viernes, 28 de agosto de 2015

Michael Billig: Nacionalismo banal

Idioma original: inglés
Tïtulo original: Banal Nationalism
Año de pubicación: 1995
Valoración: recomendable

No suelo reseñar por aquí los libros que leo para mi trabajo en la universidad, porque me suele parecer que no son interesantes para la mayoría de los seguidores de ULAD. Con este, sin embargo, voy a hacer una excepción, porque el tema que trata creo que es de máxima actualidad, y también porque es un libro bastante divulgativo, o sea, no exige un conocimiento precio de "jerga teórica" para entenderlo. Cabe decir, además, que este libro se ha convertido en los últimos veinte años en un clásico, de manera que la expresión "nacionalismo banal" es ya

El principio básico del que parte Nacionalismo banal es que el término "nacionalismo", tanto en su uso cotidiano como en su uso académico (en el mundo de la sociología por ejemplo) se ha restringido erróneamente: llamamos "nacionalistas" a los movimientos periféricos o secesionistas que cuestionan los estados-nación establecidos, pero no a los propios estados-nación, cuyo nacionalismo se vuelve invisible. (Los que vivimos en España tenemos infinitos ejemplos de esto: si un político vasco o catalán habla de que el País Vasco o Cataluña son una nación, es nacionalista; en cambio, si Esperanza Aguirre dice que "España es una nación con 3000 años de historia", o Rajoy dice que "España es una gran nación", eso no es nacionalismo: como mucho, será patriotismo, o simple enunciación de hechos).

¿Y como se expresa este nacionalismo de los estados-nación? Pues a través por supuesto de grandes fiestas (la fiesta nacional, el Día de la Independencia y similares), pero también de una forma más "banal", entendiendo banal no como "insignificante o sin importancia", sino, como Hannah Arendt, como una manifestación casi invisible que no exige adoptar una postura activa sino solo la aceptación pasiva del statu quo. Dicho con otras palabras: el nacionalismo (el de las periferias separatistas, pero también el de los estados-nación) está tan naturalizado que permea nuestra vida sin que nos demos cuenta.

Para demostrar esta idea, Billig hace un análisis del discurso académico (sociológico sobre todo), político, periodístico y hasta deportivo (sobre todo del Reino Unido, aunque hay ejemplos también de otros países), más allá de banderas y discursos, el nacionalismo implícito está arraigado en la práctica cotidiana. Cada vez que leemos un periódico con una sección de "actualidad nacional", cada vez que hablamos de "nosotros" como oposición a un "ellos" externo, cada vez que se produce un éxito de un deportista compatriota y los medios lo exaltan como un héroe nacional... estamos viendo manifestaciones de ese nacionalismo banal.

Más allá de ceirtas repeticiones innecesarias, y de algunas cuestiones dudosamente resueltas (por ejemplo, por qué el nacionalismo llegó a ser, en apenas un siglo, la ideología que condicionase la articulación de la política internacional, o cómo se incardina la identidad nacional desde el punto de vista psicológico y sociológico), el libro de Billig tiene un mérito fundamental: llamar la atención sobre una deformación del lenguaje que identificaba el nacionalismo solo con sus manifestaciones más extremas y gesticulantes. El nacionalismo, como ideología que estipula que el mundo se divide en naciones, que estas naciones son soberanas y que esa soberanía debe ser defendida por encima de todo, sigue hoy en día bien vigente, pese a que algunos afirmen (prematura o ingenuamente) que vivimos en un mundo post-nacional.

Puede parecer que Billig está descubriendo el Mediterráneo con esta idea del "nacionalismo banal"; sin embargo, creo que hoy sigue siendo tan necesario como hace veinte años deconstruir los discursos aparentemente inocentes o ingenuos de los nacionalismos: de todos los nacionalismos, los que quieren alterar el statu quo del estado-nación, y los que quieren alterarlo.