viernes, 7 de octubre de 2011

Enrique Vila-Matas: Doctor Pasavento


Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable


Doctor Pasavento es una obra de desapariciones. Mejor dicho, del afán por desaparecer. O, aún mejor, del afán por desaparecer deseando seguir presente. Pero no me estoy explicando. El protagonista de esta novela es un escritor (de relativo éxito) que se siente en cierta manera fracasado por no haber escrito su "gran obra, de manera que no llega a disfrutar del todo con la atención que recibe de los medios y los lectores. Tras un malentendido en un aeropuerto, decide desaparecer (como hizo en su día Walser), así que coge un avión y borra su existencia del mapa.

¿Lo buscarán, como ocurrió con Agatha Christie? ¿Será la comidilla del mundo literario? La verdad es que no. Nadie da cuenta de su desaparición, nadie parece pensar en él. Mejor, piensa. Así podrá desaparecer del todo, en el mismo manicomio en el que Walser se olvidó del mundo, y dejar de escribir. Pero no es eso lo que sucede. Sigue escribiendo (aunque para sí mismo), con una caligrafía cada vez más pequeña, como si quisiera demostrar así sus ansias de dejar este mundo, y no puede evitar entablar relación con diferentes personas ante las que adoptará la personalidad que más le convenga.

Presentándose a sí mismo como escritor (con nombre falso) o como psiquiatra, Vila-Matas nos presenta a Pasavento como alguien que pretende tanto desaparecer como analizar por qué desaparece, que intenta ser la acción y su crítica y para ello debe una y otra vez desdoblarse, desaparecer dentro de sí mismo para poder presentarse ante los demás con un rostro y una mente nuevos.

Es éste un libro para reflexionar sobre la figura del escritor y sobre el mundo de la literatura, pero también, sin duda, para soñar, para acompañar las reflexiones del ¿doctor? Pasavento y dejarnos llevar por diferentes ciudades y diferentes personajes que, en el fondo, son sólo diferentes caras de uno mismo.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

jueves, 6 de octubre de 2011

Josefina Aldecoa: Hermanas

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Repugnante

Aunque algunos no lo crean, me ha dado mucha pena tener que colocarle a este libro el "Repugnante" por dos motivos. El primero es un poco estúpido, pero qué se le va a hacer, es la verdad: me siento mal al afirmar que un libro escrito por una mujer con una vida tan interesante como Josefina Aldecoa y, para más inri, esposa de un escritor tan bueno como Ignacio Aldecoa, es repugnante. Y el segundo es que me hubiera gustado leer algo más de esta mujer, fallecida en marzo de este año ya octogenaria, para concluir si Hermanas (publicada en 2008) es obra de una buena escritora víctima de los años a la que ya no se le puede pedir lo mismo.

Pero en fin, no puedo mentir, no: Hermanas me ha parecido un libro malo hasta decir basta...

Los personajes centrales de la trama son, of course, dos hermanas, dos chicas bien del norte llamadas Isabel (la mayor) y Ana (dos años menor), hijas de una frívola mujer obsesionada con ser la más bella y distinguida del lugar y un elegante y bien situado hombre inglés que fallece en plena infancia de las chiquillas.

El libro comienza hablando un poco de la Isabel y la Ana niñas, y ya desde entonces, a base de tópicos toscos e intragables como un bocadillo de polvorones (a saber: Ana, como buena rubia, es tonta y frívola y ñoña hasta agotar; e Isabel, como digna morena salida a su rama española, a pesar de ser bella, es muy independiente, inteligente e inconformista), uno empieza a olerse que está ante un pestiño de tomo y lomo. Y página tras página la cosa no hace sino empeorar...

Cuando aparece el primo Ignacio, guapísimo, riquísimo y un gran viajero gracias a su chupi trabajo de diplomático, hasta el lector más panchito sabe perfectamente lo que va a pasar aunque este Ken les saque a sus primas barbies más de una docena de años...

