Título original: Uma aprendizagem ou O livro dos prazeres
Traducción: Josep Domènech Ponsatí en catalán para Club Editor, Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo encastellano para Siruela
Año de publicación: 1969
Valoración: muy recomendable
Título original: Die Heimkehr
Traducción: Rosa Pilar Blanco
Año de publicación: 2007
Valoración: Está bien
Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.
Título original: The Dalkey Archive
Traducción: Mª José Chuliá García
Año de publicación: 1964
Valoración: Recomendable alto
Flann O´Brien es uno de los autores más originales que he podido leer, con una asombrosa capacidad para la digresión (inevitable buscar referencias en Laurence Stern), manejo del humor, a veces sutilísimo y a veces absurdamente grotesco, y sin límites aparentes para internarse en el disparate, rozando lo alucinatorio (El tercer policía, que me sigue pareciendo que trasciende con mucho la simple floritura imaginativa) o lo metaliterario (En Nadar-Dos-pájaros). O sea, creatividad por los cuatros costados, aunque siempre teniendo delante las peculiaridades de esa Irlanda que parece marcar de forma decisiva la literatura de la isla.
En Crónica de Dalkey nos encontramos a aquella especie de científico-filósofo llamado De Selby, cuya desternillante bibliografía salpicaba de tanto en tanto El tercer policía. Ahora lo encontramos en persona, un tipo con economía en apariencia bien saneada (recuerda al Canterel de Roussel) que vive aislado en un caserón junto al mar y atesora importantes secretos. El tipo es capaz de gobernar de alguna manera el tiempo para, en una cueva submarina, comunicarse con personajes del pasado (cómo le hubiera gustado esto a Papini), encuentros en la práctica limitados a ciertos padres de la Iglesia católica con quienes discute bastante acaloradamente. Y dispone además De Selby de cierta sustancia con la que se plantea seriamente acabar con la Humanidad al completo.
También filosofan o exponen ideas extravagantes otros personajes, como cierto policía que insiste en cierta transmutación entre hombres y bicicletas, e incluso los dos jóvenes que rulan entre tan peculiares personajes, todos ellos bien abastecidos de whiskey, cervezas o lo que se tercie, porque el alcohol fluye sin tregua a lo largo de todo el libro. Diálogos absurdos, o mejor dicho incrustados de todo tipo de desatinos, formulados con total seriedad, y cuajados de giros repentinos a otras digresiones (la práctica de la natación, el carácter supuestamente mendicante de los jesuitas, opiniones sobre Jonás el de la ballena), el universo infinitamente enredado y loquísimo que acostumbra a mostrarnos el gran O´Brien.
Pero no para ahí la cosa, porque un poco casualmente encontramos a un James Joyce al que se suponía muerto, que sin embargo ejerce de camarero en un pub y solo recuerda haber escrito Dublineses y un borrador del Ulises que aborrece y que, según asegura, utilizó sin consentimiento su editora Sylvia Beach (ésta es auténtica). Con lo cual ya tenemos medio completo el panteón irlandés, porque Joyce por una parte y la Iglesia católica por otra, y también ambos entremezclados y sazonados en alcohol, sostienen la estructura del libro en la que, como en otras ocasiones, el autor no se corta en absoluto a la hora de dejar cabos sueltos o subtramas abandonadas, o poco menos.
Todo es un desparrame de creatividad empapada de humor que podría extenderse sin medida si O´Brien lo quisiera así, porque se diría que el libro termina cuando el autor simplemente se cansa de sus monstruitos y le coloca un final que apenas tiene que ver (¿o sí?) con todo lo que hemos leído hasta entonces. Y sin embargo, se le nota una tonalidad algo diferente a algunas de sus otras obras, como capas teñidas de un poco más de seriedad, quizá algo más intimista o reflexivo, como si estuviese planteando al lector, vale, te he sorprendido, te has reído y hemos puesto a prueba el ingenio, pero también te he dejado pistas sobre las que, despejando un poco el humo del sarcasmo y el malabarismo, puedes detenerte un momento. Esto no era una simple diversión, descubre tú mismo lo que está debajo: Irlanda con sus pubs, sus pequeños pueblos y su vida provinciana, impregnada por un catolicismo al que se puede poner a prueba o someter a un tercer grado, con su más ilustre personaje volteado y proletarizado. Así de complejo, sorprendente e inclasificable.
