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martes, 30 de diciembre de 2025

Antonio Muñoz Molina: El verano de Cervantes

                                                                                     

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable

Si entre sus próximos proyectos lectores está la última obra de Muñoz Molina harían bien en plantearse dos cuestiones previas: en primer lugar, ¿les interesa conocer detalles de la vida de Cervantes? y, en segundo lugar, ¿han leído o releído El Quijote en tiempos recientes? Si sus respuestas a estas preguntas son afirmativas, entonces es muy recomendable que aborden la lectura de este libro. En caso contrario, van a perderse muchos detalles sobre la obra cervantina y les va a resultar una lectura, si no decepcionante, sí incompleta.

El verano de Cervantes es un libro que, como nos cuenta el escritor jienense, surge de un enamoramiento de largo recorrido con El Quijote. "Fue un libro que había encontrado en un baúl, en el pajar del último piso, donde se amontonaban los trastos viejos y las herramientas de ir al campo". Al parecer, era uno de los pocos libros que había en la casa familiar y Muñoz Molina lo devoraba durante el verano, aunque era una edición muy antigua, Editorial Calleja 1881, "con su papel amarillento que tenía un tacto y un olor de polvo de trigo, con sus tapas rústicas gastadas en los bordes, ligeramente chamuscados".

A partir de ese momento y aunque Molina tiene sus escritores de cabecera, particularmente señala a Proust y Montaigne, es Cervantes, y sobre todo al Quijote,  al que vuelve con mayor frecuencia: "Don Quijote no sólo es el libro que he leído más veces a lo largo de mi vida: es también el que más veces he comprado, con cierta frecuencia para regalarlo, pero sobre todo para mí".

Como nos cuenta el escritor, en una de esas relecturas comienza a tomar notas y trabaja durante diez años para finalmente publicar el libro que tenemos entre manos. Nos encontramos con un riguroso ensayo que, aunque tiene como eje vertebrador El Quijote, va intercalando reflexiones sobre la vida y obra de Cervantes  y sobre recuerdos de la vida de Muñoz Molina, pero relacionados directamente con la obra cervantina. Queda meridianamente clara la admiración de Molina por Cervantes y su obra: "Su agudeza en la observación es tan excepcional como la amplitud de sus lecturas y de su experiencia directa del mundo. Tiene la cultura literaria de alguien que hubiera pasado la vida sosegadamente entre libros y la frescura de percepción de alguien que no ha dejado de comprometerse a fondo con la vida real, por voluntad propia o por azar, incluso por mala suerte".

Como he señalado, el ensayo es especialmente pormenorizado en lo que respecta al Quijote. Avanza cronológicamente destacando infinidad de detalles que, si no se ha leído la obra recientemente, van a ser irrelevantes para el lector. Personajes, paisajes, ambientes, todo es analizado minuciosamente por Muñoz Molina que llega a la conclusión  de que el trabajo de Cervantes como inspector y recaudador de impuestos resulta  fundamental para que pueda plasmar en la obra   una visión tan profunda de todo lo que le rodea. Al mismo tiempo nos recuerda que Cervantes no fue especialmente famoso en su época, y sus contemporáneos, como Lope de Vega, no reconocieron su talento. Molina señala, con cierta amargura, que para llegar al éxito de El Quijote "ha hecho falta la postergación, el fracaso en el teatro, el poco éxito en la poesía, el entusiasmo y luego el descrédito de las ilusiones, las más ambiciosas y las más modestas, el tránsito del heroismo militar a la monotonía administrativa, del triunfo engañoso de Lepanto a la ruina quijotesca de la Armada Invencible".

No falta en el análisis de Molina las referencias a la recepción que tuvo El Quijote en su época y con posterioridad. Así menciona la admiración o animadversión que algunos escritores sintieron por la obra. Entre los primeros, Thomas Mann o Freud, que llegó a aprender español para poder leer fielmente la obra. Entre los segundos Nabokov al que El Quijote le parecía "una novela cruel y detestable".

Nos enfrentamos, pues, a un ensayo excelentemente redactado, minucioso en las descripciones, rico en anécdotas y con ese estilo pausado y melódico que caracteriza la prosa de Muñoz Molina. Al final del libro, el escritor nos añade una lista de lecturas recomendadas sobre el tema, que le debieron servir de base para preparar el libro y que nos pueden orientar si queremos profundizar en el estudio de Cervantes y su obra. Llama en este sentido poderosamente la atención la ausencia de libros de Martín de Riquer, uno de los más reconocidos cervantistas de nuestro país.

Quizás a modo de recomendación me atrevería a aconsejarles que lean primero El Quijote, preferiblemente en verano, como hizo el autor, y luego aborden la lectura de este libro. Sólo de esa forma podrán disfrutar como se merece de El verano de Cervantes.

También de Muñoz Molina en ULAD: El jinete polaco, Como la sombra que se va, El viento de la luna, Plenilunio, Todo lo que era solido.

lunes, 26 de octubre de 2020

Miguel de Cervantes: Novelas ejemplares (I)

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1613

Valoración: Recomendable


Uy, uy, uy… Cervantes, señores, esto es caza mayor, pero muy mayor, como los elefantes de… Vamos, que uno tiene un respeto a los clásicos, y tocar ciertas teclas me da un poquito de pudor, pero bueno, que vamos con ello.

Dice el prologuista Luciano García Lorenzo que Cervantes, que ya había publicado la primera parte del Quijote unos cuantos años antes y debía tener casi a punto la segunda, consideraba que las Novelas ejemplares estaban destinadas a ser su gran obra. Una opinión bastante sorprendente si comparamos la gran obra universal con esta colección de relatos, como vamos a ver. El formato entronca con el de la novella italiana, de moda en aquellos tiempos, aunque lo que llegaba de Italia tenía un contenido más frívolo y subido de tono. Por el contrario, los relatos de Cervantes tienen una finalidad de entretenimiento más bien inocente, etiquetado con el elegantísimo término de eutropelia en alguna de las numerosas autorizaciones oficiales que acompañan al texto. Lo dice claramente el autor en el prólogo: ‘Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos’, es decir, un pasatiempo, sí, aunque cargado de cierta moralina, lo que hoy llamaríamos políticamente correcto. No nos sorprenderán por tanto los parabienes civiles y eclesiásticos que sirven de introducción al texto.

Los seis relatos que componen este primer volumen de las Novelas tienen algunos elementos comunes, y otros diferenciales. Tres de ellos, La gitanilla, La española inglesa y El amante liberal (seguramente, la más floja de todas), se construyen en torno a una figura femenina deslumbrante: son chicas, casi niñas, que reúnen todos los atributos de belleza, inteligencia y donosura posibles, y que se desenvuelven en un entorno hostil, víctimas de raptos y de la codicia (sexual, básicamente) de los hombres. Estas mujeres excepcionales, como no podía ser de otra forma, triunfan ante las adversidades, y la victoria se manifiesta, cómo no, en magníficas bodas con pretendientes rendidos a sus encantos, y con los culpables castigados de diversas formas. Tenemos también otros ingredientes más o menos interesantes para enmarcar la acción, como el mundo de los gitanos, algunos rasgos de la sociedad inglesa (muy conciliador Cervantes, en épocas no muy propicias) y contiendas navales con el turco, esto último algo de lo que evidentemente sabía mucho el autor, y se le ve con muchas ganas de contar. Malentendidos, personalidades ocultas y vidas complicadas enriquecen los relatos, así como algunos pequeños pasajes colaterales, como el desternillante y muy quijotesco del gorrero Triguillos en La gitanilla.

