viernes, 7 de agosto de 2015

Robert Löhr: La máquina de ajedrez

Idioma original: alemán
Título original: Der Schachautomat
Año de publicación: 2005
Traductor: Lluís Miralles de Imperial
Valoración: entre recomendable y está bien

La historia es bastante conocida, creo: en la segunda mitad del siglo XVIII, un constructor austriaco de autómatas -artilugios muy de moda en las cortes europeas de ese momento- fabricó un "turco" capaz de jugar -y además ganar- al ajedrez, ingenio éste que le hizo famoso y le granjeó el favor de la emperatriz María Teresa. Llegó a jugar, además, contra Benjamin Franklin y Napoleón Bonaparte.  La máquina, por supuesto, era falsa: en su interior se ocultaba un enano, diestro en el susodicho juego, que movía las piezas mediante un pantógrafo.

Esta novela recrea la historia de aquel fraude, perpetrado por el consejero de Su Majestad la Emperatriz de Austria y Hungría, el caballero Wolfganag Von Kempelen, un ambicioso funcionario -y noble, además, por la vía conyugal-, deseoso de escalar posiciones en el palacio de Schönbrunn.Al parecer, hubo varios operarios encargados de que la supuesta "máquina" funcionase, pero el que aquí aparece es Tibor Scardanelli, un enano italiano, excelente jugador de ajedrez, que se convierte en el verdadero protagonista de la novela. Tibor es además un personaje complejo, temeroso y audaz a un tiempo, estafador aunque prisionero de la misma estafa en la que participa; orgulloso de su habilidad pero, como devoto católico, lleno de remordimientos... aparte de la culpa que provocan en su alma las tentaciones de la carne... A su lado, Von Kempelen resulta más plano y mucho más frío e incluso despiadado, movido tan sólo por su ambición, su soberbia y las maquinaciones que va elaborando. Aún así, los dos hombres acaban por acoplarse en una simbiosis perversa, unidos por el fraude y hasta por el crimen...

La recreación histórica, casi huelga decirlo, es exquisita, lo mismo al retratar los ambientes palaciegos y las fiestas cortesanas, que la cotidianeidad de Presburgo (Bratislava), donde residía Von Kempelen, así como las diferencias de clase entre unos personajes y otros. Ayuda, claro, la inclusión de celebridades de la época, como Mesmer , el escultor Messerschmidt o la propia emperatriz maría Teresa. La prosa, por su parte, fluye con la solvencia y eficacia que es de desear. Y sin embargo...

Y sin embargo, ésa es la mayor pega que se le puede poner a esta novela: que resulta de lo más solvente, sólida, eficaz... parece más debida a la gubia y el cepillo de un artesano que a la audacia del cincel de un artista. No era mi intención caer en el tópico sobre la idiosincrasia germana (y sospecho que me lloverán comentarios de protesta por hacerlo), pero el resultado resulta propio de una fábrica bávara de automóviles, no de un pequeño taller de soñadores en la campiña italiana: es un producto sólido, eficaz y fiable; sin duda, con todas las garantías y los controles de calidad... pero uno no puede dejar de preguntarse, al leer esta novela -sé que las comparaciones son odiosas, y probablemente ésta más que ninguna- qué habría hecho con una historia tan golosa como la del turco autómata y el enano que moraba dentro el Ítalo Calvino que escribió la serie de Nuestros antepasados, por ejemplo...

En fin, elucubraciones vanas... y tampoco quiero ser injusto ni desagradecido con La máquina de ajedrez; al fin y al cabo se trata de una novela bien escrita, bien documentada y bastante entretenida, ideal para pasar las infinitas tardes estivales, con la sensación de que se está leyendo algo de más sustancia que el best-seller de turno. Mejor aún si se sabe jugar al ajedrez, claro.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Ninguna mencion a la 1 tesis de benjamín en 'sobre el concepto de historia'?

Juan G. B. dijo...

Hola.
Pues no, pero viene muy al pelo, en efecto, así que me permito poner un enlace para ilustrar tu comentario: http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/benjaminw/esc_frank_benjam0021.pdf
Gracias por tu aportación y un saludo

Anónimo dijo...

Gracias a vosotros por el blogs! Se os termina por coger cariño.

Juan G.B dijo...

Glups...no me hagas soltar la lagrimita, please... ; ) (eso sí, te agradecería si se lo dices a mi familia, a ver si recapacitan y me vienen a recoger... de esta... gasolinera...)

Anónimo dijo...

Vuelta al principio. Ahora solo queda decidir ¿seguimos o lo dejamos?

Juan G.B dijo...

Seguimos... pero sólo si tus intenciones son serias, que soy un chico chapado a la antigua... ; )
No en serio: gracias por tu amable atención. Un saludo.

Pascual Perea dijo...

Madre mía, Juan, qué guión más horroroso. Le suspendo en conversación escrita y por ahí pierde usted los seguidores.

Juan G.B dijo...

No se puede tener todo... prometo que trataré de mejorar y progresar adecuadamente.
Un saludo.

Pascual Perea dijo...

Usted si puede, Juan. Aléjese de los otros.

Francesc Bon dijo...

Cuando nombre y apellido empiezan por la misma letra, me tenso al máximo.

Brigitte Bardot
Francisco Franco
David Dustamante

Pascual Perea dijo...

A esto me refiero, Juan. ¡Corra!

Juan G.B dijo...

Entiendo perfectamente que el ajedrez y los autómatas del siglo XVIII despierten las más encendidas pasiones, pero, visto lo visto, creo que me abstendré de reseñar el libro que estoy leyendo ahora, sobre los clásicos relojes de cuco tiroleses...
Paz y amor, amigos.

Juan G.B dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carmen dijo...

Curiosos comentarios y curiosa historia del enano. Ahora me gustaría saber que hay detrás de los relojes de cuco

Juan G. B. dijo...

Hola Carmen...sospecho que algún pitufo ;)
Gracias por el comentario y un saludo.