo hay que verlo con otros ojos: sentir el fresco, el aire de misterio, el reto de encontrar el camino, y de vez en cuando notamos que se abre una pequeña ventana de luz y nos sorprendemos al ver el peñasco, los árboles, quizá un trozo de panorámica en alguna dirección. Así, somos medio conscientes de la desgracia del pobre albañil, asistimos a una singular borrachera de su sosias, conocemos algún tipo de rivalidad entre sus dos hijos, o entrevemos algunas experiencias sexuales (varias, reales, soñadas o deseadas, no sabemos). Cosas así, esporádicas, que asoman brevemente entre el enorme desparrame lingüístico, y son un alivio, un pequeño premio, porque también dejan ver la genialidad del autor y disfrutar de momentos brillantes cuando se aligera de trucos retóricos. Y es que, digámoslo ya, esto no es una lectura sino más bien una inmersión, una experiencia.

Se podrá plantear si todo esto tiene realmente sentido, y de hecho algunos de los mayores valedores de Joyce pensaron que había perdido el juicio o que simplemente se le había ido la mano. Yo creo que desde luego el Finnegans tiene un valor inmenso, porque qué sería del arte si no hubiese gente decidida a explorar sus límites y a transgredirlos, y con talento para hacerlo. Tampoco una pintura abstracta representa cosas y no por ello parece razonable despreciarla sin más. Aquí se juega con otras reglas y no se puede mirar bajo los criterios habituales. El problema, claro está, es que hablamos de medios muy diferentes: una pintura la observamos durante unos segundos, hasta algunos minutos, pero leerse las seiscientas páginas del Finnegans lleva muchas horas. Así que, en su inmenso esfuerzo de años y su estratosférica creatividad, a lo mejor Joyce se olvidó de algo que puede tener cierta importancia hablando de un libro: el lector.

Otras obras de James Joyce en ULAD: Ulises, Dublineses, ExiliadosRetrato del artista adolescente

jueves, 21 de mayo de 2020

Alejo Carpentier: Los pasos perdidos

Idioma original: Español
Año de publicación: 1953
Valoración: Imprescindible

Releo, 13 años después si las notas nos fallan, esta novela de Don Alejo Carpentier de la que guardaba un gran recuerdo. Pues bien, la impresión tras la relectura es la de estar ante una de las mejores novelas latinoamericanas del siglo XX (¡toma ya!). Espero lograr transmitiros mi entusiasmo. 

Resumen resumido, que diría la compañera Beatriz: A un hombre de origen latinoamericano residente en los Estados Unidos, de unos 30-40 años, músico de profesión, hastiado de una vida vacía (como ardilla presa en tambor de alambre), se le presenta la oportunidad de viajar a lo más profundo de la selva Latinoamérica, más concretamente, y aunque no aparezca  expresamente citado, a Venezuela en busca de unas piezas que faltan en la galería de instrumentos aborígenes de América de cierta institución norteamericana. Será una viaje con un carácter dual ya que será, al mismo tiempo, viaje interior y viaje exterior, de negocios y de placer, huida del aturdimiento del trabajo, del vacío de la ciudad, de las conveniencias y descubrimiento de lo primitivo y profundo que esconde el alma humana, retorno a la infancia y viaje etnográfico a un tiempo casi prehistórico.

La dualidad que caracteriza al viaje también se observa también en la personalidad del protagonista y en las diferentes contraposiciones sobre las que se construye la novela (civilización y "barbarie", deseo y realidad, catolicismo y "animismo",...) y le confiere, así, variadas capas y lecturas. Diría que, fundamentalmente y aunque pudiera a priori no parecerlo, "Los pasos perdidos" es una novela existencialista. El absurdo de la sociedad moderna, el vacío o la búsqueda del propio destino pese al temor a salir de lo conocido y lo cotidiano aparecen perfectamente reflejadas en la novela y las intenciones, deseos, dudas y temores (el viaje emocional, a fin de cuentas) de su principal protagonista etc son uno de sus puntos fuertes, además de ligar a "Los pasos perdidos" a otras novelas de la época. Pero es, al mismo, tiempo una novela de formación, una novela de "aventuras" (con todas las comillas) o una novela de toma de conciencia.

Plagada de referencias bíblicas, "Los pasos perdidos" es también una relectura o una reinterpretación de mito de Ulises. En cuanto a referencias más contemporáneas, encontraremos ecos de "El corazón de las tinieblas" o de dos películas de Werner Herzog como son "Aguirre, la cólera de Dios" o "Fizcarraldo". No sé si con esto os podéis hacer una idea.

Además de su complejidad de contenido, el continente de "Los pasos perdidos" tampoco es, precisamente, un camino de rosas. Está marcado por el un léxico exuberante fruto del abrumador dominio del lenguaje y de la vasta cultura en materia musical de Carpentier. Conviene ir armado de un diccionario que nos servirá de machete para poder penetrar en la prosa del cubano. Una vez despejemos los primeros obstáculos, podremos deleitarnos con una forma de escribir que parece haber sido olvidada, injustamente, por las modas. De verdad, el esfuerzo merecerá mucho la pena.

También de Alejo Carpentier en ULAD: El reino de este mundoConcierto barrocoEl acosoEl siglo de las lucesEl recurso del método