Podría contar más de la (sonrojante) trama, pero si a alguien le apetece leer Hermanas, es mejor que la descubra por sí mismo... Eso sí, advierto de que no va a haber ninguna sorpresa: Ana, la primera que caza a Ignacio, cada vez va a ser más tonta, mezquina e insoportable; Ignacio, el tontaina de él, se va a dar cuenta de que en realidad, oh, le gusta más la hermana rebelde que la melosa, e Isabel, que se hace médico para irse de misionera a África (que sí, que sí, que no es broma), se presenta como la heroína pluscuamperfecta de la función, estilo Madeleine Stowe en El último mohicano, rechazada en un primer momento pese a ser tan guapa y encima más espabilada que la chorra de su hermana.

Y bueno, el resto de personajes... Ah, ¿pero es que hay más? Pues sí, hay una tía por ahí, un segundo plato por allá, un par de niñas quizás... Pero como los personajes principales en sí están perfilados con tanta desgana, imagínense qué pasa con los pobre secundarios.

Es que en Hermanas pasa como en casi todas las películas españolas: la trama se centra tanto en los protagonistas que en ocasiones uno tiene la sensación de que esos seres viven aislados y sólo se relacionan entre ellos, haciendo que la obra adolezca de una pobreza y de una incoherencia insoportables. Y en este caso, es de vergüenza... Ya que se supone que Isabel y Ana son la crema de la crema, deberían estar rodeadas de zalameros y amigas pelotas, ¿no? Pero nanay de la China... ,¡sólo se relacionan, nunca mejor dicho, con su primo Ignacio! ¿Pereza de la autora quizás?

En fin, que Hermanas es un libro malo, con una historia muy cutre y escrito con un lenguaje bastante pobre.

Si es que hasta Corín Tellado es mucho mejor a la hora de ponerse con estos folletines, siempre metiendo algún villano terrible o un punto exótico. Aquí, ni eso...

miércoles, 5 de octubre de 2011

Premio Nobel 2011: hagan apuestas

Este jueves, o sea, mañana, se falla el Premio Nobel de Literatura de este año, y ya están haciéndose las típicas apuestas que aciertan tantas veces como fallan. Hay una cosa que está bastante clara: este año el ganador no será un escritor en lengua española: es muy poco habitual que el Nobel premie dos veces seguidas a escritores en la misma lengua, sobre todo si esa lengua no es el inglés.

Estos son algunos de los (eternos) candidatos al Nobel de Literatura:

Adonis: poeta de origen sirio, candidato al Nobel desde hace una eternidad, este puede ser su año entre otras cosas por los aires de cambio en el mundo árabe: a los académicos suecos les encanta hacer ese tipo de gestos y demostrar que están "implicados" con los acontecimientos. En todo caso, que esta circunstancia externa le pueda favorecer no le resta ni un gramo de valor a su obra poética, sugerente y amplísima.

Philip Roth: aunque su obra sea algo irregular en los últimos tiempos, tiene "fondo de armario" (El lamento de Portnoy, Me casé con un comunista, La mancha humana, Pastoral americana, Elegía...) como para justificar de sobra el premio. Además, hace bastante tiempo (desde 1993) que un escritor estadounidense no se lleva el Nobel. Claro que entre los candidatos hay otros compatriotas suyos igualmente bien posicionados...

Cormac McCarthy: Un autor que se ha hecho conocido para el gran público gracias, diría yo, a las adaptaciones cinematográficas de La carretera o No es país para viejos, pero al que la crítica reconoce sus méritos desde hace tiempo. Con un estilo simple y cortante, ha reflejado la realidad de los Estados Unidos (entre otras cosas) con crudeza y sin tapujos.

Thomas Pynchon: junto con Don DeLillo (otro posible candidato) es el gran experimentador de la literatura estadounidense contemporánea. Obras como La subasta del lote 49, V o El arco iris de gravedad representan una revolución narrativa única en su país y en su época. Si le dan el premio, será interesante ver si Pynchon (alérgico como pocos a cualquier acto público) acude a recogerlo...

Tomas Tranströmer: reconozco que no he leído nada de este autor sueco, que sin embargo aparece año tras año en las quinielas para el Premio Nobel. Es poeta, como Adonis, lo que puede beneficiarle si el Nobel decide romper con una racha de cinco novelistas seguidos...