Idioma original: francés
Título original: La Nostalgie. Quand donc est-on chez soi?
Traducción: Alicia Martorell Linares .
Año de publicación: 2013.
Valoración: casi irreseñable
Tras leerlo dos veces en el término de unos seis meses, he de decir que libros como éste hacen que uno, casi, tire la toalla. Por una parte, porque su puro postulado es algo con lo que uno no puede ni estar ni no estar de acuerdo: la nostalgia como un poderoso argumento sobre el que especular y divagar. Su explicación, no exenta de la polémica más simplista (asociémosla al término nostálgico como retrógrado o anclado en el pasado) o incluso apelando al más venerable sentimiento humano - la añoranza de aquello que ya no tenemos, desde lugares hasta personas hasta puras sensaciones. Su puro desarrollo, en las tres partes que apelan a tres puntales de la cultura (eso sí, occidental) como son Ulises, Eneas y Arendt, revelador del trabajo intelectual, del análisis y profundo conocimiento de la autora. Quién puede discutir eso.
La cuestión, pues, ya que el libro ha sido objeto de encendidos elogios en medios no tan profundamente intelectualizados, es si, para un tema tan objetivamente universal, necesitamos un análisis de tanto calado. Llamadme prosaico, pero en el mundo presuroso y frívolo de hoy, la cuestión puede reducirse dramáticamente. Nostalgia, como evocación puntual de otro momento, sí, claro, pero no como planteamiento vital. Muchos estarían de acuerdo, pero el desarrollo se haría interminable. Cassin, insisto, analiza la figura de la añoranza de otro lugar, de otro momento, desde esa triple perspectiva. Mística, sentimental, etimológica.
Y yo no es que reniegue de ejercicios de este tipo, y desde luego la profundidad del análisis, la capacidad de Cassin de proyectarse por encima de mitos literarios y filosóficos está por encima de cualquier duda. Y no voy a romper una lanza por “rebajar” el tono intelectual de ciertos escritos simplemente para ampliar el rango de sus potenciales lectores, pero quizás hubiera disfrutado más de esta lectura si los ejemplos usados fueran más cercanos en el tiempo, más asimilables con el devenir de la vida moderna, y sé que habrá (con razón ) quien piense que en los clásicos está todo, están todas las figuras retóricas, los sentimientos humanos y las situaciones que alimentan la cultura. Pero esa algo irritante ostentación erudita aleja el tratamiento de un tema universal de una perspectiva, siglos más tarde, forzosamente diferente.
Es curioso. Pese a ser Yasmina Khadra uno de los escritores árabes más leídos y traducidos (si no el que más), hasta ahora solo hemos reseñado una de sus novelas. Enmendamos en parte el "error", extensible por cierto a la literatura árabe, con la reseña de su última novela, esta Los virtuosos localizada en la Argelia natal del autor y ambientada entre los años 1914 y 1950, aproximadamente.
Protagonizada por Yacin, una suerte de Ulises de las arenas del desierto argelino sometido a pruebas que a veces entroncan con las del héroe homérico, Los virtuosos no puede tener un comienzo más prometedor: el citado Yacin, pastor más pobre que las ratas y más inocente que un recién nacido, es "convocado" por el caid, una especie de caudillo local, para que sustituya al hijo de este en el ejército francés que combatirá en la Primera Guerra Mundial. Promesas y amenazas mediante, al bueno de Yacin no le quedará más remedio que embarcarse en el horror.
Terminado el periplo europeo, Yacin regresa a su Argelia natal y la novela pasa de ser una novela de "formación" a ser más una novela de "aventuras" en la que sucesivos destierros y reencuentros, búsquedas y hallazgos, violencias y remansos de paz, nos harán acompañar a Yacin y a algunos de sus compañeros de armas en su particular odisea y nos acercarán a la historia argelina de la primera mitad del siglo XX.
