martes, 5 de marzo de 2013

Pío Baroja: El árbol de la ciencia

Idioma original: español
Año de publicación: 1911
Valoración: recomendable, pero extraño

Creo que todos los que estudiamos en la EGB recordamos este libro: era lectura obligatoria en la asignatura de literatura, no recuerdo en qué año. La verdad es que cuando lo leí entonces no me marcó demasiado: lo leí por obligación, sin interés ni gusto. Creo que en aquella época me había dado por devorar a Borges, y claro, Baroja tenía poco que hacer en comparación (claro que, ¿cuántos autores podrían competir con un Borges recién descubierto?).

Releído ahora, no sé cuántos (demasiados) años después, El árbol de la ciencia produce una sensación extraña: las secciones narrativas -las dos primeras y las dos últimas del libro- parecen llenas de acción, pero una acción desbocada, compuesta por cuadros casi independientes y llenas de personajes secundarios sin más hilo conductor que la travesía vital del protagonista, Andrés Hurtado; a esta sensación vertiginosa ayuda el estilo de Baroja, directo, conciso, en ocasiones casi infantil por su brevedad y su simplicidad. Y en medio, en la sección tercera, la acción se detiene para dar paso a una conversación demorada entre el protagonista y su tío Iturrioz sobre filosofía (con especial atención al idealismo y al irracionalismo).

En lo que más vale la novela, probablemente, y también en lo que por desgracia resulta más actual, es en su implacable crítica de los males de España: una universidad anquilosada y alejada de la realidad; un chovinismo irresponsable; una hipocresía clasista; una ignorancia supersticiosa o un bipartidismo político corrupto. Véanse por ejemplo estas frases sobre la política del pequeño pueblo de Alcolea:

La política de Alcolea respondía perfectamente al estado de inercia y desconfianza del pueblo. Era una política de caciquismo, una lucha entre dos bandos contrarios, que se llamaban el de los Ratones y el de los Mochuelos; los Ratones eran liberales, y los Mochuelos conservadores. [...] Alcolea se había acostumbrado a los Mochuelos y a los Ratones, y los consideraba necesarios. Aquellos bandidos eran los sostenes de la sociedad; se repartían el botín; tenían unos para otros un “tabú” especial, como el de los polinesios.
Como se puede deducir, El árbol de la ciencia es una obra pesimista, no solo crítica sino también desencantada. La propia actitud del protagonista, capaz de reconocer los males de la sociedadque lo rodean pero incapaz de hacer nada al respecto, parecen reflejar la visión barojiana de la vida. El desenlace, no exigido por la trama sino por la voluntad de su creador, contribuye a la sensación general de callejón sin salida que predomina en la novela, en la que apenas hay personajes que puedan considerarse positivos.

Creo que el efecto que produce esta novela, como casi todas las de Baroja, se debe precisamente a que estamos acostumbrados a una cohesión más fuerte en las obras narrativas: los capítulos e incluso las frases se subordinan a una trama o a varias, por amplios que puedan ser los meandros de la narración. En Baroja, como sucede en cierto modo con las novelas de César Aira, da la impresión de que tanto el lenguaje como la imaginación creadora se disparan en todos los caminos a la vez, y el lector queda al mismo tiempo confuso y atrapado. De lo que no cabe duda es de que se trata de un terrible retrato de la España de principios de siglo; y mejor no decir de qué siglo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues no creo que Baroja tenga nada que envidiar a Borges. Por otro lado, la novela está bastante más cohesionada de lo que presume, la composición simétrica de las partes están al servicio de una trama, de corte bastante existencialista. Para algunos, este libro supuso todo un descubrimiento, e incluso una vocación. Libro emblemático donde los haya.

Anónimo dijo...

También para mí fue lectura obligatoria, sin embargo, a mí me gustó muchísimo en ese momento, es de esos libros que dejan poso pero que no se hacen pesados, engancha. También me parece recomendable de Pío Baroja "el mundo es ansí".

RelatosMagar dijo...

A mí lo que menos me gustó de este libro fue ese estilo narrativo infantil. Y, de repente, aparece esa conversación filosófica que me descolocó, aunque resultó ser lo más interesante de la novela. No he leído más de Baroja, pero esta novela me decepcionó tanto que pasaré mucho tiempo sin darle una nueva oportunidad. Saludos

Anónimo dijo...

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿Que Baroja no tiene nada que envidiar a Borges???????????????????????????????????????????????? What the f...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!??????????????????????????????????????

Anónimo dijo...

Me gusta este blog. Pero que solo haya una reseña de Baroja y en ella se hable de "estilo infantil" y se lo compare despectivamente con otros escritores, no dice mucho bueno

Santi dijo...

Una obra maestra como una casa. Creo que no se trata de comparar con Borges o con quien sea. Me parece uno de los libros fundamentales de la literatura patria del siglo XX aunque también entiendo que a “los modernos” les pueda parecer anticuada. También les suele parecer anticuados El Quijote, La Celestina, Unamuno o Galdós...Una pena, ellos se lo pierden.

Saludos

1984 dijo...

A mí me parece que Baroja resiste mejor el paso del tiempo que otros escritores de su generación, quizá porque ese estilo sencillo y deslavazado resulta moderno. Nada que ver con la prosa amazacotada de su tiempo (y del nuestro). Además, Baroja tenía ideas. De hecho, "El árbol de la ciencia" es la crónica acre de una vida trufada con las disquisiciones filosóficas en boga en 1900. Y la crítica nacional: España es una mierda y el protagonista no se siente feliz ni satisfecho con nada ni nadie. La mezcla de crítica social, existencialismo antes de que se inventara el existencialismo, Kant y Schopenhauer dan como resultado una novela francamente buena. Como todas las de Baroja, se deja leer muy bien, no resulta jamás pesada, y deja un poso amargo. Es una novela que se olvida mal. Merece la pena, como la mayoría de lo que escribió Baroja.

Saludos