Ko Un: Otra confesión: acabo de oír hablar de este escritor por primera vez ahora, hace diez minutos. Por lo que leo en la Wikipedia (en inglés: la Wikipedia en español ni siquiera tiene un artículo para él), es un poeta surcoreano, activista en favor de la democracia en su país (un punto positivo para él, según los criterios habituales del Nobel), antiguo monje budista, suicida frustrado por partida doble... En fin, puede ser el "tapado" de las quinielas, y a los suecos también les gusta dárselas de originales de vez en cuando...

Haruki Murakami: Que conste que lo incluyo solo porque aparece mencionado en algunas listas. Pero yo estoy en contra. Entre "muy en contra" y "absolutamente en contra". Sí, Murakami escribe bien, tiene un gran éxito de público, es relativamente original... Pero para mí, su obra no está ni de lejos a la altura de los grandes: es repetitiva, facilona y superficial (toma ya). Como le den el Nobel a Murakami, me pego un tiro. En el pie.


martes, 4 de octubre de 2011

Zoom: "Historia de macacos", de Francisco Ayala

Idioma original: español
Año de publicación: 1955
Valoración: Muy recomendable

A Francisco Ayala le hemos dedicado por ahora dos entradas (una a su novela Los usurpadores y otra como homenaje tras su fallecimiento), pero quizás deberíamos haberle dedicado más. No cabe duda de que es uno de los narradores esenciales del siglo XX en la literatura española; ni de que La cabeza del cordero o Muertes de perro son obras magníficas, maestras, que ya les gustaría tener en su haber a la gran mayoría de escritores actuales. Para mi gusto, solo tiene una pega: su estilo, demasiado cuidado, demasiado "literario", por no decir pedante en ocasiones, se ha quedado algo anticuado, y lo aleja de los lectores actuales. Nada que ver con la prosa de otros escritores del siglo XX, como Gabo o el mismo Delibes, que pueden ser perfectas, cuidadas, magistrales, pero siguen siendo perfectamente fluidas, casi transparentes.

"Historia de macacos" es una muestra, creo que bastante representativa, de las mejores dotes de Ayala: construcción narrativa, creación de personajes, ironía y sutileza en la creación de connotaciones y segundas lecturas. Situada en una colonia africana de la que no sabemos el nombre, cuenta una historia burlesca, en torno a las aventuras eróticas de la supuesta mujer del director de Expediciones y Embarques, que resulta ser una prostituta "contratada" por dicho director para sacar los cuartos a todos los funcionarios de la colonia.

Los "macacos" del título pueden ser, efectivamente, los monos que comparten hábitat con los colonos y los indígenas, uno de los cuales, además, se convierte en objeto de una apuesta gastronómica; pero también pueden ser, muy probablemente, los otros macacos: los humanos, libidinosos, primitivos, instintivos, brutales. Los hombres (porque la colonia es casi como una cárcel, compuesta fundamentalmente por hombres) se comportan como seres desconfiados, traicioneros, viciosos, perezosos, marrulleros. Hay pocos espacios para la compasión o la piedad: el personaje del viejo Martín, o el propio narrador (pero solo en esa escena, excepcionalmente humana, en que desnuda su alma ante la prostituta-amante).

Que esa pequeña crítica mía al estilo de Ayala no se entienda mal: no es, ni mucho menos, que escriba mal, sino todo lo contrario, que escribe demasiado bien. Pongo como ejemplo la frase que inicia el relato:
Si yo, en vista de que para nada mejor sirvo, me decidiera por fin a pechar con tan inútil carga, y emprendiera la tarea de cantar los fastos de nuestra colonia —revistiéndolos acaso con el purpúreo ropaje de un poema heroico-grotesco en octavas reales, según lo he pensado alguna vez en horas de humor negro—, tendría que destacar aquel banquete entre los más señalados acontecimientos de nuestra vida pública.
Creo que está claro: esa frase es irreprochable, sintáctica, morfológica, léxica, semántica, pragmáticamente. Perfecta, redonda. Demasiado redonda, para mi gusto: esa construcción "para nada mejor sirvo"; ese inusual "pechar", el epíteto "purpúreo ropaje"... Todo ello le dan un aire arcaizante al texto, que podría pensarse que es deliberado si no fuera porque es también el estilo de otras obras del escritor.