Mención aparte merecen dos de los títulos más conocidos de la colección. Rinconete y Cortadillo (desalentadores diminutivos) es, como se puede intuir fácilmente, una pequeña historia de dos chavales pobres que deciden probar suerte algo más allá de la línea que marca la ley, claramente en la línea de la picaresca, tan española. Es no obstante un relato bastante sorprendente porque en vez de cebarse con el típico anecdotario de pillerías infantiles se adentra en un curioso repertorio de personajes del hampa sevillana, en un ambiente que más que criminal se podría definir como valleinclanesco, si se me permite la licencia. Lástima que don Miguel parece que no quiso continuar por el camino emprendido y el cuento termina de forma apresurada y más bien simplona.

El licenciado Vidriera arranca con un disparate genial, un destello de esa gracia que –a veces- tiene Cervantes para componer situaciones locas que atrapan al lector y hacen inolvidable ese episodio. Más adelante el relato cambia de tono, y nuestro licenciado se dedica por lo visto a recorrer mundo esparciendo comentarios y sentencias propias de un Asperger: sarcasmo y acidez caen sin recato sobre el primero que se le acerque a preguntar, formando una miscelánea con ocurrencias del propio Cervantes en relación a cualquier asunto, en especial relacionados con distintas profesiones… siempre sin ofender en exceso, que para eso el libro tiene los parabienes que tiene. La sonrisa que todo ello obtenga del lector dependerá un poco de la predisposición que tengamos ante las agudezas, pero en todo caso me parecen menos punzantes que las que podamos encontrar en Quevedo, pongo por caso.

Dejo para el final el que quizá es mi relato preferido, La fuerza de la sangre. La estructura es bastante similar al primer bloque de las doncellas maravillosas en situaciones de estrés, pero aquí las cosas son algo diferentes. El ritmo de la narración es, con diferencia, mucho más vivo, diríamos más moderno, y las situaciones bastante más duras. Sobre todo en su primera parte parecería que el autor se decide a romper con los usos de la época, escapa de los diálogos alambicados, las acciones complejas y el tono moroso del cuento clásico, y enfoca directamente sobre una realidad cruda, como si hubiese descendido de repente del mundo de la fantasía. Aunque el relato se diluye, como parece inevitable, en terrenos mucho más convencionales, esas páginas iniciales me parecen excepcionales, con un Cervantes tres siglos adelantado a su tiempo.

Y bien, la valoración en conjunto no puede ser más que Recomendable. Me parece saludable y conveniente ir un poco más allá del Quijote, y estas Novelas son una buena avanzadilla. Son entretenidas, tienen su punto arcaico pero también los atrevimientos propios del autor y ofrecen una cierta variedad temática y en menor medida estilística. Faltan algunos de los relatos más conocidos, como El coloquio de los perros y La ilustre fregona, incluidos en un segundo volumen, pero al menos en lo que a mí respecta por ahora me parece suficiente con lo leído.

Otras obras de Miguel de Cervantes en ULAD: Don Quijote de la Mancha, Los trabajos de Persiles y Segismunda

 


sábado, 21 de julio de 2012

Miguel de Cervantes: Los trabajos de Persiles y Segismunda

Idioma original: español
Año de publicación: 1617
Valoración: está bien

¡Cómo! ¿Una obra del ínclito, excelentísimo, ubérrimo Cervantes calificada solo con un "está bien"? ¿Una nueva herejía de estos desarrapados de ULAD? Pues sí, qué quieres que te diga. Y aun así creo que estoy siendo generoso, en atención a la importancia histórica de la obra y el autor, y a ciertas páginas muy especiales de las que hablaré más adelante.

Suele decirse (con bastante razón, probablemente) que el Quijote marca el inicio de la novela moderna. Y cabría pensar que el Persiles, publicado póstumamente, y escrito ya después del gran éxito quijotesco, continuaría esa misma línea del Ingenioso Hidalgo. No es así. El Persiles, como la Galatea, también de Cervantes, son novelas de géneros rigurosamente clásicos (novelas bizantina y pastoril respectivamente) y cuesta adivinar en ellas los rasgos (ironía, metaficcionalidad, complejidad simbólica de los personajes...) que alumbran al Quijote. Y sin embargo, era en estas obras, precisamente por su espíritu clásico, en las que Cervantes depositaba mayores esperanzas de alcanzar prestigio, inmortalidad y fama.

No es que en el Persiles falten aventuras para entretener al lector, sino todo lo contrario: las hay para dar y tomar. Como corresponde a la novela bizantina desde sus orígenes helenísticos, el argumento consiste en la lucha de dos amantes (Persiles y Segismunda) por reunirse y casarse y ser felices y comer perdices. Para ello, ocultos bajo los nombres falsos de Periandro y Auristela y fingiendo ser hermanos, emprenden una peregrinación a Roma durante la cual sufrirán (en sus propias carnes y en las de sus acompañantes) todo de tipo de infortunios: raptos, naufragios, enfrentamientos con piratas... En la primera mitad de la obra, situada en un norte de Europa mágico e irreal (el Persiles lleva por subtítulo "historia septentrional"), hay hasta hombres lobo y alfombras voladoras; la segunda mitad, situada en Portugal, España e Italia es más realista, aunque igualmente llena de aventuras "sin cuento", que diría el propio Cervantes.

Resulta curioso que una novela tan llena de acción resulte pesada; y sin embargo, es así. Es una sensación parecida a la que producen muchas películas de Hollywood, llenas de persecuciones y peleas pero que no consiguen atraparnos. Al Persiles, como a esas películas, le falta el interés de una trama central a la que se subordinen todos esos episodios secundarios de manera lógica y orgánica; le falta también una profundidad en los personajes que nos haga idenfiticarnos con ellos; en comparación con el Quijote, le falta también humor y un narrador con voz propia, elementos que siempre hacen la lectura más llevadera.

He hablado al principio (para dejar algo de suspense) de que había en el Persiles unas páginas muy especiales: me refería, obviamente, al prólogo y a la Carta al Conde de Lemos que encabezan la obra, páginas escritas por Cervantes muy pocos días antes de su muerte, cuando la sabía ya inevitable (había recibido ya la extremaunción, como cuenta en el texto), con una entereza, una serenidad y un sentido del humor conmovedores: "Tiempo vendra, quizá, donde, anudando este roto hilo, diga lo que aquí me falta y lo que se convenía. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regozijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!".

Cuesta leer esta despedida de la vida sin emocionares; solo por esas páginas, merece el Persiles seguir siendo reimprimido, por los siglos de los siglos. Amén.

También de Miguel de Cervantes en ULAD: Don Quijote de la Mancha, Novelas ejemplares (I)

miércoles, 15 de enero de 2025

Thomas Mann: Viaje por mar con Don Quijote

Idioma original: alemán

Título original: Meerfahrt mit Don Quijote

Traducción: Genoveva Dieterich

Año de publicación: 1945 (escrito en 1934)

Valoración: Recomendable alto


Se podría reflexionar sobre el peso que en un libro puede llegar a tener el talento del autor, quiero decir, hasta qué punto una mano diestra es capaz de levantar cualquier texto, se trate de lo que se trate. No es sólo la prosa, el estilo o la elegancia, es la cadencia, la sabiduría para contar cosas con el tono exacto, hacer que el libro interese y tenerlo controlado, equilibrado y en el punto que pide el texto. Eso se hace con técnica, con trabajo, claro, pero me sigue pareciendo que la materia prima es insustituible, y es lo que hace que el libro rezume naturalidad y parezca escrito sin esfuerzo. Con todo esto no puedo ya ocultar que me encanta Thomas Mann, en especial el de Muerte en Venecia, aunque de vez en cuando se deje llevar por la frase excesivamente rizada o las digresiones se le vayan a veces de las manos. 

Esas cualidades que apuntaba me atrevería a decir que se dejan ver especialmente en obritas menores, cuando el escritor no se está planteando crear algo importante y parece dejar fluir el texto como un mero entretenimiento. Viaje por mar con Don Quijote es una especie de pequeño diario, unos pocos días, escrito en una de las varias travesías marítimas que Mann realizó con su esposa Katia entre Europa y Nueva York. Podríamos pensar en algo parecido al crucero que David Foster Wallace contó en aquel corrosivo librito, pero las similitudes se reducen a la presencia en un barco surcando la inmensidad del mar (cómo se puede escribir dos cosas tan diferentes, e igualmente atinadas, a partir de un mismo motivo).