Pese a ese prometedor punto de partida inicial, creo que a esa primera parte de la novela le cuesta despegar. En particular, las escenas bélicas me remiten a películas ya vistas, a libros ya leídos y a historias más y mejor contadas (me vienen a la cabeza testimonios directos como El miedo de Chevalier, Sin novedad en el frente de Remarque o películas como la inolvidable Senderos de gloria). Esto no significa que sea una mala primera parte de la novela, ojo. Su integración en el todo de la novela es más que correcta y cumple su función como introducción de personajes que luego serán fundamentales en el desarrollo de la novela y como presentación del personaje de Yacin.
A partir de ahí, creo que la novela crece. La historia trágica y, al mismo tiempo ridícula, de Yacin se convierte en la historia de sucesivas búsquedas, interiores o no, en una exploración por las contradicciones del ser humano en un contexto histórico y geográfico muy determinado pero bastante universal.
Así, Los virtuosos resulta ser un texto en el que ternura y crudeza se complementan, en el que el destino juega un papel clave y que, pese a cierta desproporción entre el peso de unas escenas y otras (por ejemplo, los más de 10 años de cárcel de Yacin se despachan en un puñado de páginas mientras otros períodos más breves y más de "transición" ocupan mucho más espacio) y algunas expresiones algo chirriantes (desconozco si venían ya de serie o son cosas de la traducción), acaba dejando un buen sabor de boca.
También de Yasmina Khadra en ULAD: El loco del bisturí
Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2009
Valoración: interesante y muy recomendable para fans
¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.
¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.
Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.
Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda.
Firmado: César
También de Lobo Antunes: Aquí
Resulta que mañana, 1 de marzo, este blog cumple exactamente trece años. Muchos, eh? Muchas reseñas de muchos libros han pasado por aquí, desde luego. Pero somos gente seria, austera, infatigable, y no nos permitimos celebrar con festejos esta entrada en la adolescencia. Al contrario, nos mortificamos con lo que después de esas cuatro mil no sé cuantas reseñas todavía no está en ULAD, las ausencias inexplicables, los Ilustres olvidados.
Serán autores a los que injustamente nunca les dimos un hueco (a algunos ya los rescatamos hace algún tiempo pero faltan más), libros esenciales que pasamos por alto, vacíos todos que nos impiden conciliar el sueño. En unas cuantas entradas durante esta semana repararemos algunos de esos agujeros. Nos quedarán más, pero con el tiempo iremos a por ellos.
Título original: Iliás (λιάς)
Traducción: Vicente López Soto
Año de publicación: siglo VIII a.C. o por ahí
Valoración: Bastante recomendable
Si hablamos de libros ilustres que todavía no habían llegado a ULAD, el bueno de Homero es un nombre que no puede faltar. En general no estamos haciendo mucho caso a los clásicos griegos (una pena, algo que iremos solucionando) pero dejar fuera al viejo poeta no tiene perdón. ¿Quién nos hubiera contado mejor las aventuras de Ulises (Odiseo) surcando el Mediterráneo acosado por todo tipo de monstruos? ¿Qué hubiera escrito Joyce sin esa inspiración? (bueno, seguro que hubiera encontrado otro filón vaya usted a saber dónde) ¿Dónde hubiéramos encontrado un mejor relato de la cólera de Aquiles y su (casi) irrevocable enfado con Agamenón? Pues bien, tomemos esto último para empezar a hablar de La Ilíada.
Por lo visto, no está claro cuánto tiene la guerra de Troya de realidad o de leyenda. El caso es que muchas fuentes anteriores a Homero mencionan cosas fragmentarias sobre este terrible conflicto, del que se dice que se prolongó durante diez años. Pero si usted espera que La Ilíada nos cuente su desarrollo y pormenores, incluidos el numerito del caballo y el del talón de Aquiles, lo tiene crudo. Lo que hace Homero a lo largo de sus quince mil y pico versos distribuidos en veinticuatro cantos es relatar una pequeña parte de esa guerra, a decir de los expertos una fase de unas cuantas semanas localizada en el último año de combates. Aun así, el libro nos informa de muchas cuestiones fundamentales en relación con los diferentes (y muy numerosos) protagonistas del choque.
