sábado, 15 de agosto de 2015

Alfonso Armada: Sarajevo

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: necesario

Cierro una trilogía. La llamaría la de los Balcanes. Habría que ir un poco atrás, con Esquirlas de Prcic, para completarla, y más vale tarde que nunca, pero, por lo que sea, ahora se publica, en Malpaso, que empieza a merecer gran reputación además de su cuidada apuesta estética, este Sarajevo, volumen recopilatorio de artículos que Armada, corresponsal al pie del cañón (o al pie de la mira telescópica del fusil del francotirador) publicó en diversos medios. 
Si hace falta explicar qué evocan nombres de ciudades comos Sarajevo. o Mostar, o Srebrenica, en el imaginario de los habitantes del planeta, en especial de los que tuvieron algún uso de conciencia en los primeros 90 (mientras, por ejemplo, en 1992, mi ciudad albergaba unos Juegos Olímpicos: así de tranquilitos y ajenos estábamos), entonces voy a intentar resumirlo en un par de ideas. Diáspora de un país ensamblado artificialmente. Conflicto entre comunidades pugnando por su territorio. Débiles (o sea, civiles que solo quieren vivir en paz), a palmar.
Y Alfonso Armada, allí, varias veces, primero por el mero destino profesional, luego, por una mezcla de síndrome de Estocolmo, exigencia de adrenalina, y requisitos emocionales. Armada escribiendo a la luz de una vela en una ciudad en ruinas, sin comida. sin luz ni agua ni comunicaciones, una ciudad a la que, en algo equidistante entre tragicomedia y resignación, los habitantes han rebautizado una vía principal como Avenida de los Francotiradores. Armada oyendo las balas silbar a su paso, para transmitir una crónica. Armada siendo despojado de su vehículo, a punta de Kalashnikov, por unos milicianos. The real thing.
Sí. Así estaban las cosas no hace ni 25 años. Y ay de los advenedizos que vengan a atrapar al vuelo la oportunidad de la publicación de cosas así. No vengamos con puñetas. Alguien saca primero un fusil (explicaría brevemente las diferencias entre fusiles y urnas, pero no debería hacer falta), y alguien convoca a unos tanques para que salgan a dar un paseo, y alguien le indica a una milicia que se ponga en unas colinas y desde allí establezca un asedio que condene a los habitantes de una ciudad, durante años, a una existencia llena de stress y dolor.
Sarajevo combina los artículos publicados con los escritos del diario personal del autor. Un autor prendado de una dama, a la que menciona, un autor que toma, en esos textos, un tono íntimo que prepara y complementa a la ya brillante crónica periodística, que ya es un testimonio alejado de frialdad e inocuidad, pero al que la reflexión sentida pero serena ayuda en gran medida. Armada es incapaz (en el buen sentido) de olvidar la intensidad de la vivencia. Nombra a las víctimas, describe la crueldad que ve y la que intuye, usa cifras sin abrumar, comparte su estupefacción hacia lo que ve como una banalización de una enorme tragedia, tanto materializada en discusiones por precios con los medios para los que escribe, como en la constatación de que, para mandos y políticos, los civiles son los peones sacrificables en el tablero. No hay apelación al lagrimeo, de hecho las excelentes fotografias de Gervasio Sánchez no muestran una gota de sangre, no hay cadáveres destrozados o miembros seccionados. Solo horror y sorpresa en las miradas, polvo y cemento de edificios desbrozados. 
Necesario. Este libro no es una lectura de terraza y foto de pies con el mar al fondo. No puede ser solo eso, un tamaño asequible para meter en la maleta. Dos o tres horitas de avión, y podemos plantarnos allí. En los mismos lugares. Especular si la señora sentada en el banco del parque vio como su marido o su hijo fue separado, junto a otros varones para, ante la pasividad de los cascos azules, ser ejecutado en uno de los muchos actos de limpieza étnica. Si fue de los más de 8000 de Srebrenica o le tocó cualquier otra localidad. Podemos especular si alguno de nuestros vecinos de barrio, cincuentones con apellidos acabados en ic que ejercen sus respetables profesiones, fueron víctimas o verdugos. La fuerza evocadora de la crónica periodística tiene eso. Hacernos pensar en situaciones que, por kilómetros que haya por medio, no nos son ajenas, como especie humana, en este mundo global, en esta civilización tan chipiguay, y bla bla bla.
Albricias: la palabra continúa siendo un arma muy poderosa.

4 comentarios:

Carmen Joy dijo...

La verdad es que es un libro que llevo un tiempo queriendo leer. La crónica periodística tiene eso de contarte algo que está sucediendo tal y como lo vive el periodista, lo que hace que el relato sea doblemente real.
Gracias por la reseña. La comparto.
Saludos

Francesc Bon dijo...

Pues para mì ha sido un enorme placer, no solo por la sensación de proximidad física con la situación, sino porque Armada sabe despojar la crónica de la subjetividad propia de la lógica empatía, lo cual causa justo el efecto opuesto. Uno piensa, tal como lo describe, qué jodido ha de ser eso.

Yenlowang dijo...

Yo lo he acabado esta misma semana, y lo he leido justo despues de mi viaje por los balcanes, por lo tanto la capacidad evocativa que ya tiene la cronica periodistica, ha sido reforzada por los recuerdos de mi viaje, por lo tanto lo he "disfrutado" (lo entrecomillo porque disfrutar con esta lectura no es facil debido a la absoluta crueldad que retrasmite) muchisimo, por lo tanto la calificacion de necesario me parece absolutamente perfecta.

Por otro lado, al principio de la reseña comentas que con esto cierras una trilogia balcanica, me podrias comentar cuales son las otras dos patas de esta trilogia? Gracias!

Francesc Bon dijo...

Buenas:

Gracias por el comentario, y celebro la sintonía. Pues la trilogía balcánica ya debería ser llamada tetralogía.

La integran, además de Sarajevo

Esquirlas, de Ismet Prcic (Blackie Books)
Soñé con elefantes, de Ivica Djikic (Sajalin)
La hija del Este, de Clara Usón (Seix Barral)

Todos ellos reseñados aquí, y todos ellos grandes libros.

Saludos.