Thomas Mann no se propone nada concreto relatando su experiencia oceánica. Se limita a contar pequeñas anécdotas, a describir de pasada el ambiente de los salones o la cubierta, o apuntes rápidos sobre la meteorología cambiante. Lo demás son reflexiones que se van encadenando sin más planificación que lo que surge espontáneamente sobre el papel en blanco, y donde queda un papel importante para su lectura de cabecera, que naturalmente es el Don Quijote que luce en el título.

Tampoco es un ensayo sobre el libro de Cervantes, sino comentarios que brotan al hilo de la lectura. Mann se admira no solo de la personalidad de Don Quijote, sino de cómo evoluciona, cómo trata el autor a su personaje, se extiende algo más en torno a la viva defensa que Cervantes hace de su obra frente a la impostura del libro de Avellaneda, o el peso del personaje original frente a la caricatura de loco divertido que todos, en alguna medida, tenemos interiorizado. Las opiniones del autor alemán son de tal finura y profundidad que uno es consciente de que ha conectado por completo con el clásico. Todo ello, expresado en pequeñas píldoras y sin orden aparente lleva a sentir que está uno embarcado con el propio Mann, compartiendo con él un café y cambiando impresiones sobre el Quijote o, mejor dicho, escuchando embelesado sus reflexiones.

No todo se reduce a Cervantes. El pequeño diario incluye comentarios, siempre relajados y elegantes, sobre la propia singladura, sensaciones sobre la sobrecogedora pequeñez frente al océano inmenso, la distorsión de la perspectiva producto del aislamiento y la lejanía, o curiosidades como la llamada diaria a un progresivo cambio de hora y el equívoco de vivir dos veces el mismo tramo horario. El relato se extiende en ocasiones hacia asuntos aparentemente banales, como el contenido deliberadamente amable de la información que se hace circular en la nave (el crucero como mundo independiente de la realidad exterior), y en otras se adentra en reflexiones de calado que sin problema alguno podrían aplicarse a nuestro siglo XXI, como cuando apunta “¡Ah, la humanidad! Su progreso espiritual-moral queda detrás de su progreso técnico, anda muy rezagado”.

Pero ni en esos momentos toca el autor asuntos especialmente sensibles, lo que resulta llamativo en el complicado contexto de los años 30. Se diría que Mann esquiva cuestiones espinosas que sí tocará en otras obras, ahora es como quien, al igual que esas hojas informativas del crucero, al sentirse en un medio hostil, intenta centrarse en asuntos amables o al menos inofensivos. De esta forma, el libro transmite al mismo tiempo agudeza y relajación, y permite disfrutar de un autor que sea en el formato que sea, siempre parece capaz de escribir bien.

Otras obras de Thomas Mann reseñadas en ULAD: La muerte en Venecia, La montaña mágica


domingo, 25 de mayo de 2014

Íñigo Domínguez: Crónicas de la Mafia

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2014
Valoración: Muy recomendable

Para quien no lo sepa: éste es el libro cuya presentación en la sede
romana del Instituto Cervantes (esa hermosa institución pública que tiene por objeto la salvaguarda y extensión por el mundo de la lengua y la cultura españolas... y, muy especialmente, afianzar las relaciones con el gobierno de Guinea Ecuatorial) fue vetada el pasado mes de abril... perdón, quería decir que "no encajaba con la programación del centro". Por tal motivo, me parece pertinente, y hasta necesaria, la publicación de esta reseña, para darle al libro tanta repercusión como sea posible. Bueno, ejem... y también porque los aficionados a las historias de mafiosos (que no es lo mismo que "mafiofilos", que conste) somos una suerte de trekkies, siempre ávidos de más. Por lo que debemos estarle agradecidos al sr. Domínguez.

Íñigo Domínguez es periodista, corresponsal en Italia del diario El Correo y del grupo Vocento. Escribe además, un estupendo y divertido blog sobre asuntos italianos (aquí) Por tanto, era inevitable para él encontrarse a menudo  con sucesos y noticias relacionados con cualquiera de las mafias que operan en ese país. De hecho, él mismo cuenta que se convirtió en un gesto cotidiano buscar esas noticias y todos los días encontraba no menos de media docena. Para construir este libro, sin embargo, ha echado mano de una serie de crónicas sobre la historia de la Cosa Nostra, tanto siciliana, como la italoamericana, que se publicaron en El Correo en el año 2012, pero enriqueciéndolas con su experiencia más reciente como corresponsal. No es una Historia tan exhaustiva como la que elaboró John Dickie en Cosa Nostra, sobre todo en lo que se refiere a la Mafia anterior a la II G.M., pero en cambio, Domínguez, quizá menos académico y con el instinto del buen periodista ciertamente desarrollado, establece de forma más elocuente conexiones entre diversos hechos, que nos llevan con pulso firme del pasado al presente y viceversa (y de Italia a América con billete de ida y vuelta), aderezado todo con anécdotas que, precisamente por tratarse de personajes tan siniestros y de sucesos a menudo sangrientos y horripilantes, resultan aún más fascinantes. Más aún puesto que el libro se detiene sobre todo en los últimos años de la organización (mejor dicho, en las últimas décadas, desde la toma del poder por parte de los corleonesi), así que lo que se cuenta resulta de lo más instructivo para entender acontecimientos de nuestra propia época, y no sólo los relacionados con el crimen o lo delincuencial, sino, sobre todo, con la política (sí, alguno dirá incluso que eso resulta ser un pleonasmo... No seamos cínicos, por Dios).

Así, se establece claramente la relación entre el gran aumento del consumo de drogas de los años 70 y 80 en todo el mundo, con la reunión de mafiosos en Palermo en el año 58, que estableció las bases para la colaboración  entre ambas ramas de Cosa Nostra, la americana y la siciliana, en el tráfico de heroína, y que está también en el origen de las diversas guerras por el poder interno que azotaron ambas organizaciones, en esas mismas décadas. También nos habla de la relación casi simbiótica entre la Mafia y el mismo Estado italiano, que la habría utilizado, ya desde el mismo momento de su unificación y (al menos) hasta los años 90 del siglo pasado, como brazo armado allí donde no llegaba el  poder del propio Estado. Muy significativa, por ejemplo, resulta la historia del "romántico" bandolero Salvatore Giuliano, en realidad poco más que un mercenario al servicio del aparato anticomunista, italiano e internacional (Gladio, Stay Behind...) ante el avance del PCI entre el campesinado siciliano. Por no hablar de las relaciones entre la Mafia y el muy honorable estadista Giulio Andreotti, más que conocidas por todo el mundo. 

Como regalo para los ¿"Mafiadictos"?... no, tampoco me gusta el término; bueno, como regalo (sin más), Domínguez nos ofrece y comenta una lista de películas (259 títulos, nada menos) relacionadas con el tema, casi todas americanas o italianas, claro (pero no tantas italianas como cabría esperar....) En realidad, algunas de ellas no hablan de la mafia italoamericana propiamente dicha, sino del hampa o incluso de la figura del gangster más o menos solitario, como Dillinger. pero lo que pretende hacer Domínguez es precisamente mostrarnos ala evolución que ha tenido la figura del maleante y, a partir de ahí, del mafioso en la historia del cine, que después de todo ha sido y es el forjador de los iconos contemporáneos. En este repaso se detiene especialmente, como no podía ser menos, en dos títulos emblemáticos, "El Padrino" y "Uno de los nuestros", que representan, la primera de ellas,  la versión idealizada de sí misma que le gusta a la Mafia, y, en el caso de la segunda, la versión  de lo que la Mafia es en realidad (según el pentito Tommasso Buscetta, que algo sabía del tema) y que no le gusta nada.