Se dice que el origen de la guerra fue el rapto de la griega Helena (lo de rapto es algo bastante dudoso) por Paris, uno de los muchos hijos del rey de Troya. Por intercesión de los dioses (ya hablaremos luego de esto) el rey Agamenón reúne un ejército para recuperar a la bella Helena y de paso destruir a los odiados troyanos. La coalición es muy potente, pero le falta la pieza clave: el gran Aquiles, hijo del rey Peleo y la diosa Tetis, está enfurruñado con Agamenón porque le ha birlado a una esclava que Aquiles obtuvo de un saqueo, y por lo visto estimaba mucho. El héroe se desplaza con los demás a Troya pero se queda en su tienda rumiando su enfado, mientras los demás griegos se batían el cobre frente a las murallas de la ciudad. Las fuerzas troyanas las capitanea otro tipo de cuidado, el divino Héctor, cuya fuerza y valor hace que la balanza se incline poco a poco del lado de los sitiados, en principio menos poderosos.
Todo esto lo cuenta Homero en sus versos, afortunadamente trasmutados para nosotros en una prosa fluida y muy asequible, con algunas peculiaridades, parte de ellas compartidas con otros clásicos de la época y la región. Una muy señalada es la propensión a los largos parlamentos, muchos de ellos colocados en los momentos más inoportunos, ya saben, cuando uno de los combatientes va a acometer a su oponente, larga un discurso resonante, que puede ser reivindicativo, amenazante o protocolario, incluso teñido de un negro sarcasmo frente al oponente muerto, que también. La cosa recuerda, si se me permite la frivolidad, a esos animes japoneses donde, entre puñetazo y puñetazo, se intercalan peroratas y reflexiones eternas. Pero en el caso de Homero todo está al servicio de la épica de la lucha y la exaltación de los combatientes. Son tipos aguerridos, valerosos y casi sobrehumanos. Aunque también se nos dejan ver sus debilidades, lo que es un signo importante que distingue al autor. Todos los héroes dejan en algún momento al descubierto flaquezas propias de cualquier persona: el rebote, un poco infantil, de Aquiles, cierta tendencia al derrotismo y la huida cuando las cosas se ponen feas, dudas en momentos decisivos. Los caudillos de uno y otro lado, pese a su carácter titánico, no escapan a su naturaleza humana, aunque sea momentáneamente.
El autor se muestra equidistante entre ambos bandos, no está contando un hecho histórico que se preste a tomar posición, quiere relatar la inmensa epopeya de hombres que son casi dioses y que pelean, más que por una patria o por un objetivo determinado, por el honor de la victoria… y de paso por las posibles recompensas (riquezas, mujeres, esclavos). Solo en la última fase Homero parece escorarse del lado de los aqueos, seguramente porque la muerte de Patroclo por Héctor (el hecho determinante del desenlace) no le parece del todo honorable. Por lo demás, llama la atención alguna digresión que, aunque quizá no para el autor, tiene tintes cómicos, como una larga discusión sobre si es preferible desayunar o no justo antes de iniciar la batalla decisiva.
Se puede hablar sobre otros muchos aspectos. Quizá el más sobresaliente es el papel de los dioses en todo este desaguisado. Allá arriba, en el Olimpo, un buen puñado de dioses, encabezados por Zeus, dejan ver innumerables rencillas que les llevan a engañarse unos a otros, buscando cada uno su interés o sus deseos de venganza, porque se dirían más humanos que los que luchan a ras de tierra. Unos y otros (Atenea, Apolo, Poseidón y una larga nómina) maniobran buscando la victoria del bando que les conviene, sin dudar a la hora de mezclarse en la guerra disfrazados, asesorando o alentando a los soldados, o directamente atacando a quien se tercie. Así, la guerra viene a ser una especie de juego de rol, y los imponentes héroes meros peones movidos a discreción por las deidades.
Pero no me extiendo más. Puede que la lectura se nos haga algo larga, y sobre todo que nos cueste un poco asumir un ritmo y unas líneas argumentales que en algunos momentos resultan extrañas a la literatura bélica actual. Pero es también un libro que deja un poso importante, algo que se debe conocer. Un Imprescindible para el amante de la literatura, un Recomendable para aquellos a quienes simplemente les gusta leer.
