miércoles, 17 de junio de 2009

Nigel Barley: El antropólogo inocente

Idioma original: inglés
Título original: The Innocent Anthropologist.
Fecha de publicación: 1983
Valoración: Muy recomendable

Siguiendo el consejo de una amiga (¡gracias, Marina!) me compré la semana pasada en la Feria del Libro El antropólogo inocente. Lo he leído en unos pocos días, y tengo que decir que es uno de los libros más graciosos y ágiles que me han caído en las manos desde hace tiempo.

Barley, como todo antropólogo que se precie, decidió un buen día buscarse una interesante tribu en la que poder realizar un trabajo de campo. Los motivos de esta decisión son bastante más pedestres de lo que suele creerse. Salir al encuentro de la alteridad o adentrarse en los misterios de la especie humana son lemas que no están mal para figurar en el frontispicio de cualquier ensayo antropológico. Barley es algo más modesto y explica que siempre había envidiado la capacidad de sus profesores para resolver cualquier pregunta incómoda apelando a sus experiencias africanas. Y bueno, después de todo, tampoco tenía nada mejor que hacer en la universidad inglesa.

Así que después de encontrar un pueblo adecuado, los dowayo de Camerún, Barley se puso en marcha. En la imaginación popular el antropólogo es un ser aguerrido que abandona su despacho (forrado de madera oscura y cuero verde) para adentrarse en la selva y abrirse paso a machetazos hasta una bucólica aldea en medio de ninguna parte. Barley se empeña en mostrar la falsedad de esa estampa, explicando que su peor enemigo no fueron las arenas movedizas, sino los burócratas. Para dar cualquier paso en Camerún necesitaba una media de siete papeles sellados y firmados en oficinas alejadas entre sí. Las gestiones más simples se convertían en una prueba de fuego a la paciencia. En Correos, por ejemplo, "un oficinista experimentado podía lograr que la entrega de una sola carta durara diez minutos".

Cuando finalmente llega a su aldea de destino, comienzan los verdaderos problemas. Barley no hablaba una sola palabra del idioma dowayo, una lengua muy compleja en la que el significado de las palabras varía según el tono con que se pronuncien. Los desesperados intentos de Barley por hacerse entender conducen a situaciones divertidísimas, que no hacen sino aumentar el aura de excentricidad que los dowayo le confieren desde el principio. Con el tiempo sufrirá el calor extremo de la estación seca y las tormentas sin término de la húmeda, contraerá variadas enfermedades, incluso perderá inútilmente un par de dientes a manos de un supuesto dentista.

El antropólogo inocente no es, sin más, una colección de divertidas anécdotas. El autor sabe narrarlo todo con ese estilo conciso e irónico que es tan inglés, pero no deja de informarnos de las principales costumbres y creencias de los dowayo. Al acabar el libro, el lector se habrá formado una idea general del universo simbólico de este pueblo, pero, sobre todo, habrá puesto en cuarentena muchas de las más arraigadas opiniones sobre la Antropología; incluido el mito europeo que reverencia la sabiduría ancestral de las culturas no europeas. Muy indicado para quien nos tome, a los europeos, demasiado en serio.

8 comentarios:

Paula dijo...

¿Y por qué no ha escrito Marina esta entrada, eh, Marina, EH, EH? ¡Bah! Bribona...
Sí, suena divertido... el tipo de libro para cuando el sol te achicharra las neuronas en la playa... (Por cierto, que de este libro nos había hablado ya alguna vez).

Santi dijo...

¿Cómo era eso de "tengo que irme para hablar con el curandero" o algo así? :)

Jaime dijo...

Sí, es cierto, se ve que Marina ya nos había hablado varias veces del libro este. Lo curioso es que a mí se me había olvidado por completo, y cuando lo vi sólo me sonaba, pero no sabía de qué. Vamos, que fue mi subconsciente el que siguió su consejo, no yo.. (En cuanto a lo de las colaboraciones ocasionales, yo ya he tirado la toalla, pero ya sabéis que nosotros encantados.. ¡Tú también podrías hacer alguna, Paula!)

Era mucho mejor que eso, Santi, jejej.. Está Barley con los sabios de la tribu y quiere irse rápido porque quiere cocinar algo de carne que había comprado. Pero el dichoso idioma tonal le juega una mala pasada y lo que dice realmente es: "Discúlpenme, señores, he de irme: tengo que copular con el herrero." Jajajaj!

Marina dijo...

A eso se le llama memoria implícita, Jaime. Bien bien, queda perfectamente aclarado que fue tu subconsciente quien siguió mi consejo. De otro modo nunca lo habrías hecho. ¬¬’ Ten amigos para esto…

Pues si os gusta este libro, quizá os guste leer El animal social, de Elliot Aronson. En este caso es un libro de introducción a la Psicología Social. No está escrito en primera persona ni explica detalladamente anécdotas tan surrealistas. Pero explica de una forma muy amena, y apoyándose en experimentos que ríete tú de las cámaras ocultas, el porqué de muchas conductas y fenómenos sociales -e individuales, al fin y al cabo-. Normalmente te ves a ti mismo retratado en esas explicaciones y hace que te sorprendas y te plantees muchas de tus ideas más arraigadas. Vale la pena.

(¿Os había dicho ya que me gusta este blog?)

Jaime dijo...

(Pues no sé si lo habías dicho ya, pero puedes decirlo todas las veces que quieras.)
Gracias por la recomendación, creo que esta vez trataré de que sea mi parte consciente la que te haga caso;).

Sonia dijo...

Acabo de leerlo, y he llorado de risa, literalmente!!Recomendabilisimo! Eso si, el autor esta loco, volver a enfrentarse a esa burocracia??Loooco!!!

galgata dijo...

¡¡Qué buen libro!! A mí me gustó mucho, y además lo reseñé en mi blog, por si a alguien le interesa, http://galgata.cl/fonola/el-antropologo-inocente-nigel-barley-1983/ :)

Dana dijo...

Excelente libro!!!! Me he quedado con ganas de conocer mas autores que escriban con estilo parecido sobre tematicas antropologicas. Alguien sabria recomendarme? Muchas gracias!