Otras obras de Francisco Ayala en ULAD: Los usurpadores

lunes, 3 de octubre de 2011

Gabriel Chevallier: El miedo


Título original: La peur
Idioma original: francés
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

Editada por primera vez en España hace un par de años, casi ochenta después de su polémica aparición, esta novela, cuyo principal protagonista no es otro que la Primera Guerra Mundial, analiza a través del propio Chevallier (al que se tachó de antipatriota en la época) convertido en narrador/protagonista, el belicismo en general, relata en primera persona los acontecimientos que presenció el autor, sin paños calientes, intentando reflejarlos en toda su crudeza, y señala cómo, inevitablemente, el frente transforma a las personas. Resalta también la conducta arbitraria de los altos mandos – un nivel jerárquico donde los sentimientos no parecen contar – la insensible crueldad, los desproporcionados castigos y un fanatismo que lo domina todo mientras, en el otro extremo, a medida que el rango desciende, se deja más espacio a lo humano.

Su originalidad radica en que, si bien respeta el orden cronológico, no otorga protagonismo a ningún personaje en particular, los que aparecen suelen ser circunstanciales. De este modo consigue sumergirnos en cada uno de los escenarios sin hacernos perder la visión de conjunto. La técnica utilizada está a medio camino entre el ensayo, la novela y la crónica periodística.

Con un lenguaje expresivo y contundente, desde el primer capítulo, El anuncio, hasta ¡Alto el fuego!, pasando por El bautismo de fuego, Treinta grados bajo cero o El hospital, Chevallier nos va mostrando el conflicto bélico que vivió para llegar a la conclusión de que ninguna guerra supone una experiencia grandiosa como muchas veces se nos quiere hacer creer, sólo un triste y miserable subsistir con hambre, sueño, sed y frío, criando parásitos y destrozando las vidas de unos desconocidos que no nos han hecho nada ni nosotros a ellos. Como indica la cita de Pascal, que se incluye al principio, “¿Cabe imaginar algo más chusco que el hecho de que un hombre tenga derecho a matarme porque vive en la otra orilla del río y su príncipe tiene una disputa con el mío, aunque yo no tenga ninguna con él?”. Pero ante todo, para el autor, la guerra significa sentir un miedo atroz y permanente. La tan pregonada heroicidad no es más que una etiqueta que se aplica a posteriori: uno se deja arrastrar por las circunstancias cuando ya es demasiado tarde para escapar y sobrevive un día tras otro, sin más, como buenamente sabe y puede, anhelando la paz si reúne las fuerzas suficientes o intentando mantener la mente en blanco.

Crónica antibelicista que critica con dureza la idealización que el poder hace de la guerra y el calado que esta idea tiene en la sociedad – afortunadamente, cada vez menos – por desconocimiento, inercia, autocomplacencia, comodidad o todo a la vez; considerándola una ocasión para manifestar la valentía de los llamados a filas y no lo que es en realidad, una burda utilización de la gente joven de un país a quien se condena a la muerte, la invalidez o, en el mejor de los casos, a una existencia marcada por el trauma de una experiencia terrible. El autor critica esa propaganda pero se ve obligado a transigir con la ideología de su tiempo cuando, como explica en su prefacio a la edición de 1951, el libro “tuvo la mala fortuna de encontrarse una segunda guerra en su camino. En 1939, su venta fue libremente suspendida de mutuo acuerdo entre el autor y el editor. Cuando la guerra está ahí, ya no es el momento de avisar a la gente de que se trata de una siniestra aventura de consecuencias imprevisibles. Eso habría que haberlo comprendido antes y actuar en consecuencia.” Hay una frase, insertada en una posición clave del libro, que resume perfectamente esta idea: “¿Tú no crees – dice un hombre – que nos han calentado la cabeza con eso del «odio de las razas»?”.

domingo, 2 de octubre de 2011

Wladimir Kaminer: Mis vecinos rusos


Idioma original: alemán
Título original: Meine russischen Nachbarn
Fecha de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Wladimir Kaminer nació en Moscú en 1967 y emigró a Berlín en 1990, donde pronto se convirtió en una de las figuras literarias más conocidas de la ciudad. Escribe libros y colabora con diversos medios como columnista, pero también es famoso por su programa de radio semanal y sus actuaciones como DJ.