     Visto lo visto, ¿cual es el problema para presentar este libro en el Instituto Cervantes, dirán ustedes, puesto que todo lo dicho se puede encontrar en los muchos libros sobre la Mafia que ya han sido editados hasta ahora? Pensando mal, puede que el problema esté en un extenso capítulo sobre el origen de la fortuna del cavaliere Silvio Berlusconi y sus muy curiosas relaciones a lo largo del tiempo.... Por ejemplo, que su "mozo de cuadras", un tal Mangano, fuese en realidad un capo mafioso. O que su mano derecha, el siciliano Dell'Utri, haya sido condenado por asociación externa con la Mafia. O que fuese fianaciado por un pequeño banco de Milán donde  trabajaba y llegó a dirigir su señor padre... un pequeño banco que utilizaba la Mafia para blanquear dinero. O que este banco estuviese controlado por Giulio Andreotti, el Primer Ministro italiano "absuelto por prescripción" del delito de asociación mafiosa. O frecuentado por Michele Sindona, el conocido banquero de la Mafia (y del Vaticano); asociado además al famoso Joe Adonis, socio a su vez, de Lucky Luciano. O que el cavaliere perteneciese a la logia ilegal P-2, de Licio Gelli. O, simplemente, que hasta el momento no se sepa el origen de su fortuna y los libros que en su momento se escribieron investigando el asunto sean hoy inencontrables.... En fin, todo casualidades, como explica Iñigo Domínguez y que seguro que no tienen nada que ver con el veto a este libro en el Instituto Cervantes en Roma. Mejor dicho, que su presentación "no encajase con la programación del centro". Otra casualidad.

 
(Por cierto, éste es de los pocos libros que he visto que no dan ganas de tirar a la papelera su faja promocional. Y ni siquiera de utilizarla de marcapáginas. Un botón de muestra de lo que se puede encontrar en ella: )





lunes, 9 de enero de 2012

Rosa Montero: Te trataré como a una reina

Idioma original: español
Año de publicación: 1983
Valoración: recomendable

Con Rosa Montero me ha pasado algo que no me suele pasar nunca, o casi nunca: que conocí antes a la escritora, que a sus obras. No soy nada mitómano: no suelen interesarme demasiado los escritores como personas, sino solo como escritores. Pero en este caso, cuando Rosa Montero vino a dar una conferencia en el Instituto Cervantes de Lisboa, medio por placer medio por negocio fui a oírla. Y me pareció una mujer muy simpática, muy cercana, sin ningunas "ínfulas" de escritora. Muy natural en sus respuestas y con un lenguaje muy llano. Me cayó bien.

Y estas impresiones se trasladan ahora a esta novela, una de las primeras de la autora, escrita hace ya casi treinta años. Porque es, como su autora, una novela sin ínfulas ni falsas pretensiones, centrada en la trama y en un puñado de personajes entre adorables y ridículos (Isabel/Bella, Antonio y Antonia, principalmente, con el Poco, Menéndez y Vanessa como secundarios de lujo), que se relacionan en torno a historias y lugares compartidos, pero sobre todo en torno a una idea básica: la incomprensión y la violencia que caracteriza las relaciones hombre-mujer, en esta obra al menos. La verdad es que la visión de los hombres que da esta novela es tremenda: machistas, egoístas, violentos, aprovechados, obsesos sexuales... Espero que Rosa Montero no piense eso de (todos) nosotros realmente...

Una parte del argumento de la novela gira en torno a los boleros, y el argumento mismo parece sacado de uno de ellos: amores pasionales y destructivos, personajes oscuros, destinos trágicos... Y ese final melodramático, anunciado, es verdad, desde las primeras páginas de la novela, pero que sorprende aun así por su brutalidad y su rapidez (algo excesiva para mi gusto, pero es solo una opinión). No se espera uno una resolución así de una novela que hasta entonces tenía más bien un aire melancólico.

Y en cuanto al estilo, pues es como el de Rosa Montero cuando habla en el Instituto Cervantes de Lisboa (¿al final será verdad que el estilo es la persona?): claro, directo, sin pretenciosidades ni preciosismos, con algunos elementos de humor y una concisión general casi periodística. Una de esas prosas que hacen que casi ni las notes, y que al cabo de unas cuantas páginas te dejan ver la trama como si fuesen un cristal transparente (lo cual en sí mismo no es ni un elogio ni una crítica, que conste).

A lo largo de los siguientes meses voy a leerme más novelas de Rosa Montero, medio por placer medio por negocio. De momento ya he comprado Crónica del desamor y Lágrimas en la lluvia, su primera y su última novela... Será interesante ver cómo ha evolucionado su escritura a lo largo de los últimos 33 años...


También de Rosa Montero en ULAD: La ridícula idea de no volver a verte, Lágrimas en la lluvia, Temblor, La hija del caníbal, Amado Amo, Crónica del desamor

jueves, 31 de mayo de 2018

Almeida Garrett: Viajes por mi tierra

Idioma original: portugués
Título original: Viagens na minha terra
Traducción: Martín López-Vega
Año de publicación: 1846
Valoración: interesante

Me pregunto si alguno de los aquí (virtualmente) presentes conoce a Almeida Garret, un autor fundamental para entender la literatura, la cultura e incluso la política portuguesa del siglo XIX, pero que ha tenido bastante poca fortuna fuera de sus fronteras. Me pregunto incluso si mucha gente que ha estado en Lisboa, y que ha escalado la rua Garrett para llegar a la Brasileira y sacarse la foto con Pessoa, sabrá quién es ese Garrett que da nombre a la calle; o si quienes admiran el Teatro Dona Maria II en la plaza de Rossio sabrán que ese teatro no existiría si no fuera por Almeida Garrett, el gran promotor del rejuvenecimiento del teatro portugués...

Bueno, pues Almeida Garrett (o con su nombre completo, João Baptista da Silva Leitão de Almeida Garrett) fue un hombre del Renacimiento en pleno Romanticismo: revolucionario, escritor, político, diplomático, gestor cultural, periodista o dandy (aunque algo dado a enamorarse de adolescentes), Almeida Garrett jugó un papel esencial a la hora de promover una recuperación del teatro portugués (no solo con la teoría sin con la práctica, fundando y regulando los teatros, recuperando autores clásicos y escribiendo sus propias obras). Fue, además, poeta, autor de ensayos fundamentales como Portugal en la balanza de Europa y también de novelas como El arco de Santa Ana.

Y de estos Viajes por mi tierra que fueron un día lectura obligatoria en las escuelas, aunque ya no lo son (y quizás con buen motivo).

Los Viajes de Almeida Garrett tienen tres modelos citados en el propio texto: Xavier de Mestre y sus Viaje alrededor de mi cuarto; el Quijote y el Tristram Shandy. Con esos moldes, está claro lo que tenía que salir: más una sátira o una parodia que una historia de viajes propiamente dicha. El propio objeto de la obra (un modestísimo viaje desde Lisboa hasta el Ribatejo) ya contrasta con las grandes narraciones de viajes al Oriente, a África o a la Amazonia, por dar solo tres ejemplos clásicos. Y también la forma de contar la historia, en la que en realidad el viaje importa más bien poco, contrasta con el supuesto género de la narrativa de viajes en el que se inscribe.

Porque Almeida Garrett, siguiendo de cerca a Xavier de Mestre (a quien cita desde el epígrafe) viaja más a través de la imaginación, la digresión o el recuerdo, que propiamente con los pies. Así, el texto se convierte en un laberinto o una selva, en la que caben reflexiones sobre Camões, sobre la situación política de Portugal, sobre la política agraria del Marqués de Pombal o sobre el Quijote de Cervantes, y una multitud de guiños y reconvenciones a un lector al que se quiere al mismo tiempo atento y desconfiado, divertido y confuso por las vueltas, retrocesos y paradas que da el texto.