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y está bien
Nos encontramos hoy ante un cómic de lo más curioso; en primer lugar, por su formato: en vez de estar editado en las habituales páginas separadas, como cualquier otro libro, se desarrolla a lo largo de ambas caras de una única hoja de papel, plegada luego como un acordeón y que el lector puede ir desplegando a su gusto. En verdad, no es que este formato tenga una importancia decisiva en la narración, aunque quizá sí haya sido elegido para otorgar un continuo a los diferentes capítulos en que se divide el libro, en principio independientes unos de otros.
El otro aspecto inhabitual en este cómic o novela gráfica se refiere a su temática. W&B trata sobre distintas facetas del mundo del libro -algo que nos remite a los ensayos firmados por su guionista, Jorge Carrión-, pero no tanto , aunque un poco sí, a los desvelos de los y las escritoras, como a los de otros personajes e instituciones que tienen que ver con su nacimiento y difusión; en el caso del prólogo, por ejemplo, titulado Johnson & Wollstonecraft, nos habla de la relación entre la pionera escritora feminista Mary Wollstonecraft y su editor Joseph Johnson, a finales del siglo XVIII. Algo parecido ocurre en el primer capítulo, Beach, donde se nos cuenta el nacimiento, a manos de la norteamericana Sylvia Beach, de la ya legendaria librería parisina Shakespeare & Co. y su no menos mítica labor como editora del Ulises de James Joyce (efeméride de la que se cumplen estos días los cien años, precisamente).
Por último, el epílogo está dedicado a la librera Frances Steloff, de la neoyorquina Gotham Book Mart, lugar emblemático para las vanguardias literarias y artísticas en la ciudad a mediados del siglo XX, y su relación con uno de sus más eximios representantes por aquel entonces, el francés Marcel Duchamp.
Título original: Wouldn't It Be Nice: Brian Wilson and the Making of the Beach Boys Pet Sounds
Año de publicación: 2003
Traducción: Julio Fajardo
Valoración: recomendable para todos, imprescindible para interesados
Resulta que ciertos libros aparentemente de alcance restringido o incluso, digamos, cercanos al monográfico suelen no serlo tanto e incluso disponer de una especie de ampliación de espectro (o, esto, de campo de batalla) que los eleva por encima de géneros y temáticas. Este brillante estudio casi inclasificable en términos de género (¿crónica? ¿ensayo?) se ocupa de analizar el proceso de creación y publicación de uno de los mejores discos de todos los tiempos: Pet Sounds de The Beach Boys, de cuya primera canción toma el título. Y lo hace de un modo exhaustivo en muchos aspectos técnicos y logísticos. Habla de músicos, de canciones, de productores, de estudios de grabación. Todo eso es ya suficiente para el aficionado fascinado por el disco. Pero, al igual que cierto libro que leí y reseñé hace tiempo, sobre el proceso que acabó con la publicación de Ulises de James Joyce, la cosa no queda ahí. Para bien o para mal, todos acabamos siendo un poco mitómanos. No hablo de llenarse la casa de fotos de un artista o usar carpetas para guardar cualquier recorte de prensa que lo mencione. Hablo de interesarse por los detalles del proceso creativo de ciertas obras maestras y que ese proceso, perdonad lo pedante del término, trascienda.
Brian Wilson, cerebro y compositor principal del grupo, mantenía en su cerebro cada uno de los detalles que debían hacer de este disco un paso en la carrera de la banda. Un paso decisivo donde se debía eludir el enfoque comercial y buscar una especie de territorio inexplorado. Pero ese concepto bullía de tal manera que lo eclipsaba todo: el artista aparta toda la hojarasca que se interpone entre su idea y cómo esta se perfila y ello tiene muchas implicaciones. Granata da cuenta de todos los conflictos interiores que Wilson acometía: desde las diferencias creativas con los otros componentes de la banda, algunos de ellos familiares directos, hasta su tendencia hacia ciertas adicciones, sus problemas de pareja y una siempre equívoca identidad sexual, hablamos de los años 60 y el estereotipo era claro: el rock era para hombres fornidos de pelo en pecho. Su propia condición mental pesa en el relato; la música que había concebido, y sus letras, casi constituían una renuncia a sus trabajos anteriores.
