lunes, 17 de agosto de 2015

valter hugo mãe: la máquina de hacer españoles

Idioma original: portugués
Título original: a máquina de fazer espanhóis
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Aclaración inicial: la ausencia de mayúsculas en el título del autor y en el título no es cosa mía: es así como le gusta que se escriba al propio autor. Tampoco en el texto de la novela, con la excepción de unos pocos capítulos, se usan las mayúsculas. Manías de escritor, oye: a Juan Ramón Jiménez le gustaba escribirlo todo con jota y ganó el Nobel.

Dicho esto, paso a presentar a valter hugo mãe, al que sospecho que probablemente no conocerán la mayoría de los lectores españoles o hispanoamericanos que nos siguen. valter hugo mãe es uno de los escritores jóvenes (bueno, de mediana edad) mejor valorados de la literatura portuguesa actual. En realidad, más que un escritor es un hombre orquesta: es novelista, poeta, artista plástico, presentador de televisión, cantante... Su prestigio subió varios grados cuando en 2007 ganó el Premio Saramago por su novela o remorso de baltazar serapião. Después de eso ha seguido publicando novelas de relativo éxito, como la máquina de hacer españoles o la deshumanización.

Esta novela, la máquina de hacer españoles, tiene un planteamiento prometedor: el protagonista, Antonio Silva (perdón, antonio silva) se queda viudo y es internado en una residencia de ancianos, donde conoce a un conjunto de personajes singulares y, en general, entrañables: "esteves sin metafísica", que dice ser el mismo Esteves que aparece en el famoso poema "Tabacaria" de Fernando Pessoa; la señora marta, que espera siempre las cartas de amor de un marido que la ha dejado tirada en la residencia; un "portugués de badajoz"...

Lo mejor de la novela es, quizás, la sensibilidad con la que están retratados los personajes: seres complejos, abandonados pero que, en la mayoría de los casos, consiguen mantener una actitud de rebeldía ante la vejez o la muerte que los acechan. No son ancianos ideales, los sabios de la tribu a los que la sociedad ha tratado injustamente: pueden ser cariñosos, ingeniosos y soñadores, pero también egoístas, violentos, repulsivos. Se cagan encima, se vuelven seniles, se putean unos a otros, se engañan, se mueren.

Son, en fin, ancianos con toda la complejidad fisiológica, mental y moral que eso entraña, y que reflejan también a un país arruinado social y moralmente por años de régimen salazarista. Todos los grandes símbolos del régimen (la virgen de Fátima, el Benfica de Eusebio, la policía secreta o PIDE) pasean por la memoria de estos viejos, que ven cómo su país se ha convertido en una "máquina de hacer españoles" (siendo España en su imaginario un lugar más moderno, más próspero, más vivo).

Y quizás lo peor de la novela sea su deuda evidente con Saramago. (Recordemos que en 2007 valter hugo mãe recibió el Premio Saramago de manos del propio Saramago). No se trata solo de la cuestión meramente tipográfica (la falta de signos que indiquen los diálogos, el uso de comas donde normalmente se esperarían puntos, etc.), sino de un estilo, de una forma de tratar a los pesonajes, sus voces y sus pensamientos, una mezcla de descripción realista y reflexión presentada como si fuese banal. Si quiero leer a Saramago, ya tengo a Saramago, que es mejor Saramago que cualquiera de sus posibles continuadores.

Dicho esto, la máquina de hacer españoles es una novela que gana con el paso de las páginas: los personajes adquieren mayor profundidad y escapan del estereotipo, y uno llega a cogerles cariño a estos ancianos que se agarran a la vida con la fuerza y la esperanza que les queda. En este momento no sé decir si valter hugo mãe merece el hype que hay a su alrededor en Portugal; creo que tendré que seguir leyéndole para averiguarlo.

2 comentarios:

aningunsitioperoquesealejos dijo...

Este libro lo compré porque me llamó la atención el título. Pero, luego, al intentar leerlo, no pude. No sólo por mi distanciamiento con la historia de Portugal sino por el tema de las mayúsculas. Suena ridículo pero me resultaba molesto. Sin ellas, la lectura se me hacía muy costosa. Lo abandoné leído un cuarto o un tercio.

Anónimo dijo...

Es una realidad en España.Me encantó el tema.