De hecho, quizás siguiendo esta vez a Cervantes, casi toda la segunda mitad de la obra está ocupada por una "novela intercalada": la historia de amor entre Joaninha ("la chica de los ruiseñores") y su primo Carlos, que a su vez le sirve a Almeida Garrett para contraponer el personaje de Frey Dinis (un fraile viejo y conservador) con Carlos (un joven liberal que acabará convertido en barón, o sea, en una nueva forma de fraile). Esta historia de amores, desamores e identidades ocultas tiene su punto entrañable, aunque también su punto desfasado; aunque Almeida Garrett desbarraba contra el romanticismo exaltado, lo cierto es que su sensibilidad era en sí misma romántica.

¿Por qué decía que a lo mejor ha sido bueno sacar Viajes por mi tierra del currículo de lecturas obligatorias en las escuelas? ¿Y por qué le doy un "interesante" y no un "recomendable"? Pues porque este es uno de esos libros que, con el paso de los años, se ha convertido más en un monumento que en una obra de disfrute; cabe leerlo, admirarlo, analizarlo, reírse con ciertas ocurrencias del autor, saltar unas cuantas páginas... pero no ofrece el tipo de placer que puede atrapar a lectores adolescentes, sobre todo porque para entender muchos de sus guiños se exige una cultura literaria bastante amplia. Aunque tenga su gracia y una indudable inteligencia en su estructura, su lectura a ratos se hace lenta y ardua.

En cualquier caso, Garrett merece su reconocimiento y su lugar en la memoria literaria de Portugal, y quizás algo más. No hay muchos individuos que hayan conseguido, ellos (casi) solos, levantar un teatro nacional de sus escombros. Espero que algunos de nuestros lectores, cuando suban por la rua Garrett en dirección a la Brasileira para sacarse una foto con Pessoa, se acuerden de esto, y recen una oración (laica, literaria) por el alma del bueno de Almeida Garrett.


domingo, 10 de mayo de 2009

Rafael Sánchez Ferlosio: El testimonio de Yarfoz

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1986
Valoración: muy recomendable

El testimonio de Yarfoz narra la historia de Nébride, príncipe industrioso y pacífico de la casa gobernante entre los Grágidos, que se ve obligado a partir al exilio para no volver nunca. Su amigo Yarfoz, quien le acompañó en su desgracia, escribe para la posteridad las circunstancias que rodearon su partida para limpiar así la memoria del príncipe de todas las falsedades que la empañan. Sánchez Ferlosio sitúa la acción en una región imaginaria, poblada por los pueblos de los Grágidos y los Atánidas, que habitan a orillas del río Barcial. El río, frontera aceptada entre los territorios de ambos pueblos, da su nombre a los conflictos que durante siglos, intermitentemente, los enfrentaron: las guerras barcialeas. Es precisamente el estallido de la cuarta de estas guerras, condenado por el manso espíritu de Nébride, el episodio que decidirá su destino errante.

La narración se presenta de un modo no menos complejo que el que sigue Cervantes para el Quijote. Como es sabido, el verdadero autor de la historia de Don Quijote de la Mancha sería, según se cuenta en el capítulo IX de la primera parte, un tal Cide Hamete Benengeli, "historiador arábigo". Cervantes se habría limitado a editar, con ciertos cambios, el manuscrito que encontró por casualidad y que hizo traducir al castellano por un morisco. Sánchez Ferlosio repite esta complicada versión del recurso del "manuscrito hallado" e interpone también a dos personas (o quizá tres) entre su obra y él mismo.

En última instancia, como ya he dicho, la narración es el relato que hace Yarfoz sobre los principales acontecimientos de la vida del príncipe Nébride. El testimonio de Yarfoz es encontrado unos 250 años después por Ogai el Viejo, renombrado historiador que decide incluirlo como apéndice al Libro II de su Historia de las guerras barcialeas. Sánchez Ferlosio, por último, se presenta en una nota como el editor de esta magna obra de Ogai, de la que -por inconstancia- sólo publica este apéndice al Libro II. Algunas notas, supuestamente extraídas por Ferlosio de la Historia de las guerras barcialeas, ilustran a lo largo del texto algunos pasajes oscuros. Una de ellas, para complicar aún más el procedimiento, es atribuida a otro historiador: el llamado "falso Ogai".

El lenguaje del libro es de una solemnidad bella y arcaizante. Los más nimios episodios cobran así una altura lapidaria difícil de encontrar, que no deriva en ningún momento en vacía pompa retórica: son admirables la exactitud y capacidad de síntesis que muestra Sánchez Ferlosio al describir las matizadas reacciones de los personajes o las más complejas cuestiones históricas e institucionales de su mundo inventado. Los nombres, en fin, son pura música verbal: el príncipe Arriasco, el maestro Susubruz, la ciudad de Esteverna, el puente de Ordimbrod...

Más libros de Sánchez Ferlosio en ULAD: El Jarama

domingo, 22 de abril de 2012

Mariano Azuela: Los de abajo

Idioma original: español
Año de publicación: 1915 (en El Paso del Norte) y 1916 (como libro)
Valoración: Recomendable

Y después de una "novela de dictador" (El señor Presidente), una "novela de la revolución mexicana", Los de abajo de Mariano Azuela: una obra sobre la Revolución publicada durante la revolución, primero en 1915 por entregas en el periódico El Paso del Norte, y después como libro en 1916.

Los de abajo cuenta la historia de un grupo de revolucionarios, dirigidos por Demetrio Macías, envueltos en las primeras escaramuzas contra el ejército federal, y combatientes después en una de las numerosas facciones enfrentadas entre sí. A ellos se une el culto e idealista Luis Cervantes (alter ego del propio Azuela, médico como él), que ofrecerá un contraste con los guerrilleros, primitivos y materialistas. La historia de las batallas más o menos épicas de los combatientes, se alterna con otras batallas, las románticas, en un extraño cuadrado amoroso compuesto por Luis Cervantes, Demetrio Macías, "La Pintada" y Camila.

Lo más meritorio de Los de abajo es el modo en que retrata la propia Revolución, como un movimiento que quizás en sus inicios tuvo unos ideales de justicia social o de democracia, pero que con el paso del tiempo se convirtió en una vorágine imparable, comparable con un huracán que arrastra cuanto encuentra a su paso. En una de las escenas más memorables de la novela, un personaje le pregunta a Demetrio: ¿Por qué seguimos luchando? Y Demetrio, tirando una piedrecita barranco abajo, el contesta: "Mira esa piedra como ya no se para".

Los de abajo no es una obra literaria excepcional: los personajes son bastante unidimensionales, la acción es mínima, y el estilo, cuando intenta ser poético, termina muchas veces cayendo en lo cursi. Sí es, en cambio, un gran testimonio histórico de primera mano sobre uno de los acontecimientos políticos fundamentales del siglo XX, y un reflejo crudo, pero eficaz, del proceso que lleva del idealismo abstracto con que se inician muchas (si no todas) las revoluciones, hasta la perpetuación o corrupción de esos ideales. Y eso que Azuela escribió su obra cuando todavía ni siquiera existía el Partido Revolucionario Institucional...

viernes, 24 de julio de 2009

Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1605-1615
Valoración: Imprescindible

Pues sí, por fin me decido. Los que me conocen personalmente saben que el Quijote es uno de mis libros de cabecera, que lo he leído entero unas ocho veces, y a saltos otra decena más (en parte por obligación pero también, por supuesto, porque me encanta). ¿Hay necesidad de recomendar el Quijote a estas alturas? Yo creo que sí, porque aunque parezca mentira, conozco a lectores -y lectoras- voraces que no se han atrevido con él, probablemente porque piensan que se van a aburrir, que se trata de un fósil literario como el Cantar de Mío Cid o los Milagros de Nuestra Señora (dos obras que merecen nuestra veneración como objetos históricos, pero que para el lector actual son una verdadera tortura).