Y así es cómo se detalla como un genio, no sé si ya era hora de decir la palabrita, da los pasos hasta que su obra se completa. Emprende un camino de aislamiento casi autodestructivo donde todo se convierte en una obsesión y donde cualquier precio es bajo si se alcanza la perfección. Wouldn't it be nice no es un libro sobre música, sobre un músico o sobre un disco. Podría tratar de Gaudi y la Sagrada Familia o de Picasso y el Guernica: es un estudio profundo y que esquiva con mucha habilidad atisbo alguno de morbo. Wilson sigue vivo y seguro que aún compone y produce música de vez en cuando. La sombra de su obra no es amenazadora. Prestigio y royalties garantizan una plácida existencia. No se trata de ensalzar su modus operandi ni de enviar a los admiradores a la puerta de su casa (o rancho o mansión) a conseguir autógrafos. Este libro es un reconocimiento y un testimonio de los claroscuros del proceso creativo y esa lectura subterránea lo hace perfectamente asimilable como estudio de cierto perfil de mentalidad artística.
Título original: A Portrait of the Artist as a Young Man
Año de publicación: 1916
Traducción: Martin Schifino
Valoración: incómodo
Escribir una reseña sobre un libro incontestablemente clásico como este representa toda una papeleta. Entended que empiece con lo que suena casi como una excusa, pero dentro de la biografía lectora que uno intenta componer para sí mismo hay autores y novelas ineludibles y esta primera novela de Joyce (también por su modesta extensión, menos de 250 páginas) se me antojó iba a ser una de ellas. Otra cosa es que ose plasmar mi impresión y corra a refugiarme del previsible aluvión de críticas que me tildarán desde lector frívolo o apresurado hasta individuo sacrílego incapaz de descifrar las claves ocultas.
Porque he de confesar que se trata de una novela aburrida, casi mortecina, a pesar de que la inmediata impresión tras leer sus últimas páginas no sea la de haber perdido el tiempo, más bien haber superado una especie de tránsito muchas veces de muy difícil comprensión en su conjunto, aunque no pueda oponerse nada a ni uno solo de sus párrafos. Sin abusar del lirismo, sin perder en ningún momento una impecable fórmula literaria, esta narración - se dice - autobiográfica sobre los años de formación de Stephen Dedalus resulta ser una lectura difícil y pesada, llena de escollos, muchos de ellos, quiero suponer, situados con plena conciencia. Dedalus en la escuela regentada por religiosos que tendrá que abandonar, parece entenderse, cuando su familia deja de disponer de recursos para pagarla, conviviendo con sus compañeros y sufriendo los actos disciplinarios propios de tal época y tales instituciones. Sus escarceos con las mujeres y su arrepentimiento motivado por una fe católica que le oprime y ahoga. A pesar de lo cual, convenientemente empujado en la escuela, llegará a contemplar la posibilidad de ordenarse sacerdote. Y a pesar de la ebullición del artista, del creador que intercala sus textos y acicala párrafos repletos de reflexiones, algunas profundas, algunas un tanto alucinadas, esa posibilidad está a punto de tomar cuerpo, pero el artista adolescente se rebela contra ese destino fatal, no sin antes entregar un tercer capítulo que para mí ha representado la auténtica pesa en la balanza que impide que el libro me haya gustado. Decenas de páginas que parecen pasajes bíblicos y que contienen pasajes de muy difícil digestión (dedicados a procaces descripciones de los sufrimientos que el infierno tiene preparado para los pecadores) y que, pero esto es una pura conjetura, acaban representando a la perfección ese rechazo frontal. Dedalus se separa de sus educadores, se distancia, en un plano psicológico, de su familia, esquiva la fe, se aisla del mundo y se confina con su talento.
Bien: hace más de un siglo, sí, lo suficiente para que esa distancia temporal y ese mundo descrito parezcan un escalón insalvable. No digo que no haya que leer una obra así, solo que al lector contemporáneo puede costarle mucho conectar con ella.