Pero, ¿por qué tiene tanto éxito Wladimir Kaminer? ¿Acaso escribe libros profundos, de esos que hacen que te preguntes cuál es sentido de la vida? ¿O escribe novelas emocionantes, de las que te hacen sentir que estás en una montaña rusa? Nada de eso. Kaminer escribe sobre su vida y sobre lo que pasa en Berlín, desde el punto de vista de un inmigrante (ruso, nada más y nada menos). Y claro, eso mola.

Porque cualquiera te puede decir lo bonita que es una ciudad, lo maravilloso que es pasear por sus calles o lo amable que es la gente cuando vas a comprar el pan, pero poca gente te cuenta lo que supone encontrar un trabajo en Alemania cuando a) apenas hablas alemán y b) eres ruso. O cómo son tus amigos (el 99% NO serán alemanes) y todas las anécdotas que pueden tener lugar cuando (repetimos porque tiene más importancia de la que parece) a) apenas hablas alemán y b) eres ruso.

En este libro, Kaminer nos sitúa en un pasado muy cercano. Vive en Berlín hace muchos años, habla bien alemán, está casado y tiene hijos... y tiene vecinos rusos, llegados hace poco de la ex-Unión Soviética. Como es de suponer, cada día surge una anécdota nueva. Y la mayoría le salpican, puesto que, como él también es ruso, es la única persona de la comunidad que puede –más o menos, y no siempre– entender por qué se comportan como se comportan los recién llegados.

Kaminer va al grano. Utiliza un lenguaje sencillo y ameno y grandes dosis de humor, lo que hace que sus libros se lean rápido y que el lector en seguida sienta simpatía por los personajes que aparecen en sus páginas. Como simple entretenimiento o como estudio social (que también tiene mucho de eso, aunque lo disfrace de humor), leed este libro. No os decepcionará.

También de Wladimir Kaminer en ULAD: Desde Alemania con amorMúsica militar

sábado, 1 de octubre de 2011

Ricardo Menéndez Salmón: El corrector

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien

No sé si esta será la primera novela sobre el 11-M, probablemente no; pero seguro que es una de las primeras. Narrada en primera persona por un corrector de textos, que en ese momento está trabajando con una traducción de Los demonios de Dostoievski, la novela se sitúa precisamente en aquella trágica mañana de marzo, y en los días de confusión, indignación y estupor que le siguieron.

Quizás sea demasiado pronto para escribir sobre el trauma del 11-M (siempre me ha parecido que estas frases son un tópico: que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para nada, que los libros se escriben cuando tienen que escribirse exactamente). El caso es que el material que aparece en esta novela (la sorpresa inicial, el horror, la evolución de las noticias, la manipulación informativa) aparece de una forma demasiado cruda, demasiado desnuda y (aunque comparta casi todos sus puntos de vista) demasiado ideológicamente cargada. Por usar una terminología ya tradicional, esta novela no nos muestra lo que pasa: nos dice lo que pasa, e incluso lo explica y lo interpreta para nosotros.

También me da pena que no se haya desarrollado más allá la posible relación entre los dos posibles niveles de la novela: el público y el privado. El atentado, la reacción del público y del gobierno, las reivindicaciones y las repulsas, por un lado. El lento proceso de corrección de textos, el (des)amor, la amistad, los sueños frustrados, por otro. Las reflexiones del personaje parecen a veces impostadas, ajenas a la dureza de los hechos. Es una pena, decía, porque la idea de un corrector de textos literarios enfrentándose al horror de la masacre es realmente muy sugerente.

El corrector es una buena novela. Pero le falta elevarse algo más para superar el obvio impulso ideológico y trascender a los materiales concretos e históricos (algo que, por otra parte, también le pasó a Vargas Llosa con El sueño del celta). Para quienes vivimos el 11-M a través de las radios y las televisiones, es un buen recordatorio de la indignación y el aturdimiento que sentimos durante aquellas horas de marzo. Pero para ser la gran novela que podría haber sido le ha faltado pasar esa realidad y ese impulso primero a través del tamiz de la imaginación creadora.

También de Ricardo Menéndez Salmón en ULAD: La ofensaEl SistemaNiños en el tiempo