Pues no, el Quijote es una obra muy viva, y muy divertida. Hay que superar, por supuesto, la distancia lingüística y estética que imponen los cuatro siglos desde que se publicó, pero una vez conseguido esto, será raro el lector que no sonría, e incluso que no suelte alguna carcajada leyendo el Quijote (la escena, por ejemplo, de la pelea con la fea asturiana Maritornes en la venta es un clásico de la comedia de todos los tiempos). Hay episodios de los que hemos oído hablar mil veces, como el de los molinos o los rebaños de ovejas, y otros menos conocidos pero igual de graciosos, como el de la cueva de Montesinos o el baciyelmo, además de todas las parodias de los caballeros andantes que pueblan la primera parte...

Pero en el Quijote hay mucho más: su primera parte es todo un compendio de los géneros narrativos de la época (la novela pastoril, la novella corta, incluso la novela bizantina...), y la segunda, que prescinde de estos "episodios" para centrarse en la pareja protagonista, inaugura, como se ha dicho muchas veces, la novela moderna, de la que beberán los escritores ingleses del siglo XVIII, los franceses del XIX y los españoles e hispanoamericanos desde entonces. Su ironía, sus juegos de planos de ficción, la humanidad de sus personajes (¿cómicos o trágicos?), la gracia desprejuiciada con la que está escrito, contribuyen a multiplicar la complejidad de la obra, y explican la multiplicidad de lecturas que ha provocado.

Por supuesto, no todo es perfecto en el Quijote: las aventuras pastoriles y románticas de la primera parte terminan resultando cargantes; el final de la segunda -quizás por las prisas que le provocó la publicación del Quijote de Avellaneda- resulta algo precipitado, aunque sigue teniendo episodios memorables. En cualquier caso, el Quijote es una de esas novelas llenas de sutilezas -narrativas, lingüísticas, psicológicas...- que se van descubriendo con el tiempo, y que merece la pena recorrer cada cierto tiempo, porque, como dice un personaje en la segunda parte, "los niños lo manosean; los jóvenes lo leen; los adultos lo entienden y los viejos lo celebran"

También de Miguel de Cervantes en ULAD: Los trabajos de Persiles y Segismunda, Novelas ejemplares (I)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pablo Neruda: desagravio

Por otro de esos (involuntarios) olvidos colectivos, llevamos ya más de 600 reseñas publicadas, y todavía no hemos incluido ninguna de las grandes obras de Pablo Neruda: sus 20 poemas, Residencia en la tierra, el Canto general, Los versos del capitán... ¿Cómo es posible que nos hayamos olvidado así del "poeta del amor y del pueblo", Premio Nobel de Literatura, y sin duda uno de los escritores más poderosos en lengua española de todos los tiempos? Por eso, esta entrada tiene intención de servir de desagravio a un escritor gigantesco, magistral, único, y que además, me consta, tiene un lugar muy especial en el corazoncito de algunas de las personas que escribimos este blog.

Ricardo Neftalí Reyes, alias Pablo Neruda, nacido en Chile en 1904, tuvo una vida complicada, comprometida y viajera, de la que dio buena cuenta en la autobiografía Confieso que he vivido. Con tan solo veinte años publicó la que sigue siendo su obra más conocida (pero no la mejor, diría yo): 20 poemas de amor y una canción desesperada, el poemario amoroso-adolescente definitivo. Tres años más tarde comenzó una larga trayectoria como diplomático, que le llevaría a Birmania, Sri Lanka, Singapur, Buenos Aires y Madrid; en este periodo renunció al modernismo de sus primeras obras, y ensayó un surrealismo existencialista con un estilo ya muy personal, en obras como Tentativa del hombre infinito (1926) o Residencia en la tierra (1935), personalmente, mi libro favorito de Neruda, y uno de mis libros de poesía de cabecera...

Su creciente compromiso político con el comunismo se acentuó durante la Guerra Civil española, se manifestó literariamente en el poemario España en el corazón (1937), y fue ya una constante en el resto de su trayectoria vital y poética. Durante este periodo compuso la que probablemente es su "obra magna", al menos en cuanto a extensión: el Canto general (1950), un extenso poemario dedicado a la historia y los pueblos de Sudamérica. Perseguido por el régimen de Videla, Neruda vivió en la clandestinidad en su Chile natal antes de pasar al exilio en Argentina y de allí a París. Fue una etapa sentimental, política y vitalmente convulsa para el poeta. En 1952 publica Los versos del capitán, y en 1959 Cien sonetos de amor, dos obras imprescindibles de la poesía amorosa universal.

Los últimos años los pasa en su residencia de Isla Negra, con su mujer Matilde Urrutia. Se acumulan los reconocimientos, el más importante, obviamente, el Premio Nobel de Literatura de 1971. Su muerte tuvo lugar tan solo una semana después del golpe de estado de Pinochet que derrocó al gobierno de Salvador Allende; su casa fue saqueada; su biblioteca, destruida, y su funeral se llevó a cabo entre fuertes medidas de seguridad. La figura y la obra de Neruda, en cambio, no ha perdido su popularidad ni su capacidad de atracción, a pesar de que estos sean malos tiempos para la poesía...

Más información:
-Fundación Pablo Neruda
-Página dedicada a Neruda en el Centro Virtual Cervantes
-Página de Neruda en la Biblioteca Virtual Cervantes.
-Neruda recitando (con voz soporífera) uno de sus propios poemas

Fotografía tomada de aquí

miércoles, 4 de mayo de 2016

David Toscana (2x1): El último lector

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Con tantos escritores y tantos libros que se parecen peligrosamente los unos a los otros, hasta el punto de hacerse indistinguibles, cuando se descubre una voz diferente, con personalidad, con un estilo propio, esto es una alegría y una sorpresa muy agradable. Eso me ha pasado con David Toscana, al que no conocía hace un mes, y del que he leído dos libros seguidos (que voy a reseñar también seguidos), y seguro que no serán los últimos que lea de él.

Cuando digo que David Toscana tiene una voz diferente no quiero decir que no se parezca a nada ni a nadie (como si eso fuera posible). De hecho, sus referentes fundamentales (Cervantes, Rulfo, Donoso, García Márquez...) aparecen en cada entrevista que da, y también son reconocibles en su obra. De Cervantes toma el tema de la locura, que permite dar rienda suelta a la fantasía sin salirse del realismo; de Rulfo, los paisajes del desierto mexicano, y los personajes que están derrotados antes incluso de empezar a luchar; de García Márquez, el cuidado por el estilo y el lenguaje.

El último lector, la primera de las novelas que he leído de Toscana (no confundir con una obra del mismo título pero de Ricardo Piglia) tiene un principio propio de novela policiaca: Remigio, habitante de Icamole, un mísero pueblo en merio del desierto donde casi nunca llueve, descubre en el fondo de su pozo el cadáver de una niña. No se sabe nada de ella: quién es, de dónde viene, quién la ha matado. Asustado por las posibles consecuencias, se lo cuenta a su padre, el bibliotecario Lucio, quien le aconseja que haga como el personaje de una novela, y entierre el cadáver entre las raíces.

A partir de ese momento, es Lucio, "el último lector", quien pasa a ocupar el centro de la escena, interpretando todo lo que sucede en el texto a través de sus lecturas, y la novela se transforma en un ejercicio metaliterario en que el bibliotecario actúa como crítico, como narrador y también como censor. Pero no censor en función de criterios morales (las escenas de sexo le gustan bastante, de hecho), sino de criterios estilísticos: no soporta que los autores mencionen las marcas de ropa, de perfumes, de sombreros; tacha los adjetivos innecesarios y tópicos; exige que los autores sepan de lo que hablan y no se sirvan de tópicos melodramáticos para salr del paso...