Otras obras de James Joyce reseñadas en ULAD: Dublineses, Finnegans Wake, Exiliados, Ulises
30 años han pasado desde la publicación de "Contra vosotros", 30 años que pueden parecer edades geológicas para una obra que había sido sepultada en el olvido hasta este 2021 en el que, por suerte para nosotros y gracias a La Navaja Suiza y a Miguel Ángel Muñoz, podemos (re)descubrir a Mercedes Soriano.
Desde luego, tras la lectura de "Contra vosotros" quedan la sensación de injusticia cometida por el "establishment literario" y la intención de reparar, en la medida de nuestras posibilidades, ese olvido. Porque "Contra vosotros" es un texto impactante y radical, aunque no totalmente novedoso (todo está ya inventado a estas alturas, ¿no?), que pese a ser en cierto modo fruto de su tiempo permanece plenamente vigente en planteamiento y mensaje.
En el aspecto formal, "Contra vosotros" está constituido por 7 monólogos interiores de 7 personajes diferentes (con voces perfectamente reconocibles, lo cual no es nada fácil) cuyas vidas se rozan en determinados momentos y una brutal coda / alegato / diatriba final. Monólogos, personajes e historias de diferentes origen y condición, marcados en su mayoría por el desencanto, la insatisfacción, el miedo y una continua indagación autoexploratoria y en un tono muy muy bernhardiano. Y es que al igual que la obra del austríaco construía desde lo autobiográfico una feroz crítica a la sociedad de sus tiempo, el texto de Soriano es la crónica de la derrota de una generación (o de parte importante de ella), de las esperanzas incumplidas, de los deseos truncados, etc. Esta generación no es otra que la que vio la muerte de dictador y el acceso al poder del PSOE en 1982, la que oyó los cantos de sirena y pereció ahogada entre la seguridad y la culpa, entre la autorrepresión y el conformismo.
Resumiendo en una sola frase: texto casi imprescindible por complejidad y atrevimiento estilístico, por fondo y por forma, que nos pone frente a un espejo al que no resulta nada cómodo mirarse.
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Completamos el 2*1 con "Aposento", texto de Miguel Ángel Muñoz que nace de la atracción del autor por la figura de una Mercedes Soriano que, cuando apenas contaba con 40 año y formaba parte de "lo más granado de la literatura española del momento (Alfaguara, El País, etc), dejó Madrid y dejó de publicar y se refugió en un pequeño pueblo almeriense, lugar de origen de Muñoz.
Comienza así la búsqueda de una clave imposible que explique las razones de la decisión de Soriano, una búsqueda que es la mismo tiempo "exterior" e "interior" y que lleva al autor a reflexionar sobre lectura, escritura y vida, siempre con la idea de la trasformación, el "escondite" y el alejamiento como reconstrucción personal. No tiene nada que ver, es obvio, pero me vienen a la cabeza Arturo Belano y Ulises Lima en busca de Cesárea Tinajero. Cosas mías.
El caso es que "Aposento" no es una búsqueda al uso o una narración al uso de ese búsqueda. Porque aquí cabe el "ensayo", el diálogo imaginado con la autora, la lectura de su obra, la narración "pura"... Reflexiones, conexiones, referencias, resonancias e hilos que nos acercan a autores más o menos célebres que, en un momento dado, decidieron apartarse del mundo: Quignard, Pessoa, Emily Dickinson...; historias que nos llevan de lo personal a lo general, de la obra de Mercedes Soriano y del Madrid de los 90 al Cabo de Gata del siglo XXI en una pesquisa cuya importancia no reside tanto en las respuestas encontradas como en las preguntas planteadas.
P. S.: Para que os hagáis una idea de lo que la lectura de estos dos textos han supuesto, al día siguiente de terminar la lectura de "Aposento" encargué "Historia de No", primera obra de Mercedes Soriano. En un tiempo la reseñaremos en el blog. No hay duda
Aquí, en cambio, uno siente una guerra pero no la ve. Y son los mismos desplazados, la gente misma, los que abandonan a sus perros. Eso es peor que colgarlos de un poste. Los abandonan para anunciar que se marchan de este infierno
Idioma original: español