Así contada quizás la novela no parezca nada especial (un ejercicio quijotesco más, como muchos otros), pero a todo lo anterior hay que sumarle dos de las mayores virtudes de David Toscana: su sentido del humor, irónico pero amable, sobre todo con los personajes desfavorecidos, y su cuidado del estilo, que sin ser pedante ni rebuscado huye del estilo transparente y conversacional que domina mucha literatura actual. Y todo ello en un paisaje desértico que tiene resonancias históricas (en Icamole libró Porfirio Díaz una batalla que después se atribuyó a Pancho Villa, que queda más chic) y míticas (la travesía del desierto, etc.).

De los párrafos anteriores se puede deducir que David Toscana se encuentra más próximo de los escritores del boom (aunque sin realismo mágico) que de los grupos llamados McOndo o Crack, a pesar de que generacionalmente le corresponderían estos últimos. Su renuncia a los espacios urbanos, su renuncia a la (pos)modernidad y a sujetarse a las últimas modas (la narco-narrativa, por ejemplo) le sitúan un poco al margen de las tendencias dominantes en la narrativa mexicana. Y sin embargo, hace tiempo que no encontraba un escritor con tanta personalidad y al que me apetezca tanto seguir leyendo.

El siguiente: El ejército iluminado.

También de David Toscana en ULAD: El ejército iluminado

martes, 26 de noviembre de 2019

Eduardo Halfon: El boxeador polaco

Idioma: español
Año de publicación: 2009 y 2010 (aunque reunidos todos los relatos de esta edición, 2019)
Valoración: recomendable

Acordaos de mis palabras: algún día a Eduardo Halfon le darán un premio gordo, tipo Cervantes o Nobel; bueno, digo algún día porque para el Cervantes es aún un pimpollo, como quien dice, pues sólo se concede a quienes ya bordean o están en plena senectud. Aunque para el Nobel ya está en edad, ciertamente, y a saber por dónde les da la ventolera a los suecos, habida cuenta además, que este escritor reúne varias características que suelen gustar a esa gente: escribe en una de las lenguas más habladas del mundo, pero desde una posición digamos "exótica" (cierto es que si alguien nos lee ahora mismo desde Guatemala, no lo considerará tan exótico, claro... Que piense entonces en su ascendencia multicultural); es además un autor conocido, pero quizás no del gran público y sobre todo, ha ido forjando una obra sólida y coherente, de lo más personal -de hecho, es de los pocos practicantes del onanism autoficción que merecen la pena, creo- y, por supuesto, de una calidad literaria enorme y constante; una especie de Messi literario, vaya... Porque, vamos, el tío escribe que da gusto: bonito y facilito (de leer), capaz de sacar oro molido de cualquier tema, incluso anecdótico, con esa elegancia y soltura que se detecta en otros grandes (pero no grandilocuentes) escritores como Dovlátov o Ítalo Calvino, a quienes uno imagina pergeñando una maravilla de texto en una servilleta de un restaurante, en una libretilla, de pie en la parada del tranvía o en un papel cualquiera, torcido sobre la mesilla de noche de un hotel. 

En fin, como ya digo, a Eduardo Halfon algún día le darán un premio de los tochos y entonces ustedes, vosotros, lectores acérrimos de Un Libro Al Día, podréis daros pote comentando que eso ya lo sabíais y que es un autor de una obra sólida, coherente, constante, personal y de gran calidad, y poner como ejemplo este El boxeador polaco, compilación de relatos -más o menos- que ha tenido este mismo año una reedición, ampliada, en Libros del Asteroide, puesto que su primera edición de 2009, en la valenciana Pre-Textos, era ya inencontrable, para desespero de los muchos admiradores de este escritor. Además, para esta ocasión el libro se ha fundido -o soldado con estaño, por emplear la metáfora que insinúa su autor- con otro, La pirueta, publicado en origen por la misma editorial y que en su momento -2010- ganó el premio de novela corta José María de Pereda; porque aunque se pueda leer como relatos independientes y como tales se presenta, los que formaban parte de este libro constituyen una auténtica novela corta (o más o menos, también). El caso es que además, existe una relación entre los dos libros originales y elementos del primero aparecen en el segundo, por lo que incluso más que nada deberíamos hablar de una imbricación entre ellos -algo característico, en realidad y haasta donde yo conozco, de toda la obra de Halfon-; soldada también, si se quiere.

Los primeros relatos son independientes entre sí, aunque todos tienen un aire en común, escenarios y ambientes similares, además de cómo no, un protagonista que es el propio Eduardo Halfon -o un tipo que se llama como él- y que también es profesor de literatura en una universidad guatemalteca, de familia judía, ha estudiado ingeniería en Estados Unidos y frecuenta la hermosa ciudad de Antigua, en su país natal. En el primero (no quiero desvelar mucho, aunque tampoco es que la sorpresa sea el factor determinate de estos ¿cuentos?, Lejano, el profesor Halfon, aburrido de dar clase a estudiantes estultes o desinteresados por su tema, descubre en un alumno indígena becado a un poeta excepcional, Fumata blanca nos cuenta cómo se liga a una turista israelí. Y ya. Twaineando relata un coloquio sobre Mark Twain al que asiste en Durham, Carolina del Norte (o del Sur, no sé), ciudad donde él mismo había estudiado años atrás. Epístrofe, cuando entra en relación con un pianista serbio medio gitano que le fascina por su forma de entender la música y su relación con el mundo que le rodea (es fácil colegir que Halfon hace una analogía con la literatura). Y en El boxeador polaco, que da título al libro, narra cómo su abuelo, judío polaco superviviente de Auschwitz y Sachsenhausen, le cuenta a su nieto la historia de los números que llevaba tatuados en el brazo y cómo salvó la vida, justamente gracias a un boxeador de su misma ciudad de Polonia. Es, sin duda, el relato más redondo de todos, quizás no el más sugerente, empero, pero sí el que sirve de piedra de toque del resto, pues en general, casi todos tratan de la identidad cultural o incluso étnica-no quiere decir que sea el único tema- y de cómo huir de ella o no conseguir huir de ella o buscarla y no encontrarla, o encontrarla y que se te escurra entre los dedos. 

El resto de relatos o capítulos, más bien, corresponden al libro La pirueta, y enlazan con Epístrofe. Halfon, obsesionado con la figura nómada del pianista serbio Milan Rakic, se interesa también, a través de éste, por la música gitana y por los propios gitanos balcánicos, hasta el punto de viajar a Belgrado para investigar entre esta comunidad el paradero de su amigo (epistolar, más que nada). La búsqueda se convierte en una auténtica aventura, que aunque no resulte tan verosímil como otros relatos más "autoficcionales" de este escritor, sí que gana en cierto lirismo, en colorido ambiental y en una fascinación que el autor logra transmitir al lector. Que luego esa fascinación se pueda convertir en una metáfora de algo -en el caso de Halfon, de la creación literaria- ya depende de la interpretación de cada cual.

Adjunto, de paso, un par de reflexiones sobre lo que es la literatura que nos deja este escritor y me han gustado (quien no quiera por miedo a un spoiler de ésos, que no las lea):

"La literatura no es más que un buen truco, como el de un mago o un brujo, que hace a la realidad parecer entera, que crea la ilusión de que la realidad es una (...)"

Y también: 

"Así, exactamente, es la literatura. Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin falta, lo olvidamos."

Antes de acabar, dos notas, más bien anecdóticas: una es sobre el contenido del libro. Hay un refrán español que dice "quien parte y reparte se lleva la mejor parte". En este caso, Eduardo Halfon reparte y nos cuenta que, en al menos dos de los relatos del libro, hay bellas muchachas que se sienten atraídas y flitean, por no decir algo más, con él o un protagonista llamado como él. Asimismo, en la parte correspondiente a La pirueta, él o un protagonista llmado como él mantinen una relación sexualmente de lo más activa con una joven doctora muy deshinibida en ese terreno... y que además después de cada coito se dedica a representar gráficamente sus orgasmos. En el libro salen muchos y muy variados. Estos orgasmos, me refiero... ¡Hombre Eduardo, que se te ve mucho el plumero, como decimos por aquí!

La segunda anotación es incluso más superflua: me he dado cuenta de que con está ya van dos cubiertas seguidas de libros reseñados en las que aparece alguien montado en una bicicleta... Sólo puedo decir que es casualidad, pero también que no será la última... con permiso de Koldo, claro ; )



Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: Monasterio, Signor Hoffman, Duelo, Biblioteca bizarra, Saturno

jueves, 10 de noviembre de 2011

Jamyang Norbu: Los años perdidos de Sherlock Holmes


Título original: Sherlock Holmes: The Missing Years
Idioma original: ingles
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien


¿Alguien recuerda a aquel famoso quijote con qué un tal Avellaneda continuó la primera parte de la obra original? Cervantes se enfadó tanto como se burló de él mientras escribía el auténtico segundo libro y desde luego el fraude sólo ha pasado a la historia como anécdota.

En este caso no se trata de un plagio sino de dos homenajes: uno explícito a Sir Arthur Conan Doyle a través de su personaje más conocido y otro implícito al propio Cervantes ya que, además repetir lo que hizo Avellaneda (con mucha más elegancia), utiliza el mismo recurso del manuscrito encontrado para introducir al lector en la acción así como en un ambiente exótico y misterioso en el que el omnipresente humor no altera en absoluto un respeto exquisito por las creencias ajenas.

Norbu aprovecha que el creador de Sherlock Holmes relató su muerte en uno de sus libros y que, cuando se vio obligado a resucitarlo por la presión de sus lectores, el detective, para rellenar una laguna de dos años, confesó a Watson que había estado viajando por el Tibet y había conocido al Gran Lama. Pero esta vez y a pesar de las apariencias (al principio, como no podía ser de otro modo, encuentran un cadáver y es Holmes quien consigue averiguar lo ocurrido) no se trata de un argumento policíaco. Lo que Norbu hace es tejer un entramado de aventuras en el que combina perfectamente el budismo, la reivindicación de la autonomía tibetana frente al dominio chino en la región, la recreación de la figura de Holmes, lo sublime, los enrevesados episodios, los personajes extraordinarios, lo maravilloso, la humilde heroicidad, las tradiciones tibetanas, la espiritualidad y el misticismo, la magia y el misterio, la exhibición de impresionantes escenarios naturales dónde los humanos se ven como figurillas insignificantes perdidas en esa grandeza, la parodia y la comicidad centradas en la figura del protagonista. Pero el tal Hurree Chunder Mookerjee - también presunto autor del manuscrito que un descendiente suyo encuentra en una caja descubierta por un terremoto y entrega diligentemente a Norbu - más que al doctor Watson se parece a Sancho Panza. El autor lo presenta como un indio grueso y bonachón que reverencia a Holmes y que está enamorado del Tibet. Su afición por la etnología constituye una defensa algo irónica del racionalismo, pero tanto la cercanía con que se describe lo sobrenatural como la evolución que finalmente experimenta Holmes – no sólo en sus convicciones sino en su misma naturaleza – emiten un mensaje que da qué pensar.

La admiración por la obra de sir Athur Conan Doyle se manifiesta: en el conocimiento que demuestra Norbu de la trayectoria general de su gran mito literario y, en particular, de varias de las obras del Canon holmesiano – que cita expresamente a pie de página –donde Mookerjee compara conductas y frases del detective con las que aparecen en títulos concretos de Conan Doyle, en la entrega incondicional de éste a su héroe y ahora compañero de fatigas, en la recreación que hace de la psicología y hábitos de Holmes, por sacar a escena al malévolo Moriarty, su eterno rival y asesino frustrado, y por haber creado un sustituto de Watson al resultar imposible que éste le acompañara pues – según sabemos por su creador – el amigo durante esos dos años le creyó muerto.

En algún sitio he leído que se trata de un pastiche, pero esta palabra tiene una connotación despectiva; cuando una mezcla está bien elaborada podemos llamarla engranaje. Yo lo catalogaría como un entretenido libro de acción que no elimina el pensamiento, en el que se exalta tanto lo racional como lo espiritual, los valores orientales y los occidentales. Nada excluye nada es la idea que queda flotando cuando hemos acabado de leerlo.

sábado, 4 de junio de 2016

Javier Cercas: El punto ciego

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Ya no me extrañaría que el próximo libro de Javier Cercas empezara reivindicando que El punto ciego no es un ensayo sino una novela. Y que el escritor hablando de editar un ciclo de conferencias no es tal: es otro escritor llamado también, casualidades, Javier Cercas, explicando desde el punto de vista del personaje y usando algo ciertas experiencias personales. El juego de Cercas resulta atractivo, si bien puede comprenderse la impaciencia de quienes sean ajenos a él. Sus opiniones políticas tampoco ayudan a no granjearse enemigos y, aunque no debería ser así, a veces la opinión sobre el escritor como persona condiciona cómo se aprecia su obra.

Si me pareció que publicaba pronto El impostor, otra vez me sorprende su regreso a las mesas de novedades, aunque El punto ciego tenga toda la pinta de constituir una obra menor, su planteamiento dista mucho de ser timorato o modesto. No solo porque se trata del primer ensayo abiertamente literario de Cercas, sino (al margen del mensaje en el fajín) por ciertas ideas que el propio Cercas expone sobre su propia obra, la cual dice presentar "con la máxima humildad, pero con la máxima ambición".

Me olvidaba. El punto ciego es la adaptación de una serie de conferencias que Cercas dio en 2015 para la cátedra Weidenfeld de la Universidad de Oxford. Su traducción del inglés se nos presenta como una obra íntegra que gira en torno a ese concepto del punto ciego: un lugar indefinido y vacío que la novela moderna deja para que el lector lo rellene. Una duda que conforma el enigma final que está en toda gran obra, una elección del lector que ha de suscitar polémica y cuya resolución justifica la existencia de la novela. Cercas centra sus referencias en tres autores inapelablemente clásicos: Cervantes, Kafka y Melville, y aunque menciones a otros muchos son constantes (Kundera, Foster Wallace, Vargas Llosa), Cercas basa su discurso sobre todo en ellos. En este sentido, El punto ciego vuelve a ser muy representativo en lo que concierne al estilo del escritor extremeño: una idea o un concepto, al que se vuelve con insistencia y cierto ritmo, es el que conduce el libro. Sobre él construye su teoría sobre las dos grandes épocas de la novela, aprovechando para mostrar su extrañeza ante el hecho de que, constituyendo el Quijote un hecho pivotal en la narrativa moderna (no escatima elogios hacia el clásico de Cervantes), la narrativa en español tuviera que dejar transcurrir más de tres siglos hasta, con el boom, tomar otra vez las riendas a nivel global. El enfoque de Cercas no es crítico ni recriminatorio: por ahí asoman las entretelas de su oficio de profesor universitario y su talante es constructivo, condición que también se manifiesta en ese recurso habitual, el del regreso (los detractores dirán "reiteración") a ideas principales que el desarrollo de sus razonamientos constata y recuerda una vez y otra. 
Sorprende que en las alusiones a sus propias obras que entreveran los discursos se omita una novela magnífica como es La velocidad de la luz, si bien se justifica que sea (aunque sea la más metaliteraria) la más ajena a los muy frecuentados aledaños del periodo de la transición. En cualquier caso, aunque El punto ciego, por su naturaleza, no parezca destinada a plantear cuestiones definitivas sobre la situación de la narrativa, ni a abanderar futuras corrientes de opinión defendiendo o negando sus planteamientos, sí contiene suficientes estímulos (entre ellos, la cita de decenas de interesantes referencias) para merecer mucho la atención que se le quiera prestar.

Otras obras de Javier Cercas en ULAD: Aquí